15 septiembre 2008

Caso de estudio: lo mítico del martirologio en Iraq

Mohammed M. Hafez

 
Soldados iraquíes inspeccionan una camioneta destruida en un atentado en Baqouba, Iraq, en abril de 2007.
Soldados iraquíes inspeccionan una camioneta destruida en un atentado en Baqouba, Iraq, en abril de 2007.

Mohammed M. Hafez, doctor en Relaciones Internacionales, es profesor visitante en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Missouri en la ciudad de Kansas. Es autor de Suicide Bombers in Iraq: The Strategy and Ideology of Martyrdom, (Suicidas con bombas en Iraq: Estrategia e ideología del martirio), libro recién publicado por el Instituto de la Paz de Estados Unidos.

Los jihadistas de Iraq confrontan un problema de comunicación en Iraq. Sus mensajes deben alcanzar cinco objetivos decisivo: convocar a los posibles reclutas dentro y fuera del país; justificar la muerte de civiles y de compatriotas musulmanes en los ataques insurgentes; desactivar los escrúpulos que impiden a sus adeptos matar a civiles en los ataque suicidas; legitimizar a las organizaciones que realizan actos violentos; y contrarrestar las denuncias de las autoridades en Iraq y las del mundo musulmán.

Para lograr estos fines, los jihadistas han elaborado una serie de argumentos de carácter utilitario, ideológico y teológico. Sin embargo, para no abrumar a su público con información y discursos complicados, los jihadistas simplifican su mensaje con relatos de gran carga afectiva, que dan vida a la imagen de un “mártir heroico”.

Con las imágenes y las biografías de los suicidas con bombas, que se difunden a través de páginas islámicas en la Web, se explotan el tema de la humillación, la confabulación y de la redención, para demonizar a sus enemigos y motivar a sus seguidores a hacer sacrificios “heroicos”. Exageran el maltrato a la mujer y apelan a la hombría de los varones despertándoles la vergüenza para que salgan en defensa de sus “madres y hermanas”. Estos elementos emotivos buscan galvanizar apoyo, no sólo de un pequeño círculo de activistas sino del público general musulmán.

Los argumentos principales de sus relatos giran en torno a tres temas que a menudo se presentan en secuencia, como si se tratara de una obra de teatro en tres actos.

-El primer acto describe la humillación y el sufrimiento de los musulmanes en Iraq y en otros lugares, y alude a una conspiración por obra de “cruzadas” occidentales dirigida contra los musulmanes.

-El segundo acto se presenta para demostrar la impotencia de los gobiernos musulmanes y su confabulación con Occidente, lo que prueba que no son líderes verdaderos del mundo musulmán, sino sirvientes de sus “amos” occidentales.

-El tercer acto hace hincapié en la certeza de la victoria musulmana porque los hombres “piadosos y heroicos” han salido a la palestra para salvar mediante su fe en Alá, su sacrificio en el campo de batalla y la justicia de su causa a sus hermanos musulmanes que sufren y son humillados.

Los tres relatos se presentan por separado, pero a menudo se entrelazan para plantear un problema, una causa y una solución.

El presente artículo investiga los aspectos míticos del martirio en Iraq, para lo que se emplea la literatura sobre los jihadistas desde el comienzo de la insurgencia en ese país. Mi investigación incluye videos cortos, audiocintas, biografías de suicidas con bombas, revistas en páginas Web e imágenes difundidas en sitios electrónicos. Se presta atención especial a la forma en la que los jihadistas presentan a sus “mártires” caídos. Al elevar a los suicidas con bombas a la categoría de seres de extraordinarias convicciones morales que hacen el sacrificio máximo por Alá y por la nación musulmana, los jihadistas desvían la atención de las atrocidades que cometen y de los daños a sus víctimas.

Se debe aclarar, desde el principio, que el perfil que se presenta de los suicidas con bombas en los videos cortos y en las biografías es de contenido sumamente propagandístico. Al destacar los aspectos míticos del martirio en este artículo, mi propósito ha sido demostrar cómo los grupos cumplen sus objetivos de comunicación mediante la manipulación de relatos, y que tales aspectos no reflejan la verdad.

El contexto

A partir de 2003, la cantidad de suicidas con bombas en Iraq ha superado el total combinado de los enviados por Hamas en Israel, Hezbolá en el Líbano y los Tigres de Tamil en Sri Lanka. La gran mayoría de estos ataques fueron contra las fuerzas de seguridad iraquíes y a civiles shiítas, no a las fuerzas de la Coalición. Muchos, si no todos los suicidas con bombas, eran voluntarios pero no de nacionalidad iraquí. Muchos estaban vinculados a redes de la jihad afiliadas a los jihadistas de “segunda generación”, entrenados en Afganistán en los años 90; eran militantes que evadían arresto en su país de procedencia o en otros países anfitriones o eran nuevos reclutas enardecidos por los sufrimientos de los musulmanes en Iraq.

Los insurgentes iraquíes dependen de un conjunto variado de tácticas, de las cuales la más mortífera es el uso de Artefactos Explosivos Improvisados (AEI), y de automóviles cargados de bombas manejados por conductores suicidas. Sin embargo, los insurgentes también intimidan a los “colaboradores”, como ser personas empleadas como intérpretes, traductores y trabajadores con las fuerzas de la Coalición; realizan actos de sabotaje en centrales eléctricas, oleoductos, acueductos y otras instalaciones, y en proyectos de reconstrucción; atacan con lanzacohetes improvisados y morteros las posiciones de la Coalición, y lanzan misiles tierra-aire contra aviones y helicópteros; secuestran a ciudadanos locales y extranjeros, y exigen dinero a cambio de sus rehenes o los asesinan; y cometen atentados suicidas con chalecos repletos de explosivos.

Los insurgentes también realizan ataques contra organizaciones internacionales como las Naciones Unidas, contra organizaciones no gubernamentales como la Cruz Roja y representantes de gobiernos extranjeros. Han realizado atentados contra las embajadas de Jordán y Turquía, y han asesinado a diplomáticos de Argelia, Egipto y Rusia.

Los ataques de los insurgentes contra sus objetivos responden a una lógica estratégica. La violencia expansiva tiene como fin provocar la inseguridad general del público, favorecer la polarización sectaria y producir la caída del sistema económico. Todos estas consecuencias restan legitimidad al nuevo orden, hacen posible que los insurgentes se presenten a sí mismos como los únicos protectores de los sunni, lo que les gana apoyo, y crean un estado en descomposición en el que la autoridad central no tiene un monopolio sobre el uso de las fuerzas de coerción, lo que a su vez hace posible que los yihadistas, con motivos ulteriores a Iraq, establezcan una base de operaciones, reclutamiento y entrenamiento.

Justificación del ataque suicida

Al-Qaeda se ha adjudicado la responsabilidad del 30 por ciento de los ataques suicidas cometidos desde febrero de 2006 en Iraq. Desde octubre de 2006, el estado islámico de Iraq, constituido como organización pantalla de Al-Qaeda en Iraq, ha reclamado la autoría de casi todos los ataques suicidas que allí se han producido.

Abu Dujana al-Ansari, jefe de la Brigada al-Bara Bin Malik de Al-Qaeda (escuadrón de suicidas con bombas), justifica los ataques suicidas contra “el ejército más poderoso y tecnológicamente avanzado de los tiempos modernos” en una película dedicada a Abu Musab al-Zarqawi, el fallecido líder terrorista Según explica Al-Ansari, la creación de la brigada suicida obedece a una anterior directriz de Osama bin Laden, para sembrar terror en el enemigo y de penetrar sus defensas para desmoralizar a sus soldados.

Sin embargo, ¿cómo justifican los ataques contra sus hermanos musulmanes? Los insurgentes en Iraq, y no solo los vinculados a Al-Qaeda, responden que las fuerzas iraquíes de seguridad son una mera extensión de las fuerzas de ocupación. Además, sostiene Al-Qaeda, las milicias shiíta atacan, torturan y asesinan a los sunni, cometen abusos contra ellos y los humillan en los puestos de control, y son espías de las fuerzas de ocupación. Muchas de sus videocintas están dedicadas a este tema. Al justificar los ataques contra funcionarios del gobierno iraquí, los nacionalistas y los insurgentes de la jihad salafi sostienen que se trata de un gobierno ilegítimo—de hecho, un gobierno títere—que llegó al poder con la ayuda de los enemigos y que gobierna sólo porque las fuerzas de la Coalición lo hacen posible, a pesar de que hubo un proceso democrático de elecciones.

El secularismo, el nacionalismo y el shiísmo son presentados como instrumentos de un vil complot dirigido por los “cruzados” y los “sionistas”. Según el planteamiento jihadista, el secularismo divide al mundo en una esfera religiosa y en otra no religiosa, lo que es contrario al Islam porque es una violación de la soberanía de Alá sobre el bien y el mal, y sobre lo permitido y lo prohibido. El nacionalismo fomenta la identificación estrecha con un lenguaje, una tierra y unas fronteras, y no con la unidad general que es la comunidad de los fieles musulmanes. El shiísmo, según continúa su exposición, exalta un credo hereje. En la realidad jihadista, los shiítas son la herramienta más peligrosa contra los verdaderos creyentes porque “aparentan” ser islamistas, pero odian al pueblo de Sunna y aguardan el momento para traicionarlos.

Estas justificaciones ideológicas van dirigidas a un entorno reducido de fieles jihadistas que pueden dudar de las tácticas u objetivos de los insurgentes, sobre todo de los ataques indiscriminados contra hermanos musulmanes. Estos argumentos sumamente controvertidos se formulan para un público musulmán más amplio, y suelen ir acompañados de imágenes vivas y narraciones emotivas para despertar impresiones emotivas en la conciencia moral de los musulmanes, demonizar a los shiítas y a las fuerzas de seguridad iraquíes, e intensificar la sensación de amenaza de los musulmanes en todo el mundo.

Los insurgentes en Iraq no dependen únicamente de la fuerza de su ideología para movilizar apoyo para el martirio. También intentan influir a través de brechas ideológicas y políticas apelando a temas emotivos e íntimos que forman parte de la cultura y el carácter de árabes y musulmanes. Sus narrativas dependen de tres temas: humillación, impotencia debida a una confabulación y redención a través de la fe y el sacrificio.

Humillación

El tema central de los relatos es la humillación en manos de potencias insensibles y arrogantes. Comienzan con las imágenes de la humillación colectiva sufrida en la etapa inicial del combate en Iraq en 2003, que revelan la asimetría del poder y presentan fotografías, con gran carga emotiva, de las mezquitas destruidas, de víctimas ensangrentadas y de allanamientos de moradas. Estas y, sobre todo, las de la prisión de Abu Ghraib personalizan el sufrimiento e intensifican el sentido de impotencia e indignación de muchos musulmanes.

Las imágenes de Iraq se suelen presentar junto a fotos de otros conflictos en el mundo árabe, especialmente de Palestina. El fin es hacer llegar dos mensajes. El primero es que el sufrimiento y la humillación de los musulmanes en todo el mundo no son episodios inconexos, sino un continuo de transgresiones por una “alianza de cruzados-sionistas”. Este mensaje intensifica la sensación de que se vive bajo una amenaza y justifica se adopten medidas extraordinarias para combatir a los que conspiran contra el islamismo.

El segundo mensaje es que Iraq es el campo de batalla más importante donde se libra la guerra contra los enemigos del Islam. La lucha en Iraq es, para todos los efectos, la misma que se libra en Palestina, Chechenia, Casimira, Arabia Saudita y en todas partes de mundo islámico, porque para los jihadistas se trata de un solo combate y no guerras separadas. Al insertar el conflicto en ese marco, los insurgentes pueden pedir a los jihadistas de todas partes a que acudan a Iraq, afirmando que una victoria allí es una victoria en todas las tierras musulmanas.

Los jihadistas dependen mucho del tema de la deshonra de la mujer y de sus sufrimientos a manos de los extranjeros y de las fuerzas de seguridad iraquíes. La historia que cuentan los jihadistas está llena de imágenes de mujeres aterrorizadas por soldados que toman sus hogares por asalto en busca de insurgentes, hay videocintas del cacheo de mujeres, rumores sobre el secuestro o detención de mujeres que son humilladas o algo peor, y relatos de mujeres que son entregadas por las fuerzas iraquíes como rehenes para ser cambiadas por insurgentes buscados. No cabe duda de que se apela al concepto de hombría que impera en la cultura tribal en la que el sharaf (nobleza), `ird (honor) y muruah (caballería u hombría) son de vital importancia. Estas nociones de masculinidad a menudo se juzgan según la celosa protección y control que guarde de la mujer, para evitar el riesgo de que falten a sus vínculos con el hombre y, por lo tanto, no deshonren a toda la familia o a la tribu.

La víctima de un suicida es transportada a un hospital en el norte de Iraq en febrero de 2004.
La víctima de un suicida es transportada a un hospital en el norte de Iraq en febrero de 2004.

Impotencia y confabulación

La historia que los jihadistas presentan tiene como objetivo demostrar la “arrogancia” de las fuerzas de la Coalición y la presunta confabulación de los gobiernos musulmanes. Las videocintas de insurgentes suelen utilizar imágenes del presidente George W. Bush a bordo de un portaaviones de Estados Unidos declarando la victoria sobre Iraq. A ellas siguen escenas de soldados de Estados Unidos marchando en las calles de Iraq o recorriendo los palacios de Saddam Hussein. En algunas ocasiones, se ven imágenes de un soldado estadounidense colocando una bandera americana sobre la estatua de Saddam en Baghdad.

A esas imágenes les siguen en rápida sucesión la de mandatarios árabes—el rey Abdulah en Arabia Saudita, rey Abdalá II en Jordán, Hossni Mubarak en Egipto y los dirigentes iraquíes después de la invasión (Iyad Alawi, Ibrahim al-Jaafari, Jalal Talaban y Abdel Aziz al-Hakim, entre otros) en compañía de funcionarios de la Coalición, el presidente Bush y el primer ministro británico Tony Blair. Esos dirigentes se sonríen y a veces se funden en abrazos. Otras imágenes muestran dirigentes árabes y occidentales en la compañía de líderes israelíes, especialmente una foto de 2004 del presidente Bush que estrecha la mano del ex primer ministro israelí Ariel Sharon en la Casa Blanca durante el levantamiento en Al-Aqsa, conocida como la segunda Intifada (2000-2005).

Las imágenes son importantes por cinco razones:

-Primero, presentan a cualquier persona que trabaje para el gobierno en Iraq como un conspirador con Occidente. Los que son parte de esta confabulación son objetivos legítimos a los que se puede quitar la vida sin atender ningún escrúpulo moral.

-Segundo, al identificar a los dirigentes como “títeres” al servicio de potencias extranjeras, invalidan las críticas por motivos morales dirigidas contra los jihadistas y sus tácticas, pues, ¿quiénes son ellos para desafiar la legitimidad de los insurgentes?

-Tercero, al caracterizar los gobiernos como impotentes se entiende que es necesario que otros musulmanes salgan a la palestra para tomar la lucha. Luego, la jihad se convierte en el deber de cada persona (fard_’ayn) porque los gobiernos existentes han abdicado presuntamente a su obligación de proteger los territorios musulmanes y de ganar su libertad de los infieles.

-Cuarto, al demostrar que los jihadistas no tienen ni el apoyo ni los recursos del gobierno oficial, se justifican sus demandas de medidas extraordinarias y llamamientos al martirio.

-Por último, las imágenes proporcionan un contexto más amplio para la lucha en Iraq, que no se limita a la liberación de un país ocupado por una potencia extranjera. En lugar de ello, lo que se representa es una lucha que reemplazará todos los regímenes “corruptos” y “mercenarios” que gobiernan en todo el mundo islámico con unos de la verdadera fe islámica.

La redención a través de la fe y el sacrificio

El primer acto y el segundo pueden tener un efecto desacreditador si no son seguidos por un tercer acto, que presenta la solución: la salvación y la redención de todos los musulmanes a través de la fe en Alá y el deseo de sacrificarse en el camino de Alá.

Un importante elemento del tercer acto es el aspecto mítico del martirio y los mártires. Al-Qaeda promueve en Iraq la imagen del musulmán heroico dispuesto a hacer el sacrificio máximo para salvar su nación y vengar el sufrimiento personal que se ha infligido sobre musulmanes desvalidos, sobre todo, las mujeres. La propaganda sobre los “mártires” se difunde en las páginas Web islamistas, en videocintas de sacrificios por mártires y por la revista electrónica de Al-Qaeda titulada “Biografías de Mártires Eminentes” (Biographies of Eminent Martyrs).

Estos productos—a menudo de corta duración y de información poco coherente y contenido muy propagandista—revelan cuatro temas, como mínimo, que imparten un carácter mítico al martirio:

-Devoción sincera a la religión

-Disposición a renunciar a bienes personales y vínculos familiares en aras de Alá

-Deseo intenso de llevar a cabo una “operación de martirio”

-Éxito en las operaciones de sacrificio

Devoción sincera con el islamismo: En las videocintas de los insurgentes cunden imágenes de musulmanes piadosos que recitan sus oraciones y claman “Alá es grande” (Allahu Akbar), aun cuando están en medio de realizar una operación, como colocar un artefacto explosivo improvisado. Los suicidas con bombas, en particular, son casi siempre presentados como personas profundamente religiosas. Las biografías a menudo describen con detalle cómo el “mártir” oraba incesantemente, dedicaba su tiempo a la lectura y a la memorización del Corán y cómo trascendió sus obligaciones religiosas realizando actos voluntarios que expresaban su devoción.

El énfasis en la sinceridad en la devoción es importante porque los ataques con explosivos de los suicidas sólo pueden ser considerados como martirio si su autor es un creyente del Islam que lucha por su fe en Alá y muere por él. No se puede esperar una recompensa del martirio si la acción emprendida por una persona (sea hombre o mujer) tiene como móvil otra razón que no sea el amor a Alá y el deseo de seguir su camino. Más importante aún es que los jihadistas salafi están conscientes de que los gobiernos musulmanes intentan presentar un perfil de los jihadistas como personas “desviadas” y equivocadas que conocen poco el Islam y a los que les han lavado el cerebro para llevar a cabo atentados suicidas. Al destacar la religiosidad de los suicidas con bombas, al-Quaida hace un intento por contrarrestar estas afirmaciones.

Disposición a renunciar a bienes personales y vínculos familiares: La propaganda de Al-Qaeda presenta a los “mártires” como personas que han dejado atrás muchas cosas apreciadas por ellos para cumplir una obligación más importante: la jihad y el martirio. Alegan que muchos de los suicidas con bombas provienen de familias adineradas o que han hecho sacrificios personales, como vender sus automóviles, utilizar sus escasos ahorros o buscar fondos para hacer el viaje a Iraq. En muchas biografías se utilizan la poderosa imagen de un padre que abandona a su hijo recién nacido o a un esposo que deja atrás a su mujer para luchar y morir en el camino de Alá.

Estos relatos tienen como propósito infundir ese mismo deseo en otros y establecer unas nuevas exigencias de los devotos de la fe islámica. Lo que se requiere para ser un buen musulmán no es solamente decir sus oraciones regularmente y llevar a cabo sus obligaciones conforme a los ritos. También se debe emprender todo esfuerzo necesario para llegar y morir en la tierra de la yihad, o guerra santa.

Disposición para realizar una “operación de martirio”: En biografía tras biografía se lee que los “mártires” están deseosos de morir en el camino de Alá y se sienten frustrados cuando esta oportunidad se les niega o se demora. Casi todas las imágenes muestran a los suicidas contentos. Por lo general, se les ve despidiéndose sonrientes mientras se dirigen prestos hacia los automóviles cargados de explosivos que conducirán, haciéndose eco del tema del gozo del sacrificio y la garantía de las recompensas que ganarán en el paraíso.

El tema de deseo intenso y del gozo por su sacrificio tiene como fin demostrar que los suicidas no actúan por coerción o porque se les haya lavado el cerebro para llevar a cabo los ataques. Sin embargo, los canales islámicos por satélite transmiten “confesiones” de suicidas que han fracasado en su intento y que dicen no haber sabido que llevarían a cabo una operación suicida, porque otra persona tenía el control del detonador y pensaban que sólo conducirían un camión hasta el objetivo. Según ellos, a algunos les han esposado las manos al volante y otros dicen que se les ha drogado y mostrado material pornográfico para causar excitación por su encuentro con las vírgenes en el jardín de las delicias. Por consiguiente, el tema del deseo intenso de morir tiene como fin contrarrestar estas alegaciones y elevar a los suicidas con bombas a la categoría de fieles y heroicos mártires en control total de su decisión final y de su destino.

Éxito de operaciones de martirio: En las biografías de los mártires es común que se haga hincapié, o mejor dicho, que se exagere el éxito de las misiones suicidas para asegurar a los posibles reclutas que sus sacrificios terrenales no serán en vano. La cantidad de “apostatas” o “cruzados” y “agentes de la CIA” que se alega han sido asesinados en cada una de las operaciones suele ascender a centenares. Se observan repetidas alegaciones de que los suicidas con bombas causaron la muerte de más personas de las que dicen los medios de información que “dependen de las cifras que les proporcionan los estadounidenses”. Es común oír decir que los estadounidenses tiran a sus muertos a ríos, o que los entierran en fosas cavadas apresuradamente para esconder la verdadera cantidad de sus pérdidas. Dado este “éxito”, los biógrafos califican cada operación como una “conquista” (ghazwah), como fue la ghazwit al-Nasiriyah (el ataque a las fuerzas italianas en Nasiriyah que produjo 31 muertes). La palabra ghazwah es una alusión intencionada a las batallas de principios de la historia del Islam, cuando los musulmanes lucharon y ultimadamente triunfaron sobre los infieles.

Comprender sus tácticas

Los aspectos míticos del martirio no bastan para explicar los ataques de suicidas con bombas en Iraq. Sin embargo, la ideología, el contexto religioso y los relatos con fuerte carga emotiva contribuyen a una explicación de cómo los jihadistas invalidan las normas que prohíben a una persona cometer asesinatos y actos de violencia, y hace posible caracterizarlos como agentes de la moral aún cuando sus acciones son inmorales.

La justificación para el asesinato de hermanos musulmanes se apoya en los relatos de contenido afectivo y conmovedor que vinculan el sufrimiento y la humillación de los musulmanes a lo que se presenta como una confabulación de dirigentes musulmanes impotentes, que intentan destruir el Islam y subyugar los territorios musulmanes. Al insertar la lucha en este contexto, los jihadistas hacen que parezca lógico que un grupo “heroico” salga a la palestra, salve el honor de la nación y borre la vergüenza de la humillación al atacar a los que colaboran con el enemigo.

La comprensión de estas tácticas es un paso importante en la lucha contra el terrorismo.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.

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