23 mayo 2007
Departamento de Defensa de Estados Unidos clave en vigilancia mundial
Este es el primero de una serie de artículos sobre las contribuciones de Estados Unidos a la vigilancia de las enfermedades mundiales.
Washington – Los brotes de enfermedades surgen de un simple movimiento: por ejemplo, una persona enferma aborda un avión hacia un lugar lejano; un virus salta de un pato a una persona, modificándose durante el proceso; constructores entran a limpiar un bosque para preparar el terreno y los microbios encuentran nuevos portadores; virus y bacterias evolucionan y se hacen resistentes a los fármacos.
Hasta hace alrededor de 10 años hubiera sido imposible reconocer una epidemia o pandemia con suficiente antelación como para mitigar sus efectos. Hoy día, una red internacional de laboratorios y científicos está haciendo precisamente eso, con herramientas tanto en tierra como en el espacio.
En el núcleo de esa red está el Sistema de Vigilancia y Respuesta a Enfermedades Infecciosas Mundiales del Departamento de Defensa de Estados Unidos (GEIS), con laboratorios en Estados Unidos y en El Cairo, Egipto; Jakarta, Indonesia; Nairobi, Kenia; Lima, Perú; y Bangkok, Tailandia.
“Coordinamos la vigilancia de las enfermedades mundiales para el Departamento de Defensa y colaboramos con sectores del gobierno de Estados Unidos en distintas agencias federales” así como con grupos internacionales tales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), indicó el director de GEIS, coronel Loren Erickson, en una entrevista con el Servicio Noticioso el 17 de mayo.
ENFERMEDADES INFECCIOSAS EMERGENTES
GEIS fue creado en 1996 por medio de una directiva presidencial que amplió el papel de las agencias federales, incluyendo el Departamento de Defensa, para que mejorasen la vigilancia interna e internacional de las enfermedades infecciosas, así como su prevención y la respuesta ante estas.
La directiva definía las enfermedades infecciosas emergentes como “infecciones nuevas, recurrentes o resistentes a los fármacos cuya incidencia entre humanos se haya incrementado en las últimas dos décadas o que amenacen con incrementarse en un futuro cercano” y presenten “uno de los desafíos más significativos en el aspecto de salud a que pueda enfrentarse la comunidad mundial”.
Tales enfermedades incluyen el VIH/SIDA, hoy día una pandemia, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS), que causó una grave epidemia en 2002-2003 con mas de 8.000 casos conocidos y 774 muertes; y la gripe aviar, una enfermedad de las aves que ya ha infectado a 306 humanos y ha causado 185 muertes en todo el mundo desde 2003. (Ver artículo relacionado)
La vigilancia de las enfermedades empieza en los hospitales y clínicas donde los médicos informan a los laboratorios de salud pública sobre los casos de las enfermedades que se controlan.
En el caso de la gripe aviar, los casos se confirman por laboratorios especialmente equipados y los epidemiólogos investigan aspectos claves de la actividad de la enfermedad: tiempo, localización, tipo de virus y severidad de la enfermedad. El análisis de la información permite a los científicos predecir la transmisión de la enfermedad y guiar las medidas de control.
Los brotes de algunas enfermedades pueden predecirse con antelación. A finales de la década de 1990 los científicos de la NASA en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard junto con el Instituto de Investigación del Ejercito Walter Reed de Maryland encontraron un modo de hacer esto con la fiebre amarilla, una enfermedad viral portada por mosquitos que infecta el ganado, búfalos, ovejas y cabras y que desde estos puede contagiarse a los humanos.
Según la OMS, la fiebre amarilla puede ser severa en animales y personas, lo que implica una alta mortalidad.
CONTROLANDO LAS ENFERMEDADES DESDE EL ESPACIO
Durante 10 años aproximadamente por medio del programa GEIS, los científicos de la NASA han estado utilizando satélites de observación climática, que miden la vegetación casi en tiempo real, así como las temperaturas marinas y otros factores, para controlar las condiciones de la lluvia en el este de África, las cuales están asociadas con el brote de enfermedades, incluyendo la fiebre amarilla.
“Estas son zonas que pasan por frecuentes sequías e inundaciones” dijo en una entrevista reciente con el Servicio Noticioso Assaf Anyamba, un investigador científico en el Centro Goddard de Ciencia y Tecnología de la Tierra. “Por ejemplo, hace dos años hubo una gran sequía en el este de África. Este año hay grandes inundaciones. Estos cambios en el clima resultan en el surgimiento de varios tipos de enfermedades”.
Todos los meses Anyamba y sus colegas presentan mapas de riesgo de enfermedades basados en observaciones de satélite de las lluvias y la vegetación. El año pasado, la Administración Nacional de Asuntos Oceanográficos y Atmosféricos de Estados Unidos emitió una advertencia no programada sobre el patrón climático de El Niño que indicaba temperaturas más cálidas de lo normal en la superficie del océano a través del ecuador que podrían afectar los patrones de lluvia tropicales.
“Cuando vimos por primera vez que El Niño venía del Pacífico y el océano Índico comenzaba a calentarse” dijo Anyamba “emitimos una advertencia preliminar. Cuando empezamos a ver la lluvia, emitimos otra, ya que la lluvia estaba cayendo en la escala en la que cayó cuando se produjo el brote de fiebre amarilla de 1997-98. Al poblarse la tierra de vegetación, puesto que estas áreas estaban muy secas, se pueden producir condiciones que podrían llevar a la producción de mosquitos vectores (portadores de virus) y a la propagación de estos”.
En esta serie de advertencias Anyamba y sus colegas proporcionaron predicciones que ayudaron a Kenia, Somalia y Tanzania a prepararse para el brote de fiebre amarilla que está ocurriendo en la actualidad, y permitió que los asociados internacionales: OMS, FAO y otros pudieran ayudar a mitigar el brote ofreciendo protección con equipos adecuados tales como guantes, máscaras y mosquiteros, para evitar la malaria en caso de incremento de esta enfermedad, que se suele producir durante las inundaciones.
Diciembre es un mes de sacrificios para las poblaciones musulmanas en la región, y puesto que la sangre y tejidos de animales enfermos pueden infectar a las personas que los manipulan, los gobiernos prohibieron con carácter temporal la matanza de camellos, corderos, cabras, y ganado, salvando así miles de vidas.
Diez años antes, durante el brote de 1997-98, la OMS calcula que hubo 89.000 casos de fiebre amarilla y que 250 resultaron en muerte en el este de Kenia y el sur de Somalia, en uno de los brotes de fiebre amarilla más grandes que se han registrado en la historia.
“La ventaja que hemos tenido este año, dijo Anyamba es que “el mecanismo de observación está en su lugar. Ha reducido el impacto en términos de pérdidas de vida humana porque tenemos un sistema de advertencia preliminar en funcionamiento”.
Para más información sobre GEIS véase su sitio electrónico.
El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)