30 abril 2007

Este artículo pertenece al periódico electrónico de marzo de 2007 “Las vacunas salvan vidas”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.
En los países desarrollados, donde la inmunización rutinaria durante la infancia se ha llevado a cabo durante décadas, algunas enfermedades han desaparecido prácticamente, y se ha borrado el recuerdo de sus consecuencias, que pueden llegar hasta la muerte o la invalidez. En el mundo desarrollado la mayoría de los padres nunca han visto un niño paralizado por la polio o cuyo cerebro haya quedado afectado por el sarampión. Como resultado, el temor de esas enfermedades no los obsesiona como una vez lo hizo.
Al mismo tiempo, relatos ampliamente difundidos acerca de substancias farmacéuticas retiradas de la distribución y episodios de manipulación de fármacos han aumentado la preocupación del público acerca de la seguridad de los productos y la fiabilidad de las recomendaciones que hace la comunidad médica. Ese clima ha contribuido a crear en algunos padres resistencia al régimen de inmunizaciones recomendado por agencias gubernamentales y profesionales médicos. La Internet provee un foro en el que estos temores se ven aún más realzados por la rápida transmisión de información, que en ocasiones es engañosa o inexacta.
Muchas organizaciones gubernamentales, internacionales y profesionales responden a las preocupaciones en torno a las vacunas. Por ejemplo, la Red Nacional de Información sobre la Inmunización (NNii) ofrece a los padres este consejo acerca de las vacunas. La NNii está afiliada a la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de Norteamérica, la Sociedad Pediátrica de Enfermedades Infecciosas, la Academia Norteamericana de Pediatría, la Asociación Norteamericana de Enfermería, la Academia Norteamericana de Médicos de Familia, la Asociación Nacional de Practicantes en Enfermería Pediátrica, el Colegio Norteamericano de Obstetras y Ginecólogos y la Asociación Médica Norteamericana.
Adaptado con autorización, de un artículo de Martin G. Myers y Diego Pineda (2007) Vaccine Misinformation © National Network for Immunization Information (NNii).
La seguridad de las vacunas y la percepción del riesgo
Ninguna vacuna es cien por ciento efectiva, ninguna vacuna es cien por ciento segura. Como ocurre con cualquier fármaco, las vacunas incluyen riesgos y efectos secundarios, aun cuando los efectos secundarios graves son en su mayoría raros. Sin embargo, se espera que las vacunas preventivas tengan una norma de seguridad mucho más alta que los fármacos debido a que:
-- Las vacunas se administran generalmente a muchas personas, la mayoría sanas. Por ejemplo, la gente tolera mucho menos los riesgos derivados de las vacunas contra el virus Haemophilus influenzae tipo b, que los antibióticos usados para tratar las enfermedades que provoca.
-- Muchas vacunas se les aplican a niños en edades en que se reconocen por primera vez problemas de desarrollo y de otros tipos. Que un problema de desarrollo haya sido descubierto hacia la misma época en que se recibieron las inmunizaciones, no significa que unas hayan causado lo otro.
-- Algunas vacunas son obligatorias por ley, para proteger la salud y el bienestar del público. Algunos piensan que esto viola sus derechos civiles.
Las investigaciones demuestran que la gente responde mejor a algunos tipos de riesgo que a otros.
Lo riesgos naturales (tales como las enfermedades infecciosas) son mejor tolerados que los riesgos causados por el hombre (tales como los efectos secundarios de las vacunas). También, los riesgos que afectan a los adultos se toleran mejor que los que afectan a los niños. Los riesgos que se percibe implican beneficios que no están claros pueden tolerarse menos que aquellos cuyos beneficios son comprensibles.
Tomemos, por ejemplo, el sarampión y la vacuna trivalente SPR (sarampión-parotiditis-rubéola). Dado que estas enfermedades ya no son epidémicas en los países desarrollados, algunos padres suponen incorrectamente que el peligro de contraer la enfermedad es menor que el que el que correría su hijo al experimentar una reacción adversa a la vacuna SPR. Concluyen que inmunizar a su hijo puede ser poco beneficioso, de ahí que parezca que no hay razón para correr el riesgo de un evento adverso. Sin embargo, en el 2006 hubo en Estados Unidos un brote de parotiditis, introducido probablemente de la epidemia de Gran Bretaña. Estas infecciones están tan sólo separadas por un vuelo en avión.
La percepción del riesgo depende de las experiencias y conocimientos de la gente. Una persona que experimentó un evento adverso después de vacunarse - o que cree conocer a alguien que lo hizo - percibirá las vacunas como algo con más riesgo en comparación con alguien que no lo ha experimentado. A la inversa, alguien que haya sufrido una enfermedad que puede prevenirse con una vacuna - o un médico que haya tratado esa enfermedad - probablemente abogará a favor de las vacunas.
Aunque las preocupaciones acerca de la seguridad de las vacunas son válidas y necesarias, debemos examinar cuidadosamente cada alegación sobre los riesgos de las inmunizaciones.
-- ¿Se basa la alegación en datos científicos (por ejemplo, estudios amplios y controlados, publicados en periódicos científicos respetados) o en anécdotas (relatos personales de enfermos)?
-- Las alegaciones, ¿se basan en hechos o son opiniones personales?
Falta de información
Cuando hay disponible información actualizada, completa y científicamente válida acerca de las vacunas, los padres pueden tomar decisiones informadas. En ausencia de esta información muchos pueden desarrollar un falso sentido de seguridad y considerar las inmunizaciones como algo sin importancia.
Desafortunadamente, cuando una comunidad cuenta con tasas de inmunización bajas, muchos niños, inclusive algunos que han sido inmunizados, corren peligro de sufrir daño si se introduce en su comunidad una enfermedad sumamente contagiosa, como el sarampión. Al ser los viajes internacionales algo que ocurre a diario, el sarampión puede introducirse desde otro país en cualquier momento, planteando una amenaza a las comunidades con tasas de inmunización bajas. Por ejemplo, en marzo del 2004 los Centros de Estados Unidos para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) publicaron información acerca de un estudiante que volaba desde la India a Cedar Rapids, Iowa, mientras incubaba el sarampión, como así también acerca de casos de sarampión entre niños que habían sido adoptados recientemente en China (véase el informe de los CDC, en inglés, en http://www.cdc.gov/mmwr/preview/mmwrhtml/mm53d319a1.htm).
Al igual que los padres, los científicos y los grupos de revisión científica necesitan datos para evaluar las preocupaciones en torno a la seguridad de las vacunas. La investigación sobre seguridad de las vacunas requiere estudios muy amplios y, a menudo, costosos que pueden no haberse llevado a cabo. De modo que cuando se insinúa una preocupación sobre seguridad de una vacuna, los datos necesarios para apoyar o rechazar la hipótesis pueden no haber sido recopilados aún - de hecho, algunas veces esto puede consumir varios años de investigación. Esto hace que a menudo a los grupos de revisión científica, como el Comité de Seguridad de las Vacunas del Instituto de Medicina (IOM), no tengan datos suficientes para poder evaluar plenamente las preocupaciones sobre seguridad de las vacunas.
Al igual que los padres, los científicos y los grupos de revisión científica necesitan datos para evaluar las preocupaciones en torno a la seguridad de las vacunas. La investigación sobre seguridad de las vacunas requiere estudios muy amplios y, a menudo, costosos que pueden no haberse llevado a cabo. De modo que cuando se insinúa una preocupación sobre seguridad de una vacuna, los datos necesarios para apoyar o rechazar la hipótesis pueden no haber sido recopilados aún - de hecho, algunas veces esto puede consumir varios años de investigación. Esto hace que a menudo a los grupos de revisión científica, como el Comité de Seguridad de las Vacunas del Instituto de Medicina (IOM), no tengan datos suficientes para poder evaluar plenamente las preocupaciones sobre seguridad de las vacunas.
Otro ejemplo de falta de información surgió de un caso que concernía a la hipótesis de que el uso de timerosal, una sustancia que contiene mercurio y se usa para preservar las vacunas, causaba autismo. Esta idea fue sugerida por primera vez en 1999, y la controversia resultante demostró el dilema de los datos insuficientes. En 2001, cuando el Comité de Revisión de Seguridad de las Vacunas, del Instituto de Medicina, examinó por primera vez el tema, declaró que las pruebas disponibles eran inadecuadas para tomar una decisión. En otras palabras, faltaba información. Sin embargo, para 2004 ya había disponible mucha mayor cantidad de datos científicos, y el comité del IOM pudo concluir que los datos indicaban que no había un vínculo entre las vacunas y el autismo.
Información errónea
Algunas preocupaciones acerca de la seguridad de las vacunas persisten a pesar de las pruebas en sentido contrario. Incluso cuando las preocupaciones quedan resueltas para la mayoría de la comunidad científica, las sospechas acerca de la seguridad pueden seguir siendo un tema importante para otros que tienen intereses creados, tales como abogados, periodistas o padres bien intencionados pero mal informados.
A pesar de las pruebas substanciales ahora disponibles que permiten rechazar la hipótesis de que las vacunas causan autismo, hay algunos que siguen sosteniendo que hay una relación causal. Estas alegaciones, que una vez tuvieron su base en la falta de información, entran ahora en la categoría de la información errónea.
Desafortunadamente, la persona mal informada, que tiene una opinión determinada acerca de las vacunas, cuenta con muchas herramientas sofisticadas para diseminar información y crear confusión acerca de la seguridad de las vacunas. La información errónea se presenta de muchos modos y puede recibir amplia publicidad en los medios de información y de otro tipo, lo que causa reducción de los niveles de inmunización y un incremento en el riesgo de enfermedades.
La información errónea acerca de las vacunas se encuentra frecuentemente en la Internet. Por ejemplo, algunos sitios en la red se oponen a la inmunización de bebés y niños pequeños. Expresan una diversidad de alegaciones que carecen en su mayoría del apoyo de los escritos de los científicos que revisan trabajos de otros científicos.
En los sitios de la red, la información errónea tiende a hacer caso omiso de los estudios científicos o bien a distorsionarlos, basándose, en cambio, en anécdotas de contenido emotivo acerca de lo malo que le ocurrió a ciertos niños o que coincidió con la administración de vacunas.
Desafortunadamente para las comunidades, los movimientos contra la vacunación han tenido también un efecto negativo en la salud pública a lo largo de los años. Un estudio publicado en The Lancet en 1998 demostró que los movimientos contra la vacuna contra la tosferina causaron epidemias de esa enfermedad en varios países.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.