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Oportunidad

06 noviembre 2009

¿Qué es la innovación?

 
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Más de la mitad de la población mundial utiliza teléfonos móviles. Este muchacho de Mali carga el suyo con la batería de un automóvil.
Más de la mitad de la población mundial utiliza teléfonos móviles. Este muchacho de Mali carga el suyo con la batería de un automóvil.

Este artículo aparece en la edición de noviembre de 2009 del periódico electrónico eJournal USA ¿Cómo surge la innovación? Para saber más haga clic a la derecha.

La innovación es la suma de la invención y la introducción, y un elemento cada vez más esencial para las economías y los gobiernos. Las economías en expansión ya no siguen elaborando los mismos productos, sino nuevos productos de más valor. David Nordfors es cofundador y director ejecutivo del Centro de Investigación sobre Innovación y Periodismo VINNOVA (VINNOVA-Stanford Research Center of Innovation Journalism) en la Universidad de Stanford.

Por David Nordfors

La innovación es hoy en día el principal motor del crecimiento económico. Florece en  un clima social que propicie el espíritu empresarial en una cultura de libertad económica e intelectual. Las autoridades normativas bien informadas comprenden la necesidad de alentar esta clase de “ecosistema de innovación”.

La invención crea algo nuevo. La innovación es algo más: Introduce algo nuevo. La innovación es la suma de la invención más la introducción. No es fácil introducir algo nuevo. Esto lo sabe cualquiera a quien se le haya ocurrido una idea brillante para mejorar su lugar de trabajo. La gente dice que desea el progreso, pero se resiste al cambio.

Las comunidades y organizaciones suelen ofrecer mayor resistencia que los individuos que las integran. Incluso cuando todos los individuos que forman parte de una organización desean un cambio, la cultura de la organización puede no permitirlo.

La innovación requiere  arte y destreza; el entendimiento de cómo se produce es una ciencia. La innovación está tan profundamente arraigada en la psicología y la cultura como en la ciencia y la tecnología.

Nos estamos haciendo mejores innovadores, y los productos, servicios y procesos resultantes tienen un papel creciente en la vida de los ciudadanos de un segmento cada vez mayor del globo. Grandes partes del mundo han pasado a la economía de innovación y el resto está siguiendo su ejemplo rápidamente.

En una economía orientada a la producción tradicional, el crecimiento está impulsado por el deseo de producir más de  lo mismo. La riqueza ha consistido en cultivar más trigo, construir más casas y abrir más fábricas tradicionales este año que el anterior. En la economía de innovación, el crecimiento consiste en hacer más cosas nuevas este año que el año pasado. Este es un cambio fundamental que gentes del mundo entero pueden ver claramente reflejado en su vida cotidiana.

La búsqueda del éxito a corto plazo

La rápida aceptación del teléfono móvil es un buen ejemplo de cómo funciona la innovación y cómo cambia nuestra cultura mundial. La primera llamada por teléfono móvil manual se hizo en abril de 1973. Las primeras redes de teléfono celular se establecieron en Suecia y Finlandia sólo diez años después. Para finales de 2008, había más de 4.000 millones de abonados a servicios de telefonía celular, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Esta cifra es superior a la mitad de la población total del mundo. Compárese con el alfabetismo: El arte de escribir se inventó hace muchos miles de años y tan sólo hace unas cuantas décadas más de la mitad de la población del mundo ha aprendido a leer y escribir. El teléfono celular se ha propagado cien veces más rápido que la alfabetización.

¿Cómo puede producirse el cambio con tal rapidez? La clave está en concentrarse en la innovación y no en producir más de lo mismo.

Si las compañías de telefonía móviI no estuvieran constantemente tratando de sacar ventaja a sus competidores con su próxima innovación, los teléfonos móviles no habrían pasado de ser unos artefactos caros, engorrosos, consumidores de pilas, sólo para gente rica. No muchas personas tendrían hoy uno.

La competencia por la próxima gran innovación está derrumbando las estructuras corporativas tradicionales. Las empresas que están haciendo grandes negocios ya no separan la investigación del desarrollo del comercio. Las empresas, presionadas, desean evitar una investigación costosa que no esté apoyada por un plan comercial. Invertir grandes sumas de dinero en una tecnología que no contribuya a generar ingresos puede derribar a una empresa. El desarrollo de la tecnología y el comercio deben ir de la mano. Hoy día, el personal de tecnología y el de comercialización trabajan hombro con hombro. El pensamiento analítico tradicional, con arreglo al cual cada grupo de expertos trabaja aislado y transmite los resultados de su labor a los demás en un informe, puede reemplazarse por el “pensamiento de diseño”  en el que distintos tipos de expertos se mezclan, combinan sensibilidad, creatividad y racionalidad para satisfacer las necesidades del usuario e impulsar el éxito de la empresa.

Esto es lo que está sucediendo cada vez con más frecuencia en la tecnología de la información. La computadora, el teléfono móvil o cualquier otro producto actual similar no se espera que se mantengan en el mercado más de uno o dos años antes de ser reemplazados. Lo mismo sucede incluso con productos tradicionales de más larga vida, como los de sectores tales como la alimentación y el papel. Según investigadores de la empresa consultora McKinsey & Company, la vida de los productos es hoy un tercio de lo que era hace 40 años. Este hecho refleja también el cambio de la economía de “más de lo mismo” a la de “introducción de algo nuevo”.

De la idea a la realidad

Si bien la imaginación pública suele relacionar la innovación con los adelantos tecnológicos, las técnicas innovadoras han impulsado mejoras en sectores tan diversos como el microcrédito, que permite a individuos de economías en desarrollo poner en marcha nuevos negocios a bajo costo; nuevos medios de organizar empresas, y nuevos modos de aprendizaje.

El término  “innovación” puede referirse a una novedad — un nuevo aparato, por ejemplo — pero también al proceso que creó la novedad. Este proceso puede ser primordialmente comercial — el “proceso de crear y ofrecer nuevo valor al consumidor en el mercado”, como han sugerido Curtis Carlson y Bill Wilmot en el instituto de investigación de contratos SRI International — o responder total o parcialmente a necesidades sociales. La innovación social y la innovación comercial con frecuencia se impulsan mutuamente. El microcrédito y los programas informáticos gratuitos producidos por comunidades sin fines de lucro — como el sistema operativo Linux o el buscador de Internet Firefox — son buenos ejemplos.

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Doug Engelbart presenta su prototipo de ratón informático.
Doug Engelbart presenta su prototipo de ratón informático.

Con frecuencia se vincula la innovación a las economías ricas del mundo, pero actualmente la innovación a bajo costo está aumentando y permitiendo la propagación de la economía de innovación a casi todas las partes del mundo. Se necesita poco dinero para establecer nuevos servicios innovadores en Internet. Los estudiantes de la Universidad de Stanford pusieron en marcha Yahoo! y Google con muy poco dinero. Las grandes inversiones vinieron después de que estas compañías estaban ya bien establecidas. El umbral para establecer compañías innovadoras en determinados sectores, como servicios de Internet, es bajo. En principio, hay bastante dinero en muchas partes del mundo para montar estas compañías.

A medida que se va extendiendo Internet y van mejorando las comunicaciones, los mercados mundiales van respondiendo más a las nuevas ideas. Ahora es más fácil en sociedades tradicionales inducir a la gente a reemplazar útiles y procedimientos tradicionales por otros nuevos. Bombas hidráulicas de bajo costo; nuevos medios eficaces en función del costo para mejorar la agricultura tradicional; nuevos medios de organizar la atención a los enfermos en las aldeas son, todos ellos, importantes campos de innovación que encierran una  gran promesa a un costo potencialmente bajo.

Consideremos el Valle del Silicio en California, el ecosistema de más éxito de nuestro tiempo, éxito atribuible, en  sumo grado, al fecundo intercambio de sus numerosas innovaciones tecnológicas y otras. Allí, en 1968, Doug Engelbart presentó el primer prototipo de un sistema moderno de ordenador personal, que incluía el primer ratón informático que el público había visto jamás. Presentó el texto interactivo, las videoconferencias, las teleconferencias, el correo electrónico y el hipertexto. (La presentación se puede ver en YouTube, bajo el título the mother of all demos -La madre de todas las demostraciones-).

Engelbart no lo definió como “un nuevo sistema de ordenador personal”, sino que  le dio el peculiar título de  “centro de investigación para ampliar el intelecto humano”. El invento de Engelbart no tenía el fin de hacer ordenadores más inteligentes, sino de hacer a la gente más inteligente. Más aun, estos ordenadores personales estaban conectados entre sí, de manera que los usuarios pudieran trabajar juntos en la resolución de problemas. La idea era formar una inteligencia colectiva que permitiera resolver problemas mucho más difíciles de lo que la gente podía resolver sin contar con estas redes en sus ordenadores. Era una idea audaz para su tiempo, que pocas personas comprendieron. Con el  Internet, los teléfonos móviles, que son ordenadores personales pequeños, y las aplicaciones de redes sociales, la idea se ha convertido en realidad.

La conexión personal

Estamos llegando a comprender que la innovación y la inteligencia colectiva van de la mano. Una persona creativa, inteligente, puede ser inventiva; colectivamente, las comunidades inteligentes pueden ser innovadoras.

Pero la conexión solamente no basta. La clave está en la difusión de la información sobre cómo se produce la innovación. Aquí es donde los periodistas pueden desempeñar un importante papel. Si consiguen hacer ver a los lectores cómo se produce la innovación, podremos llegar a un mayor entendimiento colectivo del proceso. Pero si los periodistas mismos no comprenden la innovación, darán de ella una idea errónea en las discusiones públicas. Un resultado probable sería desalentar a los innovadores o inducirlos a moverse en direcciones que no conducen a ninguna parte. El Centro de Investigación sobre Innovación y Periodismo VINNOVA (VINNOVA-Stanford Research Center of Innovation Journalism) de la Universidad de Stanford ha invitado a periodistas e investigadores de varios países a venir a Stanford para adquirir más experiencia en la manera de presentar la innovación. De este modo se ayudará a los periodistas a aumentar la inteligencia colectiva de ecosistemas de innovación en sus respectivos países.

La innovación requiere empresarios con iniciativa, los cuales, a su vez, necesitan un ambiente propicio: un “ecosistema de innovación” de gentes de los negocios y las finanzas, educadores y reguladores que, juntos, puedan crear un clima en el que los negocios tanto nuevos como establecidos puedan innovar y prosperar. En buenos sistemas de innovación, los empresarios con buenas ideas pueden encontrar inversionistas y socios, establecer sus compañías y, en algunos casos, transformarlas de negocios muy modestos a empresas multinacionales.

En el Valle del Silicio, éste es el sueño de todos. La innovación es la principal industria de la zona. En Suecia, otra importante economía de innovación, existe incluso un organismo estatal encargado de establecer buenos sistemas de innovación. Es revelador el hecho de que dedica más esfuerzos a fortalecer un ambiente propicio a la innovación que a apoyar cualquier tipo de innovación.

Peligros ocultos

En las economías de “más de lo mismo” — hasta ahora la norma en la mayoría de las sociedades — la innovación, bien sea de productos o de ideas, no es una vocación deseable. El riesgo de fracaso es serio. Es fáciI encontrar dificultades al probar algo nuevo. Muchas personas preferirán no intentarlo.

El Dr. Ignaz Semmelweis, médico húngaro, descubrió en 1847 que los casos de fiebre de parto se reducían radicalmente si los médicos que asistían a la parturienta se lavaban las manos. Semmelweis consiguió prácticamente erradicar la fiebre de parto en clínicas en las que anteriormente había muerto más de una de cada 10 mujeres durante el parto; confeccionó estadísticas en las que demostraba sin lugar a dudas que al lavarse las manos les había salvado la vida. Pero los círculos médicos rechazaron sus ideas; como su descubrimiento se había adelantado a la demostración por Louis Pasteur de la existencia de gérmenes, no existía ninguna teoría que apoyase las conclusiones de Semmelweis. Algunos doctores encontraron ofensiva la recomendación de que se lavaran las manos. Semmelweis no consiguió más que antagonizar a sus colegas, que le ridiculizaron. Semmelweis perdió su trabajo y prestigio social.

El peligro de ser innovador en las economías de “más de lo mismo” se extiende también a los dirigentes políticos. En su obra El príncipe, publicada en 1513, Nicolo Maquiavelo describió métodos a los que podría recurrir un aspirante a príncipe para hacerse con el trono, o un príncipe de hecho para conservar su reino. Esto es lo que decía sobre los innovadores:

Pues debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar, que el introducir nuevas leyes. Se explica: el innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas. Tibieza en éstos, cuyo origen es, por un lado, el temor a los que tienen de su parte a la legislación antigua, y por otro, la incredulidad de los hombres, que nunca fían en las cosas nuevas hasta que ven sus frutos. De donde resulta que, cada vez que los que son enemigos tienen oportunidad para atacar, lo hacen enérgicamente, y aquellos otros asumen la defensa con tibieza, de modo que se expone uno a caer con ellos. Por consiguiente, si se quiere analizar bien esta parte, es preciso ver si esos innovadores lo son por sí mismos, o si dependen de otros; es decir, si necesitan recurrir a la súplica para realizar su obra, o si pueden imponerla por la fuerza.

Aferrarse a las normas y costumbres antiguas que sofocan la innovación ya no es una receta para el éxito político o económico. La sociedad que censura el libre movimiento de la información o impide a la gente — hombres o mujeres, viejos o jóvenes — contribuir a la vida cívica, social y económica, no está utilizando su plena capacidad de competir en la economía mundial de innovación. Mejor sería, al entender de muchos, alentar a culturas y sistemas a abrazar y dominar la innovación. Corea del Sur,  India e Israel son algunas de las cada vez más numerosas economías que están triunfando con esta estrategia.

El dominio del cambio

El cambio de una economía tradicional a otra de innovación requiere un auténtico cambio social, apertura a nuevas prácticas óptimas y compromiso con el establecimiento de las diversas competencias necesarias para producir una sociedad de innovadores.

En el pasado, las escuelas enseñaban a los niños a resolver problemas conocidos con métodos conocidos, procedimiento que los alentaba a razonar de maneras establecidas. Ahora, en cambio, las escuelas necesitan alentar a los niños a dominar el cambio, descubrir nuevos problemas e idear nuevas soluciones.

En vez de promover la uniformidad, la economía de innovación promueve la diversidad y la creatividad. Los bancos y los inversionistas tienen que hallar una nueva definición del riesgo para evaluar con más precisión el proyecto innovador que abre nuevas vías. Los encargados de adoptar decisiones, encargados de  regular los negocios que producen más de lo mismo, necesitan dirigir sus esfuerzos a buscar medios de obtener mayores beneficios permitiendo el continuo reemplazo de lo antiguo por lo nuevo, en vez de orientarse siempre hacia lo mismo.

El fin de la mejora de la innovación es aumentar nuestra inteligencia creativa colectiva. Brinda una gran oportunidad a todos los encargados de adoptar decisiones, ya sean empresarios individuales que abren nuevos negocios, o dirigentes políticos al mando de sus países.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del Gobierno de  Estados Unidos.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )

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