30 marzo 2009
Estados Unidos trabaja con ambos países para combatir al-Qaida
A continuación una traducción de las declaraciones del presidente Obama sobre nueva estrategia para Afganistán y Pakistán emitidas el 27 de marzo en la Casa Blanca:
(comienza el texto)
LA CASA BLANCA
Oficina del Secretario de Prensa
Para publicación inmediata
27 de marzo del 2009
PALABRAS DEL PRESIDENTE
ACERCA DE UNA NUEVA ESTRATEGIA PARA AFGANISTÁN Y PAKISTÁN
Salón 450
Edificio de la Oficina Ejecutiva Dwight D. Eisenhower
EL PRESIDENTE: Buenos días. Por favor, tomen asiento.
Hoy, antes de empezar, permítanme, ante todo, reconocer a Sus Excelencias, todos los embajadores que están presentes. Quiero también reconocer tanto a los civiles como a nuestro personal militar que está a punto de ser desplegado en la región. Les agradezco mucho a todos ustedes su extraordinario trabajo.
Quiero reconocer al general David Petraeus, aquí presente, quien ha venido haciendo una labor sobresaliente en el CENTCOM, lo cual le agradecemos. Quiero agradecer a Bruce Reídle – Bruce está aquí, al final – quien ha trabajado de modo extensivo en la revisión de nuestra estrategia. Quiero reconocer a Earl Eikenberry, quien está aquí y es nuestro embajador designado en Afganistán. Y a mi equipo de seguridad nacional, gracias por su sobresaliente labor.
Anuncio hoy una estrategia general y nueva para Afganistán y Pakistán. Y esto señala la conclusión de un cuidadoso examen de política, liderado por Bruce, que yo ordené tan pronto como asumí mi cargo. Mi administración ha oído a nuestros comandantes militares, al igual que a nuestros diplomáticos. Hemos consultado con los gobiernos afgano y pakistaní, con nuestros asociados y nuestros aliados de la OTAN, y con otros donantes y organizaciones internacionales. También hemos colaborado estrechamente con miembros del Congreso aquí en nuestro país. Y ahora quisiera hablarle clara y sinceramente al pueblo estadounidense.
La situación es cada vez más peligrosa. Han pasado más de siete años desde que el Talibán fue desalojado del poder, pero la guerra sigue furiosa y los insurgentes controlan partes de Afganistán y Pakistán. Los ataques a nuestras tropas, a nuestros aliados de la OTAN y al gobierno afgano han aumentado constantemente. Y, lo que es más doloroso, el 2008 fue para las fuerzas estadounidenses el año más mortífero de la guerra.
En Estados Unidos mucha gente – y muchos en los países que son asociados nuestros, que tanto han sacrificado – se plantea una pregunta simple: ¿cuál es nuestro propósito en Afganistán? Después de tantos años, preguntan ellos, ¿por qué nuestros hombres y mujeres todavía combaten y mueren allí? Y ellos merecen una respuesta directa y sincera.
De modo que permítanme ser claro: al–Qaida y sus aliados, los terroristas que planearon y apoyaron los ataques del 11 de septiembre, están en Pakistán y Afganistán. Múltiples estimados de inteligencia han advertido que al–Qaida planea activamente ataques en territorio estadounidense desde su refugio seguro en Pakistán. Y si el gobierno afgano cae en poder del Talibán – o permite que al–Qaida siga siendo una fuerza indisputada – ese país será otra vez una base para los terroristas que quieren matar a tanta de nuestra gente como puedan.
El futuro de Afganistán está inextricablemente vinculado al futuro de su vecino, Pakistán. En los cerca de ocho años que pasaron desde el 11 de septiembre, al Queda y sus aliados extremistas se han desplazado, a través del límite internacional, hasta las áreas remotas de la frontera pakistaní. Esto, casi con certeza, incluye al liderato de al–Qaida: Osama bin Laden y Ayman al-Zawahiri. Han utilizado este terreno montañoso como un refugio seguro para esconderse, adiestrar terroristas, comunicarse con sus seguidores, planear ataques y enviar combatientes en apoyo de la insurgencia en Afganistán. Para el pueblo estadounidense, esta región fronteriza se ha convertido en el sitio más peligroso del mundo.
Pero éste no es simplemente un problema estadounidense – está lejos de serlo. Es, en cambio, un reto de seguridad internacional del orden más elevado. Los ataques terroristas en Londres y Bali estuvieron vinculados con al–Qaida y sus aliados en Pakistán, como lo estuvieron los ataques en el norte de África y el Medio Oriente, en Islamabad y en Kabul. Si hay un ataque importante contra una ciudad asiática, europea o africana, es probable que esté vinculado con el liderato de al–Qaida en Pakistán. Está en juego la seguridad de la gente en todo el mundo.
Para el pueblo afgano, un retorno al régimen del Talibán condenaría a su país a sufrir un gobierno brutal, al aislamiento internacional, a una economía paralizada y a la denegación de los derechos humanos fundamentales del pueblo afgano – especialmente las mujeres y las niñas. El regreso con toda su fuerza de los terroristas de al–Qaida, que acompañarían al núcleo central de la liderato Talibán, arrojaría a Afganistán a las tinieblas de la violencia perpetua.
Como presidente, mi mayor responsabilidad es proteger al pueblo estadounidense. No estamos en Afganistán para controlar ese país u ordenar su futuro. Estamos en Afganistán para enfrentar a un enemigo común que amenaza a Estados Unidos, a nuestros amigos y nuestros aliados y a los pueblos de Afganistán y Pakistán, que son los que más han sufrido por obra de los extremistas violentos.
Por eso quiero que el pueblo estadounidense comprenda que tenemos una meta clara y enfocada: dislocar, desmantelar y derrotar a al–Qaida en Pakistán y Afganistán e impedir que en el futuro regresen a cualquiera de esos dos países. Esa es la meta que debe ser alcanzada. Esa es una causa que no podría ser más justa. Y a los terroristas que se oponen a nosotros, mi mensaje es el mismo: los derrotaremos.
Para alcanzar nuestras metas necesitamos una estrategia más fuerte, más inteligente y más abarcadora. Para concentrarse en la mayor amenaza a nuestro pueblo, en adelante, Estados Unidos no debe negarle recursos a Afganistán debido a la guerra en Iraq. Para mejorar la capacidad militar, de gobierno y económica de Afganistán y Pakistán, tenemos que reunir y organizar apoyo internacional. Y para derrotar al enemigo que no respeta fronteras ni leyes de guerra, debemos reconocer la conexión fundamental entre el futuro de Afganistán y el de Pakistán – lo cual es la razón por la que he nombrado al embajador Richard Holbrooke, aquí presente, para que se desempeñe como representante especial en ambos países, y para que colabore estrechamente con el general Petraeus para integrar nuestros esfuerzos civiles y militares.
Permítanme comenzar ocupándome del camino que tenemos por delante en Pakistán.
Estados Unidos siente un gran respeto por el pueblo pakistaní. Tiene una historia rica, y han luchado contra grandes desventajas para sostener su democracia. El pueblo de Pakistán quiere las mismas cosas que queremos nosotros: el fin del terrorismo, el acceso a los servicios básicos, la oportunidad de materializar sus sueños y la seguridad que sólo puede llegar acompañada por el imperio del derecho. La mayor amenaza a ese futuro procede de al Queda y sus aliados extremistas, y esa es la razón por la cual debemos estar unidos.
Los terroristas que están dentro de las fronteras pakistaníes no son simplemente enemigos de Estados Unidos o de Afganistán, son un peligro grave y urgente para el pueblo de Pakistán. Al-Qaida y otros extremistas violentos han matado a varios miles de pakistaníes desde el 11 de septiembre. Han matado a muchos soldados y policías pakistaníes. Asesinaron a Benazir Bhutto. Han volado edificios, descarrilado la inversión extranjera y amenazado la estabilidad del estado. No nos equivoquemos: al–Qaida y sus aliados extremistas son un cáncer que amenaza con matar a Pakistán desde adentro.
Para el pueblo estadounidense es importante comprender que Pakistán necesita nuestra ayuda para perseguir a al–Qaida. Esta no es una tarea simple. Las regiones tribales son vastas, son escabrosas y a menudo no están gobernadas. Y esa es la razón por la que debemos concentrar nuestra ayuda militar en las herramientas, el adiestramiento y el apoyo que Pakistán necesita para arrancar de raíz a los terroristas. Y luego de años de resultados contradictorios, no extenderemos, no podemos extender un cheque en blanco. Pakistán debe demostrar su compromiso con la erradicación, dentro de sus fronteras, de al–Qaida y los extremistas violentos. E insistiremos en que se actúe – de un modo u otro – cuando tengamos datos de inteligencia acerca de blancos terroristas de alto nivel.
La capacidad del gobierno de destruir estos refugios seguros está vinculada a nuestras propias fuerzas y seguridad. Para ayudar a Pakistán a capear la crisis económica, debemos seguir trabajando con el FMI, el Banco Mundial otros asociados internacionales. Para reducir las tensiones entre dos naciones provistas de armas nucleares que, demasiado a menudo, oscilan en el borde de la escalada y el enfrentamiento, debemos seguir una diplomacia constructiva tanto con la India como con Pakistán. Para evitar los errores del pasado, debemos dejar sentado que nuestra relación con Pakistán se basa en el apoyo a las instituciones democráticas de Pakistán y el pueblo pakistaní. Y para demostrar, con los hechos al igual que con las palabras, un compromiso que es perdurable, debemos abogar por una oportunidad permanente.
Una campaña contra el extremismo no tendrá éxito con sólo balas o bombas. Al Qaida le ofrece el pueblo de Pakistán nada más que destrucción. Nosotros defendemos algo diferente. Por eso hoy pido al Congreso que apruebe un proyecto de ley bipartidista coauspiciado por John Kerry y Richard Lugar, que autoriza 1.500 millones de dólares en apoyo directo al pueblo pakistaní, cada año durante los próximos cinco años – recursos que construirán escuelas, carreteras y hospitales y fortalecerán la democracia pakistaní. Le pido también al Congreso que apruebe un proyecto de ley bipartidista coauspiciado por Maria Cantwell, Chris Van Hollen y Peter Hoekstra, que crea zonas de oportunidad para desarrollar la economía y llevar esperanzas a los lugares plagados por la violencia. Y les pediremos a nuestros amigos y aliados que hagan su parte, incluso en la conferencia de donantes en Tokio el mes que viene.
No pido este apoyo a la ligera. Son estos momentos de desafío. Los recursos se han estirado al extremo. Pero el pueblo estadounidense debe comprender que éste es un pago inicial en nuestro propio futuro – porque la seguridad de Estados Unidos y Pakistán es un elemento compartido. El gobierno de Pakistán debe ser un asociado vigoroso en la destrucción de estos refugios seguros y debemos aislar a al-Qaida del pueblo pakistaní. Y estas medidas que tomamos en Pakistán son también indispensables en nuestros esfuerzos en Afganistán, que no verá el fin de la violencia si los insurgentes se mueven libremente de aquí para allá a través de la frontera.
La seguridad exige un nuevo sentido de responsabilidad compartida. Y es por eso que iniciamos un diálogo permanente, trilateral entre Estados Unidos, Afganistán y Pakistán. Nuestras naciones se reunirán a intervalos regulares con la secretaria Clinton y el secretario Gates como líderes de nuestro esfuerzo. Juntos, mejoraremos nuestro intercambio de inteligencia y nuestra cooperación militar a lo largo de la frontera, mientras atendemos problemas de interés común como el comercio, la energía y el desarrollo económico.
Esta es apenas una parte de una estrategia abarcadora para impedir que Afganistán se convierta en el refugio seguro de al–Qaida que era antes del 11 de septiembre. Para tener éxito, nosotros y nuestros amigos y aliados debemos volver atrás las ganancias del Talibán y promover un gobierno afgano más capaz y responsable.
Nuestras tropas han luchado valientemente contra un enemigo despiadado. Nuestros civiles han hecho grandes sacrificios. Nuestros aliados han soportado una pesada carga. Los afganos han sufrido y se han sacrificado por su futuro. Pero durante seis años, debido a la guerra en Iraq a Afganistán se le han negado los recursos que demanda. Ahora, debemos contraer un compromiso de alcanzar nuestras metas.
Ya he ordenado el despliegue de 17.000 efectivos que el general McKiernan había pedido durante muchos meses. Estos soldados e infantes de marina llevarán la guerra contra el Talibán al sur y al este, y nos darán una mejor capacidad de asociarnos con las fuerzas de seguridad afganas e ir tras los insurgentes a lo largo de la frontera. Este impulso ayudará también a ofrecer seguridad por adelantado a las importantes elecciones presidenciales de agosto en Afganistán.
Al mismo tiempo, trasladaremos el énfasis de nuestra misión al adiestramiento y el aumento del tamaño de las fuerzas de seguridad afganas, de modo que puedan finalmente liderar la seguridad de su país. Es así como prepararemos a los afganos para que asuman la responsabilidad de su seguridad, y como podremos, en último término, repatriar a nuestras propias tropas.
Durante tres años nuestros comandantes han hablado con claridad acerca de los recursos que necesitan para el adiestramiento. Y esos recursos les han sido denegados debido a la guerra en Iraq. Ahora, eso cambiará. Las tropas adicionales que hemos desplegado ya han aumentado nuestra capacidad de adiestramiento. Y más adelante en esta primavera desplegaremos aproximadamente 4.000 efectivos estadounidenses para adiestrar a las fuerzas de seguridad afganas. Por primera vez, esto proveerá verdaderamente de recursos nuestro esfuerzo para adiestrar y apoyar al ejército y la policía afganos. Cada unidad estadounidense en Afganistán estará asociada a una unidad afgana, y buscaremos obtener entrenadores adicionales de nuestros aliados de la OTAN, a fin de asegurar que cada unidad afgana tenga un socio de la coalición. Aceleraremos nuestros esfuerzos para crear un ejército afgano de 134.000 efectivos y una fuerza policial de 82.000, de modo que podamos alcanzar esas metas para el 2011, y a medida que sigan adelante nuestros planes de entregarles a los afganos la responsabilidad de la seguridad, pueden muy bien ser necesarios aumentos de las fuerzas afganas.
Este impulso debe ir unido a un aumento radical de nuestro esfuerzo civil. Afganistán cuenta con un gobierno elegido, pero está minado por la corrupción y tiene dificultades para proveerle a su pueblo los servicios básicos. La economía se ve socavada por un floreciente tráfico de narcóticos que estimula el crimen y financia la insurgencia. El pueblo de Afganistán persigue la promesa de un futuro mejor. Y, una vez más, vemos la esperanza de un nuevo día ensombrecida por la violencia y la incertidumbre.
De modo que para adelantar la seguridad, la oportunidad y la justicia – no sólo en Kabul sino desde el fondo de las provincias – necesitamos especialistas y educadores agrícolas, ingenieros y abogados. Es así como podremos ayudar al gobierno afgano a servir a su pueblo y desarrollar una economía que no esté dominada por las drogas ilícitas. Y esa es la razón por la que ordeno un aumento substancial de nuestros civiles en el terreno.
Y esa es la razón por la que debemos buscar apoyo civil de parte de nuestros asociados y aliados, de las Naciones Unidas y de las organizaciones internacionales – iniciativa que la secretaria Clinton llevará adelante la próxima semana en La Haya.
En un momento de crisis económica, hay quien pueda creer que podemos engañar a este esfuerzo civil. Que nadie se equivoque. Nuestros esfuerzos en Afganistán y Pakistán fracasarán si no invertimos en su futuro. Y esa es la razón por la que mi presupuesto incluye inversiones indispensables en los programas de nuestro Departamento de Estado y de ayuda exterior. Estas inversiones alivian la carga de nuestras tropas. Contribuyen directamente a la seguridad. Hacen que el pueblo estadounidense esté más seguro. Y, en el largo plazo, nos ahorran una enorme cantidad de dinero -- porque es mucho más barato adiestrar a un policía para que ofrezca seguridad en su aldea, o ayudar a un agricultor a sembrar una cosecha, que enviar a nuestras tropas a combatir, un turno de servicio tras otro, sin que haya transición alguna a la responsabilidad afgana.
Mientras entregamos estos recursos, los días del gasto sin rendición de cuentas, los contratos sin subasta y la reconstrucción ruinosa, deben terminar. Por eso mi presupuesto aumentará el financiamiento de un Inspector General enérgico tanto en el Departamento de Estado como en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), e incluye un robusto financiamiento de inspectores generales especiales para la Reconstrucción Afgana.
Y quiero ser claro. No podemos hacer la vista gorda con la corrupción que hace que los afganos no confíen en sus propios líderes. En lugar de eso, buscaremos establecer un nuevo pacto con el gobierno afgano que reprima la conducta corrupta y establezca pautas claras, medidas claras para la ayuda internacional, de modo que se use para proveer a las necesidades del pueblo afgano.
En un país de pobreza extrema, que ha estado en guerra durante decenios, tampoco habrá paz sin reconciliación entre los que fueron enemigos. Ahora bien, no nos hacemos la ilusión de que esto será fácil. En Iraq hemos tenido éxito en llegar hasta nuestros antiguos adversarios para aislar y tomar como blanco a al–Qaida. Debemos emprender un proceso similar en Afganistán, al tiempo que comprendemos que es un país muy diferente.
Hay dentro del Talibán un núcleo que no entiende de compromisos. Hay que enfrentarlos con la fuerza, y deben ser derrotados. Pero están también aquellos que han tomado las armas debido a la coerción o, simplemente, por un precio. Estos afganos deben tener la opción de elegir un rumbo diferente. Y esa es la razón por la que colaboraremos con los líderes locales, con el gobierno afgano y con los asociados internacionales para que haya un proceso de reconciliación en cada provincia. A medida que sus filas disminuyen, un enemigo que no tiene otra cosa que ofrecerle al pueblo afgano fuera del terror y la represión, debe quedar todavía más aislado. Y seguiremos apoyando los derechos humanos fundamentales de todos los afganos, inclusive las mujeres y las niñas.
Siguiendo adelante, no mantendremos el rumbo ciegamente. Más bien, estableceremos sistemas de medición claros para evaluar el progreso y para que nosotros mismos rindamos cuentas. Evaluaremos constantemente nuestros esfuerzos para adiestrar a las fuerzas de seguridad afganas y nuestro progreso en combatir a los insurgentes. Mediremos el crecimiento de la economía de Afganistán y su producción de narcóticos ilícitos. Y juntos examinaremos si estamos usando las herramientas y tácticas correctas para progresar en dirección del logro de nuestras metas.
Ninguno de los pasos que he delineado será fácil, ninguno lo dará Estados Unidos por sí sola. El mundo no puede permitirse pagar el precio de que Afganistán resbale de nuevo en el caos o que al Qaida opere sin trabas. Tenemos una responsabilidad compartida de actuar, no porque tratemos de proyectar fuerza por la fuerza misma, sino porque nuestra propia paz y seguridad dependen de ello. Y lo que está en juego en esta ocasión no es sólo nuestra propia seguridad, es la idea misma de que las naciones libres pueden unirse en nombre de nuestra propia seguridad. Esa fue la causa fundadora de la OTAN hace seis decenios, y debe ser hoy nuestro propósito común.
Mi administración se ha comprometido a fortalecer las organizaciones internacionales y la acción colectiva, y ese será mi mensaje de la semana que viene en Europa. A medida que Estados Unidos hace más, les pediremos a otros que se unan a nosotros para hacer su parte. De nuestros asociados y aliados de la OTAN, no queremos simplemente tropas, sino, más bien, capacidades claramente definidas: apoyo a las elecciones afganas, adiestramiento de las fuerzas de seguridad afganas, y compromiso civil más vigoroso para con el pueblo afgano. De las Naciones Unidas procuraremos un mayor progreso de su mandato de coordinar la acción y la ayuda internacionales y fortalecer las instituciones afganas.
Y, finalmente, junto con las Naciones Unidas crearemos un nuevo Grupo de Contacto para Afganistán y Pakistán que una a todos aquéllos que tendrían algún interés en la seguridad de la región – nuestros aliados de la OTAN y otros asociados, y también los estados del Asia Central, las naciones del Golfo (Pérsico) e Irán; Rusia, China y la India. A ninguna de estas naciones la beneficia una base de los terroristas de al–Qaida, y una región que se hunde en el caos. Todos tenemos algún interés en la promesa de una paz duradera, la seguridad y el desarrollo.
Por encima de todo, eso es cierto respecto de la coalición que ha luchado unida en Afganistán, hombro con hombro con los afganos. Los sacrificios han sido enormes. Cerca de 700 estadounidenses han perdido la vida. Tropas de más de 20 países han pagado también el precio supremo. Todos los estadounidenses rendimos honores y atesoramos la amistad de aquellos que han luchado, trabajado y derramado sangre a nuestro lado. Y todos los estadounidenses se llenan de admiración ante los servicios que prestan nuestros hombres y mujeres uniformados, que han soportado una carga tan pesada como la de cualquier otra generación. Ellos y sus familias encarnan el ejemplo del sacrificio desinteresado.
Les recuerdo a todos: los Estados Unidos de América no eligieron librar una guerra en Afganistán . Cerca de 3.000 de los nuestros fueron muertos el 11 de septiembre del 2001, por no hacer otra cosa que seguir con su vida de todos los días. Desde entonces, al–Qaida y sus aliados han matado a miles de personas en muchos países. La mayor parte de la sangre que tienen en las manos es sangre de musulmanes, de los que al Queda ha matado y mutilado a una cantidad mucho mayor que de cualquier otro pueblo. Ese es el futuro que al–Qaida le ofrece al pueblo de Pakistán y Afganistán, un futuro sin justicia ni paz.
Comprendan ustedes, el camino que tenemos por delante será largo y habrá por delante días difíciles. Pero buscaremos asociaciones perdurables con Afganistán y Pakistán que le prometan a su pueblo un nuevo día. Y usaremos todos los elementos de nuestro poderío nacional para derrotar a al–Qaida y para defender a Estados Unidos, a nuestros aliados y a todos los que buscan un futuro mejor. Es por eso que estamos aquí, y es por eso que la historia nos llama a hacerlo una vez más.
Gracias. Que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.
(termina el texto)