16 septiembre 2008
Steven Radelet

La ayuda exterior estadounidense se presenta en muchas formas, que incluyen el dinero en efectivo, los productos básicos y la pericia técnica, y a través de fuentes e iniciativas públicas, cuasi públicas y privadas. Steven Radelet es asociado principal en el Centro para el Desarrollo Mundial, donde trabaja en cuestiones relacionadas con la ayuda exterior, la deuda de los países en desarrollo, el crecimiento económico y el comercio entre países ricos y pobres. Fue vicesecretario adjunto en el Departamento de Hacienda de Estados Unidos para Africa, el Medio Oriente y Asia desde enero del 2000 hasta junio del 2002.
La ayuda exterior estadounidense, tal como la conocemos hoy, remonta sus raíces al Plan Marshall, luego de la Segunda Guerra Mundial, y a la fundación del Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo, hoy parte del Grupo del Banco Mundial. Estos dos esfuerzos fueron fundamentales para reconstruir Europa y establecer los cimientos de la paz, la prosperidad y la libertad luego de la Segunda Guerra Mundial.
Los objetivos y técnicas de los programas de ayuda exterior estadounidense se han ampliado substancialmente desde aquella época. Los programas de hoy sostienen actividades diversas en áreas de importancia vital, entre ellas la agricultura, la salud, la educación, la infraestructura, la prevención y tratamiento del VIH/SIDA, la democracia, la gobernabilidad, los programas de voluntariado y la ayuda humanitaria en las emergencias. En el 2006, el gobierno de Estados Unidos suministró más de 26.000 millones de dólares en ayuda exterior a unos 120 países y territorios de todo el mundo.
La ayuda exterior estadounidense se presenta en muchas formas, inclusive el apoyo en dinero efectivo, en productos básicos como alimentos o fármacos, el alivio de la deuda y la pericia técnica. Pero el gobierno de Estados Unidos es sólo una parte de la historia. El pueblo de Estados Unidos ofrece todavía más a través de entidades caritativas privadas, fundaciones, organizaciones de base religiosa e iniciativas individuales.
Una característica distintiva de la ayuda exterior estadounidense es que apoya no sólo a gobiernos, sino también a agencias no gubernamentales, organizaciones de base religiosa, grupos de defensa de causas, instituciones de investigación y empresas y empresarios privados en pequeña escala. Este amplio esfuerzo refleja la creencia de la mayoría de los estadounidenses en que el progreso social depende no sólo de los esfuerzos del gobierno o del sector privado, sino también de las iniciativas conjuntas entre el sector público, las empresas privadas, los grupos sin fines de lucro y las iniciativas individuales. En el mundo entero no es insólito encontrar agencias estadounidenses que apoyan organizaciones de investigación económica, grupos basados en la religión que administran escuelas o clínicas, iniciativas de microfinanciación que ayudan a los pequeños empresarios, universidades e instituciones de adiestramiento; y organizaciones no gubernamentales involucradas en campañas de concienciación ambiental y derechos humanos.
Programas de ayuda del gobierno de Estados Unidos
La mayoría de la gente asocia la ayuda exterior estadounidense primordialmente con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Establecida en 1961, la USAID es la mayor y más diversificada agencia de ayuda exterior del gobierno de Estados Unidos. Figuró a la vanguardia de esfuerzos tales como la Revolución Verde, que ayudó a alimentar a millones de personas desarrollando y distribuyendo nuevas variedades de arroz, trigo y otros granos; programas de inmunización; de salud materna; adiestramiento en alfabetización; el desarrollo de la terapia de rehidratación para combatir la diarrea; el microfinanciación, y otros numerosos esfuerzos. Hoy, opera una gama completa de actividades de desarrollo en países de todo el mundo.
Si bien la USAID ocupa el centro de los esfuerzos de ayuda exterior estadounidenses, se unen a ella programas de los Departamentos de Estado, Hacienda, Agricultura, Defensa y Salud y Servicios Sociales; los Centros para el Control de Enfermedades; los Cuerpos de Paz; la Corporación del Reto del Milenio (MCC); la Fundación para el Desarrollo Africano; la Fundación Interamericana, y varias otras organizaciones. Además de estos esfuerzos bilaterales, Estados Unidos figura como el mayor contribuyente — o está entre ellos – a organizaciones multilaterales esenciales tales como el Banco Mundial, las Naciones Unidas, el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Asiático de Desarrollo, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Mundial para Combatir el SIDA, la tuberculosis y la malaria.
En particular, cinco programas sirven de ejemplo del alcance de las iniciativas de ayuda exterior del gobierno de Estados Unidos, más allá de los programas de desarrollo de la USAID: el alivio humanitario, el alivio de la deuda, el Cuerpo de Paz, la Corporación del Reto del Milenio y el Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del SIDA (PEPFAR).
Alivio humanitario: El pueblo estadounidense alcanza su optima expresión al ayudar a otros a responder a emergencias y crisis humanitarias. Como la mayoría de la gente de todo el mundo, los estadounidenses sienten una convicción profunda de tender una mano de ayuda a aquellos que la necesitan. Primordialmente a través de la Oficina de Ayuda Exterior Estadounidense en Casos de Desastre (OFDA) Estados Unidos estuvo entre los primeros para responder a la devastación causada por el huracán Mitch en América Central en 1997. Tropas estadounidenses llegaron rápidamente al escenario de la catástrofe para ofrecer alimentos y suministros de emergencia luego de que un tsunami azotó a Indonesia, Tailandia, Sri Lanka y otros países en diciembre del 2004. De hecho, en cualquier lugar que ocurran terremotos, inundaciones o hambrunas, o cuando surge una crisis de refugiados, el gobierno de Estados Unidos, agencias privadas y organizaciones de base religiosa todos, de manera regular, se colocan a la vanguardia de la respuesta internacional.

Alivio de la Deuda: Desde fines de los 90, el Departamento de Hacienda de Estados Unidos ha ayudado a liderar el movimiento mundial para aliviar a los países más pobres de las deudas, a menudo incapacitantes. En 1997 ocurrió un importante avance cuando Estados Unidos y otros participantes en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones multilaterales acordaron la iniciativa a favor de los Países Pobres Fuertemente Endeudados (HIPC). Si bien la iniciativa HIPC logró un alivio substancial de la deuda, no pidió – al menos inicialmente – un alivio total. Esto comenzó a cambiar a principios del 2000, cuando Estados Unidos se convirtió en el primer país en anunciar que condonaría el 100 por ciento de la deuda de los países de ingresos bajos, que calificaran de acuerdo con los términos de la iniciativa.
El Cuerpo de Paz: Tal vez la rúbrica del programa de ayuda exterior estadounidense es el Cuerpo de Paz. La mayoría de los estadounidenses apoyan el ideal de individuos que trabajan con empeño, se arremangan la camisa e intervienen para ayudar a otros. El Cuerpo e Paz encarna todos esos valores. En los últimos 45 años más de 187.000 estadounidenses ha vivido este ideal sirviendo como voluntarios del Cuerpo de Paz en 139 países. Los voluntarios enseñan en escuelas locales, apoyan campañas de concienciación del VIH, ayudan en actividades de extensión agrícola, ofrecen asesoría empresarial a los pequeños empresarios y ayudan con otras incontables actividades. Para millones de personas en todo el mundo la primera oportunidad para conocer a un estadounidense la ofrece un encuentro con un voluntario del Cuerpo de Paz. Y, lo que es importante, los voluntarios vuelven a Estados Unidos con una apreciación y comprensión mucho mayor de la gente que vive en el mundo, y gustosamente comparten sus experiencias con otros estadounidenses.
MCC: Uno de los programas más recientes de ayuda exterior del gobierno de Estados Unidos es la Cuenta del Reto del Milenio (MCA). Establecida en el 2004, la MCA se pone en práctica a través de una nueva agencia, la Corporación del Reto del Milenio, que trabaja de modo diferente de la mayoría de los otros programas de ayuda. La MCA se basa en la idea de que la ayuda gubernamental funciona mejor cuando apoya a países bien gobernados que se han comprometido a seguir políticas efectivas para combatir la pobreza y acelerar el desarrollo. En consecuencia, la MCC selecciona países que reciben ayuda basada en su probado compromiso con el buen gobierno, la lucha contra la corrupción, la inversión en servicios de salud y educación y el establecimiento de políticas económicas sensatas. Una vez que los países beneficiarios han sido seleccionados, la MCC sitúa a estos países en el puesto de control, dándoles la flexibilidad y la responsabilidad de identificar sus principales prioridades y designar y poner en acción programas que se acomoden a sus necesidades. Hasta ahora, muchos países se han concentrado en redes viales y otros proyectos de infraestructura, agricultura y desarrollo rural. Los programas se diseñan para estimular la actividad económica, atraer inversión nueva y crear empleos y, de este modo, acelerar a su vez el ritmo del progreso económico y reducir la pobreza. Hasta hoy, la MCC ha designado a 25 países como elegibles para participar en sus programas principales y ha firmado tratados con otros 14. Ha acordado también programas de “umbral” con otros 15 países que todavía no han satisfecho las normas de elegibilidad de la MCC, pero están a punto de hacerlo.
PEPFAR: En los últimos años, Estados Unidos se ha convertido en el líder mundial en la lucha contra el VIH/SIDA en el mundo entero, principalmente a través del Plan Presidencial de Emergencia para el Alivio del SIDA (PEPFAR), y mediante sus contribuciones al Fondo Mundial para Combatir el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Establecido en 2003, el PEPFAR provee ayuda significativa a 15 países focales, principalmente del África al sur del Sahara, y tiene otros programas en docenas adicionales de países. En sus primeros cuatro años, los programas del PEPFAR han ayudado a prolongar las vidas de más de 1.100.000 personas mediante el tratamiento antirretroviral, impidió más de 100.000 infecciones infantiles al prevenir el contagio de madre a hijo, y atendió a más de 4 millones de personas afectadas por la epidemia. Ha financiado también actividades de prevención que llegan a unos 60 millones de personas y ofrecen apoyo a más de 18 millones de sesiones de consejo y examen. En unión a estos programas bilaterales, Estados Unidos ha contribuido alrededor del 30 por ciento del financiamiento del Fondo Mundial, que se ha convertido en el contribuyente líder a los programas que combaten la malaria y la tuberculosis, y el segundo proveedor de fondos para los programas contra el VIH en todo el mundo. Desafortunadamente, la epidemia VIH sigue expandiéndose, pero en los últimos años Estados Unidos ha encabezado la carga para tratar de combatir la enfermedad.
Participación del sector privado
Más allá y por encima de estas contribuciones del gobierno de Estados Unidos, los grupos caritativos estadounidenses, las organizaciones de base religiosa y los individuos poseen un largo historial de ofrecer apoyo y ayuda a organizaciones de todo el mundo. Muchos estadounidenses se sienten más cómodos al canalizar su ayuda a través de agencias privadas, fundaciones e iglesias, los Servicios Católicos de Socorro, Visión Mundial, CARE, la Cruz Roja de Estados Unidos, Salvemos a los Niños, Oxfam América y muchas organizaciones similares han trabajado durante decenios para ayudar a los esfuerzos de desarrollo en todo el mundo. Para dar sólo un ejemplo, Rotary Internacional, con apoyo de sus miembros en Estados Unidos y en el mundo, ha encabezado la carga para erradicar la poliomielitis.
El último decenio ha sido testigo de contribuciones significativas de varias fundaciones privadas nuevas e innovadoras. Las fundaciones estadounidenses han combatido la pobreza durante muchos años – en los decenios de 1950 y 1960 las fundaciones Ford y Rockefeller se contaron entre las principales organizaciones de ayuda en el mundo, y hoy siguen ofreciendo apoyo. Pero varias fundaciones nuevas han aparecido en el escenario en años recientes. La mayor, por mucho, es la Fundación Bill y Melinda Gates, que desembolsa cada año más de 1.500 millones de dólares, cantidad superior al monto total de la ayuda exterior provista individualmente por muchos países donantes.
Otras fundaciones nuevas incluyen la William and Flora Hewlett, Omidyar Network, Google.org, la Fundación Nike y Malaria No More. Estas organizaciones ofrecen a las organizaciones y gobiernos que ya trabajan para resolver algunos de los problemas más apremiantes del desarrollo su propio espíritu empresarial, conocimiento técnico práctico e intenso compromiso.
Encarando los hechos
Desde luego que los programas estadounidenses de ayuda exterior no están por encima de la crítica. Muchos comentaristas reconocen que Estados Unidos es el mayor donante individual, pero observan que, como porción del ingreso total, la ayuda estadounidense va a la zaga de la de otros países, incluso después de incluir contribuciones privadas y caritativas. Y los programas del gobierno de Estados Unidos sufren de su porción de demoras burocráticas y altos costos administrativos. Estos temas empiezan a ser atendidos más ampliamente dentro de Estados Unidos, y se han llevado a cabo algunos cambios importantes. Por ejemplo, la ayuda directa del gobierno de Estados Unidos ha aumentado más del 150 por ciento desde 1997. Se han realizado ya algunos esfuerzos para reducir los costos burocráticos, particularmente mediante la MCC, y hay otras reformas en camino.
Hoy hay, en muchos estadounidenses, un sentido renovado de la necesidad urgente de combatir la pobreza, luchar contra las enfermedades endémicas y acelerar el desarrollo en las naciones más pobres. El pueblo estadounidense, en muchos niveles, participa en enfrentar estos retos – a través de su gobierno, las fundaciones privadas y los grupos de base religiosa, así como voluntarios – con la esperanza de combatir la pobreza y la enfermedad y crear para todos un mundo más abierto y más próspero.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente los puntos de vista o políticas del gobierno de Estados Unidos.