02 septiembre 2010

Discurso del vicepresidente Joseph Biden en la ceremonia de cambio de mando en Iraq

EE.UU. quiere un Iraq seguro y próspero, dice Biden

 

A continuación una traducción del discurso del vicepresidente Joseph Biden en la ceremonia de cambio de mando en Iraq, el 1 de septiembre en Bagdad:

(comienza el texto)

LA CASA BLANCA
Oficina del Vicepresidente
Para difusión inmediata
1 de septiembre de 2010

Discurso del vicepresidente Joseph Biden en la ceremonia de cambio de mando en Iraq
Palacio Al Faw
Campo Victoria
Bagdad, Iraq

VICEPRESIDENTE BIDEN:  Damas y caballeros, en los recientes años transcurridos, cada vez que he estado en este antiguo palacio, y ahora que estoy aquí, no puedo dejar de pensar en la ironía de que estemos hoy ocupando por una razón noble un palacio que una vez estuvo ocupado por Saddam Hussein.

Secretario Gates, almirante Mullen, general Mattis, general Odierno, general Austin, embajador Jeffrey, nuestros distinguidos y honrados líderes y militares iraquíes, es un honor estar hoy aquí con ustedes.

Es un honor estar acompañado de un grupo tan distinguido de comandantes estadounidenses e iraquíes, y líderes civiles, todos juntos, debo señalarlo –como una nación, ahora estamos reunidos también por años de una lucha compartida y enormes sacrificios.

En las tempranas horas del 20 de marzo de 2003, las columnas de las tropas de la coalición cruzaron el desierto y los pantanos desde Kuwait, en ruta a Bagdad. La semana pasada, luego de siete años y medio, que pusieron a prueba nuestra entereza como ningún otro conflicto en la historia reciente de Estados Unidos, la última de nuestras unidades de combate recorrió ese mismo camino polvoriento para salir de Iraq, en camino a casa.

Como el presidente Obama lo dijo anoche en la Oficina Oval, Estados Unidos ha terminado nuestra misión de combate en Iraq y las tropas iraquíes están asumiendo la responsabilidad principal de la seguridad de su país.

Hemos cumplido una promesa, una promesa hecha al pueblo estadounidense y al pueblo de Iraq, de recortar nuestras fuerzas a casi 50.000 efectivos. Y estamos en camino de retirar a todas nuestras tropas para fines del próximo año, según el acuerdo firmado entre el presidente Bush y el gobierno iraquí.

La Operación Libertad Iraquí ha terminado. Pero el compromiso de Estados Unidos con Iraq seguirá con la misión que hoy comienza, la Operación Nuevo Amanecer.

Como el nombre lo sugiere, esta ceremonia no solamente significa el cambio de comando, sino el comienzo de un capítulo diferente en la relación con Iraq. Nuestras tropas que se quedan, debo decirlo, listas para combate, de ser necesario, como cualquiera en nuestras fuerzas militares, dará asesoramiento y ayuda a las fuerzas iraquíes, apoyo en operaciones antiterrorismo compartidas y protección a nuestro personal militar y civil, así como a nuestra infraestructura.

Reforzamos nuestro esfuerzo civil y diplomático para fortalecer la soberanía, la estabilidad y la auto suficiencia de Iraq, a la vez que vamos disminuyendo nuestras fuerzas de combate.

Nuestra meta –nuestra meta no es solamente un Iraq físicamente seguro, sino que también uno económicamente próspero y estable.

Nuestra esperanza, junto con nuestros asociados iraquíes , es poder mejorar los lazos de intercambio y comercio, mejorar nuestros intercambios culturales y educativos, abrir consulados en Basora y Erbil, todo para asegurarnos de que nuestro compromiso abarquen todo lo ancho y lo largo de este país.

Nuestros diplomáticos, nuestros diplomáticos apoyarán los esfuerzos de Iraq para establecer lazos sólidos con sus vecinos, y con el resto del mundo, cumpliendo al mismo tiempo con las obligaciones pendientes con las Naciones Unidas.

Y aquí en Bagdad, esos esfuerzos estarán dirigidos por un embajador sobresaliente, Jim Jeffrey, que puede que sea nuevo en esta tarea particular, pero que por cierto no es nuevo en la región ni en este país. Su conocimiento y su compromiso son profundos. Se remontan a su servicio anterior en la administración Bush como vice asesor de Seguridad Nacional, así como en una ocasión aquí mismo en Bagdad como vicejefe de misión.

El tiene el apoyo de un equipo extraordinario de profesionales del Servicio Exterior, y de expertos civiles, que ahora van asumiendo la vanguardia en nuestro esfuerzo. Ellos siempre han estado comprometidos, pero ahora avanzan al frente, personas como Erin Eddy, un ex-voluntario del Cuerpo de Paz en Ecuador, que ahora sirve  en el terreno como funcionario de diplomacia pública en un equipo en Kirkuk para la reconstrucción regional y provincial.

O Madeline Chikko, que se hizo ciudadana estadounidense luego de que su familia salió de Iraq hace tres décadas y en 2008 optó por retornar para trabajar con el ministerio de Justicia aquí en Iraq, en cuestiones de derechos de propiedad y el imperio de la ley.

O Dave Butzer, un veterano con 27 años de experiencia en la fuerza de policía de Oregón, que se ha dedicado al entrenamiento de oficiales de aplicación de la ley en Kosovo, Jordania y Yemén, y que actualmente asesora al Ministerio del Interior de Iraq.

Junto con nuestros militares y diplomáticos, y los civiles de Iraq, hemos llevado, ellos han llevado la carga de despliegues difíciles, como ustedes los militares, ausencia en aniversarios y días de feriado,  nacimientos de niños y la pérdida de seres queridos.

Este cambio de misión, obviamente nunca habría sido posible sin la determinación y el tremendo sacrificio y competencia de nuestros militares –los mejores- con el perdón de nuestros amigos iraquíes, la mejor fuerza de combate del mundo, y yo me animo a decir la mejor fuerza de combate que haya existido. Y no creo que esa sea una exageración.

Y es una gran parte, porque ha sido dirigido por un grupo tan importante de hombres y mujeres durante las tres décadas pasadas. Quiero agradecer a mi amigo, el secretario Gates, por su disposición única para servir a dos presidentes de partidos diferentes, con criterios diferentes, lo que es testimonio del patriotismo de Bob, de su compromiso al servicio y sobre todo su determinación para ver realizado este esfuerzo. Se merece nuestro aplauso.

Si se me disculpa la referencia personal, como solíamos decir en el Senado, este es un buen hombre, un buen hombre. También hemos sido afortunados de contar con la sabiduría y mano firme del almirante Mike Mullen y el liderazgo del general David Petraeus quién, debo agregar, sirve a su país de una manera que a nadie puede pedírsele. No debería hacer bromas con esto, pero cuando lo visité en Florida, antes de que saliera para acá, Bob. Me dijo “justo cuando estaba logrando, finalmente logrando vivir como la Fuerza Aérea, me piden que me vaya”. Era un lugar encantador. Y, a propósito, también le debemos a su esposa y su familia.

Y por el general Jim Mattis, que asume el mando. Y en el último día de su mando también quiero agradecer especialmente al general Ray Odierno. Este hombre no solamente es un guerrero, sino un diplomático en la mejor tradición estadounidense. Quiero agradecerle  su excepcional, y no estoy exagerando, su excepcional servicio durante más de cuatro años, dirigiendo aquí las fuerzas y trabajando muy de cerca con los líderes políticos iraquíes, muchos de ellos están sentados aquí hoy. Y creo que todos ellos reconocerán que tienen fe  y confianza absoluta en este hombre.

General, cuatro años y cinco meses son un sacrificio extraordinario para usted y su familia, y solamente puedo imaginar, en realidad, cuán alegre ha de ser su retorno a la familia, que tanto se lo merece usted. Y apropósito, usted tiene una gran deuda, realmente grande, con Linda.

Y sé que quedaría corto si al mencionar los sacrificios que el general ha hecho como muchos de ustedes, me quedaría  corto si no reconociera a su hijo, el capitán Tony Odierno, que ha hecho un gran sacrificio aquí en nombre de su país, y que fue galardonado con el Corazón Púrpura y la Estrella de Bronce con una “V” por el Valor. Y ahora trabaja para el equipo de los Yanquis de Nueva York, y me imagino que al retornar a casa usted irá a mirar un par de partidos, me lo imagino.

Estoy seguro también de que el general Austin, que ya ha servido valientemente en Iraq, y en otros lugares, continuará con su profundo legado. Tenemos la inmensa suerte de que usted asuma el mando, general y espero seguir trabajando con usted. Yo sé que usted conoce a muchos de los líderes iraquíes aquí presentes, y sus generales al mando, y que será una transición sin obstáculos.

Nuestros hombres y mujeres de combate recibieron una misión en Iraq, que era tan compleja como ninguna otra en nuestra historia, y una tarea que demostró ser, como Clausewitz nos lo enseñó, que la guerra “es el reino de la incertidumbre”.

A las tropas preparadas en la doctrina militar se les pidió enfrentar desafíos que incluían desde la electricidad al desempleo, cambio de monedas y recolección de basura.

Una invasión rápida que derrocó a un tirano se convirtió en una lucha agobiante contra extremistas violentos. Los caminos vacios se convirtieron en trampas mortales. Los ataques suicidas se convirtieron en un arma devastadora que requería que hombres y mujeres militares estadounidenses jóvenes tomaran decisiones en fracciones de segundo que podían salvar la vida de un compañero o derramar la sangre de un inocente.

Enemigos como al-Qaida en Iraq desataron una violencia indescriptible contra civiles iraquíes en un intento por fomentar el odio en comunidades que rinden culto exactamente al mismo Dios.

Hasta este momento, han fracasado. El pueblo iraquí, a su gran mérito, ha rechazado la horrible cara de la violencia y se ha unido y votado por un futuro mejor.

De modo que, hoy, si bien la amenaza de más derramamiento de sangre persiste –una trágica realidad– , la violencia ha alcanzado el punto más bajo desde 2003, cuando llegamos aquí – poco después de que llegamos aquí.

Gran parte del mérito corresponde a las fuerzas de seguridad iraquíes, que cuentan con más de 650.000 efectivos, incluyendo a fuerzas de operaciones especiales altamente capacitadas que cada vez están más preparadas para defender a sus conciudadanos. En meses recientes, las fuerzas militares iraquíes garantizaron una elección, mataron o capturaron a la mayoría de al-Qaida in Iraq y a la mayoría de sus líderes, e hicieron incursiones significativas contra otros grupos terroristas.

Debido a su competencia, durante el último año –y lo hemos logrado durante el último año como el general se los indicará y todos ustedes lo saben– hemos logrado transferir miles de millas cuadradas de territorio y cientos de bases a control iraquí.

Quizás el acontecimiento más importante de todos es que tras una segunda elección nacional, los líderes iraquíes analizan cómo arreglar sus diferencias por medio de la negociación y no a través de la violencia. Otra forma de poner esto –como mi personal siempre me bromea por decirlo– es que la política ha estallado en Iraq.

El hecho de que ningún partido o coalición llegase a obtener cerca de una clara mayoría hará que formar un gobierno, un sistema parlamentario, sea difícil bajo cualquier circunstancia. Una década – tras una década de dictadura y guerra, es una tarea aún más abrumadora aquí en Iraq.

Sin embargo, en contraste con la etapa posterior a la última elección, un gobierno interino proporciona seguridad y servicios básicos e impide que un peligroso vacío en el poder estalle. Pero esa no es una solución duradera para los muchos desafíos y significativas oportunidades que Iraq enfrenta. El pueblo iraquí votó en grandes cantidades en todas las comunidades, y si no les importa –discúlpenme por decirlo así– espera un gobierno que refleje el resultado de la votación que se llevó a cabo.

Eso requerirá que los políticos iraquíes pongan el interés nacional por encima de su interés propio, algo que es difícil en cualquier país, inclusive el nuestro. No es nuestra posición la de decirle a los iraquíes quién debe liderar. Pero firmemente les insto a tener la misma valentía que sus ciudadanos han mostrado al traer este proceso a término y formar un gobierno. Espero que lo lleven a cabo de esa manera pronto.

Puesto que la guerra es una iniciativa humana, su contorno nunca puede establecerse plenamente con cifras. Pero el alcance absoluto de nuestro compromiso con el pueblo iraquí merece reflexión.

Más de un millón de estadounidenses miembros del servicio han sido desplegados aquí desde que el conflicto comenzó. Estoy impresionado – quiero decir, estoy impresionado por sus logros y sus importantes sacrificios, incluyen a todos ustedes que están aquí conmigo el día de hoy.

Esto es particularmente cierto para más de 30.000 tropas heridas en acción, y más de 4.408 soldados caídos que han hecho el sacrificio máximo junto con miembros de la coalición internacional.

No es ningún secreto que esta guerra ha dividido a los estadounidenses, pero nunca se han rehuido – ni ninguno de los dos partidos políticos se ha rehuido a dar apoyo unificado a unas fuerzas armadas estadounidenses extraordinarias, al extraordinario servicio de nuestras tropas.

Como el presidente Obama dijo anoche, ahora es el momento de dejar estas diferencias en el pasado y unirnos para enfrentar los muchos desafíos que restan y que enfrentamos en nuestro país.

El día de hoy es también un importante reconocimiento –es importante reconocer la magnitud– la magnitud de las pérdidas iraquís en este conflicto. Decenas de miles de efectivos de las fuerzas de seguridad y civiles inocentes han perdido la vida. Muchas veces más esa cifra han resultado heridas y desplazadas.

Rezo para que todos los que han resultado afectados por esta guerra en Iraq lleguen a conocer el alivio de una paz duradera. Considero – en realidad considero que sus días más oscuros ahora han quedado atrás. Ellos tienen una gran oportunidad a medida que traten de aprovecharla.

Después de todo lo que los iraquíes han soportado, entendemos su deseo más profundo de controlar sus propias vidas, de determinar su propio destino y de mantener su propia seguridad.

Ese es por eso que mantuvimos el compromiso del presidente Bush de retirar a nuestras tropas de ciudades iraquíes el verano pasado, y el motivo por el cual el presidente Obama ahora ha mantenido su promesa, hecha un mes después de tomar el cargo, de culminar nuestra misión de combate y reducir nuestras tropas a 50.000, y el motivo por el cual cumpliremos nuestro acuerdo con los iraquíes de retirar a todas nuestras tropas para finales del próximo año.

Hoy estamos reunidos en una ciudad capital que una vez tuvo el conjunto más grande de universidades, hospitales y museos del planeta– un faro cultural cuya pieza central era un gran bazar intelectual conocido como la Casa de la sabiduría.

En tiempos modernos, Iraq ha enfrentado dificultades que la mayoría de las naciones no pueden comprender. Pero está bendecida con una vasta abundancia nacional recursos naturales. Y la sabiduría de los tiempos vive aquí en el pueblo de Iraq – personas educadas, con capacidad de adaptarse, y sobre todo de recuperarse ante la adversidad.

Esta reserva segura de talento humano y la riqueza natural son las herramientas que pueden forjar un futuro seguro y próspero para el pueblo de Iraq. Y, con la voluntad de Dios quiere, ustedes están en camino de cumplir esa promesa otra vez. Estamos orgullosos de ser su socio.

Gracias a todos. Que Dios los bendiga a todos, y que Dios proteja a nuestras tropas.

(termina el texto)

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )