01 mayo 2008
Alumnos mayores cuestionan cursos con aplicaciones de la vida

Washington – El estudiante universitario estadounidense “típico” de antaño -- el que completaba la secundaria e ingresaba en una institución de estudios superiores a los 17 o 18 años, estudiaba a tiempo completo mientras vivía en el campus de la universidad y se licenciaba cuatro años más tarde– ya no es la norma en muchas universidades de Estados Unidos.
En la actualidad, muchos estudiantes son como Yvonne Comeau de Mt. Jackson (Virginia), que regresó a la universidad después del cierre de la planta donde trabajó como costurera durante 25 años. Comeau fue nombrada Egresada más distinguida del colegio universitario Lord Fairfax de Middletown (Virginia). A la vez que mantuvo su media de notas en 3,9 (de un total de 4) en la especialización de administración de empresas, también fue presidenta de la sociedad honorífica académica, participó en el gobierno estudiantil e inició el programa “Adopta a un soldado” para soldados en Iraq.
El veterano de la guerra de Iraq Nathaniel Donnelly tampoco es un estudiante típico. Donnelly, ex sargento de la infantería de marina, es presidente fundador de la Organización de Alumnos Veteranos de Guerras en la Universidad estatal de San Diego y ha participado en el grupo de trabajo del gobernador de California Arnold Schwarzenegger denominado Tropas a la Universidad. Es también miembro de la fraternidad empresarial Alpha Kappa Psi. Donnelly reconoció en una entrevista con Associated Press en 2007 que los intereses de otros estudiantes “parecen a veces muy banales”.
La presencia de este tipo de estudiante que escapa a la norma, en especial de veteranos militares, enriquece la experiencia en el aula, afirman muchos profesores. “Han visto el mundo, han afrontado increíbles peligros y han tenido que tomar decisiones que pocos civiles han tenido que tomar. Eso ayuda a los demás estudiantes a ver el mundo desde una perspectiva con más matices”, dijo Daniel Byman, director del Centro para Estudios de Paz y Seguridad en la Universidad de Georgetown en Washington, que abordó el asunto en fechas recientes en un artículo publicado en el periódico académico Chronicle of Education.
Este tipo de estudiantes es un fenómeno nuevo en el entorno académico de Estados Unidos. En su obra de 1998 When Hope and Fear Collide: A Portrait of Today's College Student, Arthur Levine y Jeanette Cureton estimaban que la cifra de estudiantes a tiempo completo, entre las edades de 18 a 22 años, que viven en campus universitarios representan poco más del 16 por ciento de la población de estudios superiores en Estados Unidos. En los años cincuenta, cientos de miles de ex soldados estadounidenses inundaron las universidades. Los cambios en la economía enviaron a los trabajadores a la universidad para adquirir nuevas habilidades y aumentaron la cifra de mujeres que decidieron seguir estudios superiores.
En 2003, unos 6,1 millones de estudiantes universitarios de 25 años de edad o mayores estaban matriculados en colegios universitarios y universidades estadounidenses y representaban cerca del 37 por ciento de la población universitaria, porcentaje que se ha mantenido bastante constante desde finales de la década de 1980, según datos del censo estadounidense. Otro estimado que emplea una definición distinta de lo que es este tipo de estudiantes calculó una cifra de 12 millones de estudiantes de un total de casi 15 millones en 2005.

Según datos del 2003, las mujeres constituyen la mayoría de la población estudiantil en edad universitaria (55 por ciento), así como de la población atípica en edad universitaria (58 por ciento). De hecho, entre estudiantes cuya edad oscila entre los 35 años y más , casi dos terceras partes son mujeres.
Los estudiantes atípicos en edad universitaria son mucho más propensos que sus homólogos más jóvenes a asistir a la universidad a tiempo parcial (56 por ciento comparado con 16 por ciento), según los datos del censo.
Para interesar al más de 60 por ciento de estudiantes universitarios que trabajan a la vez y que asisten a la universidad, más de una cuarta parte de todas las instituciones de educación superior –y el 40 por ciento de las instituciones educativas cuyos programas duran dos años– ofrecen clases durante los fines de semana o de noche. La mayoría de las instituciones públicas con programas que duran cuatro años (59 por ciento) ofrecen guardería infantil en el recinto universitario para los hijos de los estudiantes. Muchos estudiantes también tienen que compaginar las obligaciones militares con sus estudios.
Los estudios han demostrado que los estudiantes atípicos tienen distintas necesidades e intereses. Por ejemplo, un estudio reciente de una muestra diversa de estudiantes de licenciatura en universidades urbanas con programas de cuatro años halló que los jóvenes estudiantes quieren que la universidad sea una extensión de su experiencia en la escuela secundaria, con profesores que sean divertidos y les planteen relativamente pocos desafíos, mientras que los estudiantes atípicos desean tener profesores y cursos que “en su conjunto sean más rigurosos, más serios y más aplicables al mundo real”.
A los estudiantes mayores también les interesa con más frecuencia comenzar una nueva carrera, y por consiguiente muchos desean una evaluación de aprendizaje anterior, programas acelerados, mejor asesoramiento con respecto a la carrera y servicios de bolsa de trabajo, según el informe Framing New Terrain: Older Adults and Higher Education de octubre de 2007 del Consejo Estadounidense de Educación.
Pero si bien muchos adultos consideran la educación superior una forma de “reinventarse”, también citan su firme deseo de estar en una comunidad, dice el informe.
Otro estudio reciente sobre adultos estadounidenses descubrió que a más de la mitad les gustaría continuar sus estudios. Nueve de diez personas estuvieron de acuerdo con que “los beneficios de la educación superior equivalen o superan el tiempo, dinero y energías que se invierten en ellos”, según Degrees of Opportunity, que se completó en 2006.
Entre los beneficios más importantes que dicen los adultos estadounidenses que tendrían como consecuencia de más educación son de naturaleza práctica (ingresos más altos, experiencia), personal (una sensación de logro, desarrollo de talentos) e idealista (ser un buen ejemplo para sus hijos).
Los estudiantes mayores de 55 años normalmente citan la “alegría del aprendizaje” como motivo fundamental de querer una educación superior. Muchos también dicen que les interesa encontrar carreras de servicio.
El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)