12 enero 2007
El sistema bipartidista domina la política estadounidense desde la década de 1860
Washington – Cuando los Fundadores de la República redactaron la Constitución de Estados Unidos en 1787, no previeron un papel específico para los partidos políticos en el orden de gobierno. De hecho, buscaron diversos arreglos constitucionales —como la separación de poderes, los frenos y contrapesos, el federalismo y la elección indirecta del presidente por un colegio electoral—para que la nueva república quedara aislada de las facciones y partidos políticos.
A pesar de las intenciones de los Fundadores, Estados Unidos se convirtió en el siglo XIX en la primera nación que tuvo partidos organizados a nivel nacional y que transfirió el poder ejecutivo de una facción a otra por medio de elecciones. En la década de 1830 los partidos políticos se habían establecido con fuerza como parte del firmamento político.
Hoy los partidos republicano y demócrata saturan el proceso político. Los dos partidos principales dominan hoy la presidencia y el Congreso, así como los gobiernos y legislaturas de los estados. Los republicanos y demócratas han dominado la política estadounidense desde la década de 1860 y desde 1852, todos los presidentes han sido republicanos o demócratas.
En el Congreso 110 que se reunió el 4 de enero, la Cámara de Representantes cuenta con 233 demócratas y 202 republicanos. El Senado tiene 49 demócratas 49 republicanos y dos independientes, que se reunirán para determinar y aplicar políticas con los demócratas.
En una encuesta Gallup de noviembre de 2006 (el barómetro principal de la opinión pública operado por la organización Gallup), aproximadamente el 59 por ciento de los estadounidenses se identificaronn como republicanos o demócratas. Aquellos que se dicen independientes suelen tener inclinaciones partidistas y muestran un alto grado de lealtad a uno de estos dos partidos.
El procedimiento habitual para elegir a los legisladores nacionales y estatales en este país es el sistema de distritos "de un solo miembro". Esto significa que resulta electa la persona que obtiene una mayoría relativa del voto (es decir, el mayor número de votos en un distrito electoral dado). A diferencia de los sistemas proporcionales, el arreglo de distritos de un solo miembro no permite que gane más de un partido en un distrito cualquiera. Así, el sistema de un solo miembro genera incentivos para formar dos partidos de amplia base con suficiente atractivo popular para ganar la mayoría relativa en distritos legislativos.
Los partidos estadounidenses cuentan con un apoyo electoral de amplia base y de gente de todas las clases sociales. A excepción de los votantes afro norteamericanos — aproximadamente 88 por ciento de los cuales votaron por el candidato presidencial demócrata en 2004—, tanto el Partido Republicano como el Demócrata tienen en realidad niveles apreciables de apoyo de todos los grupos socioeconómicos y étnicos importantes de la población.
LA DIVERSIDAD DENTRO DEL PARTIDO ES LA NORMA EN EL SISTEMA ESTADOUNIDENSE
Comparado con los partidos políticos en otros países democráticos, los partidos políticos de los Estados Unidos muestran también relativamente poca unidad interna y no profesan una adhesión estricta a una ideología o a una serie de objetivos políticos. En general los republicanos han expresado la tendencia a apoyar la limitación de poderes federales y proteger la autoridad de los gobiernos estatales y locales, así como de adoptar un enfoque conservador en cuanto a los impuestos y los gastos y oponerse a la interferencia del gobierno en la libre empresa. Por el contrario, los demócratas han tenido la tendencia a adoptar una actitud más expansiva de los poderes del gobierno federal, apoyar incrementos y gastos para tratar de resolver problemas sociales a nivel nacional, y favorecer reglamentación federal como instrumento para mejorar las prácticas empresariales. Pero estas son amplias generalizaciones: En la política estadounidense los demócratas “conservadores” y los republicanos “moderados” e incluso “liberales” no son de extrañar.
Ambos partidos políticos se han interesado en primer lugar y ante todo en ganar las elecciones y controlar al personal del gobierno. En atención a sus amplias bases socioeconómicas de apoyo electoral y por la necesidad de operar en una sociedad que, por su ideología, se ubica en posiciones del centro, los partidos estadounidenses han adoptado posiciones políticas esencialmente centristas. Han demostrado también un alto grado de sensibilidad en sus políticas. Este enfoque no doctrinario permite que republicanos y demócratas toleren mucha diversidad en sus filas.
El presidente no puede contar con que los miembros de su partido integrados al Congreso apoyarán por lealtad los programas presidenciales, y tampoco los líderes del partido en el Congreso esperan que los miembros de su grupo voten siempre de acuerdo a la línea del partido. Además las organizaciones nacionales partidistas rara vez intervienen en los asuntos del partido en los estados.
Aun cuando, desde el punto de vista ideológico, los partidos estadounidenses tienden a ser menos cohesivos y programáticos que los de muchas democracias, desempeñan un papel importante y a menudo decisivo al configurar la política pública.
EL PAPEL DE LOS “TERCEROS” PARTIDOS
A pesar de la gran influencia política de los partidos republicano y demócrata, los terceros partidos y los candidatos independientes han sido un rasgo periódico de la política de los Estados Unidos. La mayoría de los terceros partidos han florecido en una sola elección y luego mueren, se esfuman o son absorbidos por alguno de los partidos grandes.
Hay pruebas de que los terceros partidos pueden tener un impacto apreciable en el resultado de las elecciones. Por ejemplo, un candidato de un tercer partido puede conseguir más votos que el candidato del partido mayoritario que esté en la misma línea que el candidato del tercer partido, permitiendo así que el otro partido mayoritario gane la elección, a pesar de no haber obtenido la mayoría del voto popular.
Desde la década de 1990, las encuestas de opinión pública han mostrado siempre un alto nivel de apoyo popular para el concepto del tercer partido, pero a pesar de las manifestaciones de posible apoyo a un tercer partido, hay enormes obstáculos para estos. El más notable es el temor de los votantes de que, al emitir su sufragio a favor del candidato de un tercer partido, en realidad estén "desperdiciando" su voto. Se ha visto a los electores actuar en forma estratégica, votando por el segundo candidato de su preferencia cuando el primero es el candidato de un tercer partido y, a su juicio, no tiene posibilidades de ganar.
Este artículo ha sido adaptado de Los partidos políticos en los Estados Unidos por John F. Bibby.
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