19 septiembre 2008
Estados Unidos y Europa no deben permitir la agresión de Rusia, afirma la secretaria
La secretaria de Estado Condolezza Rice se refirió a las relaciones entre Estados Unidos y Rusia en un discurso que pronunció el 18 de septiembre en Washington, ante la organización German Marshall Fund Of The United States.
A continuación una traducción de la transcripción del discurso de la secretaria:
(comienza el texto)
DEPARTAMENTO DE ESTADO DE ESTADOS UNIDOS
Oficina del portavoz
18 de septiembre de 2008
Hotel Renaissance Mayflower
WASHINGTON, D.C.
Palabras de la secretaria de Estado Condolezza Rice
Tema: Las relaciones estadounidenses-rusas
Ante la organización German Marshall Fund Of The United States
SECRETARIA RICE: Muchas gracias. Craig, gracias por esa amable presentación. Quisiera agradecerle al senador Bennett por estar aquí, al igual que a los miembros del Congreso y los miembros de la Junta del German Marshall Fund. Quiero agradecerle a cada uno (de los miembros) del fondo por invitarme a hablar hoy. El German Marshall Fund es una organización indispensable, especialmente para nuestra alianza transatlántica, pero, de modo creciente, también para nuestras asociaciones más allá de Europa.
De modo que gracias por el gran trabajo que ustedes hacen para promover unidad de propósito y la unidad de acción. Estos son los elementos que Estados Unidos y Europa necesitan hoy más que nunca. Ustedes han logrado un efecto inconmensurable en ayudarnos a reafirmar y fortalecer los vínculos de nuestra nación con Europa estos últimos años. Y entonces, de nuevo, muchas, muchas gracias a ustedes. Me honra estar aquí.
Ahora bien, esta es en realidad la primera ocasión en que le hablo al German Marshall Fund como secretaria de Estado. Y me atrevo a decir, dado el corto tiempo que pasamos en nuestros cargos, que es, probablemente, la última. Me complace que ustedes hayan reconocido que eso no quería ser una pausa para el aplauso.
He venido aquí hoy para hablar con ustedes de un tema que ha estado recientemente en la mente de todos, Rusia y las relaciones estadounidense-rusas.
La mayoría de nosotros están familiarizados con los acontecimientos del mes pasado. Las causas del conflicto, particularmente la disputa entre Georgia y sus regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur, son complejas. Se remontan a la caída de la Unión Soviética. Y Estados Unidos y nuestros aliados han tratado muchas veces de ayudar a las partes a resolver la disputa diplomáticamente. De hecho, fue, en parte, por esa misma razón que viajé a Georgia justamente un mes antes del conflicto, como lo hizo el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, entre otros.
El conflicto en Georgia tiene, por lo tanto, raíces profundas y, evidentemente, todas las partes cometieron errores y equivocaron sus cálculos. Pero algunos factores claves son evidentes.
El 7 de agosto, luego de las repetidas violaciones del alto el fuego en Osetia del Sur, incluso el cañoneo de aldeas georgianas, el gobierno georgiano emprendió una importante operación militar en Tskhinvali y otras áreas de la región separatista. Lamentablemente, varios mantenedores de la paz rusos fueron muertos en la lucha.
Estos acontecimientos fueron perturbadores, pero la situación se deterioró aún más cuando los líderes rusos violaron la soberanía y la integridad territorial georgianas y emprendieron una invasión a escala total a través de una frontera reconocida internacionalmente. Miles de civiles inocentes fueron desplazados de sus hogares. Los líderes rusos establecieron una ocupación militar que se extendió profundamente en territorio georgiano, y violaron el acuerdo de cesación del fuego que había sido negociado por el presidente de Francia y la Unión Europea Sarkozy.
Otras acciones de Rusia durante esta crisis han sido también profundamente desconcertantes: sus alegaciones alarmistas de genocidio por parte de fuerzas georgianas, sus declaraciones infundadas acerca de acciones estadounidenses durante el conflicto y sus intentos de desmembrar un país soberano al reconocer a Abjazia y Osetia del Sur, sus expresiones acerca de tener intereses privilegiados en cuanto a la forma en que trata a sus vecinos independientes, y su negativa a permitir observadores internacionales y organismos no gubernamentales dentro de Abjazia y Osetia del Sur, a pesar de la continua violencia de la milicia y represalias contra georgianos inocentes.
Lo que es más perturbador en cuanto a las acciones rusas es que encajan en una tendencia de conducta que ha empeorado durante varios años y hasta ahora.
Me refiero, entre otras cosas, a la intimidación de Rusia contra sus vecinos soberanos, su utilización del petróleo y el gas como arma política, su suspensión unilateral del Tratado CFE, su amenaza de apuntar a naciones pacíficas con armas nucleares, sus ventas de armas a estados y grupos que amenazan la seguridad internacional, y su persecución, y acciones aún peores, contra periodistas, disidentes y otras personas rusas.
El cuadro que surge de esta tendencia de comportamiento es la de una Rusia cada vez más autoritaria en lo interno y agresiva en el exterior.
Ahora bien, este comportamiento no pasó desapercibido ni incontestado durante los últimos años. Hemos tratado de ocuparnos de él en el contexto de los esfuerzos para crear una relación constructiva con Rusia. Pero el ataque a Georgia ha cristalizado el curso que los líderes rusos siguen ahora. Y nos han llevado a un momento crítico para Rusia y el mundo, un momento crítico pero no predeterminado.
Los líderes rusos incurren en algunas opciones desafortunadas, pero todavía pueden hacer otras diferentes. El futuro de Rusia está en manos de Rusia, pero sus opciones se verán conformadas en parte por las acciones de Estados Unidos, nuestros amigos y nuestros aliados -- tanto por los incentivos que ofrecemos como por la presión que aplicamos.
Ahora bien, mucho se ha dicho recientemente acerca de cómo hemos llegado hasta este punto. Y algunos han intentado pasarles a otros la responsabilidad del reciente patrón de comportamiento de Rusia. De las acciones de Rusia no se puede culpar, por ejemplo, a sus vecinos como Georgia.
Por cierto que los líderes de Georgia pudieron haber respondido mejor a los acontecimientos del mes pasado en Osetia del Sur. Y a nadie beneficia el pretender otra cosa. Nosotros les advertimos a nuestros amigos georgianos que Rusia les estaba ofreciendo una carnada, y que morderla sólo le haría el juego a Moscú.
Pero los líderes de Rusia usaron esto como pretexto para emprender lo que, según todas las apariencias, fue una invasión premeditada de un vecino independiente. En verdad, los líderes de Rusia habían hecho el montaje previo de este escenario hace varios meses -- distribuyendo pasaportes rusos a separatistas georgianos, adiestrando y armando a sus milicias y luego justificando la campaña a través de la frontera de Georgia como una acción de defensa propia.
Del comportamiento de Rusia tampoco puede culparse a la ampliación de la OTAN. Con el fin de la Guerra Fría, nosotros y nuestros aliados hemos trabajado para transformar la OTAN, llevarla de una alianza que guarnecía los baluartes de una Europa dividida a un medio de alimentar el crecimiento de una Europa integral, libre y en paz y una alianza que enfrenta los peligros que, como el terrorismo, también amenazan a Rusia.
Hemos abierto la OTAN a cualquier estado soberano y democrático de Europa que pueda satisfacer sus normas de participación como miembro. Hemos apoyado el derecho de los países que emergen del comunismo de elegir el camino del desarrollo que persiguen y a qué instituciones desean unirse.
Y este esfuerzo histórico ha tenido un éxito que va más allá de lo imaginable. Doce de nuestros veintiocho aliados de la OTAN son naciones que estuvieron cautivas. Y la promesa de la condición de miembros ha sido un incentivo positivo para que estos estados construyan instituciones democráticas, reformen sus economías y resuelvan antiguas disputas, como lo han hecho naciones como Polonia, Hungría, Rumania, Eslovaquia y Lituania.
Lo que es igualmente importante, la OTAN ha procurado constantemente reclutar a Rusia como socio en la construcción de una Europa pacífica y próspera. Rusia ha ocupado un asiento en casi todas las cumbres de la OTAN desde el 2002. De modo que su alegación de que esta alianza es algo dirigido contra Rusia significa, simplemente, desconocer la historia reciente. De hecho, nuestra presunción ha sido siempre – y lo es todavía – que a la necesidad legítima de seguridad que tiene Rusia la sirve mejor no el contar en sus fronteras con estados débiles, fraccionados y pobres, sino pacíficos, prósperos y democráticos.
Simplemente, tampoco es válido culpar a Estados Unidos por el comportamiento de Rusia, ya sea por haber sido demasiado duros con Rusia o no haberlo sido lo suficiente, demasiado incapaces de acomodarse a los intereses de Rusia o demasiado ingenuos acerca de sus líderes.
Desde el fin de la Guerra Fría, en un periodo que cubre tres administraciones, tanto demócrata como republicanas, Estados Unidos ha tratado de alentar el surgimiento de una Rusia fuerte, próspera y responsable. Hemos tratado a Rusia no como un enemigo vencido sino como un asociado en surgimiento. Hemos apoyado política y financieramente la transición de Rusia a una economía moderna basada en el mercado y una sociedad libre y pacífica. Y hemos respetado a Rusia como una gran potencia con la cual hay que colaborar para resolver problemas comunes.
Cuando nuestros intereses han divergido, Estados Unidos ha consultado con los líderes de Rusia. Hemos buscado un plano común, y hemos procurado, lo mejor que pudimos, tener en cuenta los intereses de Rusia -- los intereses e ideas. Así es como hemos encarado los asuntos contenciosos, desde Irán hasta Kosovo y la defensa antimisiles. Y hemos ido repetidamente a Rusia, la última vez… dos veces, con el secretario de Defensa Robert Gates, para tratar de promover la cooperación.
De modo creciente, los líderes de Rusia simplemente no han reciprocado. Y sus recientes acciones llevan a algunos a preguntarse si estamos ahora en una nueva Guerra Fría. No, no lo estamos. Pero esto plantea la pregunta, ¿de dónde salió esta Rusia? ¿Cómo la Rusia del decenio de 1990 se transformó en la Rusia de hoy?
Después de todo, el decenio de 1990 fue, de muchas maneras, un periodo de esperanza y promesas reales para Rusia. El totalitarismo había quedado desmantelado. Para la mayoría de los rusos el alcance de la libertad se amplió significativamente en cuanto a lo que podían leer, en cuanto a lo que podían decir, en cuanto a lo que podían comprar y vender y en cuanto a las asociaciones que podían formar. Surgieron nuevos líderes que trataron de dirigir a Rusia hacia la reforma política y económica interna, hacia la integración en la economía mundial y hacia una función internacional responsable.
Todo esto es verdad, pero muchos rusos recuerdan cosas diferentes acerca del decenio de 1990. Recuerdan ese decenio como una época de libertad abusiva e ilegalidad, incertidumbre económica y caos social, una época en la que los criminales y los bandidos y los magnates ladrones saquearon el estado ruso e hicieron presa en los más débiles de la sociedad rusa, en una época en la que muchos rusos – no sólo las élites y los miembros del desaparecido aparato estatal, sino hombres y mujeres comunes y corrientes – experimentaron una sensación de deshonra y dislocación que nosotros, en Occidente, no apreciamos plenamente.
Recuerdo esa Rusia porque la vi personalmente. Recuerdo las ancianas que vendían sus pertenencias de toda la vida a lo largo del (mercado) Viejo Rabat, platos y tazas de té rotas, cualquier cosa que sirviera para ir viviendo.
Recuerdo que los soldados rusos que volvían de Europa Oriental vivían en tiendas de campaña porque el estado ruso era simplemente demasiado débil y demasiado pobre para alojarlos apropiadamente.
Recuerdo hablar con mis amigos rusos, gente tolerante, abierta, progresista, que sufrían una aguda sensación de vergüenza durante ese decenio, no por la pérdida de la Unión Soviética sino por sentir que ya no reconocían su propio país; el teatro Bolshoi que caía en pedazos, los pensionados incapaces de pagar sus cuentas, el Equipo Olímpico Ruso desfilando en 1992 en los juegos bajo una bandera que nadie había visto nunca y recibiendo medallas de oro a los acordes de un himno que nadie había oído jamás. Había una sensación humillante de que nada de lo ruso era ya bastante bueno.
Esto… no excusa el comportamiento ruso, pero ayuda a establecer un contexto para él. Ayuda a explicar por qué muchos rusos comunes y corrientes se sintieron aliviados y orgullosos cuando surgieron nuevos líderes a fines del último decenio, que trataron de reconstituir el estado ruso y reafirmar su poder en el exterior. A una autoridad imperfecta se la consideraba mejor que ninguna autoridad en absoluto.
Lo que se ha vuelto evidente es que el objetivo legítimo de reconstruir el estado ruso ha dado un giro tenebroso. Con el retroceso de las libertades personales, la aplicación arbitraria de la ley, la corrupción dominante que invade varios niveles de la sociedad rusa y el impulso paranoico agresivo que se había manifestado antes en la historia rusa, se contempla el surgimiento de vecinos democráticos libres e independientes – más recientemente, durante las llamadas “revoluciones coloreadas” en Georgia, Ucrania y Kirguistán – no como una fuente de seguridad, sino como una fuente de amenaza a los intereses de Rusia.
Sin embargo, cualquiera que sea su curso, la Rusia de hoy no es la Unión Soviética, ni en el tamaño de su territorio, ni en el alcance de su poderío, ni en la dimensión de sus propósitos o la naturaleza del régimen. Los líderes de Rusia no tienen pretensiones de universalidad ideológica, ninguna perspectiva alterna de capitalismo democrático ni capacidad de construir un sistema paralelo de estados clientes e instituciones rivales. Las bases del poder soviético han desaparecido.
Y, a pesar del autoritarismo de sus líderes, los rusos de hoy disfrutan de más prosperidad, más oportunidades y, en cierto sentido, más libertad que durante las épocas zarista o soviética. Los rusos demandan cada vez más los beneficios de la participación mundial, los empleos y la tecnología mundiales, viajar al extranjero, los artículos de lujo y las hipotecas de largo plazo.
Con semejante prosperidad y oportunidad crecientes, no puedo imaginar que la mayoría de los rusos querrían volver a los días, como ocurría durante la época soviética, cuando su país y sus ciudadanos se mantenían aislados de los mercados e instituciones occidentales.
Esto, por lo tanto, es la tragedia más profunda entre las opciones que escogen los líderes de Rusia. No es solamente el dolor que infligen a otros, sino el costo debilitante que le imponen a la misma Rusia, la manera en que ponen en peligro la credibilidad internacional para construir la cual las empresas rusas han trabajado con tanto empeño y la manera en que arriesgan el progreso actual y futuro del pueblo ruso, que ha llegado tan lejos desde los tiempos del comunismo.
Y, ¿para qué? El ataque de Rusia a Georgia demostró simplemente lo que ya sabíamos, que Rusia podía usar su abrumadora ventaja militar para castigar a un pequeño vecino. Pero Georgia ha sobrevivido. Su democracia perdurará. Su economía será reconstruida. Su independencia se verá reforzada. Sus fuerzas militares, con el tiempo, serán reconstituidas. Y esperaremos ansiosos el día en que la integridad territorial de Georgia sea pacíficamente restaurada.
La invasión de Rusia a Georgia no ha logrado ni logrará objetivos estratégicos duraderos. Y nuestro objetivo estratégico es ahora dejar sentado ante los líderes de Rusia que sus opciones podrían colocar a Rusia en un camino de una sola dirección, hacia el aislamiento por propia imposición y la irrelevancia internacional.
Para alcanzar esta meta se requerirá la resolución y la unidad de los países responsables – de modo más importante, Estados Unidos y nuestros aliados europeos. No podemos permitirnos convalidar los prejuicios que algunos líderes rusos parecen tener en cuanto a que si se apremia lo suficiente a las naciones libres, si se las atropella y si se las amenaza y si se las ataca ferozmente, se derrumbarán y olvidarán y, finalmente, concederán.
Estados Unidos y Europa deben hacer frente a este tipo de comportamiento y a todos los que lo apoyan. En nuestro interés y en el interés del pueblo de Rusia -- que merece tener una mejor relación con el resto del mundo -- Estados Unidos y Europa no deben permitir que la agresión de Rusia le reporte ningún beneficio – ni en Georgia ni en ninguna parte.
Nosotros y nuestros aliados europeos actuamos, por lo tanto, como una sola entidad en apoyo de Georgia. El presidente Sarkozy, con quien he colaborado muy estrechamente, debe ser elogiado especialmente por su liderazgo en este frente. La alianza transatlántica está unida. Esta misma semana, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer encabezó a todos nuestros 26 embajadores de la alianza en una misión en Tiflis para demostrar nuestro inconmovible apoyo al pueblo georgiano. La puerta a un futuro euro atlántico sigue ampliamente abierta para Georgia, y nuestra alianza seguirá trabajando con la nueva Comisión OTAN-Georgia, para hacer de ese futuro una realidad.
Nosotros y nuestros aliados europeos seguiremos liderando también el esfuerzo internacional para ayudar a Georgia a reconstruirse – un esfuerzo que ya ha logrado notable progreso. Estados Unidos ha adelantado un paquete de apoyo económico a Georgia montante a 1.000 millones de dólares. La Unión Europea ha comprometido 500 millones de euros y se prepara a desplegar una gran misión de observadores vigilantes civiles en Georgia.
Además, con el apoyo estadounidense y europeo, los ministros de Relaciones Exteriores del G-7 han condenado las acciones de Rusia y han prometido apoyar la reconstrucción de Georgia. El Banco Asiático de Desarrollo ha comprometido 40 millones de dólares en préstamos a Georgia. El FMI ha mejorado un servicio de crédito de derechos de giro por valor de 750 millones de dólares y la Organización para la Seguridad y la Cooperación Económicas (OSCE) planea expandir sus observadores, aunque Moscú todavía bloquea esta iniciativa.
A la inversa, Rusia ha encontrado poco apoyo a sus acciones. Una palmada en la espalda de parte de Daniel Ortega y Hamas no es un triunfo diplomático.
Al mismo tiempo, Estados Unidos y Europa continúan apoyando de modo inequívoco la independencia y la integridad territorial de los vecinos de Rusia. Resistiremos cualquier intento ruso de relegar naciones soberanas y pueblos libres a alguna arcaica esfera de influencia.
Estados Unidos y Europa consolidamos nuestros vínculos con esos vecinos. Trabajamos como un grupo más amplio, que incluye nuestros amigos en Finlandia y Suecia, que han sido socios indispensables a lo largo de esta crisis reciente. Respaldamos iniciativas valederas como la High North Policy, de Noruega. Trabajamos para resolver otras disputas regionales, tales como la de Nagorno-Karabaj, y para construir, con amigos y aliados como Turquía, un cimiento para la cooperación en el Cáucaso. Y no permitiremos que Rusia esgrima un veto contra el futuro de la comunidad euro atlántica, ya sea contra los estados a quienes se les ha ofrecido la condición de miembros o con la selección de los estados que la han aceptado. Hemos dejado esto particularmente bien sentado ante nuestros amigos en Ucrania.
Estados Unidos y Europa profundizamos nuestra cooperación en la búsqueda de una mayor independencia energética, colaborando con Azeirbaiyán, Georgia y Turquía y los países del Caspio. Ampliaremos y defenderemos de las prácticas abusivas la energía mundial abierta dentro de la economía. No puede haber un conjunto de reglas para Rusia, Inc., y otro para cualquiera de los demás.
Finalmente, Estados Unidos y Europa, así como nuestros muchos amigos y aliados en todo el mundo, no permitiremos que los líderes de Rusia se beneficien de ambas maneras -- logrando los beneficios que nacen de las normas, mercados e instituciones internacionales, al mismo tiempo que desafían los fundamentos de los mismos. No hay una tercera vía. Una Rusia del siglo XIX y una Rusia del siglo XXI no pueden operar paralelamente en el mundo.
Para alcanzar su pleno potencial Rusia tiene que integrarse completamente al orden internacional político y económico, pero Rusia está ahora en la posición precaria de estar mitad dentro y mitad fuera. Si Rusia quiere ser más que sólo un proveedor de energía, sus líderes tienen que reconocer una dura verdad: Rusia depende del mundo para su éxito, y no puede cambiar eso.
Los líderes de Rusia ya vislumbran como podría ser el futuro si persisten con su conducta agresiva. En contraste con la posición de Georgia, la posición internacional de Rusia es peor que en cualquier momento desde 1991, y el costo de este aislamiento que se ha impuesto a sí misma ha sido elevado.
La cooperación nuclear civil de Rusia con Estados Unidos no va ahora a ninguna parte. Los líderes de Rusia están castigando la economía de su país. La candidatura de Rusia para unirse a la Organización Mundial del Comercio está ahora en riesgo, así como también su tentativa de ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Pero quizá la peor consecuencia para Moscú es que su conducta fundamentalmente ha planteado el cuestionamiento de cual es la visión de Rusia que dirige en realidad al país. Hubo una época recientemente cuando el nuevo presidente de Rusia presentó una perspectiva positiva y previsora del futuro de su nación.
Era una perspectiva que tomaba en cuenta las vulnerabilidades de Rusia -- su población en declive y los graves problemas de salud, su fracaso para lograr una economía de alta tecnología y diversificada, como la de aquellos al oeste, y cada vez más, al este de Rusia, y la disparidad entre la calidad de vida de las personas en Moscú y San Petersburgo y en otras pocas ciudades -- y la de aquellos en las áreas rurales de Rusia.
Era una perspectiva que pedía reforzar el estado de derecho, desarraigar la corrupción e invertir en el pueblo de Rusia, y crear oportunidades no sólo para una élite de unos pocos sino para que todos los ciudadanos compartan la prosperidad.
Era una perspectiva que se basaba en lo que el presidente Medvedev se refirió como las “Cuatro Ies”: inversión, innovación, reformas institucionales y mejoras de la infraestructura para ampliar la economía de Rusia. También era una perspectiva que reconocía que Rusia no puede tener una relación con el mundo basada en el antagonismo y el aislamiento.
Esto es cierto especialmente en el mundo de hoy día, que cada vez más no está organizado en torno a la polaridad – múltiple, única y ciertamente no una bipolaridad. En este mundo, es imprescindible que las naciones construyan una red de vínculos fuertes y especiales con muchos estados influyentes.
Y ese es un contexto muy diferente que el del siglo pasado, cuando la política exterior de Estados Unidos francamente era rehén de nuestra relación con la Unión Soviética. Veíamos todo con ese lente, incluso nuestras relaciones con otros países. Estábamos atascados en un conflicto ideológico de suma cero. Cada estado tenía que escoger un lado, y eso reducía drásticamente nuestras opciones.
Ahora bien, afortunadamente, ese mundo también se ha ido para siempre, y no volverá. Como resultado, Estados Unidos es libre de seguir una política exterior multidimensional, y eso es lo que hacemos.
Trazamos una agenda con vistas al futuro con democracias multiétnicas como Brasil e India y con potencias en surgimiento como China y Vietnam, relaciones antes afectadas por la rivalidad de la Guerra Fría.
Ahora mismo transformamos nuestras alianzas con Asia -- con Japón y Corea del Sur, Australia y las Filipinas-- y las ampliamos para que pasen de ser plataformas para nuestra defensa común a catalizadoras para fomentar la seguridad regional, avanzar el comercio, promover la libertad y construir una región dinámica en Asia y el Pacífico.
Reconstruimos las relaciones con países como Libia, cuyos líderes están tomando decisiones responsables para volver a ser parte del orden internacional.
Profundizamos las asociaciones arraigadas en principios compartidos con países en toda África, y para apoyar la nueva agenda africana para el éxito en el siglo XXI: promovemos el gobierno justo, la inversión en el pueblo, la lucha contra las enfermedades y la corrupción y la motivación del desarrollo mediante la libertad económica.
Dejamos atrás 60 años de política en todo el Oriente Medio, que durante la Guerra Fría hizo que administraciones sucesivas apoyaran la estabilidad al precio de la libertad, y finalmente no lograron ninguna de las dos cosas.
Y ahora trazamos un futuro optimista con nuestros amigos y aliados en las Américas, de quienes algunas veces estuvimos profundamente alejados durante la Guerra Fría. Vamos ahora en pos de una visión hemisférica común de desarrollo democrático, seguridad personal y justicia social.
Las demostraciones anacrónicas de poder militar ruso no echarán para atrás esta marea de la historia. Rusia es libre de determinar sus relaciones con países soberanos, y ellos son libres determinar sus relaciones con Rusia, incluso en el Hemisferio Occidental.
Pero estamos seguros de que los lazos con nuestros vecinos -- que aspiran a una mejor educación, mejor asistencia médica, mejores empleos y mejor vivienda -- de ninguna manera se verán disminuidos porque unos bombarderos Blackjack envejecidos visiten una de las pocas autocracias de América Latina que se queda atrás en un hemisferio cada vez más pacífico, próspero y democrático.
Nuestro mundo está lleno de oportunidades históricas para el progreso, así como desafíos para éste-- desde el terrorismo y la proliferación hasta el cambio climático y los precios de los productos básicos que cada vez son más altos. Estados Unidos tiene interés en crear asociaciones para resolver estos y otros desafíos. Y también lo tiene Rusia.
Estados Unidos y Rusia comparten un interés en combatir el terrorismo y el extremismo violento. Compartimos con Rusia un interés en desnuclearizar la Península de Corea e impedir que gobernantes de Irán adquieran las armas más mortíferas de mundo. Compartimos con Rusia un interés en un Oriente Medio seguro donde haya paz entre israelíes y palestinos, y compartimos con Rusia un interés en impedir que el Consejo de Seguridad vuelva a ser la institución paralizada que fue durante la Guerra Fría.
Estados Unidos y Rusia compartían todos estos intereses el 7 de agosto, y todavía los compartimos hoy el 18 de septiembre. La declaración de Sochi, firmada a principios de este año, proporcionó un marco estratégico para que Estados Unidos y Rusia avancemos en nuestros muchos intereses compartidos.
Continuaremos trabajando, por necesidad, en áreas de interés común con Rusia, pero sería una verdadera pena si nuestra relación fuera nada más que eso -- porque las mejores y más profundas relaciones entre estados son aquellas que comparten no sólo intereses, sino metas, aspiraciones, y también ideas.
Cualesquiera que sean las diferencias entre nuestros gobiernos, no permitiremos que obstruyan una relación cada vez más profunda entre nuestros pueblos.
Así que continuaremos patrocinando a estudiantes y maestros rusos, jueces y periodistas, líderes de trabajadores y reformistas democráticos que deseen visitar Estados Unidos. Continuaremos apoyando la lucha de Rusia contra el VIH/SIDA y la tuberculosis y continuaremos apoyando a todos los rusos que deseen un futuro de libertad para su gran nación.
Espero sinceramente que el próximo presidente y el próximo secretario de Estado visiten Rusia y tomen tiempo para hablar con la sociedad civil rusa y concedan entrevistas a los medios independientes de Rusia que disminuyen pero aun existen.
Estados Unidos y nuestros amigos y los aliados -- en Europa pero también en las Américas y Asia y África y el Oriente Medio—tienen confianza en nuestra perspectiva para el mundo en este joven siglo: Es un mundo en el que el gran poder se define no por esferas de influencia o competencia de suma cero o del fuerte que impone su voluntad al débil, sino que se define por una competencia abierta en los mercados mundiales, comercio y desarrollo, la independencia de los países, el respeto a los derechos humanos, el gobierno mediante el imperio de la ley y la defensa de la libertad.
Esta perspectiva del mundo no está libre de problemas ni reveses, ni tampoco de crisis significativas, como hemos visto en días recientes, pero es este mundo abierto interdependiente más que cualquier otro en la historia, el que ofrece a todo ser humano una mayor oportunidad de vivir en paz, prosperidad y dignidad.
Queda aún por verse si los líderes de Rusia se sobreponen a su nostalgia por otra época y se reconcilian con las fuentes de poder y el ejercicio de poder en el siglo XXI. La decisión es claramente de Rusia y sólo de Rusia. Y todos debemos esperar, por el bien del pueblo ruso y por el bien de todo el mundo, que los líderes de Rusia tomen decisiones responsablemente.
Muchas gracias.
(termina el texto)