11 agosto 2008
Activista sirio habla sobre su encarcelamiento y el de otros

Washington – El sacrificio de quienes han estado presos en Siria a causa de sus convicciones, no debe ser en vano ni ser olvidado, dice Ausama Monajed, que fue un prisionero de conciencia.
Monajed habló sobre sus experiencias y las de sus compatriotas en las cárceles de Siria durante una mesa redonda que tuvo lugar el 24 de julio y estuvo organizada por la Misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, en Nueva York.
Los otros presentadores, que representaron a Bielorrusia, Birmania, Cuba, Eritrea y Uzbekistán, fueron todos prisioneros de conciencia, o familiares de personas encarceladas por la expresión pacífica de sus derechos humanos, internacionalmente reconocidos. Todos ellos hablaron en un salón repleto en el que había más de 120 diplomáticos, periodistas y representantes de organizaciones no gubernamentales. (Véase "Comunidad internacional pide libertad de presos de conciencia").
Aunque no hayan recibido mucha publicidad, en Siria hay muchos prisioneros de conciencia, según dijo Monajed.
“No son terroristas, ni extremistas, ni provocadores, ni agentes extranjeros. Son como cualquiera de nosotros en ese salón, gente decente que cree en las mismas cosas en las que creen ustedes: la libertad de expresión, el derecho de elegir el gobierno de uno, un sistema judicial imparcial e independiente y la igualdad ante la ley. Son personas de conciencia que luchan a favor de los derechos humanos, políticos y sociales en Siria. Quieren restaurar el orgullo de Siria y el suyo mismo en tanto que sirios”, dijo.
Monajed compartió los nombres y relatos de los muchos médicos, empresarios, poetas y artistas que han sido sometidos a la tortura y detenidos bajo lo que Monajed calificó de “un régimen sádico”.
“Las Naciones Unidas, como representante de la voluntad de la comunidad internacional, tiene una responsabilidad hacia estos prisioneros, para que no sean olvidados y para no permitir que el régimen que los encarcela siga utilizando estas prácticas represivas sin restricción alguna”, agregó.
La mesa redonda tenía por objeto destacar la Declaración de los Prisioneros de Conciencia, emitida en junio. Dicho documento, copatrocinado por Estados Unidos y otros 63 estados miembros de la ONU, pide un compromiso mundial para liberar a los prisioneros que están encarcelados sólo por expresar pacíficamente sus creencias.
La declaración pretende reforzar los compromisos realizados por los países de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1948. Entre sus 30 artículos la Declaración Universal reconoce que todas las personas tienen derecho a la libertad de pensamiento y a no estar sujetos a la detención ilegal.
LUCHA POR LAS REFORMAS EN SIRIA
Monajed ha sido perseguido, interrogado y arrestado muchas veces debido a sus actividades siendo estudiante universitario en Siria.
Durante su último arresto, por las fuerzas de seguridad de Damasco, en 2004, fue interrogado y torturado durante una semana. Fue arrestado mientras hacia entrevistas y tomaba fotos en zonas rurales pobres de Siria. Su objetivo era demostrar la situación precaria de la gente pobre de la zona, difundiendo sus historias en medios de prensa regionales e internacionales.
Fue solamente cuando Monajed firmó un documento, comprometiéndose a no participar en ninguna actividad política o social, que fue liberado.
Ahora, Monajed se niega a permanecer callado. Se considera afortunado de haber sobrevivido su experiencia en la cárcel y dice que siente que su “deber es informar al mundo de lo que está ocurriendo con aquellos que están aún en prisión y que han elegido plantarse firmemente sabiendo el precio que tendrán que pagar”.
Comentarista frecuente sobre la política siria, Monajed trabaja actualmente en el Consejo Nacional de la Declaración de Damasco, un grupo que aglutina a los principales partidos de la oposición siria, a personalidades distinguidas, intelectuales y reformistas sirios.
Es director de relaciones públicas en el Movimiento para la Justicia y el Desarrollo, que lucha a favor de un cambio pacífico y democrático en Siria, y por la creación de un estado moderno que respete los derechos humanos e impulse el desarrollo económico y social.
“A los regímenes que frenan el crecimiento de la democracia y la sociedad civil y que ante los llamados legítimos del pueblo a favor del cambio siguen respondiendo con represión brutal, no se les debe acoger, sino que se les debe rechazar”, dijo.
“Los prisioneros de conciencia deben ser reconocidos como tales por la comunidad internacional y se les debe dar apoyo y aliento”, dijo.