21 mayo 2007
Su propósito era combatir “el hambre, la pobreza y la deseperación”
Washington – El 5 de junio de 1947 el secretario de Estado de Estados Unidos, George C. Marshall, pronunció un discurso de 12 minutos que cambió al mundo, ante los estudiantes que ese año se graduaban de la Universidad de Harvard, en Cambridge (Massachusetts).
Pocos días después, sus comentarios se convirtieron en lo que vino a conocerse como Plan Marshall. El mes siguiente, los líderes europeos se reunieron en París para examinar cómo podían colaborar a nivel regional para calificar para recibir la maciza económica estadounidense que ofrecía Marshall. Diez meses después del discurso de Marshall, el Congreso de Estados Unidos aprobó casi por mayoría el Programa de Recuperación Europea. Un año después del discurso sobre el Plan Marshall, los envíos de la ayuda exterior estadounidense inundaron Europa y los líderes del continente europeo crearon las primeras medidas de coordinación que derivarían en el establecimiento de la Unión Europea.
Para cuando terminó el Plan Marshall en 1952, cinco años después del discurso de Marshall, Estados Unidos había desembolsado 13.300 millones de dólares y Europa había registrado el mayor crecimiento económico en su historia entre los años 1948 y 1952. La producción industrial y agrícola superó los niveles anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Los historiadores discrepan en cuanta a importancia tuvieron los fondos del Plan Marshall en la recuperación europea. Sin embargo, la mayoría considera que el Plan Marshall supuso un importante estímulo a la moral en un momento decisivo. Mediante el Plan Marshall, Estados Unidos se comprometió a ayudar a Europa en la reconstrucción.
El secretario de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Ernest Bevin, calificó el plan de “ayuda para quienes se hundían” y de acto de “generosidad ... más allá de lo que se considera posible”.
El discurso de 12 minutos que pronunció Marshall no incluía demasiadas expresiones conocidas y se centraba, más bien, en los detalles del desequilibrio comercial y el déficit económico. Europa había sobrevivido uno de los peores inviernos en su historia y los expertos pronosticaban un colapso económico y social.
“No es necesario decirles que la situación mundial es muy grave”, dijo Marshall, un ex soldado al que muchos admiraban por su franqueza y su capacidad administrativa, en sus comentarios de apertura. A continuación describió el grave colapso económico y social que estaban llevando al continente europeo a la bancarrota cuando intentaba, desesperadamente, recuperarse de la destrucción que dejó la Segunda Guerra Mundial. Dos años después de haber finalizado la guerra, los europeos no tenían productos para vender a cambio de divisas. Dada la escasez de divisas, los granjeros no podían vender sus alimentos. Como consecuencia de ello hubo un colapso de la economía y cundió el miedo de una amplia hambruna, cuando las familias y gobiernos agotaban rápidamentes sus ahorros para comprar artículos de primera necesidad. En Alemania, la moneda dejó de tener valor hasta el punto que la mayoría de las adquisicones se hacían con el trueque de cigarrillos.
“Por lo tanto, se está desarrollando una situación muy grave que conlleva malos presagios para el mundo”, dijo Marshall. “El sistema moderno de la división del trabajo sobre el cual se fundamenta el intercambio de productos está a punto de derrumbarse”.
En los tres a cuatro años posteriores, Europa necesitó enormes cantidades de alimentos y productos de primera necesidad importados, pero no tenía medios para pagarlos.
“Es lógico que Estados Unidos haga todo lo posible para contribuir a que la salud económica del mundo regrese a la normalidad”, dijo Marshall. “Nuestra política no está dirigida contra ningún país ni doctrina, sino contra el hambre, la pobreza, la desesperación y el caos. Su propósito debe ser la reactivación de una economía en funcionamiento, que permita el surgimiento de las condiciones políticas y sociales en las que pueden existir las instituciones libres”.
El discurso de Marshall contenía pocos detalles. Antes de que Estados Unidos pudiera adelantar grandes cantidades de ayuda “tiene que haber algún tipo de acuerdo entre los países de Europa” en lo que respecta al gasto de los fondos, dijo. “No sería apropiado ni eficaz” que el gobierno de Estados Unidos formulase un plan unilateral para la recuperación de Europa”, declaró. “Es asunto de los europeos”, prosiguió Marshall. “Yo creo que la iniciativa debe ser europea”.
Pocas semanas más tarde los gobiernos europeos, encabezados por Francia y el Reino Unido, comenzaron a trazar el plan de gastos de Marshall. La primera solicitud – de 17.000 millones de dólares en el curso de cuatro años – fue rechazada por el gobierno de Estados Unidos. Finalmente, las partes acordaron un plan de 13.000 millones de dólares. El Congreso de Estados Unidos financió los primeros 5.000 millones para 18 meses y el resto se asignaría solamente tras un cuidadoso examen. El plan de gastos concluyó, de hecho, seis meses antes, en parte porque las economías europeas se beneficiaron del aumento comercial consecuencia de la Guerra Coreana.
Mientras líderes europeos se reunían por primera vez para discutir el plan en julio de 1947, una editorial de la revista LIFE, una destacada revista semanal estadounidense, declaraba: “Lo que gusta a los estadounidenses del Plan Marshall es que apunta hacia el triunfo de una idea racional”. Si bien la historia está lejos de ser racional, proseguía, “el Plan Marshall nos recuerda que los problemas sí tienen soluciones racionales, que algunas ideas son mejores que otras, y que es incluso posible pensarlas mucho antes de que surja una crisis”.
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