18 abril 2008

La carrera a pie más importante por los suelos

En la Olimpiada de 1988 en Seúl estalló un escándalo de dopaje

 
Ritos coreanos y tecnología de la era espacial crearon un espectáculo en las ceremonias de la Olimpiada Seúl 1988.
Ritos coreanos y tecnología de la era espacial crearon un espectáculo en las ceremonias de la Olimpiada Seúl 1988. (© AP Images)

Por James Mossop

James Mossop es periodista deportivo del diario Telegraph con sede en Londres y ha cubierto los Juegos Olímpicos ocho veces. También ha sido designado para cubrir la Olimpiada de Pekín. Recibió el Premio de la Prensa Británica al periodista deportivo del año por su cobertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992.

La Olimpíada de 1988 en Seúl se destaca en mis recuerdos por la manera en que cambió la naturaleza de la forma de reportar los deportes y las competencias olímpicas.

Recuerdo los Juegos Olímpicos de Verano de Seúl en 1988 como mi llegada a una encrucijada cultural y tecnológica.

Los juegos comenzaron con una ceremonia inaugural coreografiada magníficamente que superó todo lo que se había hecho antes. El estadio principal y sus delicias arquitectónicas fueron impresionantes, con un gigantesco techo curvado y una cantidad de innovaciones en las luces y carteleras de información. Todos los artefactos electrónicos en las sedes, los medidores y los cronómetros eran ultramodernos, una demostración de la creciente sofisticación de Corea del Sur y su condición de economía pujante y en progreso.

Cuestiones más mundanas afligían a quienes tenían la tarea de comunicar los eventos de la capital surcoreana a las organizaciones de prensa en otras partes. Muy pocos entre el personal de televisión, radio y prensa escrita occidentales hablaban el idioma.

Eso tornaba en una experiencia novedosa ir en taxi a cualquier parte. Los vehículos eran pequeños, todos los chóferes usaban guantes blancos e insistían en sonreírle a uno en vez de mirar a la carretera que tenían delante.

Esto resultaba particularmente alarmante porque los conductores coreanos no siempre son tan cuidadosos con la disciplina de respetar los carriles a la cual estamos acostumbrados en Gran Bretaña. Yo me preparaba constantemente para un choque inminente. Los chóferes de taxi de Seúl, y posiblemente de otras partes del país, también tenían el hábito de detenerse en las paradas de autobús y ofrecerle a la gente viajes a lo largo del recorrido hacia mi punto de destino.

El corredor canadiense Ben Johnson rodeado de periodistas tras perder el oro que había obtenido en los 100 metros.
El corredor canadiense Ben Johnson rodeado de periodistas tras perder el oro que había obtenido en los 100 metros. (© AP Images)

El desafío tecnológico se presentó con la computadora portátil, la primera vez en que muchos de nosotros habíamos cubierto un evento así con semejante máquina. Algunos de nosotros no habíamos recibido más de media hora de instrucción con la computadora básica Tandy antes de ser enviados a los Juegos Olímpicos, con la sensación de que lápiz y papel ya no eran los instrumentos de nuestro oficio.

En la profundidad de la noche en la Villa de la Prensa se podían oír los gritos de frustración de la gente que trataba de enviar sus informes a los editores en sus países con computadoras que se negaban a cooperar.

Al final, muchos del contingente de prensa británico optaron por sepultar sus computadoras en sus maletas y retornaron al método tradicional de dictar sus informes a sus oficinas. Esto significaba invariablemente más trabajo nocturno, dada la diferencia de hora entre Corea y Gran Bretaña.

Los eventos se sucedían desde la mañana hasta tarde en la noche y la mayor parte de los periodistas se alimentaba durante el día en un puesto de fideos detrás del sector de la prensa. Algunos de nosotros recordamos la Olimpíada de Seúl como “los juegos de los fideos”.

A pesar de la comida, del idioma y de los desafíos tecnológicos, el gran alboroto en los dormitorios y corredores de la villa de la prensa ocurrió cuando la gente despertó con la noticia, difundida por la agencia francesa AFP, de que el corredor canadiense Ben Johnson había dado positivo en un análisis de drogas.

Las carreras en busca de información al instante fueron intensas. Se levantó de la cama a los miembros del Comité Olímpico Internacional. Las líneas de teléfono se congestionaron y las computadoras portátiles que podían haber ayudado con las comunicaciones eran inservibles.

Dos días antes todo el mundo había escrito largos informes sobre la carrera a pie más importante de todas. Johnson había sido presentado como un atleta impresionante por las 39 zancadas que lo habían llevado desde el tiro de pistola hasta la línea de llegada y la medalla de oro de los 100 metros. Todo esto quedaba ahora por los suelos.

El héroe se había tornado en un tramposo que clamaba inocencia, pero todo el mundo sabía que era culpable. Desde luego que la mala conducta había mancillado antes a los Juegos Olímpicos. En 1976 en Montreal se descubrió que un esgrimista ruso tenía un arma electrónica que le daba una cantidad ilegal de puntos. Si se ve retrospectivamente, es fácil considerar la falta de Johnson como una nueva dimensión de la trampa en los deportes y la primera de más historias de drogas que estaban por escucharse.

Johnson había sido descubierto gracias a la nueva tecnología para medir drogas que adelantó la ciencia de la detección. Desde la desgracia de Johnson, la prevalencia del uso de drogas ha aumentado al mismo tiempo que los adelantos tecnológicos en detección  tratan de mantenerse actualizados. La lista de la vergüenza incluye muchos nombres famosos, ahora infames: las corredoras Marion Jones y Kelli White de Estados Unidos, y Dwain Chambers de Gran Bretaña. Los griegos Kostas Kenteris y Katerina Thanou abochornaron a su país cuando eludieron los análisis en Atenas en el 2004 y se retiraron misteriosamente de la competencia cuando los juegos estaban por comenzar.

Se descubrieron 24 violaciones en todas las disciplinas durante la Olimpiada de Atenas de 2004 y sin duda otros tratarán de burlar el sistema en el futuro. Aún así, los análisis parecen aproximarse a la meta de mantener las drogas de mejora del rendimiento fuera de los Juegos Olímpicos.

Marcar página con:    ¿Qué es esto?