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06 mayo 2008

La economía de EE.UU. resulta del conflicto de intereses

Papel del gobierno cambió con el tiempo para enfrentar retos

 
El presidente Roosevelt pidió una sesión especial del Congreso el 9 de marzo de 1933 debido a la crisis bancaria. (© AP Images)
El presidente Roosevelt pidió una sesión especial del Congreso el 9 de marzo de 1933 debido a la crisis bancaria. (© AP Images)

Este es el cuarto artículo de una serie sobre el sistema financiero estadounidense y la reglamentación de los mercados.

Washington – Aunque Jamestown (Virginia) es célebre debido a que fue el primer asentamiento británico en lo que hoy es Estados Unidos, fue también el nombre de una compañía que buscaba obtener ganancias del oro y de otras riquezas del Nuevo Mundo. Sin embargo, como inversión en 1607 Jamestown fue un desastre. Fue sólo con el descubrimiento del tabaco que la colonia de Virginia se estabilizó y empezó a crecer.

El crecimiento de Estados Unidos, desde un grupo de colonias dispersas hasta convertirse en la economía más grande del mundo, no fue ni seguro ni fácil, a pesar de sus abundantes recursos. Pero los colonos que se asentaron en lo que hoy es Estados Unidos traían consigo un conjunto de valores tan importantes como lo son el hacha y el arado para colonizar lo que un ministro religioso llamó “una vasta y rugiente zona de tierras vírgenes”.

Entre esos valores estaban primordialmente un recelo del gobierno, una convicción en la libertad individual y una voluntad de correr riesgos – ya fuera en reclamar un pedazo de tierra en nuevas regiones o iniciar una nueva empresa comercial.

El precio fue una economía que, a pesar de un extraordinario crecimiento, permaneció atrapada en un ciclo de auge y caída durante sus primeros 150 años, a medida que los colonos luchaban por encontrar un papel normativo para el gobierno que limitara los excesos de poder, sin reprimir la inversión e innovación.

GUERRAS ECONÓMICAS

Los primeros debates sobre el papel económico del gobierno enfrentaron al secretario de Hacienda, Alexander Hamilton, que abogaba por un banco nacional y un fuerte gobierno central, contra Thomas Jefferson, el tercer presidente de la nación, que idealizaba una república de pequeños agricultores y un gobierno limitado, al mismo tiempo que permanecía receloso de un poder económico concentrado.

La batalla bancaria llegó a un punto crítico durante el período de Andrew Jackson, el séptimo presidente. Jackson, que representaba los intereses del oeste del país, se opuso con vehemencia al Segundo Banco de Estados Unidos, al igual que se rehusó a renovar su estatuto en 1836. (Véase artículo relacionado)

La expansión de Estados Unidos hacia el oeste, exacerbó las diferencias económicas entre la Costa del Este y la Costa del Oeste estadounidense, en especial después de la Guerra Civil. Industriales del Este de la época del sistema monetario basado en las monedas de oro y plata del siglo XIX, recomendaban el patrón del oro y un crédito estricto para prevenir la inflación, mientras que los trabajadores y agricultores del Oeste con poco efectivo y hambrientos de crédito, exigían un incremento en el suministro de dinero para aliviar el crédito y reducir sus deudas.

En uno de los discursos políticos más famosos de la historia de Estados Unidos, el demócrata William Jennings Bryan,  resumió en 1896 los resentimientos acumulados de los intereses rurales del Oeste hacia los industriales del Este, cuando declaró: “¡No se le puede imponer al trabajo esta corona de espinas, no se puede crucificar a la humanidad en la cruz del oro!”.

La industrialización ocurrida en el siglo XIX sirvió para crear un mercado estadounidense único y unificado, principalmente mediante la proliferación de las vías ferroviarias, que no sólo se usaban para enviar productos sino que abrieron una vasta red de vías a tierras occidentales. La expansión de Estados Unidos fue impulsada también por una continua serie de transformadores inventos e innovaciones, que van desde la máquina de vapor y el telégrafo hasta la bombilla de luz incandescente y la producción en cadena.

Las enormes acumulaciones de riqueza privada dieron como resultado el Progresismo, que fue el primer intento sistemático de regular las empresas y combatir la penetrante corrupción. El legado progresista es un grupo de agencias reguladoras tales como la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA), las leyes antimonopolio y el impuesto federal sobre la renta. (Véase artículo relacionado)

EL NUEVO TRATO Y LA NUEVA ECONOMÍA

El cambio decisivo hacia un mercado libre más regulado fue un resultado de la peor crisis económica de la nación – la Gran Depresión de los treinta, cuando el producto nacional bruto se contrajo en un tercio y despojó a una cuarta parte de todos los trabajadores de sus empleos. Bajo el Nuevo Trato del presidente Franklin Roosevelt, el papel económico del gobierno creció de manera significativa por medio de enormes proyectos de obras públicas, regulación de los mercados financieros y un fondo de pensión pública llamado Seguro Social, que es el primero y más grande programa de prestaciones. Un programa de prestaciones garantiza cierto nivel de beneficios a las personas o entidades que satisfacen ciertos requisitos – tales como edad o ingresos – estipulados por la ley. Durante el Nuevo Trato aumentó también la cantidad de sindicatos laborales.

Posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos experimentó décadas de prosperidad sostenida y ayudó a levantar economías en todo el mundo, mediante la tasa de cambio abierta y las provisiones financieras del Acuerdo de Bretón Woods de 1944.

En años más recientes, Estados Unidos ha tenido una productividad mejorada relacionada con factores tales como la globalización, la liberalización del gobierno y la innovación basada en tecnologías computarizadas.

Sin embargo, el país comenzó el siglo XXI con un déficit del presupuesto federal, que fue de 435.000 millones de dólares en 2006, financiado en su mayor parte por bancos extranjeros. La fuerza principal detrás del incremento en el gasto gubernamental ha sido el crecimiento de los programas de prestaciones. Como consecuencia, los programas de prestaciones y otros gastos obligatorios consumen ahora más de 50 por ciento del presupuesto federal.

Como en el pasado, el futuro de la economía de Estados Unidos y su papel en el mundo, se asentará en la energía, la ingenuidad y la iniciativa empresarial del pueblo estadounidense y del gobierno que le sirve.

Vea también el artículo “El Banco Central de EE.UU. beneficia a la economía que se regula a sí misma”.

Para más información, vea La economía de EE.UU. en síntesis y La iniciativa empresarial.

El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)

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