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18 abril 2008

Un maratón periodístico

Un periodista brasileño recuerda el ritmo febril de la Olimpiada de Atenas 2004

 
El atleta estadounidense de triple salto Tiombe Hurd habla con periodistas durante la Olimpíada de Atenas 2004
El atleta estadounidense de triple salto Tiombe Hurd habla con periodistas durante la Olimpíada de Atenas 2004. (© AP Images)

Por Claudio Nogueira

Claudio Noguera cubrió los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 para el diario O´Globo de Río de Janeiro. Recuerda esta misión como una prueba de pericia y resistencia no muy diferente de la que experimentan los atletas. Noguera trabaja como periodista para O´Globo desde 1987 y cubrirá los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008.

Cuando llegué a Atenas para cubrir los Juegos Olímpicos 2004 sentí que me estaba encontrando al mundo entero en una sola ciudad. De la misma manera en que cada atleta sueña y se prepara intensamente para participar en las Olimpiadas, esto también es cierto para los periodistas deportivos. La cobertura de este evento es una de las misiones más importantes que se le pueden asignar a un periodista y es una de las más exigentes.

Durante la cobertura de los Juegos Olímpicos se trabaja duro. Inmediatamente después desayunar corría al autobús de la prensa que nos transportaba hasta la sede de la competencia o entrenamiento que tenía programado en el día. Por lo general cubría un evento durante la mañana, otro después del almuerzo y con frecuencia un tercero por la noche. En los intervalos entre las entrevistas y las competencias trataba de escribir con tanta velocidad, pericia y creatividad como podía.

Foto ampliada
Miembros del equipo masculino de balonvolea de Brasil celebran medalla de oro obtenida al ganar a Italia en Atenas
Miembros del equipo masculino de balonvolea de Brasil celebran medalla de oro obtenida al ganar a Italia en Atenas.(©Reuters/Corbis)

Estar en una Olimpíada como reportero también lo convierte a uno en una especie de atleta. Se empieza temprano y hay que moverse rápido en todo momento y todos los días. Hay que coordinar con los colegas los diferentes eventos a cubrir, correr a los transbordadores que brindan transporte entre las sedes y llevar la computadora portátil y otros equipos que es como si pesaran más cada hora que pasa. También me las ingeniaba para encontrar tiempo para grabar un boletín de audio diario para el sitio web de O´Globo [www.oglobo.com.br] sobre cualquier cosa que hubiera cubierto ese día. En alguna parte de ese horario también trataba de comer y de llamar a mi esposa Vania que estaba en casa.

La jornada termina cenando con colegas… y luego a dormir para estar listo para otro día en este maratón periodístico.

Cuando llegué a Atenas ya tenía una lista de los eventos a cubrir, preparada teniendo en cuenta mi experiencia periodística y los deportes en los que se esperaba que se destacaran los atletas brasileños.

Mi primera prioridad era la gimnasia de suelo. Brasil tenía la esperanza de ganar una medalla de oro con Daiane Dos Santos, que había sido campeona mundial en 2003. Desafortunadamente Daiane sufrió una lesión en una pierna y terminó en quinto lugar en las finales, perdiendo la oportunidad de conquistar la tan deseada medalla de oro. Esta fue la mayor desilusión de los brasileños en esta Olimpiada.

Tras la frustración en gimnasia la primera semana, mi principal asignación para la segunda semana fue cubrir al equipo masculino de voleibol de Brasil. A esa altura de la competencia Brasil estaba en camino hacia las finales, jugando contra Italia. Era mucho lo que había en juego para el equipo. Brasil había ganado la medalla de oro en voleibol masculino en Barcelona en 1992 y todos esperaban una repetición de esa actuación. Fue realmente un partido muy intenso y Brasil ganó el partido final por 3 a 1 y conquistó el oro.

Había cubierto los Juegos Panamericanos en 1999 y 2003 y había visto a los competidores de mi país ganar muchas medallas de oro. Pero en Atenas fue la primera vez que cubrí un triunfo brasileño de la medalla de oro olímpica. Debo confesar que la conquista de una medalla de oro olímpica es una experiencia completamente diferente. Es la cumbre, lo máximo.

Esa historia revela un problema con el que todos los periodistas deportivos deben lidiar durante las competencias internacionales: el equilibrio entre la responsabilidad profesional y las emociones propias. Soy periodista, pero también soy brasileño. De manera que cuando cubro un evento evidentemente espero que ganen los atletas brasileños. Al mismo tiempo, no estoy allí para animar al equipo. En el curso de mi carrera he aprendido a controlar mi entusiasmo y a mirar la competencia como observador, acreditado por un diario para escribir sobre lo que veo. Mi deber es escribir. Cuando escribo para un diario de alguna manera soy parte de la historia y parte de la historia de mi país en la celebración mundial que es la competición olímpica.

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