05 febrero 2008

Superdelegados pueden decidir al candidato presidencial del Partido Demócrata

Líderes partidarios partido y funcionarios electos pueden influenciar el resultado

 

Washington – El apoyo del senador de Massachusetts, Edward Kennedy, al senador de Illinois, Barack Obama, el 28 de enero, hizo que Obama se colocara un voto más cerca de ser el candidato presidencial del Partido Demócrata. Kennedy es un “superdelegado” en la convención del Partido Demócrata, y su voto, con el voto de otros líderes del partido, cuenta para determinar al nominado del partido.

Kennedy es uno de cientos de líderes del Partido Demócrata, entre ellos los ex presidentes Bill Clinton y Jimmy Carter, el ex vicepresidente Al Gore y a los actuales y pasados gobernadores, senadores y representantes en el Congreso del Partido Demócrata. Estos líderes demócratas, como otros líderes designados o elegidos por el Comité Nacional Demócrata, pueden votar como superdelegados en la convención que se llevará a mediados de este año.

Los superdelegados no están obligados a votar en sus estados durante las elecciones primarias o asambleas electorales, a diferencia de los delegados “comprometidos”, que son asignados de manera proporcional de acuerdo con la cifra total de votos y el reglamento estatal del partido, que varía entre un sistema en que el “ganador se lleva todo” y un sistema de asignación proporcional. La cerrada competencia entre Obama y la senadora de Nueva York, Hillary Clinton, sugiere que los delegados desempeñarán un papel crucial para determinar al nominado del Partido Demócrata.

Un total de 4.049 delegados con capacidad de voto están programados para participar en la Convención Nacional Demócrata 2008, luego que los delegados de Florida y Michigan fueran removidos por violar el calendario de la temporada de elecciones primarias. De éstos, 3.253 son delegados comprometidos, seleccionados durante las elecciones primarias; otros 796 son superdelegados no comprometidos con un candidato. Para lograr lograr la nominación del partido, un candidato debe obtener el voto de por lo menos 2.025 delegados.

Aunque los superdelegados demócratas son libres de votar por cualquier candidato, de alguna manera, sus votos ya están siendo contados. De hecho, los superdelegados que anunciaron su compromiso con un candidato específico, superaron en cantidad a los delegados comprometidos en las elecciones primarias y asambleas electorales. Antes de las elecciones primarias del 5 de febrero, la campaña de Clinton sumó 188 superdelegados entre sus 236 delegados; la campaña de Obama sumó 102 superdelegados de sus 165 delegados comprometidos.

La importancia en el papel que desempeñan los superdelegados fue establecida en una norma de 1982, que concede a los funcionarios demócratas electos y a los activistas del partido influencia adicional en el proceso de nominación. El Partido Republicano utiliza un sistema diferente para seleccionar sus delegados durante las elecciones primarias y tiene menos superdelegados.

Los superdelegados son valiosos porque el apoyo de un delegado con un distinguido perfil como el de Kennedy, puede atraer a docenas de delegados, activistas y recolectores de fondos de otros estados y del partido hacia el círculo del candidato. Tanto la campaña de Clinton como la de Obama probablemente busquen el apoyo de superdelegados bien reconocidos, que incluye a Gore y al ex candidato presidencial Bill Richardson, actual gobernador de Nuevo México, que puede influenciar en docenas de delegados.

Pero depender de los superdelegados puede ser riesgoso, como el ex gobernador de Vermont, Howard Dean, lo aprendió en 2004. Más de 130 delegados de distinguido perfil, entre ellos Al Gore, le prometieron su apoyo cuando subía en las encuestas antes de la asamblea electoral de Iowa. Cuando terminó en tercer lugar en Iowa y pareció perder el control de sí mismo durante su discurso después de la asamblea electoral, los superdelegados rápidamente dieron su apoyo al senador John Kerry, que al final logró ganar la nominación.

Críticos tales como Joshua Spivak argumenta en el periódico Los Angeles Times que el sistema de superdelegados tiene el riesgo de hacer retroceder a los demócratas a la época previa a 1972, cuando no existía una elección primaria o un sistema de asamblea general uniforme y los nominados eran seleccionados por delegados y funcionarios del partido en el salón de convenciones.

“En general, el último lugar en que el público quiere que se seleccione al nominado es en el salón de convenciones”, escribe Spivak. “En el apogeo de las convenciones, cuando los candidatos presidenciales se seleccionaban en un cuarto trasero y en el salón de convenciones, siempre hubo rumores de compra de votos y de arreglos corruptos para lograr la nominación”.

Hasta el momento, Clinton y Obama parecen haber dividido el apoyo de los electores durante la elección primaria demócrata de manera equitativa y pareja. Si esta tendencia continúa, los superdelegados a la Convención Nacional Demócrata pueden demostrar ser el factor decisivo en la competencia por la nominación demócrata. 

 

El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)

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