20 noviembre 2008
Campaña de Dieciséis días de activismo contra la violencia de género
Artículo de Andrea Bottner, directora de la Oficina de Asuntos Internacionales de la Mujer en el Departamento de Estado de Estados Unidos con motivo de la campaña de los “Dieciséis días de activismo contra la violencia de género” se extiende del 15 de noviembre al 10 de diciembre de 2008.
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La paz comienza en el hogar
Por
Andrea Bottner
Directora de la Oficina de Asuntos Internacionales de la Mujer
Departamento de Estado.
La campaña de los “Dieciséis días de activismo contra la violencia de género” se extiende desde el 15 de noviembre al 10 de diciembre de 2008. Las fechas no son accidentales: el 25 de noviembre es el Día Internacional contra la violencia contra la mujer y el 10 de diciembre es el Día Internacional de los Derechos Humanos. Estos 16 días son un puente entre considerar la violencia de género como una “cuestión de la mujer” y considerarlo un problema de derechos humanos que nos afecta a todos.
La mortal discriminación reduce la expectativa de vida de mujeres en todos los países y nos acosa en todos los momentos de la nuestra: desde antes del nacimiento, en el aborto selectivo en función del sexo del feto y el infanticidio; pasando por la mortalidad infantil debido al descuido en la alimentación y los medicamentos; la mutilación genital; los llamados asesinatos de "honor"; las muertes relacionadas con la dote; la trata con fines de explotación sexual; las violaciones; las violaciones y torturas sistemáticas y masivas en las zonas de guerra; la atención insuficiente de la salud materna; y el empobrecimiento de las viudas, actitud sancionada por la sociedad. Tomados en conjunto, en todo el mundo, una de cada tres mujeres experimenta violencia de género en su vida. En algunas regiones del mundo, esa cifra se eleva al 70 por ciento.
En distintas culturas y sociedades, un elemento unifica esta barbarie: la voluntad de deshumanizar a las mujeres.
Estos 16 días afirman los derechos de la mujer en el mundo, no en términos de lo que hacemos para nuestros maridos o familias, sino simplemente en términos de lo que somos: seres humanos que merecen dignidad, y la capacidad de vivir nuestra vida sin violencia ni miedo.
Para demasiadas mujeres, el lugar donde deberíamos sentirnos más seguras es a veces el más peligroso. Las mujeres están en mayor situación de riesgo de sufrir violencia en una relación íntima que en cualquier otro aspecto de nuestras vidas.
La violencia doméstica sucede a puertas cerradas, por lo que es fácil descartarla como una cuestión privada o una tragedia que le incumbe sólo a la familia afectada. Sin embargo, las consecuencias de la violencia en el hogar se extienden hacia fuera y hacia arriba, afectando a comunidades y países enteros. Sólo en Estados Unidos, el costo económico de la violencia en el hogar supera los 5.800 millones de dólares anuales en los servicios de atención de la salud y la pérdida de productividad. Un estudio de 2004 en el Reino Unido que calculó los costos directos e indirectos de la violencia doméstica llegó a una cifra de 23.000 millones de libras esterlinas por año, o 440 libras esterlinas por ciudadano. Independientemente de la sociedad en la que suceda, la violencia doméstica destruye familias. Genera pobreza, desigualdad, inestabilidad, y afecta también a la posición de los gobiernos ante el mundo: la grandeza de los países siempre se mide por la forma en que tratan a sus ciudadanos en mayor situación de riesgo.
La mayoría de los países tiene leyes que tipifican como delito el elemento de asalto en la violencia doméstica, pero, según un estudio de 2006 de las Naciones Unidas, sólo 89 reconocen la especial combinación de brutalidad física y emocional –las circunstancias particulares derivadas de los vínculos personales singulares entre el autor y la víctima – que caracterizan a la violencia en el hogar. Esas leyes se necesitan urgentemente.
Necesitamos la colaboración entre las ONG y los órganos legislativos, de manera que sus conocimientos y experiencia puedan informar las leyes. Y necesitamos recopilaciones de datos más completas, de modo que las políticas puedan ser selectivas y eficaces.
Sin embargo, las leyes y políticas son gestos vacíos sin la aplicación estricta y la observancia. Las agencias de ejecución de la ley deben reconocer que los delitos de violencia doméstica están separados de las categorías de asalto porque sus características son diferentes, y no porque los delitos sean menos graves.
Necesitamos directrices coherentes y capacitación para la policía y los trabajadores sociales. Necesitamos procedimientos en las salas de los tribunales que permiten la privacidad y la confidencialidad de las víctimas, algo tan sencillo como permitir el testimonio en vídeo, o restringir el acceso a las salas de audiencias. Necesitamos ampliar el éxito demostrado de los centros de servicio completo que ofrecen servicios interagenciales de salud y jurídicos para las víctimas.
Pero sobre todo, necesitamos la voluntad política de los gobiernos de adherirse a las reglas y normas internacionales. Necesitamos líderes que insistan -en voz alta, con frecuencia y persistentemente– en que las mujeres tienen igual estima, igual valor y merecen igual protección y respeto.
Dieciséis escasos días no serán suficientes para alcanzar estos objetivos, pero son un comienzo, un buen comienzo si pueden servir de motor que nos impulse a examinar nuestras actitudes y a actuar el resto de los 349 días del año.
Andrea Bottner es directora de la Oficina de Asuntos Internacionales de la Mujer en el Departamento de Estado. Para más información sobre asuntos internacionales de la mujer, visite http://www.state.gov/g/wi/ (en inglés).
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