02 mayo 2008
Sistema tributario se vuelve más complicado conforme se emplea con más frecuencia

Este es el tercer artículo de una serie sobre el sistema financiero estadounidense y la reglamentación de los mercados.
Washington – Los estadounidenses lucharon para independizarse de los británicos, en parte, debido a los impuestos. “¡La tributación sin representación es una tiranía!”, era el grito de los colonos. Pero a lo largo de la historia estadounidense, en buenas y malas épocas económicas, la cuestión de quién paga impuestos y por qué cantidad ha sido debatida animadamente.
LOS IMPUESTOS AL CONSUMO Y AL WHISKY
El tema de los impuestos figuró de modo destacado no sólo en la guerra por la independencia, sino también en la formación del gobierno federal. Según los primeros Artículos de Confederación, el gobierno dependía de donaciones voluntarias de los estados. Sólo tras la ratificación de la Constitución de Estados Unidos en 1787 obtuvo el gobierno federal el poder de aplicar impuestos.
El nuevo gobierno recaudaba ingresos con los derechos de aduana y los impuestos selectivos –denominados impuestos al consumo– sobre artículos tales como las bebidas alcohólicas, el tabaco, el azúcar y ciertos documentos legales.
Casi de inmediato, el impuesto a las bebidas alcohólicas desató la “Rebelión del whisky” en la frontera de Pensilvania, la cual fue sofocada por tropas del ejército y sentó el precedente de la capacidad del gobierno federal para aplicar el código tributario.
Los impuestos al consumo y los derechos que pagaban las mercancías importadas siguieron siendo la principal fuente de financiamiento del gobierno federal a lo largo del siglo XIX.
IMPUESTOS A LOS INGRESOS Y LA NÓMINA
Estados Unidos impuso por corto tiempo un impuesto a los ingresos para financiar la guerra civil; a este impuesto se lo dejó caducar en 1872. Sólo en 1913 la aprobación de la Decimosexta Enmienda de la Constitución facultó al gobierno a recaudar impuestos a los ingresos directamente de individuos y empresas.
El impuesto a los ingresos alteró fundamentalmente la relación entre las personas y el gobierno. Según el Departamento de Hacienda, antes de que fuera aprobado “la mayoría de los ciudadanos podía ocuparse de sus asuntos económicos privados sin que el gobierno tuviera conocimiento directo de ellos… Este impuesto le dio al gobierno el derecho de conocer todos los aspectos de la vida económica de una persona o una empresa, y le impuso la necesidad de hacerlo así”.
Como resultado de la preocupación en torno al tema de la privacidad personal, el Congreso estableció el principio de que toda la información proporcionada por los contribuyentes es confidencial.
Las tasas del impuesto a los ingresos crecieron con rapidez, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los impuestos federales como porción del producto interno bruto –una medida clave de la carga impositiva general de la nación– saltó del 7,6 por ciento en 1941 al 20,4 por ciento en 1945.
La mayoría de la población estadounidense también comenzó a pagar impuestos a los ingresos mediante la retención habitual de una parte de sus salarios a lo largo del año (Véase el artículo relacionado).
El gobierno instituyó un impuesto sobre la nómina a pagar por los empleadores para financiar un fondo público de pensiones, llamado el Seguro Social, el primero y más importante de los programas de prestaciones, creado en 1935. Un programa de prestaciones garantiza cierto nivel de beneficios a las personas o entidades que satisfacen ciertos requisitos – tales como edad o ingresos – estipulados por ley.
Los impuestos sobre nómina han aumentado con el correr de los años, a través de incrementos periódicos de los impuestos del Seguro Social y, de modo más espectacular, en 1965 cuando se estableció Medicare, un programa federal que cubre la atención de la salud de los individuos de 65 años o más y de aquellos afectados por ciertas incapacidades.
LA CRECIENTE COMPLEJIDAD DEL SISTEMA TRIBUTARIO
Con el correr de los años, el sistema tributario estadounidense se ha vuelto complejo. El código tributario tiene alrededor de seis mil páginas; muchos estadounidenses recurren a especialistas que les ayudan a preparar la declaración de impuestos. Una de las razones de esta complejidad es que si bien el propósito principal de los impuestos es financiar el gobierno, la política tributaria y de gastos del gobierno puede ser una herramienta poderosa para configurar la economía y el bienestar social de la nación. Por ejemplo, el gobierno federal ha usado diferentes beneficios y créditos impositivos para estimular la compra de viviendas familiares y el ahorro para la jubilación.
La mera complejidad del sistema tributario estadounidense, que durante años ha irritado a los responsables de la formulación de políticas y a los contribuyentes, ha motivado frecuentes reclamos de una reforma tributaria. Sin embargo, hasta ahora todos esos esfuerzos han fracasado debido a una falta de apoyo amplio.
En comparación con otras naciones a los estadounidenses no los abruman los impuestos. Según el Centro de Políticas Tributarias, en el 2004 la carga impositiva general en Estados Unidos era del 26 por ciento del producto interno bruto, comparada con una media del 36 por ciento en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que incluye a la mayoría de las economías democráticas y de mercado en el mundo.
Las compañías estadounidenses se quejan de que los promedios esconden el hecho de que en Estados Unidos el impuesto a las empresas ponen a las compañías estadounidenses en desventaja frente a sus principales rivales extranjeras. El Congreso ha venido trabajando en legislación que reduciría la tasas tributarias corporativas de Estados Unidos y desalentaría a las empresas de buscar una escapatoria de sus obligaciones tributarias en refugios impositivos internacionales o en el uso de esquemas tributarios complicados, en ocasiones ilegales, para evadir los impuestos estadounidenses.
De vez en cuando, el gobierno recurre a reducir los impuestos cuando llegan las épocas difíciles. A partir de la década de 1980, el gobierno federal ha establecido varias rondas de recortes tanto en los impuestos individuales como en los corporativos, creando a menudo polémicas en torno a quién se beneficia más con tales reducciones. La administración Bush, por ejemplo, recortó los impuestos dos veces, en el 2001 y en el 2003, invocando la necesidad de estimular la economía y alentar el crecimiento del empleo.
Véase también “El Banco Central de EE.UU. beneficia la economía que se regula a sí misma” y “El Banco Central de EE.UU. actúa para suavizar el ciclo económico”.
La página web del Departamento de Hacienda ofrece un conjunto abarcador de hojas informativas para su consulta (en inglés).
El Tax Policy Center (Centro de Políticas Tributarias), un proyecto conjunto del Urban Institute y de la Institución Brookings, también dispone de información en inglés sobre el sistema impositivo estadounidense.
El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)