16 agosto 2010

Palabras del presidente Obama durante cena iftar en la Casa Blanca

“El Ramadán nos recuerda que el Islam siempre ha sido parte de EE.UU.”, dijo

 
el presidente Obama durante la cena iftar celebrada en la Casa Blanca el 13 de agosto (Departmento de Estado)
“El Ramadán celebra una religión conocida por su gran diversidad y nos recuerda que el Islam siempre ha sido parte de EE.UU.”, dijo el presidente Obama el 13 de agosto.

A continuación una traducción de las palabras pronunciadas por el presidente Obama durante el iftar celebrado en la Casa Blanca el 13 de agosto:

(comienza la transcripción)

LA CASA BLANCA
Oficina del secretario de Prensa
13 de agosto de 2010

PALABRAS DEL PRESIDENTE EN CENA IFTAR

Comedor de Estado
20:37 (Hora del Este)

EL PRESIDENTE: Buenas noches a todos. Bienvenidos. Siéntense, por favor. Bien, bienvenidos a la Casa Blanca. A ustedes, a todos los estadounidenses musulmanes del país y a los más de mil millones de musulmanes en el mundo, les deseo lo mejor en este mes sagrado. Ramadan Kareem.

Quiero dar la bienvenida a los miembros del cuerpo diplomático, miembros de mi administración y legisladores del Congreso, entre ellos a Rush Holt, John Conyers, y Andre Carson, uno de dos legisladores musulmanes en el Congreso estadounidense junto con Keith Ellison. Bienvenidos a todos.

Aquí en la Casa Blanca tenemos la tradición de celebrar cenas iftar desde hace varios años, al igual que celebramos fiestas de Navidad, cenas de seder y celebraciones de Diwali. Estos actos conmemoran el papel que desempeña la religión en la vida de los estadounidenses. Nos recuerdan la verdad fundamental de que todos somos hijos de Dios, y todos recurrimos a nuestras creencias como fuente de fortaleza y sentido de propósito.

Estos actos son también una afirmación de lo que somos como estadounidenses. Nuestros fundadores entendieron que la mejor forma de rendir homenaje al espacio que ocupa la fe en la vida de nuestro pueblo era proteger su derecho a practicar libremente cualquier religión. En la Ley de Virginia para el establecimiento de la libertad religiosa, Thomas Jefferson escribió que “todo hombre será libre de profesar, y por tanto de defender con argumentos, su opinión en materia religiosa”. La Primera enmienda de nuestra Constitución estableció la libertad de culto en todo el país, y ese derecho se ha respetado desde entonces.

De hecho, durante el transcurso de nuestra historia, la religión ha florecido en nuestro país precisamente porque los estadounidenses han tenido el derecho de orar como les parezca, lo que incluye el derecho de no creer en ninguna religión en absoluto. Y es prueba de la sabiduría de nuestros fundadores que Estados Unidos continúe siendo [un país] sumamente religioso, un país en el que la capacidad de las personas de distintas confesiones para coexistir pacíficamente y con respeto mutuo los unos por los otros contrasta con los conflictos religiosos que persisten en otras partes del mundo.

Ahora bien, eso no significa que no haya polémicas en torno a la religión. En fechas recientes, se ha llamado la atención respecto de la construcción de mezquitas en ciertas comunidades, particularmente en Nueva York. Todos tenemos que reconocer y respetar la sensibilidad en torno a proyectos de construcción en el bajo Manhattan. Los atentados del 11 de septiembre fueron un acto profundamente traumático para nuestro país, y el dolor y sufrimiento que vivieron aquellos que perdieron a seres queridos es sencillamente inconcebible. Por tanto, entiendo las emociones que suscita este asunto; y la Zona Cero es, por supuesto, suelo sagrado.

Sin embargo, permítanme ser claro. Como ciudadano y como presidente considero que los musulmanes tienen el mismo derecho a practicar su religión que cualquier otra persona en este país (aplausos) y ello incluye el derecho a construir un templo de oración y un centro comunitario en una propiedad privada en el bajo Manhattan, siempre que se cumplan las leyes y ordenanzas locales. Esto es Estados Unidos y nuestro compromiso con la libertad religiosa debe ser inquebrantable. El principio de que personas de cualquier credo son bienvenidas en este país y de que su gobierno no les tratará de manera diferente es esencial a quienes somos. La estipulación de los fundadores debe permanecer.

Nunca debemos olvidar a quienes perdimos tan trágicamente el 11 de septiembre, y siempre debemos rendir homenaje a aquellos que dirigieron la respuesta al ataque, desde los bomberos que subieron escaleras llenas de humo hasta las tropas que actualmente están en Afganistán. Y recordemos también contra quiénes estamos luchando y por qué estamos luchando. Nuestros enemigos no respetan la libertad religiosa. La causa de al Qaeda no es el Islam, sino una flagrante distorsión del Islam. Estos no son líderes religiosos, sino terroristas que asesinan a hombres, mujeres y niños inocentes. De hecho, al Qaeda ha dado muerte a más musulmanes que a personas de ninguna otra confesión, y la lista de víctimas incluye a musulmanes inocentes que perdieron la vida el 11 de septiembre.

Así que, luchamos contra eso, y la razón por la que ganaremos esta lucha no es solo gracias a la fuerza de nuestras armas, sino la fuerza de nuestros valores, la democracia que defendemos, las libertades que valoramos, las leyes que aplicamos independientemente de la raza, la religión, la riqueza o la posición social. Nuestra capacidad de mostrar no solo tolerancia sino también respeto hacia otros que son diferentes a nosotros, y esa forma de vida, que es el credo supremo de los estadounidenses, se destacan en claro contraste con el nihilismo de aquellos que nos atacaron aquella mañana de septiembre y que hoy continúan conspirando contra nosotros.

En mi discurso inaugural dije que nuestro patrimonio de múltiples elementos es una fortaleza, no una debilidad. Somos un país de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y de no creyentes. Tomamos forma en todos los idiomas y culturas que nos llegan desde todos los confines de este planeta. Y esta diversidad puede hacer surgir debates difíciles. Esto no es único de nuestra época. En eras pasadas hemos visto controversias sobre la construcción de sinagogas o iglesias católicas, pero una y otra vez, el pueblo estadounidense ha demostrado que podemos superar todos estos temas y permanecer fieles a nuestros valores fundamentales, y por ello resurgir incluso más fuertes. Así debe ser hoy, y así lo será.

Esta noche, se nos recuerda que el Ramadán es una celebración de una religión conocida por su gran diversidad. Y el Ramadán nos recuerda que el Islam siempre ha sido parte de Estados Unidos. El primer embajador musulmán ante Estados Unidos, de Túnez, fue recibido por el presidente Jefferson, que organizó una cena tras la puesta del sol para su invitado porque era Ramadán, lo que hizo que aquella fuera el primer iftar que se conoce en la Casa Blanca, hace más de 200 años. (Aplausos).

Como muchos otros inmigrantes, generaciones de musulmanes vinieron a forjarse un futuro aquí. Se hicieron granjeros y mercaderes, trabajaron en molinos y fábricas. Ayudaron a establecer los ferrocarriles. Ayudaron a construir Estados Unidos. Fundaron el primer centro islámico en la ciudad de Nueva York en la década de 1890. Construyeron la primera mezquita estadounidense en las praderas de Dakota del Norte. Y quizá la mezquita más antigua que sobrevive en Estados Unidos, y que todavía se usa hoy día, está en Cedar Rapids (Iowa).

Hoy nuestro país se ve fortalecido por los millones de musulmanes estadounidenses. Destacan en todos los campos. Las comunidades de musulmanes estadounidenses, incluyendo mezquitas en los 50 estados, también sirven a sus vecinos. Los musulmanes estadounidenses protegen nuestras comunidades como agentes de policía y bomberos y servicios médicos de urgencias. Los clérigos musulmanes estadounidenses han hablado contra el terrorismo y el extremismo, reiterando que el Islam enseña que uno debe salvar la vida humana y no eliminarla. Musulmanes estadounidenses sirven con honor en nuestro ejército. En la cena iftar de la semana próxima en el Pentágono, se rendirá homenaje a tres soldados que dieron su vida en Iraq y que descansan ahora entre los héroes del Cementerio Nacional de Arlington.

Estos musulmanes estadounidenses murieron defendiendo la seguridad de la que dependemos y las libertades que valoramos. Son parte de una línea de estadounidenses que data desde los tiempos de nuestra fundación. Estadounidenses de todos los credos que han servido y se han sacrificado para extender la promesa de Estados Unidos para las nuevas generaciones y para asegurar que lo que es excepcional para Estados Unidos esté protegido, nuestro compromiso para mantenernos fieles a nuestros valores fundamentales, y nuestra capacidad para perfeccionar nuestra unión lenta pero inexorablemente.

Puesto que a fin de cuentas, continuamos siendo “un país, bajo Dios, indivisible”, y sólo podemos lograr “libertad y justicia para todos” si vivimos bajo esa norma que subyace a las grandes religiones, incluyendo el Islam, a saber: que seremos con los demás como quisiéramos que ellos fueran con nosotros.

Así que muchas gracias por estar aquí. Les deseo bendiciones en el Ramadán. Dicho esto, comamos.  (Aplausos).

(termina la transcripción)

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )