03 abril 2008
Se consideran elemento central de la imagen que el país tiene de sí mismo

El béisbol, el fútbol norteamericano y el baloncesto, los tres deportes más populares en Estados Unidos reflejan de forma única el carácter estadounidense, -- los sueños, ambiciones, logros y pérdidas de Estados Unidos -- y los estadounidenses los suelen ver como retos de moralidad relacionados con sus propias naturalezas conflictivas, dice el escritor y profesor estadounidense Roger Rosenblatt.
A continuación, un extracto del artículo Reflexiones, por qué jugamos el partido, que apareció en el periódico electrónico eJournal USA Los deportes en Estados Unidos.
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Roger Rosenblatt
Probablemente hay países donde la gente es tan loca por los deportes como en Estados Unidos, pero dudo que haya un lugar donde las características y el diseño del país sean tan evidentes en sus deportes. De muchas formas curiosas, Estados Unidos es lo que son sus deportes. El mercado libre es análogo a la competencia en una cancha, aparentemente desenfrenada y confusa pero, sin embargo, contenida por las reglas, dependiente de la iniciativa individual dentro de la estructura de una compañía (el equipo), a la vez libre y dirigida.
No hay ministros de deportes, como en otros países; cada deporte es una empresa libre parcialmente ayudada por el gobierno pero, básicamente, una entidad independiente que contribuye a la escena nacional como cualquier negocio grande. Los mismos campos de juego simulan los espacios anchos y abiertos que, finalmente, se agotaron, y así fue como se levantaron las cercas. Ahora cada campo de béisbol, cada campo del fútbol estadounidense y cada cancha de baloncesto es una versión de la frontera, con el agregado de los espectadores, y cada estadio interior, coronado por una cúpula, es un recordatorio de alta tecnología de un momento en la vida y en los sueños cuando sólo el cielo era el límite.
Me concentro en los tres deportes del béisbol, el fútbol estadounidense y el baloncesto porque son autóctonos de nosotros, inventados en Estados Unidos (cualquiera que sea la deuda que el béisbol pueda tener con el criquet británico) y punto céntrico de los entusiasmos del país. El golf y el tenis tienen sus momentos; lo mismo que las pruebas atléticas de pista y campo. El boxeo actualmente tiene cada vez menos motivos para festejar; aún en la época de su auge era menos un deporte estadounidense que un ejercicio secretamente entretenedor de barbarie universal. En cambio el béisbol, el fútbol y el baloncesto son nuestros, derivados, en forma no expresada, de nuestras ambiciones e inclinaciones, reflejo de nuestros logros y nuestras pérdidas y de nuestras almas.
Son tan buenos y tan malos como somos nosotros y los disfrutamos, conscientemente o no, como autos sacramentales de nuestras naturalezas contrarias, de lo mejor y lo peor en nosotros. En el fondo son nuestros romances, nuestros recobros momentáneos de la inocencia nacional. El viejo puntaje de ayer es la ilusión de renacer mañana. Cuando termina un encuentro nos sentimos exaltados o vencidos y con renuencia reingresamos a nuestras vidas menos excitantes, aunque siempre movidos por la esperanza, aguardando el próximo encuentro o el próximo año.
Sin embargo, desde el comienzo de un partido hasta su fin, Estados Unidos se ve a sí mismo interpretado por representantes que llevan zapatos con tapones, pantalonetas u hombreras. No es que tales pensamientos extravagantes surjan durante la acción. Parte de ser estadounidense es vivir sin mucha introspección. Es en la corriente subterránea de los deportes que uno siente a Estados Unidos y quizá la razón por la cual la atracción de los deportes es la vez clara (uno gana o pierde) y misteriosa (uno pierde y gana).
Roger Rosenblatt es periodista, escritor, dramaturgo y profesor. Como ensayista de la revista Time ha recibido numerosos honores del periodismo escrito, incluso dos premios George Polk, así como premios del Club de la Prensa Extrajera y del Colegio de Abogados de Estados Unidos. Los ensayos que presenta en la red de televisión pública de Estados Unidos le han merecido los prestigiosos premios Peabody y Emmy. Es autor, más recientemente, de la novella Beet (Ecco, 2008).
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(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://usinfo.state.gov/esp)