18 mayo 2009

Discurso del vicesecretario de Estado en conferencia del Consejo de las Américas

Explica agenda de la administración Obama para el Hemisferio Occidental

 
Vicesecretario de Estado James B. Steinberg.
Vicesecretario de Estado James B. Steinberg.

El vicesecretario de Estado James B. Steinberg pronunció un discurso en la Conferencia sobre las Américas realizada en el Departamento de Estado por el Consejo de las Américas el 13 de mayo en Washington. Steinberg explicó con detalle las metas e iniciativas de la administración Obama para el Hemisferio Occidental.

A continuación una traducción de la transcripción del discurso del vicesecretario:

(comienza el texto)

DEPARTAMENTO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS
Oficina del Portavoz
15 de mayo de 2009

Declaraciones del vicesecretario de Estado en la
39a. Conferencia en Washington del Consejo de las Américas
13 de mayo de 2009
Auditorio Loy Henderson
Washington D.C.

VICESECRETARIO STEINBERG: Muchas gracias por tan amable presentación. Me complace estar aquí junto a la secretaria y junto a tantos otros para darles la bienvenida al Departamento de Estado. Es estupendo estar de vuelta. Como ya saben, esta es mi segunda vez en el Departamento de Estado. Me alegra poder estar de nuevo junto a tantos colegas que han servido tan bien al país en momentos difíciles en el pasado y que ahora trabajan con nosotros para trazar un futuro más esperanzador y prometedor. Esta es una buena oportunidad de reunirlos a todos ustedes aquí, como habrán visto y como explicaré dentro de unos momentos. El presidente y la secretaria han dejado bien sentado el papel central que creen que desempeñan las Américas en nuestra estrategia y cómo están entrelazados nuestros destinos. Por ese motivo, es estupendo que ustedes sean parte de todo esto. Primero voy a decir algunas palabras, y a continuación pasaré a responder sus preguntas y comentarios.

En vista de los acontecimientos recientes y visitas y reuniones recientes, es una oportunidad particularmente buena para reflexionar acerca de nuestra política hacia las Américas y para estar presentes en la conferencia del Consejo de las Américas, que trabaja– desde hace cuatro décadas que ustedes trabajan con empeño para fomentar la prosperidad y la esperanza en este hemisferio.

Quiero comenzar mi intervención hoy hablando no sólo de los planes para América Latina que tiene la administración, cuyas pautas generales ya explicó el presidente en la Cumbre de las Américas el mes pasado, sino también haciendo una reflexión sobre cómo llegamos aquí. Después de todo, hace apenas unos meses, yo era catedrático y no diplomático, y por ese motivo no puedo resistir realizar algunas reflexiones históricas.

El compromiso de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental ha recorrido una larga distancia desde los años de la Doctrina Monroe. Hemos visto algunas iniciativas valiosas dirigidas a establecer mejores alianzas en este hemisferio, desde la “política del buen vecino”, del presidente FDR, hasta la Alianza para el progreso, de Kennedy, y el proceso de la Cumbre de las Américas, iniciado por el presidente Clinton.

En otras ocasiones no siempre nos hemos mantenido fieles a los principios básicos de cooperación y respeto. Pero en el camino hemos aprendido algunas pocas. Hemos aprendido que la liberalización del comercio, la apertura de los mercados y la reforma y ajuste de los presupuestos son elementos esenciales para promover la prosperidad y la oportunidad. Pero en sí mismos no son suficientes para sacar a la gente de la pobreza, para mejorar la calidad de vida y para construir una sociedad justa e inclusiva.

En lo que respecta a la democracia, hemos visto que las elecciones son parte, pero solo una parte, de la consolidación de las instituciones democráticas y los gobiernos responsables. También necesitamos dedicar más tiempo y recursos a la consolidación de los elementos que integran un gobierno democrático, de instituciones eficaces y responsables, del estado de derecho, de sistemas jurídicos independientes y del respeto por los derechos humanos.

Hoy sabemos que estos elementos dispares tienen que ser parte de una narrativa más grande, pero más sencilla, que reconozca que la democracia el mejor sistema que tenemos a nuestra disposición para expresar y canalizar la voluntad popular, para proteger los derechos de las minorías, para responsabilizar a los dirigentes y para garantizar que los gobiernos entreguen los bienes y servicios esenciales que no proporciona el mercado. De igual modo, sabemos que el crecimiento económico y las cifras del PIB no son por si mismos suficientes. Necesitamos una prosperidad de base amplia que ofrezca oportunidades para todos. Necesitamos un pastel más grande, con pedazos para todos.

Con el conocimiento que nos brindan nuestras experiencias pasadas, el presidente Obama y la secretaria Clinton se han dado a la tarea de establecer un nuevo enfoque de amplia cooperación hemisférica, que beneficie a todos los ciudadanos de América del Norte, del Centro y del Sur y del Caribe, desde los países más desarrollados hasta los que afrontan las mayores dificultades.

Este camino se apoya en dos pilares fundamentales: la gobernabilidad democrática y la prosperidad inclusiva. Estos dos son los elementos esenciales de lo que los antiguos griegos denominaban la buena vida y lo que los fundadores de Estados Unidos se propusieron cuando comprometieron nuestro país a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Cuando observamos hoy el Hemisferio Occidental, vemos un panorama transformado en relación con su pasado, pero que aún no ha logrado cumplir su potencial pleno. Para más y más pueblos, los gobiernos democráticamente elegidos promueven el crecimiento económico, el desarrollo de instituciones y el fortalecimiento del capital humano a fin de ampliar las oportunidades y la justicia social.

Sin embargo, pese a estas señales de progreso, sabemos que siguen existiendo muchos de los viejos problemas, y que han surgido problemas nuevos. Nuevas presiones económicas ponen a prueba los compromisos de la región con los mercados y la verdadera democracia. En la última década, el crecimiento económico ha sido desigual. La elevada criminalidad, la pobreza y la tasa de igualdad de ingresos nos recuerdan que demasiadas personas no se han beneficiado de las elecciones libres, el libre comercio y las políticas económicas responsables. Además, la naturaleza transnacional de muchos de los peligros que afrontan nuestras sociedades –carteles de la droga, enfermedades pandémicas, degradación medioambiental– nos recuerda que la gobernabilidad exige colaboraciones expeditas a lo largo y ancho de la sociedad civil y a través de fronteras nacionales.

Atender estos desafíos requiere un compromiso más firme y la reanudación de alianzas. En Estados Unidos tenemos una responsabilidad especial para ejercer un liderazgo respetuoso que ayude a nuestro hemisferio a servir de guía al resto del mundo.

La primera visita del presidente al extranjero fue a Canadá, y poco después a México. Asistió a la Cumbre de las Américas en Trinidad con los demás homólogos democráticos de la región, y recibió al presidente Lula aquí en Washington. En marzo, el vicepresidente Biden viajó a la región para asistir a la Conferencia de Líderes Progresistas celebrada en Chile, y se reunió en Costa Rica con los líderes de América Central. La secretaria Clinton ha conversado acerca de nuestra visión para este hemisferio durante sus visitas a México, Haití y la República Dominicana.

Como han dicho claramente el presidente Obama y la secretaria Clinton, nuestra alianza requiere una voluntad genuina para escuchar y aprender de nuestros vecinos. Reconocemos que no tenemos respuestas a todos los problemas y que los planteamientos y fórmulas del pasado no siempre han dado resultado, y que no todas las respuestas eficaces llevan el sello “Hecho en EE.UU”.

Por ello, miramos allende nuestras fronteras para descubrir ideas y prácticas óptimas donde existan. Por ejemplo, según encontremos maneras novedosas de fomentar el crecimiento equitativo y la prosperidad compartida, haríamos bien en mirar a nuestro hemisferio en busca de inspiración. Los programas de transferencia de dinero en efectivo, como la Bolsa Familiar, en Brasil, y el programa Oportunidades, en México, les dan a las familias la asistencia que necesitan, y al mismo exigen la responsabilidad personal de mantener a los niños en la escuela y llevarlos a revisiones médicas habituales. Estos dos programas han beneficiado a 16 millones de familias, con resultados dramáticos. El programa Oportunidades ha aumentado la tasa de probabilidad de matriculación en las escuelas secundarias de zonas rurales, a la vez que ha reducido la tasa de deserción escolar. Estamos analizando ideas para establecer una red de funcionarios del gobierno, instituciones financieras internacionales y ONG, para compartir las lecciones aprendidas en esos programas.

La expansión de nuestra participación nos ayudará a fomentar nuestras metas principales en el Hemisferio Occidental, en particular en lo que se refiere al gobierno democrático. La arduamente ganada evolución del hemisferio desde los regímenes autoritarios a los gobiernos elegidos democráticamente es una de las grandes historias de los últimos 25 años. Hoy la democracia, pese a ser imperfecta, es la norma.

Al reconocer el poder de esta transformación, el presidente Clinton inauguró en 1994 la Cumbre de las Américas, e invitó a los líderes elegidos democráticamente en el hemisferio a reunirse para discutir asuntos de interés común. Sus esfuerzos y los de sus predecesores se cristalizaron en la Carta Democrática Interamericana, que las otras 33 democracias del hemisferio firmaron el 11 de septiembre de 2001 en Lima (Perú), algo luminoso y frecuentemente olvidado en aquél oscuro día de nuestra historia, pero el mejor antídoto contra el miedo y el odio que la oscuridad causó. Este instrumento cimienta los valores de libertad, igualdad y derechos humanos a los que aspiramos y que todos tratamos de fomentar.

Debemos reconocer que cada uno de nuestros países ha buscado su propio camino democrático. Por ejemplo, el mes próximo en El Salvador, veremos la transferencia pacífica del poder entre representantes de lados opuestos en una terrible guerra civil que azotó el país hace una década. Sin embargo, independientemente de cómo se desarrollen nuestras trayectorias individuales no podemos dar la espalda a la carta ni a nuestra visión compartida de un orden democrático.

Es por ello que esperamos con interés el día en que todos los países del hemisferio, incluso Cuba, puedan sentarse a esta mesa especial en armonía con los principios de la Carta Democrática Interamericana.

Estados Unidos desea un nuevo comienzo con Cuba, y hemos cambiado nuestra política en la manera que creemos que avanzará la libertad y creará oportunidades para el pueblo cubano. Ahora se permite a los estadounidenses de origen cubano que visiten la isla de una forma más libre y ofrezcan recursos a sus familiares allá. El presidente también ha dejado clara nuestra voluntad y el hecho de que estamos preparados para participar de una forma constructiva con el gobierno cubano en una gama de asuntos, pero aunque Estados Unidos intenta comunicarse con el pueblo cubano, también debemos hacer un llamado a nuestros amigos del hemisferio a que se unan en apoyo de la libertad, la igualdad y los derechos humanos para todos los cubanos.

Nadie debe confundir nuestra voluntad de participar con los gobiernos con quienes nuestras relaciones se han deteriorado en los años recientes como una renuncia de principios, por el contrario, creemos que la participación fortalece nuestra capacidad plantear preocupación respecto a la democracia y los derechos humanos a la vez que buscamos la manera de cooperar en aspectos de interés común.

Uno de los principales desafíos que las democracias enfrentan en todas partes es demostrar a nuestros ciudadanos que la democracia produce prosperidad compartida para todos los ciudadanos que trabajan arduamente. La región muestra que la democracia da resultado si los gobiernos hallan la manera de ir más allá del comercio y la liberalización de capitales y elaboran políticas y crean instituciones comprometidas con la justicia social.

Sin embargo, la caída actual de la economía mundial amenaza con socavar estos logros, por ello nuestra primera prioridad debe ser poner nuestra economía en orden. El presidente Obama ha tomado medidas sin precedentes para atender la crisis económica al corregir deficiencias en nuestros sistemas bancario y reglamentario, y establecer un paquete de estímulo económico que producirá empleos y logrará encauzar a Estados Unidos y a las Américas hacia la recuperación económica.

Nos hemos unido también con nuestros socios del G-20 para reservar más de un billón de dólares para países que pasan por tiempos difíciles, particularmente los más vulnerables. Trabajaremos con nuestros socios para asegurar que el Banco Interamericano de Desarrollo dé los pasos necesarios para aumentar sus actuales niveles de préstamo y estudiaremos la necesidad de la recapitalización en el futuro.

Al tomar estas medidas, debemos trabajar juntos para asegurar que los más pobres entre nosotros no se queden más rezagados. El impacto de la crisis económica ha azotado más fuertemente a aquellos que quedan en los escalones inferiores de todas las sociedades. Si no actuamos, lo que ya era un brecha inaceptable entre ricos y pobres en América Latina, podría aumentar si se produce un declive en las exportaciones, los ingresos familiares y las remesas. Por ello apoyaremos los esfuerzos para crear empleos, mejorar la educación, ampliar el acceso al cuidado de salud y ampliar las oportunidades en las Américas.

Continuar con la integración del comercio es parte vital del retorno del progreso económico, así como de la oportunidad social y la estabilidad a largo plazo, pero hemos visto que aunque el libre comercio promueve el crecimiento económico y reduce la pobreza absoluta, las ganancias no siempre se comparten y las promesas de oportunidad continúan eludiéndose, es por ello que les pediremos a nuestros socios en el hemisferio que aseguren que todos sus ciudadanos independientemente de sus antecedentes, tengan la oportunidad de lograr una vida mejor para ellos y sus hijos.

Apoyamos iniciativas como la de Caminos hacia la Prosperidad en las Américas que buscan asegurar que los beneficios del comercio se compartan ampliamente en nuestras sociedades. Trabajaremos también para ampliar y reenfocar a Caminos para promover mejor la justicia social y la inclusión de todos, ampliar la participación y ayudar a los agricultores, pequeños negocios, artesanos y grupos tradicionalmente excluidos y a que reciban los frutos del comercio internacional.

Bilateralmente, y también en foros multilaterales, promoveremos el desarrollo y la aplicación de normas nacionales e internacionales para proteger el medio ambiente y los derechos de los trabajadores, las cuales son necesarias para conectar la productividad creciente con los ingresos personales, también en ascenso. Debemos dejar bien sentado que estas normas no son concesiones a regañadientes exigidas como condición de acceso al mercado, sino elementos necesarios de una política comercial que a todos nos beneficia.

La educación es un elemento clave en la amplia agenda que el presidente presentó en la cumbre, porque es también parte integral del desarrollo económico y motor de oportunidades. Si bien la cifra de estudiantes matriculados ha aumentado enormemente en todo nuestro hemisferio, demasiados jóvenes no completan sus estudios y carecen de acceso a la calidad de la educación que se merecen. Durante mi época de decano en la Escuela LBJ de la Universidad de Texas, vi cómo la ciencia y la educación generan nuevas soluciones y proporcionan nuevas oportunidades para el desarrollo. Vi estudiantes de todas las Américas y de otras regiones del mundo que prosperaron académicamente y a nivel personal y que desarrollaron habilidades y hábitos intelectuales que más tarde llevarían a sus países de origen.

Estamos dedicados a encontrar maneras de compartir el conocimiento científico y aprovechar la ciencia para mejorar la vida de las personas. Por eso, hemos solicitado al Congreso 82 millones de dólares para financiar proyectos de educación en la región. Como el presidente indicó en la Cumbre de las Américas, esto no es caridad, sino una inversión en nuestro futuro.

Queremos crear también colaboraciones totalmente nuevas. Cuando la secretaria Clinton visitó México el mes pasado, se reunió con ciudadanos que colaboran a través de las fronteras para mejorar la vida de las personas. Anunció que Estados Unidos apoyará una cumbre mexicana de jóvenes líderes cuyo objetivo es conectar a los jóvenes que trabajan para erradicar la violencia en toda América Latina.

Introduciremos nuevas iniciativas de pueblo a pueblo para que el público participe directamente, inclusive mediante organizaciones de la sociedad civil, ONG, el sector privado y el sector académico. Esta mañana, hablé de la fundación de Costa Rica y Estados Unidos, CRUSA, que el recién nombrado embajador de Costa Rica en Estados Unidos me planteó. Esta fundación, que se creó con una dotación inicial de USAID de 47 millones de dólares, ha donado ya 47 millones de dólares a programas de ciencia y tecnología, educación y medio ambiente, y tiene 68 millones de dólares en efectivo que son el resultado de inversiones inteligentes. Es un buen ejemplo de las innovadoras alianzas público-privadas que pueden aprovechar los esfuerzos iniciales del gobierno para impulsar la educación y el desarrollo.

La energía que nuestras economías requieren para el desarrollo económico ha sido también causa principal del cambio climático. Vemos los daños humanos. Solo en este hemisferio, nos encontramos ante un aumento del nivel del mar en el Caribe, la disminución de glaciares en los Andes y tormentas poderosas en la Costa de Golfo.

Estados Unidos tomará la iniciativa en enfrentar estos desafíos, mediante compromisos propios y la inclusión de otras naciones en un esfuerzo común para que hagan lo mismo. Debemos ir más allá del falso y anticuado debate que oponía las reducciones del calentamiento mundial contra el crecimiento económico y comprender que una alianza en materia de energía y cambio climático puede promover tanto el crecimiento como un futuro sostenible para el medio ambiente. Por eso, el presidente Obama propuso una nueva asociación de energía y clima de las Américas que busca aprovechar el ejemplo de países como México y Brasil, que promueven la energía renovable.

Juntos, podemos trabajar para aumentar la eficiencia, mejorar nuestra infraestructura, compartir tecnologías y dar apoyo a inversiones en fuentes renovables de energía. Mediante la cooperación, podemos crear empleos, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y transformar el hemisferio en un modelo mundial.

Trabajaremos también para combatir la amenaza creciente del crimen que pone en peligro a tantas de nuestras comunidades en las Américas. Una verdadera alianza de seguridad con la región requiere más que desmantelar las redes de narcóticos y destruir los alijos de drogas. Estamos orgullosos de colaborar con el presidente Calderón en su lucha contra los cárteles de la droga, y con socios de América Central y del Caribe en la Iniciativa de Mérida.

Apoyaremos también a nuestros vecinos en la lucha contra las pandillas y la delincuencia callejera que amenazan el bienestar de sus ciudadanos, y trabajaremos con líderes regionales para crear un ciclo de menos crimen, menos drogas y mejor gobierno. Dentro de nuestras propias fronteras haremos más para reducir la demanda de drogas y el flujo de armas ilegales y dinero lavado que se dirigen hacia el sur.

Pero al decidir dar un ejemplo reconociendo nuestra responsabilidad compartida por los problemas comunes, estaremos buscando socios que demuestren la voluntad política de hacer frente a estos desafíos junto con nosotros.

Me gustaría concluir con este resumen. ¿Qué significa todo esto para el estadounidense medio? Si las tendencias actuales son una indicación, ninguna otra región tendrá un impacto más grande en el futuro de nuestro país culturalmente, demográficamente y desde el punto de vista lingüístico. Tenemos la responsabilidad de asegurar que ese impacto sea positivo y que nuestra influencia y presencia sean fuente de bien para todos los ciudadanos del hemisferio.

Al fin y al cabo somos los Estados Unidos de Norteamérica y de las Américas. Estamos seguros del futuro brillante de nuestra nación y de la región, pero no obstante, necesitaremos un compromiso sostenido y de alta calidad que se base en el respeto y la colaboración mutuos.

(termina el texto)

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