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10 junio 2008

El surgimiento de la clase creativa

La tecnología motiva a los pensadores ágiles con estilos de vida diversos

 
Científicos ponen a prueba un robot que juega fútbol. (© AP Image)

Richard Florida es profesor de negocios y creatividad en la Facultad de Administración Rotman, Universidad de Toronto, donde también es director académico del Instituto Prosperidad Lloyd y Delphine Martin. Su libro más reciente titula  Who’s Your City?(¿Quién es tu ciudad?) Este ensayo es un pasaje de su artículo “The Rise of the Creative Class” (El surgimiento de la clase creativa) publicado originalmente en la revista Washington Monthly.

Nota: Cada año las empresas grandes y pequeñas “reclutan” nuevos empleados en los campus de las universidades, especialmente en aquellos con las mejores reputaciones (como Carnegie Mellon), con personal especializado en conocer y contratar a los estudiantes interesantes. Con frecuencia los estudiantes más buscados no son aquellos que logran las mejores calificaciones o los que visten ropa llamativa para acudir a las entrevistas, sino aquellos que muestran mayor creatividad.

Mientras caminaba un delicioso día de primavera por el campus de la Universidad Carnegie Mellon, de Pittsburgh, pasé junto a una mesa repleta de jóvenes que charlaban y disfrutaban del clima. Varios vestían camisetas azules con la frase “Trilogy@CMU”, nombre de la compañía de programas de computadoras Trilogy, con sede en Austin, Texas, que tiene la reputación de reclutar a nuestros mejores estudiantes. Me acerqué a la mesa y les pregunté: “¿Están aquí para reclutar?”. “No, absolutamente no”, respondieron con firmeza. “No somos reclutadores. Estamos pasando el tiempo, pasándola bien con nuestros amigos”. Qué interesante, pensé, han venido al campus en un día de semana, desde Austin, sólo para pasar el tiempo con algunos amigos nuevos.

Uno de los miembros del grupo estaba sentado en el césped, con una camiseta sin mangas. Tenía el cabello amarrado en trenzillas de diversos colores, el cuerpo lleno de tatuajes y las orejas con perforaciones para los aros. Pensé que un vagabundo, miembro de alguna banda musical. “¿Qué haces?”, le pregunté. “Hombre, acabo de firmar con estos tipos”. Más tarde me enteré que ese joven sentado en el cesped era un estudiante talentoso que había conseguido el sueldo más alto que cualquiera de los otros estudiantes graduados de su departamento, contratado por reclutadores que no estaban “reclutando”.

Qué cambio en relación a mis días en la universidad, poco más de 20 años atrás, cuando los estudiantes se vestían con sus mejores trajes y cuidadosamente ocultaban cualquier anormalidad  contracultural para demostrar que eran confiables para una compañía. Hoy, aparentemente es la compañía la que trata de ser adecuada para los estudiantes. En realidad, Trilogy ya lo había agasajado con cenas y fiestas en Pittsburgh y lo había llevado en avión a Austin para fiestas privadas en lugares nocturnos de moda y paseos a bordo de yates de la compañía. Cuando llamé a la gente que lo reclutó y les pregunté por qué, me contestaron: “Es fácil. Lo queríamos con nosotros porque es una  estrella del rock”.

Aunque me interesaban las nuevas estrategias de reclutamiento de la compañía, algo me impresionó mucho más. Era otro ejemplo de un joven talentoso que dejaba Pittsburgh. Le pregunté al joven del cabello en colores por qué se iba a una ciudad más chica en el medio de Texas, un lugar con un aeropuerto pequeño, sin equipos deportivos profesionales, sin una sinfónica, sin ballet, ni opera importante ni un museo comparable con el de Pittsburgh. La compañía es excelente, me dijo. Tiene gente extraordinaria y el trabajo es desafiante. Pero lo que lo hizo decidir, según me dijo “¡es porque queda en Austin!”. Explicó que en ese lugar habían montones de jóvenes y muchas cosas para hacer: un ambiente musical pujante, diversidad étnica y cultural, fabulosas actividades recreativas al aire libre y una gran vida nocturna. Aunque tuvo varias buenas ofertas de trabajo de firmas de tecnología de punta en Pittsburgh, ciudad que conocía bien, me dijo que sentía que esa ciudad carecía de diferentes estilos de vida, de diversidad cultural y le faltaba una actitud tolerante que la hiciera atractiva. Como él mismo lo resumió, “¿cómo no encajar aquí?”.

Este hombre joven con un estilo de vida único representa una profunda fuerza nueva en la economía y en la vida de Estados Unidos. Pertenece a lo que yo llamo la clase creativa: un segmento de rápido crecimiento, muy educado y bien pagado, la fuerza laboral de cuyo esfuerzo depende cada vez más el crecimiento económico y las ganancias de las compañías. La clase creativa realiza una amplia variedad de trabajos en una gran variedad de industrias: desde la tecnología al entretenimiento, del periodismo a las finanzas, las manufacturas de alta calidad hasta las artes. No piensan conscientemente de sí mismos como clase. Pero comparten valores y actitudes que valoran la creatividad, el individualismo, la diferencia y el mérito.

Un estudiante universitario busca información con su computadora portátil(© Jupiter Images)

 

El secretario creativo

La característica distintiva de la clase creativa es que realizan trabajos cuya función es “crear formas nuevas significativas”. El núcleo supercreativo de esta nueva clase incluye científicos e ingenieros, profesores universitarios, poetas y novelistas, artistas, figuras del entretenimiento, actores, diseñadores y arquitectos, así como el “liderazgo pensante” de la sociedad moderna: escritores de no ficción, editores, figuras culturales, investigadores de centros de estudios, analistas y otros formadores de opinión. Los miembros de este nucleo supercreativo producen nuevas formas o diseños que son transferibles fácilmente y tienen amplia utilidad, como diseñar un producto que se puede fabricar, vender y usar; definir un teorema o estrategia aplicable a muchos casos, o componer música que se puede tocar una y otra vez.

Más allá de este grupo básico la clase creativa incluye “profesionales creativos” que trabajan en una amplia gama de industrias de conocimiento intensivo como ser sectores de tecnología de punta, servicios financieros, la profesión legal y de cuidado médico, y la administración de empresas. Estas personas se dedican a la solución creativa de problemas, aprovechando los cuerpos complejos de conocimiento para resolver problemas específicos. Para hacerlo se requiere un elevado grado de educación formal y un alto nivel de capital humano. La gente que hace esta clase de trabajo algunas veces encuentra métodos o productos enormemente útiles, pero que no son parte de la descripción de su empleo. Lo que se les requiere que hagan regularmente es que piensen por su cuenta. Aplican o combinan enfoques comunes de manera única para adecuarlos a la situación, ejercen mucho criterio propio y quizás se comportan algo radicalmente de vez en cuando.

Mucho de lo mismo es cierto del creciente número de técnicos y de otros que aplican cuerpos complejos de conocimiento para trabajar con materiales físicos. En campos como la medicina y la investigación científica, los técnicos están asumiendo una responsabilidad creciente para interpretar su trabajo y tomar decisiones, haciendo difusa la antigua distinción entre el trabajo de cuello blanco (por quienes toman las decisiones) y el trabajo de cuello azul (por quienes obedecen las órdenes). Adquieren su propio cuerpo especial de conocimiento y desarrollan sus propias maneras de realizar el trabajo. Otro ejemplo es el del secretario en las oficinas reducidas de hoy. En muchos casos esta persona no sólo asume una serie de tareas que antes desempeñaba un personal de secretaría más grande, sino que es un verdadero administrador de la oficina, canalizando el flujo de información, diseñando y estableciendo nuevos sistemas y con frecuencia tomando decisiones en el momento. Estas personas contribuyen más que inteligencia o destreza con computadoras. Agregan valor creativo. En todas las partes a las que miramos se valora la creatividad de manera creciente. Las firmas y organizacones la valoran por los resultados que pueden productir, y los individuos la valoran como un camino de expresión propia y de satisfacción laboral. Conclusión: a medida que se valora más la creatividad, más crece la clase creativa.

La clase creativa ahora incluye unos 38,3 millones de estadounidenses, casi 30 por ciento de toda la fuerza laboral del país: un aumento desde apenas el 10 por ciento a comienzos del siglo 20 y menos del 20 por ciento hace apenas 1980. La clase creativa tiene mucho poder económico. En 1999 el salario promedio de un miembro de la clase creativa era de casi 50.000 dólares, comparado con casi 28.000 dólares para un miembro de la clase trabajadora y 22.000 dólares para un trabajador de la clase de servicios.

No es sorprendente que las regiones con mayor cantidad de miembros de la clase creativa sean también algunas de las más prósperas y de mayor crecimiento.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las políticas o puntos de vista del gobierno de Estados Unidos.

 

El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)

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