21 agosto 2007
Internet y películas también importan más desde 2004
Washington – Sería difícil sobrestimar la importancia de los medios de comunicación en el proceso electoral de Estados Unidos. Las redes nacionales de televisión cubren 99 por ciento de los hogares del país, lo que las pone en contacto con la totalidad del espectro socioeconómico. Las estaciones de noticias por cable, los programas de entrevistas en radio y televisión, los periódicos, las revistas de noticias e Internet ofrecen a los electores información sobre los candidatos. El contenido y acento de su cobertura son algunos de los factores más poderosos para determinar cómo los electores perciben a los candidatos y las cuestiones de interés.
Los estudios han demostrado que la radio y la televisión dedican la mayor parte de sus reportajes sobre las elecciones a la competencia entre los candidatos, en lugar de explicar las cuestiones de interés y la posición de los candidatos frente a ellas. Decididos a ganar audiencia, los locutores prefieren los momentos dramáticos que destacan los errores que comenten los candidatos, los ataques contra los oponentes o la posibilidad de escándalos o problemas.
Aun cuando los medios de comunicación cubren noticias sobre la campaña, los candidatos no suelen disponer de mucho tiempo directo en las ondas. Un estudio académico sobre la cobertura mediática de la campaña presidencial de 2000 reveló que los periodistas hablaban el 74 por ciento del tiempo, el público solo escuchó la voz de los candidatos 12 por ciento del tiempo, y en ese caso comentario duraba por término medio sólo 7,8 segundos.
Para establecer una comunicación más directa con los votantes, los candidatos compran tiempo para difundir anuncios en la radio y la televisión. En las elecciones presidenciales de 2000, los candidatos de los dos partidos principales gastaron 285 millones de dólares, de los cuales casi el 60 por ciento se dedicó a publicidad. El elevado costo de llegar a los electores exige a las campañas concentrar sus anuncios en zonas donde creen que tienen una oportunidad de influir en la opinión en quienes todavía están indecisos, lo que resulta en que los residentes de algunas regiones son bombardeados con anuncios políticos, mientras que otros están escasamente expuestos a ellos.
Las elecciones de 2004 son las primeras en las que se utilizó Internet con éxito para hacer campaña electoral y recaudar fondos. El ex aspirante a candidato presidencial Howard Dean, gobernador del pequeño estado de Vermont, utilizó su sitio web para establecer una red de miles de entusiastas voluntarios. Antes de renunciar a la competencia, Dean recaudó más dinero que sus rivales en las primarias Demócratas y recibió elogios de los medios de comunicación por demostrar el poder político de la Internet.
Los otros candidatos siguieron el ejemplo de Dean e hicieron buen uso de Internet. El presidente Bush y el senador Kerry establecieron sitios web donde promovieron sus programas e intentaron de rebatir los mensajes transmitidos por la campaña rival.
Los candidatos también tratan de generar noticias que esperan que difundan los medios de comunicación. Estas noticias pueden ser para dar a conocer un nuevo programa o una cuestión de interés para el electorado, o un acto de presencia en un lugar simbólico. En este aspecto, el presidente titular que busca su reelección tiene una ventaja, porque lo que haga el presidente siempre es noticia, bien sea la ceremonia para la firma de una ley, una reunión con un jefe de estado extranjero o la visita a una zona devastada por alguna catástrofe natural.
Los estudios académicos indican que la mayoría de los votantes tiende a buscar y dar crédito a la información que confirme sus propias creencias. Sintoniza con las emisoras que presentan un punto de vista político similar al suyo. Dos terceras partes del electorado, cifra que coincide con el número de votantes que se identifica con un partido determinado, admiten que han llegado a una decisión incluso antes de que comience la campaña.
El porcentaje relativamente pequeño de los llamados votantes independientes, aún indecisos, son aquéllos sobre los que tienen más efecto la cobertura de los medios de comunicación y los anuncios publicitarios de la campaña. No obstante, las estrategias de comunicación de la campaña no están enteramente diseñadas para llegar al voto del indeciso. A los partidos también les interesa mantener el firme apoyo de sus seguidores tradicionales, conocidos como la base y hace una campaña nacional informativa como las dirigidas a públicos regionales.
En años recientes, ha surgido una controversia por el uso por los informadores de las encuestas en boca de urna, con la práctica de preguntar a los electores que salen de las cabinas cómo han votado y luego usar esta información, a menudo basada en porcentajes muy pequeños, para pronosticar un ganador. Si bien estas encuestas han demostrado ser, en general, bastante acertadas, los estados de la costa occidental, donde los centros de votación cierran horas después que los de la costa este, se quejan de que las predicciones tempranas influyen en quienes todavía no han emitido su voto.
Por último, en 2004, otro medio de comunicación, al que no se suele relacionar con las campañas políticas, entró en la lid: las películas. Un documental, estrenado en junio de ese año criticó las decisiones de la administración de Bush después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. En septiembre de ese mismo año, otra película cuyo propósito era contrarrestar esos argumentos, se estrenó en las salas de cine de Estados Unidos. Todavía queda por ver si este tipo de películas se repetirá en elecciones futuras, pero al menos ese año fueron indudablemente parte de la combinación de medios de comunicación.
El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http//usinfo.state.gov/esp)