16 septiembre 2008

Niños panameños se benefician con visita de buque hospital de Estados Unidos

Entrevista con David Shelby

 
Un doctor traslada a una paciente que acaba de sufrir una operación a bordo del buque hospital Comfort de la Armada de los EE.UU.
Un doctor traslada a una paciente que acaba de sufrir una operación a bordo del buque hospital Comfort de la Armada de EE.UU.

Colón, Panamá — Yukeicha Newell sabía exactamente qué quería hacer cuando terminar sus estudios. Su sueño era abrir un salón de belleza. Pero durante dos años esta niña panameña de 15 años se había sentido todo, menos bella debido a un enorme quiste que le apareció en el cuello, que era motivo permanente de vergüenza y de burlas.

La madre de Yukeicha la llevó a varios médicos locales, pero ninguno disponía de los medios necesarios para extirpar el quiste. Además, temían que la delicada operación pudiera dañar permanentemente la voz de la niña.

Cuando uno de los médicos que atendían a Yukeicha se enteró que el buque hospital de Estados Unidos Comfort tenía prevista una escala en el puerto de Colón, en Panamá, le recomendó a la niña que visitara a los cirujanos del buque para ver si ellos podían hacer algo por ella. Una breve estancia en el quirófano del buque le cambió el aspecto físico a Yukeicha y le dio la oportunidad de tener una vida más normal.

El Comfort llevó a bordo a más de 500 profesionales médicos, en una gira de cuatro meses por 12 países de América Latina y el Caribe, con la misión de prestar servicios de atención básica de salud, realizar operaciones quirúrgicas menores, rehabilitaciones clínicas, reparar equipos médicos y dar formación médica de los trabajadores locales del sector de atención de salud.

De los miles de exámenes físicos y dentales efectuados por el personal del buque en Colón, un puñado resultaron ser casos que, de no haberse detectado a tiempo, habrían puesto en peligro la vida de los pacientes y, como dijo el comandante del cuerpo médico del buque, Bruce Boynton, incluso un absceso en un diente puede causar la muerte si no se lo trata. Otros muchos exámenes sirvieron sólo para aliviar ligeros dolores y achaques. No obstante, algunos remedios proporcionados por el Comfort cambiaron radicalmente la vida de muchas personas.

Diane Speranza, una de las enfermeras voluntarias a bordo del buque, miembro de la organización no gubernamental Project Hope, se encarga de la selección de pacientes en las clínicas comunitarias establecidas por el personal del buque en cada puerto al que arriban. En una entrevista relató el caso de una mujer que llegó a la clínica de Colón con un enorme quiste sebáceo sobre un ojo. Normalmente, un caso como ése se habría remitido al quirófano del buque para una operación, pero para entonces, el programa del quirófano ya estaba cubierto.

En un puerto de Nicaragua, un residente local (dcha.) recibe un par de gafas a bordo del buque hospital Comfort de la Armada de EE.UU.
En un puerto de Nicaragua, un residente local (dcha.) recibe un par de gafas a bordo del buque hospital Comfort de la Armada de EE.UU.

No obstante, un cirujano voluntario de la clínica no estaba dispuesto a dejar marchar a la mujer sin prestarle ayuda. Armado de un par de guantes estériles y un bisturí, colocó unos pañales desechables a modo de enguatado alrededor del punto de incisión y extirpó el quiste.

Speranza dijo que, cuando después de la operación, el equipo médico dio un espejo a la mujer, ésta estaba sorprendida de su aspecto sin la enorme protuberancia sobre el ojo. “Se sentía tan feliz. Esta operación va a tener un efecto duradero en su vida”, afirmó Speranza. “Cambia su aspecto, Le hace sentirse más segura de sí misma”.

Añadió que la iniciativa del cirujano demuestra que no hace falta disponer de quirófanos costosos para cambiar vidas. “Querer es poder”, dijo.

Mark Andrews, del Cuerpo de Sanidad de la Marina, trabaja como óptico en las clínicas comunitarias del Comfort. Nos habla de un joven que llegó a la clínica con un caso grave de cataratas que le había dejado totalmente ciego de un ojo y sólo le permitía distinguir una claridad borrosa con el otro. Después de una operación a bordo del buque, el joven recuperó la vista, y pudo reanudar una vida enteramente normal.

Aunque la transformación de la vida de ese joven fue espectacular, a Andrews también le llena de satisfacción el hecho de poder influir en menor grado en la vida de otros. Durante los cinco días que permanecieron en Colón, Andrews y su grupo proporcionaron gafas a centenares de niños. Asegura que para él es una gran satisfacción saber que estas gafas permitirán a los niños leer libros y lo que se escriba en las pizarras en la escuela durante los próximos 10 años.

Dijo que la sonrisa de los niños cuando ven claramente por primera vez el rostro de sus padres hace que su trabajo valga la pena.

“Esas expresiones son la mejor gratificación en mi trabajo”, aseguró. “Recibo diez veces más de lo que doy”.

Después de atravesar el Canal de Panamá, el Comfort se dirigió a Nicaragua, donde se repite el ejercicio. Andrews, Speranza y el resto del personal médico del buque esperan ilusionados ver cuántas vidas más pueden mejorar con una simple operación o un par de gafas.

David Shelby es director de Democracia y asuntos mundiales, de la Oficina de Programas de Información Internacional. Este artículo se publicó originalmente en usinfo.state.gov.

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