14 diciembre 2007
Su elevado nivel académico les abre a sus estudiantes muchas oportunidades
Washington – Al clasificar a las 100 mejores escuelas secundarias públicas de Estados Unidos, la revista U.S. News and Word Report encontró un común denominador entre ellas, su firme compromiso con la excelencia – y métodos muy diferentes para alcanzar resultados sobresalientes en las aulas.
La escuela con más alta calificación fue la escuela secundaria Thomas Jefferson de Ciencia y Tecnología, altamente selectiva y elitista, localizada en los suburbios de Virginia en las afueras de Washington, hecho que no fue sorpresa.
Por ejemplo, en una clase de física, en cooperación con compañías locales de alta tecnología, los estudiantes diseñan un satélite que orbita la Tierra, mientras que otros estudiantes eligen cursos que van desde ciencia de ADN hasta inteligencia artificial.
Si el nivel de presión es alto en Thomas Jefferson, también lo es el compromiso con el aprendizaje. “Somos apasionados y trabajamos más duro”, afirma Alexis Brown, estudiante de último año. O como expresó otro estudiante le dijo francamente a la revista “se resuelve o se fracasa”.
La revista otorgó también calificaciones altas a muchas escuelas no conocidas, con comunidades estudiantiles muy diferentes, sin el nivel elitista y el impulso de Thomas Jefferson.
Entre las escuelas anotadas figura la Escuela Secundaria Hidalgo, ubicada en la zona fronteriza de Texas y México, donde los estudiantes son hispanos y la tasa de pobreza es de cerca de 40 por ciento. No obstante, la tasa de graduación en Hidalgo es de 94 por ciento, de acuerdo con la revista, y cada estudiante toma dos exigentes cursos de Colocación Avanzada (AP) para estudiantes enfocados en asistir a la universidad.
“Nosotros nunca citamos la pobreza como pretexto”, expresó Edward Blaha, director de Hidalgo.
Con la ayuda de una importante donación de una fundación de Bill Gates, creador de Microsoft, Hidalgo ha enriquecido sus programas académicos al establecer asociaciones con universidades locales, así como con la Universidad de Texas.
Otra escuela que contradice la imagen de que solamente las escuelas elitistas obtienen calificaciones altas es la escuela secundaria Academia Ronald E. McNair, en la Ciudad de Jersey, Nueva Jersey, una de las comunidades más pobres en el estado.
McNair, nombre que se le dio en honor al astronauta que murió en la explosión del transbordador espacial Challenger en 1986, intenta mantener una comunidad estudiantil diversa con un 25 por ciento de anglosajones, 25 por ciento de afroestadounidenses y 25 por ciento de hispanos, con estudiantes de otros grupos étnicos, particularmente asiáticos.
McNair no hace distinción cuando se refiere al programa académico. La escuela ofrece una lista intimidante de cursos AP, requiere de 50 horas de servicio comunitario para graduarse e impone un código de vestimenta que no distingue modas de áreas de bajos recursos.
“Les digo que tenemos que establecer un nivel alto”, señaló el ex director, Robert Roggenstein, a la revista New Jersey Monthly.
McNair se clasifica consistentemente como la mejor secundaria pública en el estado, y prácticamente todos sus estudiantes van a la universidad, entre las que figuran algunas de las instituciones más prestigiosas en Estados Unidos. En 2006 a los estudiantes de McNair en total se les otorgó 200.000 dólares en becas.
PROCESO DE EVALUACIÓN
Al colaborar con una compañía de investigación y análisis de información, la revista utilizó un proceso de tres etapas para evaluar a las más de 18.000 escuelas secundarias en todo el país. La revista publicó sus resultados el 29 de noviembre.
El primer paso fue medir el puntaje de los estudiantes en los exámenes académicos estatales regulares. Después, se evaluó el desempeño de estudiantes de minoría y en desventaja de cada escuela, y finalmente se determinó el éxito escolar para proporcionar retos y trabajo a nivel universitario.
Como conclusión la revista afirma que “una buena escuela secundaria puede abrir un mundo de oportunidades a sus estudiantes”.
Puede existir un pequeño descuerdo en que todas las escuelas consideradas son sobresalientes en algunos aspectos, pero el asunto de clasificar a las escuelas secundarias tiene sus críticos.
El psicólogo educacional Gerald Bracey señala que tales comparaciones inevitablemente se centran en un grupo de factores como los puntajes en los exámenes. “No creo que se deba clasificar a las escuelas”, expresó Bracey al periódico Washington Post. “Creo que no es sano”.
Otros expertos señalan que las escuelas elitistas, como Thomas Jefferson, deben estar en una categoría especial y no competir con secundarias públicas que tienen una población más general.
Por otro lado, el veterano escritor educativo del Washington Post, Jay Matthews, piensa que las clasificaciones, basadas en exámenes a nivel universitario, son “el único factor comparativo disponible que permite a los padres averiguar qué tanto valor agregan las escuelas a la vida de sus niños”.
AP e IB
Advance Placement es la más amplia serie de cursos de preparación para la universidad en las secundarias públicas estadounidenses. AP, que es administrado por el Consejo Universitario, abarca a 5.200 escuelas, universidades y otras organizaciones educativas.
Por medio del AP, el Consejo Universitario desarrolla rigurosos cursos a nivel universitario en más de 30 temas que los estudiantes pueden tomar en la escuela secundaria. Los estudiantes obtienen créditos académicos para la universidad en Estados Unidos y en otros 40 países -- provisto que tengan un puntaje suficientemente alto en los exámenes de AP aplicados en su penúltimo y último años.
De acuerdo con el Departamento de Educación, más de 60 por ciento de las secundarias estadounidenses ofrecen cursos de AP,. En 2006, más de 24 por ciento de los estudiantes estadounidenses de secundaria tomaron exámenes AP, que representa un aumento de 16 por ciento con el año 2000.
Un segundo tipo de programa académico que crece en popularidad, es el Bachillerato Internacional, o International Baccalaureate (IB), administrado por la Organización de Bachillerato Internacional, con sede en Suiza.
La organización colabora con más de 2.000 escuelas en 125 países, que incluye a casi 800 en Estados Unidos. Los estudiantes cumplen un riguroso programa académico en seis áreas académicas: inglés, idioma extranjero, ciencia, matemáticas y ciencias sociales. También deben cumplir 200 horas de servicio comunitario además de una investigación independiente para un ensayo de 4.000 palabras.
Al igual que los cursos AP, los IB exigen trabajo duro y compromiso de sus estudiantes. Un estudiante universitario que se graduó del programa IB en la escuela secundaria Troy, en Fullerton, California, dijo que “si lo puede completar, entonces la universidad será fácil, pero Troy definitivamente no es para todos. Troy es una escuela para estudiantes extremadamente motivados”.
La clasificación, en inglés, del U.S. News and World Report, está disponible en la página electrónica de la revista.
Para más información, ver Educación en Estados Unidos de América.
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