23 junio 2008
Caso de Baz Mohammad ilustra la cooperación afgano-estadounidense

Washington – Después de una batalla de cuatro años que demostró una fuerte cooperación entre Estados Unidos y la nueva nación democrática de Afganistán, la Agencia de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) y sus socios afganos pusieron fin en 2005 a la poderosa organización de tráfico de drogas de Haji Baz Mohammad, un narcoterrorista vinculado con el Talibán.
El arresto y condena de Baz Mohammad ilustra la significativa relación que ha surgido entre Estados Unidos y el gobierno afgano desde que se derrocó al régimen del Talibán a finales de 2001. Bajo el Talibán, Afganistán se convirtió en refugio para la organización terrorista transnacional al-Qaida, y el régimen Talibán obtuvo cerca de 40 por ciento de las ganancias provenientes de las drogas afganas. La mayoría de las drogas producidas terminaban en Europa y Estados Unidos.
Uno de los asuntos importantes que todavía enfrenta el pueblo afgano es el cultivo y producción ilícita de opio. Funcionarios estadounidenses afirman que existen programas en marcha para cambiar los viejos patrones de labranza. Aunque crucial, mejorar el sistema judicial quizás no sea suficiente para detener el tráfico de drogas en Afganistán, donde 80 por ciento de los ciudadanos se ganan la vida por medio de la agricultura.
“Afganistán es un país productor de opio. Estados Unidos, en coordinación con funcionarios afganos, no ha venido trabajando por mucho tiempo en tratar de encontrar medios de sustento y capacitación [para] los agricultores afganos en… formas de apoyar a sus familias así como su sistema judicial. Todavía estamos en los inicios y seguimos trabajando fuerte, de manera que se ha logrado progreso, pero todos entendemos que llevará tiempo”, dijo Patrick Hamlette, agente especial de la DEA, en una sesión informativa realizada el 19 de junio en Washington.
Los programas de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han reducido la presión para cultivar simiente de amapola, al impulsar el retorno de la agricultura comercial legal mediante capacitación; semillas y fertilizantes; reparación de caminos y sistemas de irrigación dañados por la guerra; y ayuda para desarrollar nuevas plantas de procesamiento de alimentos y mercados para la fruta, vegetales y cultivos de huerto legales. Muchos afganos crían ganado, por eso se proporcionará la capacitación sobre salud animal para estimular la producción de ganado y aves de corral.
Afganistán busca enfrentar el comercio de estupefacientes y continuar reforzando su economía e instituciones para asegurar la estabilidad a largo plazo.
Después de que se quitó del poder al Talibán, Estados Unidos ayudó al nuevo gobierno democrático a llevar a Baz Mohammad ante la justicia. Este caso fue una nueva tarea para el sistema judicial afgano en surgimiento, que se esforzaba para tratar con una nueva constitución, corrupción dentro del gobierno y presión de facciones externas.
“Pienso que realmente es la capacidad, el deseo [de la administración del presidente Hamid Karzai] en Afganistán de promover el estado de derecho lo que prevaleció”, afirmó Hamlette, quien dirigió la investigación de Baz Mohammad. La cooperación entre los países continúa mejorando el sistema de justicia afgano, agregó.
El cabecilla de las drogas, responsable de la exportación de 25 millones de dólares en heroína de Afganistán y Pakistán desde principios de los noventa, ayudó a financiar al Talibán a cambio de protección de sus cultivos de opio, laboratorios de heroína y rutas de narcotráfico. Su organización hizo arreglos para que la heroína fuera importada en Estados Unidos y otros países y sucesivamente vendida por decenas de millones de dólares, según informan las autoridades federales. Baz Mohammad llamó a sus operaciones una “jihad”, o guerra santa, porque él y sus conspiradores tomaban el dinero de los estadounidenses por la heroína que los mataba, afirmaron las autoridades.
En octubre de 2007, Baz Mohammad fue sentenciado por una corte federal de Nueva York a casi 16 años de prisión.
En la nueva Estrategia Nacional de Desarrollo de Afganistán presentada en la Conferencia Internacional de Apoyo a Afganistán celebrada en París recientemente, el gobierno afgano identificó la reforma del sistema judicial como una alta prioridad. Estados Unidos continúa su apoyo y prometió 15 millones de dólares para el sector judicial de Afganistán.
De acuerdo con David T. Johnson, secretario de Estado adjunto para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley, los fiscales federales estadounidenses capacitan y orientan a los fiscales e investigadores afganos para contrarrestar la industria del tráfico de drogas. Desde mayo de 2005, casi 1.600 acusados han sido declarados culpables en más de 1.400 y se han confiscado 55 toneladas métricas de opio, agregó.
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