10 junio 2008
El Valle del Silicio y la cultura de la innovación

Ashlee Vance es el autor de Geek Silicon Valley, una guía cultural e histórica de la región. Es también editor del sitio tecnológico en línea electrónica The Register y colaborador frecuente de The Economist y del diario The New York Times.
Quién esté familiarizado con las complejidades y rarezas que hay detrás del surgimiento del Valle del Silicio como lugar de preeminencia tecnológica entenderá la enorme tarea que enfrentan aquellos quienes procuran imitar el éxito de ese centro en otras partes de Estados Unidos y del exterior. Algunos líderes cívicos y corporaciones parecen suponer que la combinación “correcta” de capital, graduados universitarios, talento y agudeza empresarial, puede resultar en una copia clonada y competitiva con el Valle del Silicio. Es comprensible, pero ese criterio subestima las fuerzas culturales que situaron al Valle del Silicio en el epicentro de la industria tecnológica de punta en el mundo.
Si se pudiera regresar al año 1950 y probablemente no se podría advinar que los suburbios interconectados, a unos sesenta y cinco kilómetros al sur de San Francisco, serían la capital de la tecnología informática. Ese entonces el lugar se llamaba Valley of Heart’s Delight, -- Valle de las Delicias del Corazón. No había discos de silicio, en su lugar había huertos de peras, cerezas, duraznos y otros frutos en la zona del centro de la península, entre la Bahía de San Francisco y las montañas de Santa Cruz.
Muchos historiadores afirman que fue el retorno de William Shockley, desde la costa este del país, en 1956, lo que provocó la transformación de las tierras fértiles de labranza en parques empresariales, plazas comerciales y asentamiento de corporaciones. Shockley, reconocido como coinventor del transistor en 1947 (trabajando entonces en los laboratorios Bell), eligió a Mountain View, California, para instalar su empresa de arranque para fabricar semiconductores basados en silicio. Pudo elegir a Dallas, Texas, o Los Angeles, como querían sus inversionistas, pero Shockley quería recuperarse de un entorno de trabajo difícil y de un divorcio. Necesitaba un cambio. También necesitaba estar cerca de su madre, que vivía en la casa que la familia tenía en el norte de California, cerca de la Universidad de Stanford.
Veteranos del Valle del Silicio como Gordon Moore – empleado de Shockley y más tarde cofundador de Fairchild Semiconductor y de Intel Corporation – dicen que la industria de los semiconductores hubiera surgido en otra parte a no ser por la decisión de Shockley. Éste trajo a Mountain View a algunas de las mentes más brillantes del país y tomó la entonces peligrosa decisión de usar el silicio como sustrato para hacer semiconductores. Si bien la decisión de Shockley demostró ser crucial en el desarrollo del Valle del Silicio, algunas empresas, y otros factores culturales subyacentes, habían preparado al Valle para que cumpla su nueva función, lo que maximizó el impacto de la llegada de Shockley.
Empezo con la radio
Al comenzar el siglo veinte, los aficionados y emprendedores curiosos comenzaron a trabajar en la tecnología dedicada a la radio y la electrónica. La Bahía de San Francisco era el sitio natural para este trabajo dada la presencia de la Marina de Estados Unidos y su necesidad de utilizar la radiocomunicación en alta mar.
En 1909, Cyril Elwell, uno de los primeros egresados famosos de la Universidad de Stanford, avanzó el alcance de la radiocomunicación al establecer lo que llegaría a ser la Federal Telegraph Company. Esta firma construyó algunos de los transmisores de arco más grandes de esa época – capaces de transmitir la palabra hablada por ondas hertzianas hasta una distancia de 240 kilómetros. En los dos años después de su fundación, Federal había producido para la Marina una cadena de transmisores de arco que unía San Francisco y Hawaii. Mientras tanto, el laboratorio de la compañía en Palo Alto, California, financió los trabajos revolucionarios sobre el “audion” – para amplificar las señales eléctricas en un tubo al vacío. Esta tecnología, y sus derivados, permitiríán el funcionamiento de las primeras computadoras.
Estos precursores, muchas afectadps por la carencia de inversión, talento e infraestructura, concibieron formas novedosas para competir con rivales más grandes y mejor establecidos en la costa este del país. Muchos de los primeros inventores de la zona de la Bahía de San Francisco se concentraron en hacer productos de menor costo y alta calidad, o en solucionar problemas específicos. Con frecuencia vieron que era ventajoso compartir sus ideas con sus competidores y rivales. Esta franqueza, y el aprecio del ingenio, fueron manifiestos en todos los inventos principales en el Valle del Silicio.
Compañías como Eitel y McCullough, Litton Engineering Laboratories y Varian Associates procedieron con los trabajos de electrónica en la península. Hacia 1939, sus esfuerzos habían creado condiciones lo suficientemente favorables para tentar a dos egresados de Stanford – Bill Hewlett y Dave Packard – iniciar su propia compañía para fabricar equipos electrónicos de comprobación en Palo Alto, en el extremo norte del futuro Valle del Silicio y domicilio de la Universidad de Stanford.
Aparece Fred Terman
Fred Terman, catedrático de pensamiento estratégico en Stanford e investigador de radio, se fijó en esta industria en ciernes y estableció vínculos entre sus estudiantes y empresarios emprendedores locales. Presentaba los estudiantes a los empresarios y conseguía pasantías para ellos. Fue Terman quien alentó a Hewlett y Packard a iniciar su negocio.
Terman, en muchos aspectos fue el primero en vincular una universidad prominente con empresas locales. Sus esfuerzos ayudaron a que estudiantes excepcionalmente inteligentes de Stanford encontraran empleos y un futuro en la región, en lugar irse a compañías más establecidas en el mediooeste y el este del país. Terman ayudó a que William Shockley se quedara en el Valle de las Delicias del Corazón, prometiéndole un flujo constante de estudiantes de primera categoría ansiosos por trabajar con un físico destacado, para aprender de él.
La habilidad de Shockley para atraer a los científicos jóvenes más brillantes del país al Valle del Silicio resultó importante en el desarrollo de la región. Sin embargo, al final, su estilo directivo, poco convencional y áspero, fue contribución más duradera. Ocho de sus mejores empleados, poco dispuestos a aceptar los cambios de humor y la falta de tino comercial de Shockley, renunciaron para formar una firma nueva.
Los “ocho traidores”, como los describía Shockley, tuvieron la buena fortuna de atraer la atención de Arthur Rock, un inversionista del este del país. Rock hizo un trato poco usual en ese tiempo. Convenció a una compañía establecida, Fairchild Camera and Instrument, a emplear al grupo entero de los ex empleados de Shockley para formar el personal de una nueva subsidiaria conocida como Fairchild Semiconductor, a cuyos empleados se les dio una considerable participación. Este modelo de combinar el capital de riesgo con empleados propietarios, resultó ser el cimiento del futuro desarrollo y crecimiento del Valle.

Los “hijos graduados” de Fairchild: propagar la cultura de la innovacion
Así como Fairchild Semiconductor reforzó el liderato del Valle del Silicio en la industria de los semiconductores, la compañía pronto fomentó otra costumbre en el Valle. Cuando muchos investigadores de Fairchild decidieron que la compañía no se apuraba en aplicar sus ideas, se separaron para formar sus propias empresas de arranque, para fabricar semiconductores, – a las que a menudo se llamaba los “graduados” de Fairchild.
La cantidad (y en muchos casos el éxito asombroso) de estas empresas de arranque resultó en la noción de que era correcto abandonar una compañía para seguir las ideas propias. También era aceptable pasar de una compañía a otra para buscar el próximo objetivo grande. Estos eran conceptos nuevos y únicos; en otras partes de Estados Unidos se esperaba que los empleados trabajaran en una firma durante toda su vida laboral.
Siguiendo esta tendencia, dos de los cofundadores de Fairchild Semiconductor, Robert Noyce y Gordon Moore, abandonaron la compañía en 1968 para formar Intel. En pocos años, Intel produciría el primero y verdadero microprocesador.
Con el tiempo, la activa industria de los semiconductores atrajo gente que deseaba utilizar esta nueva tecnología. Una vez más, esa gente comenzó a experimentar con los microprocesadores, para ver qué máquinas podían construir. El Valle del Silicio se convirtió en una fuerza de innovación incontenible.
En los laboratorios de Xerox PARC y SRI (Stanford Research Institute), los investigadores crearon muchas de las ideas que formarían la base de la revolución informática. Con frecuencia estos centros compartían sus innovaciones con otros en la comunidad del Valle del Silicio. Inventos como el ratón para la computadora, el intercambiador gráfico para los usuarios y el ethernet, llegaron a manos de empresarios locales. Firmas como Apple, Cisco y Sun Microsystems, por ejemplo, tienen sus raíces en Xerox PARC.
Una vez más, el libre cambio de ideas condujo al éxito comercial en el Valle del Silicio. Steve Jobs, fundador de Apple Computer, por ejemplo, empleó a algunos de los diseñadores de computadoras personales de Xerox PARC para que trabajaran en los proyectos de su compañía, mientras que Andy Bechtolsheim, cofundador de Sun, usó la misma tecnología de las máquinas de PARC y las redes Ethernet para fabricar el primer servidor de su compañía.
En los años por venir, cada vez más empresarios se basarían en este trabajo. En particular, los estudiantes de Stanford demostraron su habilidad para aprovechar las tendencias tecnológicas, como Yahoo y Google, que empezaron como ideas concebidas en los dormitorios de la universidad.
El volumen de la innovación y la tecnología vinculada al Valle del Silicio parece difícil de comprender. En San Francisco, por ejemplo, nació la televisión con el trabajo de Philo Farnsworth y la industria biotécnica por Genentech. El Valle del Silicio produjo gigantes como Intel, HP, Cisco, Sun, Oracle, Electronics Arts, SGI, Yahoo, eBay, Google y AMD.
Los ingredientes del éxito
Esta historia de éxito resulta del carácter peculiar del Valle, donde se valora la innovación y el cambio de información entre las empresas. Las compañías de tecnología, como sus contrapartes en otros lugares, quieren mantener el control más firme sobre su propiedad intelectual. Esperan controlar, comercializar y obtener ganancias de sus innovaciones.
Pero en el Valle del Silicio hay muchos que también comprenden que uno de sus recursos más valiosos son las hondas raíces que, como en un gran club, se extienden para intercambiar ideas nuevas. Los entusiastas compiten entre ellos para concebir algo que sea nuevo y mejor. Los empleados pasan de una compañía a otra llevando conceptos que pueden retocarse para crear un invento nuevo. Esos empleados recorren el Sand Hill Road en el Valle del Silicio, ofreciendo sus ideas a uno y otro capitalista de riesgo, sembrando en las personas influyentes del Valle nociones sobre las direcciones que toma la tecnología.
En todo esto, la gente del Valle acepta que el fracaso es parte del negocio. En lugar de avergonzarse por el fracaso de las empresas de arranque, son experiencias que se toman como un honor – porque se entiende que uno habrá de seguir hasta que “pique algo grande”. Este espíritu data de la fiebre del oro en California en 1849, un espasmo de dinamismo y aceptación de riesgo personal, que dejó su marca singular en la mentalidad de la región.
Es esta rica mezcla de fuerzas entrelazadas hacen que el Valle del Silicio sea difícil de copiar. La gente acepta el alto costo de la vivienda y la naturaleza exigente de sus empleos, porque sabe que ese trabajo no puede hacerse en ninguna otra parte. Existe la sensación de que uno vive en una feria comercial – con mucho sol – en la que todo lo que se necesita, además de inspiración o una idea, está al alcance: la tecnología, la financiación y naturalmente, talento.
Por cierto, el Valle del Silicio tiene presión de la competencia. Varias regiones del mundo tienen talento, capital y la determinación de mejorar su capacidad tecnológica. Pero la interacción de las fuerzas culturales y empresariales, las que ayudaron a formar el Valle del Silicio sigue vibrante, y continuará asegurando que la región mantenga su inigualable lugar como fuente de tecnología.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista ni las políticas del gobierno de Estados Unidos.
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