29 mayo 2008
Intercambian acusaciones de hipocresía por emplear cabilderos en sus campañas
Washington – Cabildear, de acuerdo con el sitio Web del Senado de Estados Unidos, es “la práctica de intentar persuadir a los legisladores de que propongan, aprueben o rechacen un proyecto de ley, o de que cambien las leyes existentes”. Un cabildero o grupo de presión “presenta información sobre propuestas de ley para apoyar los intereses de sus clientes”.
OpenSecrets.org, sitio Web del Centro de Políticas Responsables, que no tiene afiliación con ningún partido político, tiene una perspectiva más provocativa: “los defensores de profesión ganan mucho dinero por ejercer presión entre los miembros del Congreso y funcionarios gubernamentales sobre los asuntos de importancia para sus clientes, pero el dinero que las industrias, compañías, sindicatos y grupos de interés gastan en cabildear, con frecuencia es solamente una cantidad muy pequeña comparada con lo que pueden ganar en retorno si sus cabilderos tienen éxito”.
La ex cabildera Megan Carpentier, en un artículo publicado el 24 de mayo en el periódico The Washington Post, desafió la noción de que los cabilderos son defensores contratados e “intelectualmente promiscuos”. Indicó que muchos de ellos colaboran con asociaciones comerciales, grupos de consumidores, universidades y gobiernos estatales.
“Existe literalmente un cabildero por cada causa y cada asunto que se conciba”, escribió, y añadió que “la mayoría de las personas que cabildean se centran en un conjunto específico de asuntos que consideran seriamente”.
El cabildeo es un gran negocio. La base de datos de OpenSecrets.org muestra un aumento consistente en el gasto total de cabildeo de los 1.450 millones de dólares de 1998 a los 2.800 millones de dólares en 2007. Las cifras del primer trimestre de 2008 sugieren que esa cantidad se podría sobrepasar.
La lista del grupo la encabeza el gasto realizado en los sectores financiero, de seguros y de bienes raíces, seguidos por el sector salud y muy de cerca por los de comunicación y electrónico. Cada sector gastó mucho más de 2.000 millones de dólares durante los últimos diez años.
Una recopilación realizada en 2007 muestra que más de 17.000 cabilderos federales residen en Washington, muchos de los cuales son caras familiares en el Capitolio. El grupo de observación Public Citizen (Ciudadano Público), informó que el 43 por ciento de los 198 miembros del Congreso que dejaron el gobierno entre 1998 y 2005, se convirtieron en cabilderos. El diario The Washington Post describió esta migración como el reflejo de "una marcada transformación" en la actitud de los legisladores hacia el cabildeo, una actividad que anteriormente muchos de ellos consideraban como “adulterada e indigna”.
McCAIN Y OBAMA CLAMAN SER REFORMADORES
Las acusaciones de actividades indebidas de cabildeo se han convertido en un asunto de la campaña 2008 para la presidencia de Estados Unidos.
Tanto el senador republicano John McCain como el senador demócrata Barack Obama, apoyan sus posturas como reformadores al citar sus iniciativas para controlar el cabildeo y reforzar las restricciones sobre la financiación de campañas políticas.
En 2007, cada uno patrocinó un proyecto de ley para reforzar las restricciones de cabildeo y sus requisitos para informar sobre esta actividad; finalmente, el Congreso aprobó un tercer proyecto de reforma a la Ley de Apertura y Transparencia del Gobierno y Líderes. Ambos candidatos han colaborado con el senador Russell Feingold (demócrata de Wisconsin) para reformar la financiación de las campañas.
Obama realza las disposiciones de su medida, copatrocinada con Feingold, que fueron incorporadas a la ley de 2007. En particular Obama reclama la atribución de una sección que requiere la divulgación de las contribuciones registradas por grupos de presión (acumuladas a base de pequeñas donaciones) para candidatos, comités de acción política y comités de partido.
En el caso de McCain, la Ley Bipartidista de Reforma de Campaña de 2002, que refuerza la Ley Federal de Campaña Electoral de 1971 – conocida popularmente como Ley McCain-Feingold –, es reconocida como una pieza histórica de reforma a la legislación y un gran logro en la carrera legislativa de McCain.
CABILDEROS Y CAMPAÑA PRESIDENCIAL
A pesar de estos registros sobre reforma, cada campaña acusa a la otra de hipocresía por emplear cabilderos. McCain respondió al criticismo eliminando las posiciones de varios ayudantes de alto rango en su campaña con conexiones a grupos de presión, y adoptó un nuevo y estricto código de conducta para su campaña.
Thomas Loeffler, copresidente nacional en materia de finanzas de la campaña McCain, y ex congresista por Texas, se convirtió el 18 de mayo en el quinto empleado que abandonó la campaña debido a su actividad de cabildeo. Su grupo, Loeffler Group, ha representado a la compañía matriz del fabricante europeo de aviones Airbus, así como a otros clientes extranjeros entre los que se incluye el gobierno de Arabia Saudita.
Loeffler renunció después de que McCain adoptara el 15 de mayo una nueva y estricta política que excluye del personal de su campaña a cabilderos registrados y agentes extranjeros. La política requiere también que voluntarios a tiempo parcial, como Loeffler, divulguen cualquier nexo con grupos de presión, restringe su papel en la formulación de políticas y les prohíbe cabildear a la oficina del Senado de McCain mientras colaboren con la campaña. Además, prohíbe su participación en las Comisiones 527, denominadas de esta manera por ser una sección del Código Tributario de Estados Unidos, que son grupos independientes establecidos para apoyar u oponerse a cualquier candidato presidencial. (Véase artículo relacionado)
Otros dos funcionarios de campaña que renunciaron a principios de mayo colaboraban con DCI Group, que tiene entre sus clientes a la junta militar de Birmania. Además, un asesor de política energética que cabildea para compañías de energía, así como un ayudante de campaña que simultáneamente colaboró para un grupo – de la lista de Comisiones 527 – que se opone a Obama, abandonaron la campaña.
La campaña de McCain intentó cambiar la controversia a su favor. La portavoz Jill Hazelbaker se refirió al código de conducta de McCain como el más estricto entre este tipo de políticas hasta la fecha, a la vez que afirmó que “ahora corresponde a Barack Obama cumplir con este nivel de transparencia y divulgar qué cabilderos sirven como asesores de su campaña”.
El presidente del partido Demócrata, Howard Dean, ha exigido que McCain destituya al gerente de campaña Rick Davis, que disfruta de un permiso de ausencia de su empresa de cabildeo, al igual que al jefe de asesoría política Charles Black Jr., cuya firma ha representado a los gobiernos de Zaire, Somalia y Nigeria, así como al grupo rebelde UNITA encabezado por Jonas Savimbi en Angola.
Mientras tanto, informes noticiosos han detallado los nexos que Obama tiene con grupos de presión. El periódico USA Today informó en abril que Obama tenía cabilderos que actuaban como asesores informales y que sostuvo múltiples eventos de recaudación de fondos en despachos de abogados que emplean a cabilderos en Washington. Además, aún cuando Obama rechaza contribuciones de cabilderos federales, aceptó financiación de sus esposos/as, así como de cabilderos estatales y ex cabilderos que puedan regresar a la actividad.
El periódico citó al portavoz de Obama, Tommy Vietor, que dijo que Obama “ha pensado por mucho tiempo que los cabilderos ejercen demasiada influencia en la agenda nacional”. Desde hace mucho tiempo Obama tiene una política de exclusión de cabilderos federales de los trabajos remunerados de la campaña.
Obama reconoció en agosto de 2007 que se “desenvuelve en el mismo ambiente viciado” que otros candidatos. “El argumento es que estoy al tanto de que el ambiente está viciado y quiero limpiarlo”, declaró en ese entonces a los reporteros.
El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)