18 abril 2008
Un corredor natural de Kenia competirá en 2008 en el equipo olímpico de EE.UU.

Por Bernard Lagat
El corredor Bernard Lagat, nacido en Kenia, se prepara a competir en Pekín, en su tercera intervención en unos juegos olímpicos. Por primera vez será miembro del equipo estadounidense. Actualmente es titular del récord norteamericano de los 1.500 metros, Lagat ha recorrido un largo camino para llegar hasta este punto de su vida y su carrera atlética.
Todo el significado de los juegos olímpicos radica en encontrarse con atletas de muchos países, en reunirse y de celebrar la humanidad a través del deporte. Sin embargo este año trataré también de ganar una medalla de oro. Esa es mi meta ahora mismo. En el año 2000 en Sydney, gané la medalla de bronce como miembro del equipo de Kenia y en Atenas, en 2004, la de plata, compitiendo con el gran Hicham El Guerrouj, de Marruecos. De modo que ya es hora, para mí, de dar el máximo para ganar la medalla de oro en los 1.500 metros.
Tener la colección de las tres medallas de los juegos olímpicos sería fantástico: bronce, plata y oro, todas.
Correr por Estados Unidos me hace realmente feliz ya que he materializado muchos sueños que nunca pensé fueran posibles. Estoy orgulloso de ser parte de la revolución que está ocurriendo hoy en Estados Unidos en donde el atletismo está ganando reconocimiento y los atletas mejorando constantemente.
Estar otra vez en los juegos olímpicos, vistiendo el uniforme estadounidense, será el máximo clímax. Representar a Estados Unidos y obtener la medalla de oro sería para mí una oportunidad maravillosa.
La oportunidad fue una parte importante en mi decisión de convertirme en ciudadano estadounidense. Quería establecerme en Estados Unidos, vivir como cualquier otro ciudadano y tener más oportunidades para mi familia.
Llegué a Estados Unidos de Kenia en 1996 para asistir a la Universidad del Estado de Washington. Obtuve mis diplomas en el 2001, en las materias gerenciales de ciencias decisorias y sistemas de información.
Me hacía feliz ser un alumno en Estados Unidos, con mi visa estudiantil. Había venido a Estados Unidos a estudiar, y luego regresaría a mi país. Mis compañeros de residencia me hablaron del programa de visas de diversidad, que le permite a personas de ciertos países seleccionados solicitar una tarjeta de residente permanente, la “tarjeta verde”. Cada año se seleccionan alrededor de 50.000 solicitantes. De modo que mis compañeros de residencia dijeron “venga, solicitémosla todos”. Afortunadamente, la solicité y recibí de vuelta una hoja de papel que decía “Felicidades, ha ganado la lotería de visa de diversidad”.
Ahora traeré a Estados Unidos a mi familia. Por supuesto, fue una decisión difícil renunciar a mi ciudadanía keniata, pero creo que para mí fue la mejor.
Las oportunidades de trabajar y ganar dinero en Estados Unidos me permiten realmente ayudar a mi gente allá en Kenia. Inicié mi fundación en el año 2003 para ayudar a estudiantes de familias pobres que ocupan los cinco primeros puestos en sus clases. La base de mi fundación es el elemento académico. En Kenia, uno encuentra muchos chicos que son inteligentes, pero corren peligro de ser enviados de vuelta a sus familias porque no pueden pagar la matrícula escolar. Así que mi fundación les ayuda a pagar la matrícula escolar de todo el año. Si puedo ayudar a una familia, si puedo educar a uno de sus chicos, eso cambiará mucho la situación en esa familia.
La violencia que ocurrió en Kenia tras las elecciones de diciembre (de 2007) es una gran preocupación. Se suponía que los niños volvieran a la escuela en enero. Pero los disturbios demoraron ese retorno, y así se interrumpió durante un mes y eso hizo retroceder el punto en que los chicos que estaban listos para aprender. Tendrán que atragantarse con las lecciones para terminar el período, y ello es una perturbación.
Otra preocupación es la violencia. Kenia se conoce como un país pacífico. Ha sido un modelo de paz en África. La economía ha ido bien, pero de golpe, esta violencia electoral torció las cosas para el otro lado. Me preocupa la seguridad de mis amigos, los ciudadanos en general y mi gente allá en mi localidad. Mi familia está todavía en Kenia, y eso es algo que me inquieta.
Pero cuando miro el lado bueno de las cosas, creo que llegarán a una solución, y creo que Kenia será otra vez pacífico.