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Oportunidad

06 noviembre 2009

Cultura e innovación

 
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Visitantes observan una maqueta de isla artificial para turistas en Dubai, lugar de la región del Golfo que promueve la innovación.
Visitantes observan una maqueta de isla artificial para turistas en Dubai, lugar de la región del Golfo que promueve la innovación.

Este artículo aparece en la edición de noviembre de 2009 del periódico electrónico eJournal USA ¿Cómo surge la innovación? Para saber más haga clic a la derecha.

Las culturas que permiten a la gente soñar, innovar y producir serán las ganadoras de la carrera por la independencia económica. Rocco Martino es fundador y presidente de CyberFone Technologies e investigador superior del Instituto de Investigación de Política Exterior (Foreign Policy Research Institute) de Filadelfia, Pensilvania. El presente artículo es parte del número de noviembre del eJournal USA, ¿Cómo surge la innovación?.

Por Rocco Leonard Martino

Hasta la Revolución industrial, los ingresos real de individuos y países eran prácticamente fijos. En gran parte del mundo, el nivel de vida de, digamos, un agricultor en 1750 no sería muy distinto del de su bisabuelo. Desde principios del siglo XIX, en algunas partes del mundo esto ha cambiado. El crecimiento y los ingresos de algunos países han aumentado de manera espectacular, pero en otros siguen siendo fijos. ¿Por qué? Una razón es que las nuevas tecnologías han permitido la creación, acumulación y distribución de una creciente riqueza. Otra razón más profunda es que algunas culturas abrazaron el conocimiento y el cambio y, de este modo, surgieron como suelo fértil en el que los innovadores podían asumir riesgos, perseguir sus sueños y, no por casualidad, enriquecer a sus conciudadanos. ¿Están los países que se han quedado a la zaga atascados bajo el peso de la tradición, un poder central sofocante o una cultura de trabas burocráticas?

Durante largos años, Estados Unidos ha sido un líder tanto en la innovación como en su aprovechamiento para generar riqueza. Se  podría incluso afirmar que el concepto es parte del ADN del país. Uno de sus fundadores, Benjamín Franklin, inventó  el pararrayos, la estufa Franklin, las gafas bifocales y la sonda urinaria flexible. (Aunque  Franklin decidió no patentar estos inventos, sus otras muchas  actividades empresariales demuestran a las claras su propensión a hacer dinero). En los últimos años, las economías de la  cuenca del Pacífico, entre ellas Hong Kong, Singapur, Taiwán, Corea del Sur y Japón han demostrado aptitudes similares, mientras China e India desarrollan una considerable capacidad de ganar dinero y compiten por ejercer un papel de líder en la escena económica mundial.

Los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) obtienen pingües beneficios de su petróleo, pero la mayoría de ellos no ha demostrado gran capacidad de innovación ni ha participado ampliamente en la expansión económica mundial. Se podría afirmar que los considerables ingresos per cápita de estos países, derivados del petróleo, sofocan todo incentivo de invertir en nuevas empresas o alentar la innovación. Algunos gobiernos regionales parecen estar conscientes del problema, como Dubai, con sus cuantiosas inversiones en la creación de infraestructura financiera y  recreativa, y Arabia Saudita, cuya Universidad Rey Saúd cuenta ahora con 70.000 estudiantes.

En América Latina, Brasil ha surgido como líder, con sus importantes adelantos en la aplicación de innovadoras técnicas modernas dentro del país y también para la exportación.

El genio para la innovación y su aplicación productiva a la solución de problemas y la generación de ingresos no fue invento de EE.UU., y su propagación continuará mucho más allá de los países aquí mencionados. Sin embargo, en todas partes, el surgimiento de climas en los que la opinión, hábitos e ideas sean propicios a la innovación supondrá un reto de la cultura, la iniciativa privada y el apoyo estatal a las nuevas ideas.

Impacto en la cultura

¿Cómo afecta la cultura a la innovación y viceversa?

La cultura y la innovación están vinculadas. No puede haber innovación en una cultura que no la apoye, o que no puede ni desea hacerlo; pero una vez establecida, la innovación afecta a la cultura y las dos se desarrollan juntas. La historia está repleta de ejemplos que demuestran este hecho. En Ia actual edad cibernética de omnipresente tecnología de las comunicaciones y la información, este efecto es muy pronunciado.

La aparición del teléfono inteligente – el dispositivo manual que combina las funciones de teléfono móvil con las de un ordenador y el acceso a Internet, ha creado herramientas para modificar la opinión pública, acelerar tendencias  e intensificar los cambios culturales. Los hábitos de lectura han cambiado de los periódicos y libros a breves relámpagos de noticias u opiniones instantáneas. Las discusiones y las cartas dieron paso inicialmente al correo electrónico y ahora a Twitter y otros sitios de microblog. La cultura cibernética ha reducido radicalmente el lapso entre el conocimiento y la decisión y el tiempo que lleva reciclar el conocimiento para producir aun más conocimiento. La información instantánea, de cualquier lugar a cualquier persona, ha pasado a ser ahora un vehículo para el efecto instantáneo sobre la opinión y la movilización –además de constituir una posibilidad de manipulación-. Esta aceleración del  ‘conocimiento’ puede afectar a la educación, la opinión pública, el ocio, las costumbres y el desarrollo cultural.

En gran parte del mundo, las culturas surgieron originalmente entre pueblos dedicados primordialmente a procurarse alimentos, al ritmo de la vida agraria. Hoy, la cultura está configurada por la atmósfera, los modos, las costumbres y las tradiciones singulares de un grupo de personas vinculadas de algún modo. Este vínculo puede ser el grado de educación, las creencias religiosas, los lazos familiares, la etnia, la situación geográfica o la nacionalidad. La cultura es también una fuerza que impulsa la creatividad personal o de grupo.

La innovación es el arte de crear algo nuevo, bien sea un poema, un documento escrito, una planta que florece, un teorema matemático, un adelanto médico o un invento. Últimamente se ha concedido gran importancia a la tecnología, en particular la tecnología de la información, como principal agente catalizador de la innovación. Esto se debe en gran medida al notable aumento de la  riqueza mundial en los últimos sesenta años, desde la entrada en escena, en 1946, del ordenador electrónico de aplicaciones múltiples. Unido a los importantes adelantos en cuanto a capacidad de las técnicas de comunicación y visualización, la era del computador ha dado lugar a un aumento considerable de la riqueza y ha hecho posible el nacimiento de nuevas industrias, incluso en lugares sin previa capacidad de industria pesada. Como ejemplos se pueden citar las industrias de semiconductores de Singapur y Taiwán, y las de programas informáticos de Irlanda y las Filipinas.  Adelantos similares han fortalecido  las economías de países en los que ya existía una industria pesada, como China, India, y Japón.

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La Universidad Rey Saúd trata de impulsar una cultura de innovación.
La Universidad Rey Saúd trata de impulsar una cultura de innovación.

Estos acontecimientos se refuerzan mutuamente, cada innovación conduce lógicamente a la siguiente y todas dependen de una cultura que abraza el conocimiento y el cambio. Durante siglos se ha tratado de hallar medios de acelerar y facilitar la computación. Aparatos mecánicos y eléctricos construidos con arreglo a los medios industriales de su tiempo precedieron al ordenador. Sólo cuando se consiguió dar una mayor estabilidad al tubo electrónico y  se aprendió a utilizarlo fue posible concebir y producir el primer ordenador electrónico. Los ordenadores hicieron posibles los satélites, que a su vez condujeron a la revolución de las comunicaciones. Los mismos conocimientos y uso de circuitos abrieron el camino a las técnicas de televisión y visualización, principalmente digitales, que completan la tríada que ha gestado la actual era cibernética.

Tampoco fue coincidencia que tantos de los acontecimientos que condujeron al ordenador personal moderno se produjeran en los Estados Unidos en las décadas de 1940 y siguientes, sobre todo en la zona californiana del  Valle del Silicio. La cultura predominante en aquella zona atrajo a gentes con ideas y dispositivos capaces de transformar esas ideas en un producto funcional.

Actualmente, vivimos en lo que el redactor del diario The New York Times Thomas Friedman llama un “mundo plano”. Si no todavía totalmente plano, el nuestro es, ciertamente, un mundo más plano, en el que las comunicaciones instantáneas y la disponibilidad de información llevan una cultura propicia a la innovación a través de fronteras nacionales y capacitan a un número cada vez mayor de ciudadanos para crear e innovar.

El ímpetu arrollador

Incluso en el Valle del Silicio, la región de Bangalor en la India, o cualquier otro centro mundial de innovación, no todo el mundo es innovador. El innovador es una persona impulsada por un sueño y la fuerza de carácter necesaria para convertirlo en realidad. Este  “ímpetu arrollador” – profunda ambición y fuerza personal que impulsa a perseguir y hacer realidad una idea – no se puede crear, pero sí alimentar, promover, alentar, ya sea en los campos de la tecnología, la medicina , las artes o la agricultura.

Los principales pasos hacia el establecimiento de un clima cultural propicio a la innovación incluyen la ampliación de las oportunidades y facilidades de educación, la prestación de apoyo financiero a los innovadores, la eliminación de los obstáculos al reconocimiento de una innovación, y el desembolso de fondos para dar publicidad a un producto innovador.

Consideremos el caso de una composición musical. Para asegurar su éxito es preciso contar con centros docentes para formar a posibles compositores, apoyo financiero que permita a un compositor crear la pieza, infraestructura jurídica que proteja al autor contra la infracción de sus derechos de propiedad intelectual, y fondos para asegurar la ejecución de la obra.

Otro hecho alentador es que muchas de las nuevas tecnologías van eliminando barreras a nuevas innovaciones, círculo virtuoso que encierra la promesa de dar paso a una nueva cultura mundial de innovación. Antes de la llegada del teléfono móvil y el teléfono inteligente, las comunicaciones a larga distancia requerían una vasta y costosa infraestructura, fuera del alcance de muchos países pobres. Pero las torres de telefonía móvil son mucho más sencillas y baratas de construir que las redes de la telefonía alámbrica. En consecuencia, millones de innovadores en potencia que, de otro modo, podrían haberse quedado aislados y en la cuneta, están ahora en condiciones de participar en la creciente comunidad de los innovadores.

Internet

El advenimiento de Internet, junto con el teléfono móvil asequible y otros accesos a zonas cada vez más amplias del mundo, está revolucionando el desarrollo cultural. Ello no significa que los africanos, los indios o los chinos se estén pareciendo más a los europeos, los japoneses o los americanos. Significa que un número mayor de ciudadanos del mundo puede comunicarse y que el lugar en que esté radicada una persona cada vez tiene menos importancia como factor de su capacidad de innovar.

Actualmente, más de la mitad de la población mundial es usuaria de la telefonía móvil y pronto llegará a serlo la totalidad. El teléfono móvil se está convirtiendo rápidamente en el medio universal de comunicación, distracción, fuente de información e, incluso, educación. Los datos almacenados en innumerables sistemas y bancos de datos en todo el mundo se pueden consultar y utilizar en cualquier lugar, en cualquier momento por cualquier persona. Este espectacular cambio pone los recursos del mundo al alcance de cualquiera.

Si bien las tecnologías anteriores, como la radio, permitían la comunicación a través de fronteras nacionales — ahí están, como ejemplo, las batallas de la guerra fría entre las emisoras occidentales de onda corta y las interferencias soviéticas –, el movimiento de información actual es mucho mayor.

Los intentos de controlar el tráfico de Internet o de la telefonía móvil sólo pueden tener éxito parcial. La revelación de información, el intercambio de ideas, el ímpetu de la creación, y la fructífera innovación están destinados a propagarse.

Tampoco debemos vincular toda la innovación a los adelantos tecnológicos. Por ejemplo, los que han abierto nuevos caminos a la música, la literatura y la danza siempre tratarán de ampliar las fronteras de sus respectivas artes. Pero todos pueden beneficiarse de la tecnología. Muchos son los compositores que se valen de programas informáticos especiales en un ordenador personal para crear sonidos. La tecnología contribuye de manera inconmensurable a la difusión, el uso y el disfrute de sus creaciones. Ninguna banda tiene ya que depender de una marca de registro de discos para distribuir su música cuando YouTube o su equivalente están a su alcance con sólo pulsar un botón.

Así pues, la cultura y la innovación se refuerzan mutuamente y se expanden juntas. En el aspecto mundial no existen límites a lo que es posible, con una salvedad: un innovador debe tener la motivación, el coraje y la fortaleza de ánimo necesarios para prevalecer. Los países que alientan a estas personas impulsarán su cultura y su potencial de innovación. Los demás se quedarán atrás.

Los países que permiten al individuo soñar, innovar y producir verán crecer su prestigio  e influencia en el siglo XXI. La superación de las tradiciones reaccionarias (aunque, ciertamente,  no todas las tradiciones), las restricciones gubernamentales y las innecesarias trabas burocráticas serán importantes factores en esta carrera. Una cultura que recompense el ingenio y el éxito será el agente catalizador de una nueva ola internacional de crecimiento económico. En el ámbito mundial se está gestando un oleaje que arrastrará a su paso a todos los que no se hayan preparado debidamente.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del Gobierno de EE.UU.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )

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