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19 junio 2008

Exposición revela relación de amor-odio entre FBI y la prensa

Agencias del gobierno tienen tanto “cooperación como conflictos” con los medios

 
Lista del FBI de los Diez más buscados, ejemplo de colaboración entre el gobierno y la prensa. (Foto Newseum)
Lista del FBI de los Diez más buscados, ejemplo de colaboración entre el gobierno y la prensa. (Foto Newseum)

Washington – Utilizando un arsenal de tácticas tales como filtraciones selectas y represalias contra la cobertura de prensa negativa, el FBI cultivó una relación de “cooperación y conflicto” con los medios de información a medida que evolucionó de ser una organización de lucha contra el crimen al principal brazo de investigación del gobierno de Estados Unidos.

La nueva muestra titulada “Hombres del gobierno y periodistas”, que se expone en el museo de los medios Newseum de Washington, examina la compleja relación entre las agencias del gobierno y la prensa. La dependencia mutua está impulsada por la necesidad del gobierno de promover sus actividades ante el público y la necesidad de la prensa de ofrecer a sus lectores información interesante y objetiva. Pero la desconfianza mutua engendrada por objetivos encontrados acarrea una relación incómoda.

“Ha habido una evolución en la relación entre los medios y el FBI. A veces ha sido una relación de colaboración, otras ha sido extraordinariamente combativa”, dijo al Servicio Noticioso la vicedirectora del Newseum Susan Bennett.

El primer director del FBI, J. Edgar Hoover, dirigió el organismo durante 48 decisivos años en que amplió sus responsabilidades de los años treinta en que luchaba contra la delincuencia organizada, al contraespionaje durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, y a polémicas actividades de vigilancia de líderes estadounidenses de los derechos civiles y contra la guerra en los años sesenta y setenta.

“J. Edgar Hoover dominó la manipulación de la prensa”, dijo Bennett. “Le encantaba filtrar a la prensa historias que favoreciesen al FBI y que sin duda contribuyeron al principio a resaltar la imagen del organismo como luchador contra la delincuencia. También castigaba a la gente de la prensa” que escribía historias que no le gustaban.

La famosa lista del FBI de los Diez más buscados comenzó en el año 1949 a partir de una pregunta que plantearon los medios, cuando el periodista James F. Donovan, del International News Service, preguntó a un portavoz del organismo: “¿Quienes son los diez tipos más duros que buscan ustedes?” El artículo posterior que se publicó en la primera plana del Washington Daily News tuvo tal éxito que el FBI hasta el día de hoy publica periódicamente la lista como una herramienta para capturar fugitivos.

No obstante, los periodistas que criticaron a Hoover y al organismo que encabezaba se ganaron el apodo de “chacales”. A quien se le tildara de cachal, explicó Bennett, “no se le concedía acceso a las entrevistas o, en algunos casos, algunos hasta llegaron a ser objeto de investigaciones... se interceptaba su correo, se intervenían sus teléfonos”.

La exposición resalta el caso de William Beecher, un periodista del diario The New York Times que escribió sobre las entonces secretas campañas de bombardeo de Estados Unidos contra Camboya durante la administración de Nixon a principios de los años setenta. Beecher le dio al Newseum el memorando firmado por el fiscal general John Mitchell, con fecha de 1970, que autorizaba una operación para intervenir teléfonos.

Patty Rhule, gestora de proyectos para la exposición, le enseño al Servicio Noticioso un correo electrónico de Beecher, que decía:

El escritorio del director del FBI J. Edgar Hoover, considerado un experto en la manipulación de los medios. (Foto Newseum)
El escritorio del director del FBI J. Edgar Hoover, considerado un experto en la manipulación de los medios. (Foto Newseum)

“Con la finalidad de intervenir los teléfonos de mi casa y mi oficina, el FBI tuvo que intervenir, por vez primera, toda la centralita de la oficina en Washington del New York Times. Esa era la única forma en que podían intervenir las llamadas que me llegaban a la oficina. Y fue una medida descarada, a petición de Hoover y autorizada por Mitchell”, escribió.

Los líderes de los derechos civiles Martin Luther King, Jr. y activistas contra la guerra, como John Lennon, también fueron objeto de las actividades de vigilancia interna del FBI. Pero, según Bennett, las tácticas que empleó Hoover “se suavizaron” después de que periodistas hicieran públicas estas investigaciones.

LOS DILEMAS ÉTICOS DE UNA PRENSA RESPONSABLE

Junto con la circulación de la lista de los Diez más buscados del FBI, los medios y el FBI encontraron otras maneras de colaborar contra el crimen. La exposición del Newseum resalta el secuestro y posterior asesinato en 1932 del hijo del famoso aviador Charles Lindbergh y la manera en que anuncios clasificados publicados en la prensa fueron utilizados para pasar mensajes entre los secuestradores y los organismos del orden público.

En Estados Unidos, los medios de información siguen teniendo conflictos con el dilema ético de circular mensajes de criminales y asesinos, incluso si semejante publicidad puede llevar a su captura.

En 1995, Ted Kaczynski, conocido como el “Unabomber”, debido a su campaña de dos décadas de plantar bombas en universidades, aviones y otros objetivos, envió una carta al New York Times en la que prometía “desistir del terrorismo” si publicaban su manifiesto contra la tecnología.

El FBI pidió a importantes periódicos estadounidenses que accedieran a la petición, con la esperanza de que el manifiesto pudiera ayudar a identificar al asesino.

“Eso generó gran debate entre los periódicos en cuanto a si era lo correcto, es decir, ceder a las exigencias de un loco que coloca bombas”, dijo Bennett, “y al final, lo hicieron, y al final, esa acción derivó en su captura, porque su hermano reconoció algunas de las frases en el documento y llamó a las autoridades, lo que llevó a su arresto”.

Sin embargo, al mismo tiempo, muchos medio son reacios a transmitir declaraciones de figuras terroristas como Osama bin Laden, o vídeos como la decapitación de víctimas de secuestros.

“Es un auténtico dilema ético para los medios, tanto en este país como en otros. Porque, ¿en qué punto paras de informar al públicos sobre cuestiones que conoces, dada tu posición, debido a que son poco apropiadas o porque superan las normas habituales de sensibilidad?”, preguntó Bennett. “Los medios, así como los agentes de aplicación de la ley, tienen que ser juiciosos en casos como este”.

Para más información véase “Inauguran en Washington museo dedicado a la actividad de la prensa”.

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