18 septiembre 2007
Programas de diplomacia pública involucran a la juventud musulmana
El siguiente artículo de opinión, escrito por la subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública y Asuntos Públicos Karen Hughes, apareció en la edición del 17 de septiembre de 2007 del diario The Washington Post. Es de dominio público y no hay restricciones a su publicación.
(comienza el artículo)
Hundido en las encuestas
Por Karen P. Hughes
La reaparición de Osama Bin Laden en un video es un recordatorio de que los extremistas que emplean métodos criminales siguen amenazando a gente inocente en todo el mundo. Su reaparición, luego de tres años de estar escondido, nos da la oportunidad de hacer un balance de la perspectiva tan distinta que tiene el mundo sobre el líder terrorista, una perspectiva más oscura que la recientemente teñida barba que luce bin Laden.
El pueblo estadounidense y muchas otras naciones occidentales han manifestado su firme desaprobación de Bin Laden y al-Qaeda desde los atentados del 11 de septiembre. Lo que es nuevo es el espectacular deterioro de su prestigio en la mayoría de los países musulmanes. Las encuestas en Afganistán e Iraq, los dos países que han padecido la peor violencia de al-Qaeda, revelan que más del 90 por ciento de esas poblaciones tienen criterios desfavorables de al-Qaeda y del propio Bin Laden.
Los encuestadores dicen que es difícil encontrar un 90 por ciento que coincida en que el pastel de manzanas es de Estados Unidos, sin embargo una encuesta realizada hace dos años en Turquía descubrió que el 90 por ciento de los ciudadanos de ese país consideraban injustos y no cabales los atentados de al-Qaeda en Londres, Estambul, Madrid y Egipto; el 86 por ciento dijo que no había excusa que justificara los atentados del 11 de septiembre y el 75 por ciento afirmó que Bin Laden no representaba a los musulmanes.
Desde el año 2002 el respaldo a las tácticas terroristas ha disminuido en siete de los ocho principales países musulmanes encuestados en el Proyecto Pew de Actitudes Mundiales. En la mayoría de los casos, el deterioro ha sido contundente. Hace cinco años en el Líbano el 74 por ciento de la población pensaba que en ciertas ocasiones podían justificarse los atentados suicidas. Hoy día, esa cifra es el 34 por ciento, todavía una cifra muy elevada, pero una inversión drástica. Caídas similares de ese apoyo han tenido lugar en Bangladesh, Pakistán, Indonesia y Jordania.
Posiblemente lo que es más importante es que las poblaciones musulmanas cada vez rechazan más los intentos de Bin Laden de pervertir su credo. En abril de este año, la organización WorldPublicOpinion.org descubrió que las grandes mayorías en Egipto (88 por ciento), Indonesia (65 por ciento) y Marruecos (66 por ciento) coincidían en que “los grupos que utilizan la violencia contra los civiles, como al-Qaeda, violan los principios del Islam. El Islam se opone al uso de semejante violencia”. Estos cambios en actitud se comienzan a traducir en acciones. Los líderes suníes de la provincia Anbar en Iraq colaboran con las fuerzas de la coalición en contra de al-Qaeda porque, como un líder local les dijo a los periodistas: todo lo que los terroristas hacen es crear caos, “matando a gente, robando cabras, y de todo”. Después de los recientes atentados terroristas ocurridos en Argelia, los manifestantes gritaban: “los terroristas no son musulmanes” y también “No al terrorismo. No toquen mi Argelia”.
Si bien es reconfortante que muchos musulmanes reconozcan que los grupos terroristas como al-Qaeda son una amenaza común, muchas encuestas revelan que queda mucho por hacer para mejorar las ideas que se tienen sobre Estados Unidos en el extranjero. La caída en el apoyo a los extremistas violentos ofrece la oportunidad para ampliar nuestros esfuerzos dirigidos a nutrir nuestros intereses comunes con los pueblos extranjeros y a trabajar con ellos para contrarrestar los intentos de al-Qaeda para radicalizar a la juventud.
Las crecientes actividades propagandísticas de al-Qaeda en Internet glorifican la violencia y tratan de aprovechar las quejas locales, desde la opresión política hasta la falta de oportunidades económicas. A diferencia de ello, los programas de diplomacia pública de Estados Unidos involucran a la gente joven de manera constructiva, por medio de la enseñanza del idioma inglés, los intercambios educativos y la diplomacia musical y de los deportes.
Este verano colaboramos con gobiernos municipales de países predominantemente musulmanes para establecer programas que enseñan inglés a los jóvenes y técnicas de liderazgo y ciudadanía. Para muchos de estos jóvenes fue la primera vez que conocían a un estadounidense. Las evaluaciones revelan que se fueron con una visión mucho más positiva de nuestro país.
Este año enseñaremos inglés a miles de jóvenes en más de 40 países con mayoría musulmana. Me reuní con un grupo en Marruecos, en el mismo vecindario de donde eran los suicidas que atentaron en Casablanca en el año 2003. Cuando le pregunté a un muchacho qué diferencia había hecho en su vida el aprender inglés, éste me respondió: “Yo tengo trabajo, y ninguno de mis amigos tiene”. Ese joven también tiene esperanza, tiene una razón para vivir, en lugar de matarse a sí mismo, y a otros, en un atentado suicida.
Gracias al apoyo bipartidista del Congreso estamos ampliando nuestros programas de educación e intercambio, así como trayendo a “decisores claves”, como clérigos y periodistas musulmanes, para que experimenten por sí mismos lo que es Estados Unidos.
Este tipo de programas son invalorables para responder a los estereotipos y contrarrestar la desinformación que los extremistas radicales difunden para abrir una zanja entre nuestras culturas y países.
El reciente video de Osama Bin Laden es un recordatorio de que al-Qaeda solo ofrece destrucción y muerte. Los terroristas de al-Qaeda asesinan a quienes no coinciden con su opinión, inclusive a musulmanes. Sus atentados contra mezquitas, santuarios e incluso fiestas matrimoniales corroboran que no les importa los musulmanes inocentes. Como lo dijo una mujer en Argelia: “Son criminales que quieren sabotear al país”. Ese es un mensaje que las palabras de Bin Laden no transmiten, pero sus acciones si lo hacen. Seis años después del 11 de septiembre la gente buena y decente de muchos credos y culturas rechaza cada vez más sus métodos brutales.
(La autora es subsecretaria de Estado para Diplomacia Pública y Asuntos Públicos)
(termina el artículo)
(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://usinfo.state.gov/esp)