26 julio 2010

Secretario de Justicia Holder pronuncia discurso en la Unión Africana

Habla sobre las alianzas y la importancia cada vez mayor de ese organismo

 
El secretario de Justicia Eric Holder (© AP Images)
El secretario de Justicia Eric Holder

A continuación una traducción del discurso pronunciado por el secretario de Justicia de Estados Unidos Eric Holder en la Cumbre de la Unión Africana celebrada en Kampala (Uganda) el 25 de julio:

(comienza el texto)

Discurso de secretario de Justicia Eric H. Holder, Jr.
Cumbre de la Unión Africana
25 de julio de 2010
Kampala, Uganda

Sus Excelencias, distinguidos jefes de Estado y de Gobierno, honorables Ministros, líderes de la Unión Africana, damas y caballeros. Es un honor estar aquí con ustedes. Agradezco esta oportunidad de saludar y ayudar a fortalecer la labor esencial que lleva a cabo la Unión Africana. Tengo el orgullo de traer el saludo del presidente Barack Obama y del pueblo estadounidense.

El presidente Obama reconoce la importancia cada vez mayor de la Unión Africana (UA); entiende que un África más fuerte significa un Estados Unidos más fuerte; y valora el trabajo que ustedes dirigen para fortalecer la cooperación política y económica a lo ancho de este continente.

Hoy quiero dar personalmente las gracias al presidente de la Unión Africana, Jean Ping, y al liderazgo de este organismo por facilitar mi visita y acoger favorablemente mi intervención. Me agradó recibir al presidente Ping, y a su delegación, en Washington hace unos meses, durante la primera reunión bilateral de alto nivel entre Estados Unidos y la Unión Africana, y al respecto espero seguir adelante con nuestras conversaciones.

Quiero también agradecer al presidente Musevini y a los ciudadanos de Kampala por acogerme en esta hermosa ciudad y por auspiciar esta importante cumbre.

Es  apropiado que nos hayamos reunido aquí en Uganda –país al que se conoce como “la perla de África”– para determinar cómo puede abrirse el potencial que encierran África y sus pueblos.

En los últimos 30 años el pueblo de Uganda ha logrado progresos que antaño parecían imposibles, como por ejemplo la restauración de la ley y el orden, la reapertura de las escuelas y universidades, la reconstrucción del gobierno, los sistemas de salud y el sector financiero. El hecho de que estemos hoy aquí –y de que Kampala sea actualmente un centro de política internacional, aprendizaje, cultura y comercio– es prueba de la fortaleza y resistencia del pueblo ugandés.

Esa fortaleza nunca ha sido más evidente. Esa resistencia nunca ha sido más inspiradora.

Estoy orgulloso de estar junto al pueblo de Uganda y con sus socios a lo ancho de este continente y de todo el mundo. Pero me apena muchísimo que ahora estemos vinculados no sólo por la amistad y la colaboración, sino también por pérdidas compartidas, amenazas compartidas y tristezas compartidas.

Hace dos semanas, Uganda despertó ante un nuevo peligro y comenzó un nuevo capítulo en la historia que, con tanta frecuencia, se ha caracterizado por la violencia. Mientras se disputaba el partido final de la Copa Mundial, hombres, mujeres y niños disfrutaban en Kampala de una de las más grandes bendiciones de la vida: la dicha de la amistad y la confraternidad. Esa noche, los ojos del mundo estaban fijos en este continente, siendo testigos de su histórico progreso, de una unidad difícilmente lograda y, de repente, de una dolorosa tragedia.

Catorce días después de que bombas destrozaran el Club de Rugby Kyandondo y el restaurante Ethiopian Village, ahora conocemos las estadísticas que corresponden a esta tragedia: 74 muertos y 85 heridos. Pero nunca podremos medir el dolor, la rabia y sobre todo la compasión que siguieron a esos ataques.  Al-Shabaab –un grupo terrorista que opera en Somalia y que tiene lazos con Al Qaeda– se ha adjudicado la responsabilidad por asesinar y herir a estas víctimas inocentes. Sus cabecillas han declarado vilmente que estos ataques son actos merecidos de venganza. Pero no nos equivoquemos, esos atentados no fueron otra cosa que actos de cobardía aborrecible, inspirados por una ideología corrupta y radical que rechaza sistemáticamente los derechos humanos, menosprecia a la mujer y a las niñas, y pervierte las tradiciones y enseñanzas pacíficas de una gran religión.

Estados Unidos es uno de los numerosos países que lamenta y llora la pérdida de todas esas víctimas indefensas, entre ellas uno de nuestros ciudadanos, y reza por quienes resultaron heridos. Mi país es también uno de muchos que realizan esfuerzos por llevar ante la justicia a los autores de este vil atentado. Con la finalidad de ayudar a Uganda en la investigación, hemos desplazado un equipo de expertos forenses del FBI y ofrecido tanto ayuda técnica como recursos de inteligencia.

Estados Unidos reconoce también que, para eliminar la amenaza de Al-Shabaab para el mundo, se necesitará más que la aplicación de la ley. Por ese motivo, estamos trabajando estrechamente con la UA para apoyar su misión en Somalia. Estados Unidos aplaude el heroico aporte que las tropas ugandesas y burundesas realizan todos los días, y nos comprometemos a mantener nuestro apoyo a la UA y a la misión de la UA en Somalia.

A medida que nuestros países colaboren, con el apoyo de la comunidad internacional, mi esperanza es que siempre recordemos lo que fue una pérdida irreparable aquí en Kampala – personas con familias, personas con futuro, y personase afligidas con el más trágico de los destinos: morir  mientras hacían el bien. 

Para sus estudiantes Nate Henn era conocido como Oteka, que quiere decir “el fuerte”. Había viajado desde Estados Unidos para ayudar a los niños más vulnerables de Uganda, para darles una educación y para demostrarles una verdad sencilla: el futuro grande los esperaba. Trágicamente, el propio futuro de Nate se perdió para la eternidad.

Stephen Tinka, un periodista y presentador de radio ugandés, y uno de los muchos ugandeses que perdieron la vida, era conocido por su personalidad contagiosa y su voz especial, una voz que ahora ha sido silenciada.

Ramaraja Krishna, un padre de Sri Lanka con dos hijas, llegó a Uganda hace dos años para ayudar a impulsar la economía de este país. Su cuerpo descansa hoy, otra vez, en su país.

Marie Smith, de Irlanda, era una misionera que había pasado 30 años ayudando a los africanos menos afortunados que ella. Pero su labor llegó a un final abrupto, no porque quién era ni lo que creía, sino por el asiento que había escogido esa terrible noche del domingo.

Eso está muy mal. Y cualquier intento de justificar estos asesinatos de inocentes es inconcebiblemente vergonzoso. A medida que tratamos de comprender lo insondable, y buscamos justicia en las cenizas, nos podemos consolar – y hallar fe – en el proverbio ugandés que nos recuerda: “Cuando no hay luna llena, las estrellas brillan más”. Sí, hoy es más oscuro de lo que era hace sólo unas semanas, pero debemos creer y debemos estar seguros de que las estrellas de la gracia y la buena voluntad, y sobre todo de la justicia, brillarán más ahora que antes.

En estos momentos de nuevas amenazas y desafíos sin precedente, la importancia de la misión y el trabajo de la Unión Africana son absolutamente evidentes. En los últimos ocho años, ustedes han unido a una diversidad de países en torno a objetivos comunes. Han allanado nuevos senderos de comunicación y cooperación, y de prosperidad, paz y recuperación. Juntos, han establecido acuerdos para reforzar las instituciones democráticas, para prevenir y combatir la corrupción y para garantizar la integridad de sus elecciones y la fortaleza de sus sistemas de justicia. Y han aunado sus recursos y conocimientos para aumentar la participación de África en el mercado mundial y para proporcionar a los pueblos de África los bienes, servicios y oportunidades, así como con el liderazgo, que honra su voluntad y sus mejores intereses.

A principios de año, la UA declaró que 2010 era el “Año de la paz y la seguridad”. Juntos, encendieron la “llama de la paz” que fue puesta al cuidado del presidente Mutharika. Desde Malawi, esta llama empezó un viaje de un año a los 53 países miembros de la UA.

Ese recorrido continúa. Esa llama todavía está encendida. Y este Año de la paz y la seguridad debe continuar, porque mucho es lo que está en juego. mucho es lo que se ha sacrificado y mucho es lo que está aún por realizarse.

Al igual que el presidente Obama, yo creo que el siglo XXI tomará su forma de lo que ocurra aquí en África. La seguridad y la prosperidad de ustedes, la salud de sus pueblos y la fuerza de su sociedad civil, tendrán un impacto directo y profundo en las comunidades del mundo y en el avance de los derechos humanos y el progreso humano en todas partes.

En sus primeros días en el cargo, el presidente Obama viajó a África. En El Cairo y en Accra, describió lo que consideraba como “un momento extraordinario de promesa” para este continente; una nueva era de cooperación internacional; un nuevo comienzo. El presidente Obama dejó bien sentado también que “el futuro de África depende de los africanos” y hoy quiero reiterar el compromiso de Estados Unidos de asegurar que ese futuro no les sea arrebatado ni comprometido, y que el progreso que ustedes se esfuerzan por alcanzar no se descarrile ni demore.

Estoy orgulloso de contarme entre la diáspora africana. Este continente es la cuna de mis antepasados, yo soy de este lugar. El trabajo que hacen ustedes es de importancia especial y emocional para mí, y no sólo porque estoy orgulloso de servir junto al primer presidente afroestadounidense de mi país u orgulloso ser su primer secretario de Justicia afroestadounidense. Me sumo también a ustedes, y a mis conciudadanos, en celebrar el éxito de África porque reconozco que el destino de mi propio país está entrelazado con el de cada uno de ustedes.

El futuro que compartiremos depende de lo que hagamos hoy, de las metas que nos fijemos, las relaciones que forjemos, los compromisos que hagamos y las acciones que realicemos. Independientemente de los numerosos desafíos e incertidumbres de hoy, una cosa está clara: A medida que continúan sus esfuerzos históricos para promover la paz, el desarrollo, la justicia y la oportunidad, Estados Unidos actuará en alianza y causa común para ayudar a la Unión Africana a logra sus objetivos y cumplir su misión.

Hay cuatro ámbitos concretos en los que, a mi juicio, el apoyo de Estados Unidos debe continuar y donde espero que nuestra colaboración pueda fortalecerse, que son: la lucha contra el terrorismo mundial y la delincuencia internacional; el fomento del buen gobierno y el estado de derecho; la creación de condiciones y capacidad para el desarrollo económico; y, finalmente, la garantía de que mujeres y niñas de África no se vean desproporcionadamente afectadas por la violencia ni se les niegue los derechos fundamentales e igualdad de oportunidades para aprender, para soñar y para prosperar.

En cada una de estos aspectos, Estados Unidos propone ejercer no de patrocinador, sino como socio, como colaborador, no como supervisor.

En primer lugar, puesto que la oportunidad y la prosperidad no pueden concretarse sin la seguridad, Estados Unidos continuará dirigiendo todos los recursos y herramientas bajo nuestro poder –desde la diplomacia y las tácticas militares, hasta nuestros tribunales y capacidades de inteligencia– para derrotar a la red mundial de terrorismo. Al proteger a nuestros ciudadanos y defender a nuestros aliados, respetaremos la soberanía de los países, así como el estado de derecho. Y trataremos de incluir a más países miembros de la UA en esta tarea.

En segundo lugar, fortaleceremos nuestra labor actual dirigida a fomentar el buen gobierno y a combatir y prevenir los costos y las consecuencias de la corrupción pública. Ahora que el Banco Mundial calcula que cada año se pagan en sobornos más de un billón de dólares en una economía mundial de 30 billones de dólares, este problema no puede ignorarse. Y esta práctica nunca debe tolerarse. Como muchos aquí han aprendido – a menudo de manera dolorosa y devastadora – la corrupción pone en riesgo el desarrollo, la estabilidad, la competencia y la inversión económica. Socava también la promesa de la democracia.

Como secretario de Justicia de mi país, he hecho de la lucha contra la corrupción, en general y en Estados Unidos, una alta prioridad. Por consiguiente, hoy tengo el placer de anunciar que el Departamento de Justicia de Estados Unidos está lanzando una nueva Iniciativa para la Recuperación de Activos robados por cleptócratas dirigida a combatir la corrupción en gran escala de funcionarios extranjeros y a recuperar fondos públicos para su uso previsto y debido, es decir para los pueblos de nuestras países. Estamos reuniendo un equipo de fiscales cuya labor se centrará exclusivamente en esta tarea y desarrollará con base en los esfuerzos que ya están en curso para impedir la corrupción, hacer responsables a los infractores y proteger los recursos del erario público.

Si bien espero con entusiasmo los logros que pueda alcanzar esta nueva iniciativa, también sé que el enjuiciamiento no es la única forma eficaz de reducir la corrupción a nivel mundial. Continuaremos colaborando con sus gobiernos para fortalecer todo el sector judicial, una poderosa institución de nuestras democracias que depende de la integridad de nuestras leyes, nuestros tribunales y nuestros jueces. Asimismo, debemos colaborar también con dirigentes empresariales para alentar, garantizar y reforzar la buena gestión empresarial. No deberíamos ni debemos conformarnos con menos.

En tercer lugar, Estados Unidos, guiado por el plan internacional de desarrollo económico del presidente Obama, ampliará las iniciativas actuales de desarrollo económico. Aquí en África, el presidente Obama ha señalado su compromiso con la ayuda exterior, con el objetivo de que dicho apoyo, con el transcurso del tiempo, no sea ya necesario. Este objetivo guía nuestra labor para ayudar a que en África se desarrollen nuevas fuentes de energía, se creen empleos ecológicos, se cultiven nuevas cosechas y se desarrollen nuevos programas de educación y formación.

Finalmente, debido a que hemos visto que la lucha mundial por la igualdad de la mujer continúa, tanto en muchos aspectos de la vida estadounidense como en países de este continente y en el resto del mundo, sabemos que nuestra labor dirigida a promover la seguridad, la oportunidad y la justicia debe incluir una atención especial a las mujeres y las niñas. Los singulares desafíos y urgentes amenazas que afrontan mujeres y niñas del continente africano han inspirado actuaciones, colaboraciones e inversiones sin precedentes por parte del gobierno de Estados Unidos. En particular, me siento orgulloso de las contribuciones que fiscales y agentes del orden público del Departamento de Justicia han hecho aquí en África, por medio de la Iniciativa de Potenciación de la Justicia para la Mujer, que es un programa de tres años de duración con fondos de 55 millones de dólares desarrollado por los Departamentos estadounidenses de Justicia y Estado y por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. En Kenia, Sudáfrica, Zambia y Benín esta iniciativa ha ayudado a capacitar a abogados, investigadores, funcionarios del orden público y profesionales médicos en un intento por mejorar los enjuiciamientos y crear mayor conciencia sobre las necesidades especiales de las víctimas.

A través de esta iniciativa, nos sumamos a socios de todo este continente para educar a los africanos sobre la violencia contra la mujer y las niñas, para desarrollar la capacidad de los gobiernos locales de servir y ayudar a las víctimas, y para fortalecer la capacidad de los sistemas jurídicos y comunidades de aplicación de la ley africanos con la finalidad de proteger a las mujeres y las niñas. Esta labor está marcando una diferencia. Debe ser una prioridad para todos en este continente. Esta labor transforma vidas, familias y comunidades. Si bien considero que tiene el poder y la posibilidad de transformar culturas y países enteros, estoy seguro que su éxito e impacto actual está directamente relacionado con la participación y el compromiso de todos ustedes, los líderes africanos.

Tengo gran esperanza de lo que se puede lograr por medio de las actuales iniciativas internacionales y las sólidas alianzas con la Unión Africana, pero no pretendo que el progreso que todos buscamos, ni las condiciones y oportunidades que todos los ciudadanos africanos se merecen, ocurran fácil o rápidamente.

Pero sin embargo, todos podemos –y debemos– sentirnos alentados de que el estado de la Unión Africana es sólido. Hay buenos motivos para tener esperanza de que este extraordinario momento de progreso sea, efectivamente, un nuevo comienzo, el inicio de una travesía hacia mayor paz y unidad, hacia la libertad y la prosperidad, y hacia la oportunidad y justicia para todos.

Y aunque es posible que demos nuestros primeros pasos bajo cielos nublados, nuestro camino hacia el futuro estará guiado por la llama de la paz y por el brillante destello de las estrellas. En este Año de paz y seguridad, Estados Unidos está orgulloso de caminar junto a ustedes, tiene el privilegio de contar con ustedes como socios y está agradecido de poder llamarlos amigos.

Gracias.

(termina el texto)

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )