15 abril 2008

Los estadounidenses “celebran” día de la declaración de impuestos

Obligación tributaria anual deriva en reembolsos para la mayoría

 

Washington -- Para muchos estadounidenses preparar la declaración de impuestos es una tarea que dejan para último momento. Algunos deciden hacerlo “antes de tiempo” pero terminan por hacer cola en la oficina de correos, que este día particular permanece abierta hasta tarde, y en algunos lugares no cierra hasta la medianoche. Ha llegado otro mes de abril y nuevamente los ciudadanos de este país se apresuran para hacer su declaración de impuestos.

El día de la declaración de impuestos no es la fecha en que se pagan los impuestos, sino que se trata del plazo anual en se coteja la obligación tributaria con las retenciones del año anterior. Más de cuatro de cada cinco declaraciones de impuestos derivan en reembolsos al contribuyente, por haber pagado más de lo necesario. Para ésos estadounidenses, se trata de un verdadero día festivo.

Al igual que otros países, Estados Unidos utiliza la recaudación tributaria para mantener el gobierno, proporcionar servicios y llevar a la práctica políticas sociales y objetivos económicos.

El impuesto sobre la renta es una novedad bastante reciente en Estados Unidos. Tras rebelarse contra la tributación que imponía la corona inglesa, los estadounidenses redactaron una constitución que limitaba marcadamente la capacidad del gobierno federal para recaudar impuestos “directos”. Durante gran parte de su historia, Estados Unidos sufragó sus ingresos fiscales mediante la imposición de aranceles a las importaciones, y a través de otros impuestos “indirectos”. No obstante, durante la Guerra Civil aumentó enormemente la necesidad de ingresos. En 1862, el Congreso impuso el primer impuesto sobre la renta nacional, hecho que justificó como medida de emergencia, y que revocó diez años más tarde.

A finales del siglo XIX, los estadounidenses llegaron a la conclusión de que el impuesto sobre la renta era una medida de reforma, puesto que permitía gravar de modo “progresivo”, es decir, los niveles de ingreso más altos se podían gravar con impuestos más altos. A diferencia de ello, los aranceles vigentes, impuestos al consumo e impuestos sobre la propiedad afectaban de manera negativa a los consumidores y agricultores. En 1894, el Congreso promulgó un impuesto sobre ingresos anuales superiores a 4.000 dólares. El año siguiente, el Tribunal Supremo dictaminó que el impuesto era inconstitucional.

En 1913, la 16º. Enmienda de la Constitución de Estados Unidos autorizó al Congreso “imponer y recaudar impuestos sobre el ingreso”. El Congreso aprobó el impuesto a finales de ese mismo año. Aún así, el impuesto sobre la renta no se convirtió fuente principal de ingresos hasta 1943, fecha en que el gobierno federal empezó a exigir a los empleadores la retención de impuestos en las nóminas de sueldos. Hoy, el impuesto sobre la renta constituye la principal fuente de ingresos del gobierno federal.

CÓMO FUNCIONA

El impuesto federal sobre la renta sigue siendo un impuesto progresivo. Para cada persona, una cantidad determinada de ingresos está exenta de impuestos (3.200 dólares por persona en 2005, exención que se elimina paulatinamente a niveles de ingresos más altos). Determinados gastos se pueden deducir del ingreso imponible o se puede aplicar la “deducción estándar”: 5.000 dólares para contribuyentes solteros o 10.000 dólares para contribuyentes casados que presenten la declaración conjunta, deducciones ambas que se eliminan a niveles de ingresos más altos. Entre las deducciones más importantes se cuentan la deducción por intereses hipotecarios, que ayuda a los estadounidenses a convertirse en propietarios de su propia vivienda.

Después de estas exenciones y deducciones, el ingreso imponible restante está sujeto a la imposición correspondiente a diferentes tramos fiscales que oscilan entre el 10 por ciento para los primeros 7.300 dólares (contribuyentes solteros) o 14.600 dólares (contribuyentes casados) hasta el 35 por ciento para ingresos que superan los 326.450 dólares. 

Durante años, los estadounidenses han rellenado a mano los impresos de declaración de impuestos y los han enviado por correo al Servicio de Impuestos Internos (IRS), la agencia de gobierno que se ocupa de recaudar impuestos y hacer cumplir las leyes tributarias. Ese método sigue siendo aceptable, pero hoy muchas personas utilizan programas de computación para preparar la declaración de impuestos. Los programas proporcionan campos donde el contribuyente anota los datos necesarios, completan los impresos correspondientes y, de ser necesario, envían la declaración por vía electrónica. En el 2004, más de 65 por ciento de las declaraciones de impuestos se hicieron por método electrónico y más de cinco de cada ocho devoluciones fueron depositadas directamente en las cuentas bancarias de los contribuyentes, en lugar de pagarse con cheques.

SISTEMA TRIBUTARIO “INSPIRA” INGENIO Y SABIDURÍA 

La relación que tienen los estadounidenses con su sistema tributario, de amor y odio, ha servido también de inspiración a generaciones de expertos, políticos, filósofos y cómicos, quienes han pronunciado expresiones —desde lo sublime hasta lo mordaz— que se han convertido en pilares de la cultura.

Benjamín Franklin, redactor de la Constitución, meditó ya en el 1789, mucho antes de la adopción del impuesto federal sobre la renta, que “hemos establecido la nueva Constitución y en apariencia promete ser permanente; pero en esta vida sólo hay dos cosas que son ciertas, la muerte y los impuestos”.

El presidente Franklin Delano Roosevelt, que ejerció el cargo de 1933 a 1945, dijo: “Después de todo, los impuestos son cuotas que pagamos para los privilegios de pertenecer a una sociedad organizada”.

El juez adjunto del Tribunal Supremo de Estados Unidos Oliver Wendell Holmes, quien ejerció su cargo de 1902 hasta 1932, dijo: “Me gusta pagar impuestos. Con ellos compro civilización”.

En un plano menos eminente, Erwin Griswold, principal abogado del gobierno en el Tribunal Supremo de Estados Unidos de 1967 a 1973, dijo: “Durante mucho tiempo se ha considerado que la muerte y los impuestos son los dos criterios de la inevitabilidad. Sin embargo, hay quienes dicen que es preferible la muerte. ‘Por lo menos’, según dijo uno, ‘la muerte tiene una ventaja: no empeora cada vez que se reúne el Congreso’”.

Y según la cómica Paula Poundstone: “Los pecados se pagan con la muerte, pero después de que te quitan los impuestos, es una sensación más bien de cansancio”.

El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)

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