18 diciembre 2009
Galardonados representan distintos extractos sociales y géneros artísticos
Washington – Durante más de tres décadas, el Centro John F. Kennedy de las Artes Escénicas en Washington ha rendido homenaje cada año a un grupo de artistas célebres: hombres y mujeres cuyo talento, destreza y visión artística ofrecen una síntesis única de los valores estadounidenses.
Los galardonados en el año 2009, agasajados hace poco, fueron: el guionista y director de cine y teatro Mel Brooks, el maestro de jazz Dave Brubeck, la soprano de ópera Grace Bumbry, el actor de cine y activista comunitario Robert De Niro, y el compositor y leyenda del rock Bruce Springsteen.
Durante el recuento de sus logros –primero por el presidente Obama en una recepción por la tarde, y más tarde por otros en la gala de homenaje el 6 de diciembre que el Centro Kennedy organiza todos los años– se resaltaron los diversos elementos de sus vidas como factores esenciales de su interpretación de la experiencia estadounidense.
Sin duda, la diversidad artística puede estar representada por muchas formas; puede no sólo estar determinada por la etnia y la geografía, sino también por el extracto social de la persona y la experiencia, así como por términos de impacto creativo en general. Visto desde esta perspectiva, los galardonados por el Centro Kennedy en 2009 reflejan las raíces, el eclecticismo y la resistencia de Estados Unidos.
A través de su imaginación artística y la improvisación más atrevida “durante seis décadas de ritmos revolucionarios”, en palabras del presidente, Dave Brubeck ha creado una obra que desafía la cadencia convencional de su género musical. Además, su obra ha sido infinitamente variada, abarcando todo el panorama musical, desde lo clásico hasta lo sagrado, uniendo estos elementos en la visión de Brubeck del jazz.
El retorcido sentido del humor de Mel Brooks –en particular su absurdo comentario social que incluye desde películas del Oeste y películas de terror hasta los vaivenes de la historia del mundo antiguo y contemporáneo– le ha granjeado el cariño de públicos de todo el mundo. En distintos medios de la cultura popular –el cine y el teatro, la televisión y la radio– Brooks ha hecho reír a la gente. Sin embargo, detrás de los dobles sentidos, los juegos de palabras y los chistes, en medio de “toda la locura y todo lo absurdo”, dijo Obama, “ha habido un método en la locura de Mel” que ilumina “las realidades incómodas sobre el racismo y el sexismo y el antisemitismo”. Además de guionista, actor y director, Brooks dirigió varios proyectos de cine que llamaron la atención hacia la desoladora periferia de la sociedad: las almas olvidadas que habitan en ella.
Grace Bumbry –cantante de ópera afroamericana que fue rechazada por el conservatorio de música debido a su raza– enseñó una lección al mundo al enfrentar y superar los prejuicios, y dio el saltó a la fama durante la era de integración racial de la ópera en Estados Unidos. Situada cronológicamente entre las cantantes afroamericanas Marian Anderson y Leontyne Price, Bumbry fue símbolo de los cambios de su época –los años 1960 y 1970– y se convirtió en un éxito internacional. Al dominar el delicado equilibrio entre mezzosoprano y soprano, “no sólo triunfó en distintas técnicas, sino que las transformó”, dijo el presidente.
A nivel superficial, la fama mundial de Robert De Niro gira en torno a los memorables papeles siniestros que ha interpretado –en películas desde El Padrino II y El cazador hasta Taxi Driver y Toro salvaje– encarnando lo que Obama denominó “algunos de los personajes más emblemáticos e intensos jamás retratados en el cine”. En los últimos años, De Niro se ha apartado un poco de este tipo de personajes y ha revelado su lado humorístico en varias comedias centradas en familias poco convencionales. Pero en todo momento, nunca se ha desviado mucho, ni emocional ni creativamente, de las denominadas “malas calles” del bajo Manhattan, el barrio de Nueva York en el que se crío como italoestadounidense de la primera generación. De hecho, en homenaje a su querida ciudad de Nueva York, tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, De Niro creó un encuentro emblemático al año siguiente. El Festival de Cine de Tribeca, situado en las inmediaciones de donde antaño se alzaran las Torres Gemelas, recibe películas de todo el mundo. Desde el año 2002, más de cinco docenas de países han estado representados en el festival. En octubre de 2009, se inauguró en Qatar un encuentro hermano: el Festival de Cine de Tribeca en Dohá.
Bruce Springsteen, el dotado intérprete y compositor que con su querida E Street Band ha captado el espíritu de su generación durante las últimas décadas, utiliza la música para narrar la historia de Estados Unidos al mundo. La letra de sus canciones es una crónica de la vida de estadounidenses comunes y corrientes, que van desde los jóvenes descontentos de su álbum Born to Run hasta los trabajadores que luchan para ganarse la vida, desde los soldados cansados del combate en “Born in the U.S.A.” hasta los ciudadanos de un país obstinadamente “Rising” (alzándose) para recuperarse del trauma del 11 de septiembre. Los conciertos de Springsteen, dijo el presidente, son “comuniones” en las que tienen cabida todos; [en] el sentido de que sin importar quién eres o lo que haces, todo el mundo se merece [...] un poco de dignidad; todos merecen ser escuchados”.
Aludiendo al título de una canción de Springsteen, Obama elogió a los últimos galardonados del Centro Kennedy, cuya obra en su conjunto indica que “con respeto hacia el pasado, podemos mantener vivas las tradiciones y los valores que nos enriquecen a todos; que con confianza en el presente y en nosotros mismos, podemos superar todos los obstáculos que nos encontremos en el camino, y que con fe en el futuro, los ‘días de gloria’ más grandes de Estados Unidos están aún por venir”.
(El Servicio Noticioso desde Washington es un producto de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )