08 enero 2009

No es lo mismo gobernar que hacer una campaña política

 
El ex-secretario de Educacion Riley durante una conferencia de prensa sobre educación

Este artículo pertenece al periódico electrónico “La transición presidencial en Estados Unidos”, de enero de 2009. Para consultar los demás artículos haga clic a la derecha.

Entrevista con Richard W. Riley, ex secretario de Educación

Un funcionario del gabinete del presidente Bill Clinton habla sobre la frenética actividad del período de transición y de su experiencia como director de una agencia de gobierno.  Richard W. Riley habla en una entrevista con Charlene Porter, redactora de eJournal USA.

Richard Riley fue secretario de Educación de Estados Unidos entre 1993 y 2001. Fue gobernador de Carolina del Sur entre 1979 y 1987 y, en la actualidad sigue impulsando mejoras a la educación en su estado, en la nación y en el extranjero.

Pregunta: ¿Cómo se sintió al recibir la llamada telefónica invitándole a formar parte de la nueva administración?

Riley: Para mí, todo comenzó una semana o diez días después de la elección de Bill Clinton en 1992.  Me encontraba en Palo Alto, California, en la reunión de una comisión de salud.  Nos ocupaban unos serios problemas en los servicios de salud y proponíamos soluciones cuando alguien se me acercó y me dijo “gobernador, le llaman por teléfono”, a lo que respondí, “¿puede tomar un mensaje? Estamos tratando temas complicados”.

Entonces, la persona añadió “se trata del presidente electo”. Le respondí “pues, en ese caso, atenderé la llamada”.

Pregunta: Usted y el presidente Clinton fueron gobernadores casi a la misma vez; usted del estado de Carolina del Sur y él de Arkansas. ¿Fue esa llamada telefónica fruto de esta experiencia compartida?

Riley: Sí, así es.  Era gran amigo mío.  Fuimos gobernadores casi al mismo tiempo de estados similares en tamaño, composición de población y características demográficas.

Yo formaba parte de su Comité Ejecutivo Nacional cuando él fue elegido.  Luego, durante la transición, me pidió que dirigiera la selección de otros funcionarios del gabinete, y que presidiera el grupo que se ocupaba de llenar los puestos de trabajo bajo los secretarios de agencias, que eran cargos importantes.  Acepté hacerlo, así que mi esposa y yo nos trasladamos a Washington donde fijamos nuestra residencia.

Dirigí lo que al principio fue un pequeño grupo, pero que muy pronto aumentó a 250 ó 300 personas, con la tarea de establecer los mecanismos necesarios para recibir hojas de vida y recomendaciones, dividirlas según departamentos, etc.  Contábamos con un grupo de profesionales en recursos humanos para analizar los datos de los solicitantes, como por ejemplo, para los empleos en el Departamento de Educación. Algunos días recibíamos más de 3.000 hojas de vida.  Nos ayudaban unos 50 abogados, todos voluntarios, que investigaban a los solicitantes que figuraban en la lista de los candidatos que enviaríamos al presidente para su consideración.

Un mes o seis semanas después, el presidente electo me pidió que me reuniera con él para tratar una serie de temas y me dijo que quería que yo figurase en su gabinete y me ofreció el cargo de secretario de educación.  La educación es algo que me apasiona, así que acepté.

Luego se me presentó la situación, algo ambigua, de tratar de supervisar los nombramientos de los funcionarios del subgabinete y de organizar el departamento a cargo de esta gestión, a la vez que me ocupaba de la confirmación de mi propio nombramiento y de otras personas claves en el Departamento de Educación.

 

Fueron tiempos maravillosos que disfruté a fondo, trabajando 14 ó 15 horas diarias. Así que, para mí, fue un período que transcurrió en una especie de bruma.

Pregunta: ¿Cree usted que lo mismo sucede al personal que ayuda a Obama ahora?

Riley: La experiencia para el presidente electo Obama y su personal ha sido mejor planificada y organizada.

En 1992 hubo tres candidatos a la presidencia y Clinton ganó con menos del 50 por ciento del voto.  Clinton se mantuvo en pie de lucha hasta el último día de la campaña y, antes de ser elegido, no dispuso de mucho tiempo para poner en marcha el proceso de nombramientos. En el caso del senador Obama,  dejó asignado al personal que durante meses se ocuparía de establecer los comités de transición si resultaba ser el ganador de la contienda.  Así que ahora están más adelantados de lo que estuvo Clinton.

A Clinton le tomó algún tiempo ajustarse.  Es una persona muy concienzuda y quería ser muy cuidadoso, así que no fue hasta finales de diciembre que nombró a cada uno de los funcionarios de su gabinete.  De modo que hubo una demora. Hubiera sido mejor disponer de más tiempo para llevar a cabo esos planes.

La situación del presidente electo Obama es un poco diferente a la nuestra.

Pregunta: Con el paso de los meses, ¿actuó esa demora como una desventaja para la administración Clinton?

Riley: Lo fue por un corto tiempo y una desventaja que el presidente Clinton no pudo remediar porque se trataba de una situación muy diferente a la que se tiene hoy día.  El presidente electo Obama puede valerse de las lecciones aprendidas de la administración Clinton. Ha recurrido a muchos de los funcionarios de Clinton para que le ayuden en calidad de asesores, personal de transición y funcionarios de su gabinete. Cuando Clinton llegó al puesto, no se había elegido una administración democrática desde la presidencia de Jimmy Carter (1977-1981). De modo que, durante muchos años, fueron pocos los jóvenes demócratas que tuvieron la oportunidad de trabajar como funcionarios públicos.  Sin embargo, para 1992, todos estaban deseosos de hacerlo.  Llegaban en tropel durante los años de la administración Clinton, de manera que Obama se beneficia ahora de un nutrido grupo de personas con experiencia.

Pregunta: Según las leyes, la persona nombrada para el puesto de secretario de educación debe someterse a un proceso de ratificación por el Senado de Estados Unidos.  ¿Cómo le fue a usted?

Riley: Es algo que te crispa los nervios. No se tiene idea qué preguntas se formularán.  Uno puede hacer un comentario trivial que luego pueden tergiversarse en algo más serio.  Afortunadamente, los  senadores de mi estado de Carolina del Sur eran ambos de alto rango y los dos estaban a favor de mi nombramiento. Uno era el líder demócrata Fritz Holling y el otro el líder republicano Strom Thurmond.  Ambos me dieron su apoyo  El senador Thurmond me acompañó a todas las reuniones con los miembros republicanos de la comisión a cargo de considerar mi confirmación.  El senador Hollings hizo lo mismo con los miembros democráticos.  El apoyo para mi nombramiento fue unánime.

De modo que si bien es cierto que estás bajo mucha tensión y que dedicas mucho tiempo a prepararte para ello, dándole vueltas a todas las preguntas que te pueden hacer, en definitiva, para mí fue un día que disfruté una vez me encontré en la sala de audiencias con los senadores que me interpelaron sobre mis opiniones sobre la educación

El ex-secretario Riley visita a un grupo de estudiantes.

Pregunta: Fue ciertamente una ventaja contar con el apoyo de un senador de alto rango del partido de la oposición, ¿no es eso algo poco usual?

Riley: Sí. Muchos de los nominados por el presidente Clinton pasaron por la experiencia de ser interrogados por los senadores del partido de la oposición de una forma realmente negativa.  Lo que puede hacer que el día se haga más largo y pesado para cualquiera.

Durante la transición, el carácter complejo de las audiencias de ratificación ocupó mi atención tanto como mis funciones como director de búsqueda de candidatos para los puestos del subgabinete. Había que llenar 250 plazas y uno se tropieza con situaciones muy complicadas.

Por ejemplo, puede que haya un candidato para un puesto en el departamento de justicia o educación o de cualquier otra agencia con un expediente profesional sobresaliente y con referencias muy buenas.  Luego, los abogados inician su labor de investigación y nos informan que hace más de 20 años tal persona salió de una fiesta y fue acusada de conducir bajo los efectos de bebidas alcohólicas y, por lo tanto, tiene antecedentes penales.  Así que estás en la disyuntiva de seguir adelante con una persona sobresaliente sin ningún antecedente o con este otro que tiene algo en su contra. ¿Es motivo suficiente para excluir su consideración a un nombramiento presidencial?

Eran situaciones delicadas y espinosas.

Se dice que la búsqueda nacional de un candidato para la presidencia de una universidad toma entre seis ú ocho meses. Los puestos del subgabinete son equivalentes al puesto de presidente de una universidad.  El nuevo mandatario tiene que llenar entre 200 y 250 de este tipo de plazas y debe hacerlo en cuestión de un par de meses.  Es una situación de mucha presión e igualmente importante. Todos intentan hacer lo mejor posible y es sorprendente ver cómo el pueblo estadounidense apoya esos esfuerzos.

Pregunta: Se dice que los primeros 100 días de una administración es el período crítico que marca la tónica de la presidencia. Sin embargo, dada la caída de los mercados internacionales en el último trimestre de 2008, existe la impresión de que Obama ya ha sido investido como primer ejecutivo pues los mercados intentan leer las señales de lo que tiene proyectado hacer.  ¿Cómo compara ello con su propia experiencia?

Riley: No nos encontrábamos en medio de una crisis en la era de Clinton.  El presidente electo Obama asumirá el cargo en medio de una crisis económica, de dos guerras y de otros asuntos de importancia crítica en desarrollo.  De modo que la presión ha sido enorme para que llene pronto las plazas de secretario de estado, así como las de asesores económicos y de seguridad nacional.

Pregunta: ¿Qué recuerda usted de los primeros 100 días de la administración de Clinton y cuáles fueron los temas más urgentes en esos momentos?

Riley: Una vez concluida la campaña electoral, sigue un período en el que se logran algunas cosas, pero hay que reconocer que gobernar es muy diferente a hacer campaña. Hay quien llega a la presidencia y se rodea de personas que siguen haciendo campaña. El presidente tiene que hacerse a la idea de que ahora representa a todo el pueblo.

Cuando se hace campaña, tu bando está en contra del otro.  Es el sistema.  Ambos bandos adoptan la modalidad de hacer política.  No hay nada de malo en ello, aunque a mi manera de ver, las campañas son más negativas de lo que deberían ser.  Pero, me sentí muy orgulloso de la campaña de Obama, me pareció que fue acertada y creo que esa es una de las razones por las que le fue tan bien.

Pero una vez se sale de esa modalidad de campaña, se debe hacer un verdadero cambio de mentalidad.  Llegado ese momento ya no eres tú en contra del otro bando.  Se representa a un país. Seguirán las diferencias.  Así es nuestro sistema.  Hay cuestiones partidistas y no hay nada de malo en ello. Sin embargo, cuando se asume el cargo, se deben abordar los asuntos de forma diferente porque gobernar es diferente a hacer campaña.

De lo que he podido observar, el presidente electo Obama lo ha entendido bien y me parece que todo lo que ha hecho y dicho revela su visión de gobierno y no de campaña. Me parece muy bien dada la crisis que afronta.

Pregunta: Vayamos ahora al aspecto personal de esta experiencia.  Cuando alguien se integra a una administración, hace algo más que tomar una decisión política o de carrera.  También hay importantes cambios en su estilo de vida.  Por ejemplo, usted tuvo que hacer un traslado de larga distancia desde su casa en Greenville, Carolina del Sur a Washington, con todo lo que ello supone, y que tuvo su efecto en usted y en su familia. ¿Fue esta transición difícil para usted?

Riley: Para mí no lo fue.  Mi esposa era muy comprensiva y disfrutaba de mi experiencia en el gobierno tanto como yo.  Ella fue una verdadera compañera, en todo el sentido de la palabra, y me apena decir que falleció en marzo de 2008.  Padeció de cáncer del seno durante unos 25 años. Un estado que se le diagnosticó en los años 80, cuando yo era gobernador.  Ella se sometió a un buen tratamiento y se cuidó mucho por lo que su vida se prolongó 25 años más. Era una gran compañera y se avenía a todo lo que yo tuviera que hacer.

Pero, es un cambio en tu estilo de vida en todos los sentidos.  Por ejemplo, si tienes alguna posesión – sean acciones, bonos o lo que sea – casi tienes que deshacerte de todo o colocarlo en algún tipo de fideicomiso. Es un inconveniente, pero yo no tenía tantos bienes como para preocuparme mucho, así que transferí todo en valores que no fueran controvertidos.

Aparte de ello, uno pertenece a todo tipo de organizaciones.  Solía decir en mis discursos que tuve que renunciar a todo, salvo a mi iglesia y a mi esposa, y era la verdad.  Por mi interés en la educación, pertenecía a muchas juntas directivas y comisiones.  Era fideicomisario del fondo de la Universidad de Duke, lo que me daba mucha satisfacción. Tuve que renunciar a ese cargo. Tuve que renunciar a juntas directivas y comisiones para poder aceptar el puesto de secretario de educación.  El candidato nombrado a ese puesto debe renunciar a todo lo que le vincule a la educación y todo a lo que yo pertenecía lo estaba.

Así que renuncias a todo aquello de lo que formas parte. Vendes todas tus posesiones con excepción de tu casa y tu automóvil.  Tienes que poner en orden tus finanzas y dejar tus asuntos claros para evitar cualquier posible conflicto de interés antes de ocupar un puesto importante que te merece la confianza y el poder que te confiere el pueblo.

Pregunta: ¿Valió la pena?

Riley: Sí, absolutamente. Fue causa de muchas preocupaciones y fue mucho lo que tuve que resolver y hacer, pero lo disfrutamos muchísimo.  Y, claro está, el presidente me pidió que permaneciera en mi cargo cuatro años más cuando fue reelegido en 1996, así que estuve allí ocho años.  Fui a Washington por dos meses, y me quedé dos meses y ocho años.

Disfrutamos cada minuto y a mi esposa le encantaba también.  Teníamos grandes amistades de todo el mundo que entablamos en Washington y, por supuesto, cada día conocía a toda una serie de profesionales de la educación – a las personas más interesantes del país y del mundo. No cambiaría esa experiencia por nada en el mundo.  Siempre le agradeceré al presidente Clinton que me seleccionara para ese puesto.

Pregunta: Su permanencia en el cargo por ocho años es poco usual. Por lo general, la mayoría de los funcionarios del gabinete abandona el gobierno luego de varios años de servicio. ¿Por qué se quedó tanto tiempo?

Riley: No sé si recuerda que los presidentes que antecedieron a Clinton tenían proyectado desbandar y eliminar el departamento de Educación.  Debido a esas circunstancias, me di cuenta desde el principio que no se habían actualizado muchos elementos estructurales del departamento y que éstos requerían serias mejoras.  Me dediqué por completo a hacerlas y me envolví mucho en ello – a obtener un nuevo sistema informático, algo complejo y complicado porque tenía que ser capaz de manejar todas las transacciones entre el departamento y las universidades, los distritos escolares, los estudiantes y demás.  Toda esta gestión fue realizada por un departamento relativamente pequeño.  Contraté a los mejores profesionales del país para que prestaran servicio en el departamento y me sentí muy complacido de hacerlo.

Estábamos poniendo el departamento en marcha.  El presidente me ofreció varios puestos más importantes, que no acepté porque estaba muy dedicado al Departamento de Educación y ahí me quería quedar.  Todo marchaba bien al cabo de cuatro años y me entusiasmaba la idea de quedarme cuatro años más.

Pregunta: ¿Le ha dado algún consejo a la entrante administración del presidente Obama?

Riley: Sirvo en calidad de asesor en materia de educación a los equipos de transición, y me he reunido con ellos.  Son varios los grupos que dirigen su atención al Departamento de Educación, los que analizan la agencia, su estructura y políticas tales como Que Ningún Niño Quede Atrás (No Child Left Behind, una iniciativa de reforma educativa de la administración del presidente Bush). He hablado con ellos y respondido a sus preguntas sobre la agencia, y suelen comunicarse conmigo periódicamente. Estoy realmente disponible para cualquier cosa que quieran preguntarme e intento darles lo que considero son mis mejores consejos.

Las opiniones expresadas en esta entrevista no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

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