06 julio 2009
Este artículo pertenece al periódico electrónico de julio de 2009 Anatomía de un juicio por jurado. Para consultar los demás artículos de esta publicación haga clic a la derecha.
El sistema de juicios por jurado es tan complicado y costoso que obliga a la mayoría de los acusados a aceptar las negociaciones entre el fiscal y el abogado defensor de los cargos y la condena. En los relativamente pocos casos que llegan a juicio, los jurados a menudo consideran cuestiones técnicas que exceden sus aptitudes. Peter J. van Koppen es catedrático de Psicología Jurídica en la facultad de derecho de la Universidad de Maastricht y en la Facultad de Derecho de la Universidad Libre, ambas en Holanda.
Por Peter J. van Koppen
Un día usted acude a la consulta de su médico de cabecera. Allí, le da la bienvenida un grupo de doce personas. La persona que parece estar a cargo del grupo le informa alegremente que el grupo sustituirá a su médico durante el mes próximo. Con confianza, esa persona agrega: “No se preocupe, de todas formas la mayoría de lo que hacen los médicos es utilizar el sentido común”. ¿Qué haría usted?
De hecho, la directora del grupo tiene razón: la mayoría de lo que hacen los médicos es utilizar el sentido común, pero no sucede así con respecto a una parte importante de lo que hacen. Ésa es la parte esencial de la tarea que realiza el médico. Lo que es quizás aún más decisivo es que el médico tiene la capacidad de distinguir entre los casos difíciles y las enfermedades peligrosas que pueda padecer un paciente y las enfermedad comunes y corrientes.
El acusado que entra en la sala del tribunal y que ha decidido no aceptar la negociación de los cargos y la condena afronta precisamente este alegre grupo de jurados. Ellos están allí para evaluar las pruebas y decidir si el acusado es o no culpable. La cuestión es si semejante jurado es mejor que la alternativa. Más adelante hablaré sobre la alternativa a la que me refiero.
Sin duda, todos preferimos que nos atienda un médico con diploma en lugar de un jurado médico integrado por personas comunes y corrientes, y esto es así para casi todas las profesiones. Por lo tanto, la primera pregunta que habría que plantear es: ¿son la toma de decisiones o la investigación de los hechos en causas penales algo que pueda realizar un grupo que no está integrado por profesionales ni expertos en la materia? Para responder a la pregunta, permítame diseccionar el problema que afronta el jurado en un juicio penal. El jurado ha de tomar una decisión en lo que respecta a la verdad, pero los abogados estadounidenses contestan inmediatamente que los juicios penales versan sobre la verdad, sino sobre determinada versión de la verdad. Es decir, ¿cuál de las partes presenta el mejor argumento acerca de la verdad?
De todas maneras, la tarea de un jurado no difiere mucho de lo que hace cualquier científico. El científico tiene que sacar conclusiones acerca del estado de cosas que no pueden observare directamente, es decir tiene que sacar conclusiones a partir de las pruebas que se pueden observar. Esto es precisamente lo que tiene que hacer el jurado: tomar una decisión acerca de la culpabilidad del acusado basándose en las pruebas que se presentan en el juicio. Este es un acto científico que excede la capacidad intelectual de la mayoría de las personas que son citadas a prestar servicio como jurados.
Quienes defienden el sistema de jurado tienden a utilizar el importante estudio realizado por Harry Kalven y Hans Zeisel en 1966 para defender su postura. En un gran número de casos, mientras el jurado deliberaba en la sala de deliberación, Kalven y Zeisel le preguntaron al juez que presidía sobre el juicio cuál sería su decisión. Descubrieron que en la mayoría de los casos los jueces habrían rendido el mismo veredicto que el que pronunciaría el jurado a su regreso.
La formación importa
Este estudio merece algunos comentarios. Al igual que con el ejemplo del médico, puede que el juez profesional y el jurado coincidan la mayoría de las veces, pero eso no significa que están de acuerdo en los casos más importantes, es decir los casos en que la decisión sobre los hechos del caso es de alguna manera difícil y en el que los conocimientos y la formación tienen importancia.
¿Por qué dirigirnos al juez para evaluar la calidad de las decisiones del jurado? Esto asume dos cosas: que los jueces son tan competentes que se puede utilizar su criterio para evaluar al jurado, y segundo, que la ley tiene importancia en lo que respecta al problema decisorio que afronta el jurado. Este último razonamiento es un error común. La decisión del jurado es una determinación puramente objetiva que toma la forma de una decisión científica. Lo que es más importante, la ley no tiene nada que ver con esa decisión. La determinación puede estar enmarcada en toda clase de reglamentos jurídicos –por ejemplo, qué pruebas se pueden presentar al jurado o incluir en la decisión–, pero no por ello la decisión es una determinación jurídica. Quienes defienden el sistema de juicios por jurado sostendrían entonces que la norma que se emplea para tomar decisiones en los juicios penales, “más allá de toda duda razonable”, es una regla jurídica. Pero no es así, sino que es el mismo tipo de regla decisoria que se aplica extensamente en la ciencia, solo que se le da un nombre diferente. En la psicología, por ejemplo, esa misma regla decisoria se denomina nivel de significado.
De hecho, es erróneo utilizar a un solo juez como criterio de la toma científica de decisiones. En primer lugar, un grupo de jueces sería una comparación más justa. En la mayoría de los países, los casos sin jurado los deciden grupos de tres o cinco jueces. En segundo lugar, ¿no son los jueces igual de legos en la toma de decisiones objetivas que los jurados? Quienes ingresan en la facultad de derecho generalmente lo hacen porque no les gusta el pensamiento científico o porque odian las matemáticas o detestan hacer experimentos. Sin duda, el pensamiento jurídico dista considerablemente del pensamiento científico.
Por lo tanto, los jueces propiamente dichos no están más capacitados que los jurados para determinar los hechos, a menos que tengan formación. En países donde los jueces son profesionales, han recibido formación. De hecho, cuando yo ejerzo de perito en mi país, a menudo me encuentro en los tribunales con que uno o más jueces ha pasado por mi clase donde les enseñé acerca de la declaración testimonial, la identificación y la evaluación de las pruebas. ¿Cómo pueden quienes defienden los juicios por jurado sostener que la formación no importa a la hora de resolver los problemas complicados que surgen en algunos casos penales? ¿Por qué ignoran el hecho de que se comenten más errores judiciales en los países que emplean jurados, como Estados Unidos y Gran Bretaña, que en países del continente donde no hay jurados?
Otras desventajas
El sistema de juicios por jurado tiene además otras desventajas que pocas veces se mencionan. Primero, un juicio por jurado es más complicado que un juicio sin jurado (donde un juez o grupo de jueces decide el veredicto). El juicio por jurado impone mayores demandas sobre el abogado defensor. También los juicios por jurado exigen abogados más capaces, pero la mayoría de los acusados en Estados Unidos son demasiado pobres como para contratar a un buen abogado. En los países con juicios sin jurado, los abogados que no son muy capaces representan menor desventaja para el acusado.
Los juicios por jurado consumen también mucho tiempo y requieren mucho trabajo. De hecho, son tan costosos que este sistema de jurado solo se puede mantener si la gran mayoría de los casos se resuelven de modo distinto. En Estados Unidos, esto sucede por medio de la negociación de los cargos y la condena, es decir un pacto negociado entre el fiscal y el abogado defensor con la intervención menor de un juez. En la práctica, es un sistema en el que la mayoría de los casos terminan de manera en que nadie ha evaluado realmente las pruebas, sin escrutinio público y en el que el fiscal tiene un poder desproporcionado.
En pocas palabras, en el sistema de jurado la mayoría de los casos se resuelve en secreto, y un número mínimo de casos los deciden pequeños grupos de personas que aplican el sentido común a problemas complicados que superan su formación.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.