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16 septiembre 2008

Filtro para eliminar el arsénico del agua es una esperanza para millones

Jeffrey Thomas

 
El doctor Abul Hussam (izqda.) y un estudiante de postgrado muestran el filtro SONO en la Universidad George Mason
El doctor Abul Hussam (izqda.) y un estudiante de postgrado muestran el filtro SONO. Foto Evan Cantwell, Universidad George Mason.

El ganador de un prestigioso premio de ingeniería quiere asegurarse que las comunidades pobres en todo el mundo se beneficien con su invento, que remueve el arsénico y otras impurezas del agua que se saca de los pozos entubados.

Abul Hussam, profesor de química en la Universidad George Mason, en Virginia, dedicó la mayor parte del millón de dólares que recibió en 2007, como ganador del premio Grainger Chjallenge, para hacer llegar su económico sistema de filtración de agua a los pobres en países como Bangladesh, su país de origen, donde entre 77 y 95 millones de personas toman agua contaminada con arsénico. El resto del dinero del premio lo donó a la universidad o lo reservó para hacer más investigación.

La contaminación con el arsénico es un problema grave en los pozos entubados en Bangladesh, en el oriente de India, Nepal y en varios otros países. El arsénico es venenoso y aún en bajas concentraciones puede causar enfermedades epidérmicas, problemas neurológicos, cáncer, fallas orgánicas y la pérdida de brazos y piernas y puede ser fatal.

Hussam comenzó a trabajar profesionalmente en el problema del arsénico cuando su hermano, que ejerce la medicina en Kushtia, Bangladesh, le pidió que diseñara una técnica para medir los contenidos de arsénico en forma precisa. Como parte de su investigación en la Universidad George Mason, Hussam ideó un analizador electroquímico para crear un protocolo de medida. “La primera muestra que medimos fue tomada en el pozo entubado en mi casa y encontramos entre 160 y 190 partes de arsénico por mil millones [pmm] (50 pmm es el límite). Decidimos idear un filtro para el agua”, explicó.

Hussam descubrió que todo el vecindario en el que creció y el 60 por ciento de los 400.000 residentes de Kushtia tomaban agua contaminada por arsénico. Aunque ni él ni sus hermanos llegaron a tener síntomas de envenenamiento por arsénico, otros en la comunidad sí los tenían.

El filtro de Hussam es sencillo, económico y está hecho con materiales fácilmente disponibles.

El premio Grainer Challege fue establecido por la Academia Nacional de Ingeniería (NAE) con el apoyo de la Fundación Grainger. La NAE invitó a la comunidad de ingenieros estadounidense a idear un sistema de tratamiento del agua que disminuyera significativamente el contenido de arsénico en el agua freática de los pozos entubados en los países en desarrollo. La invitación estipulaba que el sistema ganador debía ser de bajo costo, técnicamente sólido, confiable y sostenible; socialmente aceptable y de precio razonable; de posible fabricación y mantenimiento en los países en desarrollo y que no podía perjudicar otras características de calidad del agua o crear peligro en la eliminación de desechos tóxicos.

El filtro SONO, nombre que le da Hussam, fue uno de los 75 sistemas sometidos. Se le probó en un laboratorio de la Oficina de Protección Ambiental de Estados Unidos y fue analizado por cada uno de los 100 miembros del comité de selección del premio, según el presidente del comité, Charles O’Melia, de la Universidad Johns Hopkins, en Maryland, quien calificó de “innovador” este invento de Husamm.

El filtro SONO funciona sin electricidad y se hace con tres cubos o baldes apilados. El balde superior se llena con arena gruesa de río y una base férrea compuesta, que es el componente activo para eliminar el arsénico. El balde del centro contiene arena gruesa de río y carbón de leña para eliminar las impurezas orgánicas. El balde en la base tiene arena fina de río y pedazos de ladrillo para eliminar las partículas menudas y estabilizar el caudal de agua. El filtro SONO se fabrica en Bangladesh con materia prima local a un costo de entre 35 y 40 dólares; produce 20 litros de agua limpia por hora, requiere poco mantenimiento y tiene una duración de cinco años mínimo. También es “verde”, en cuanto no produce ningún desecho peligroso.

Hussam dice que ha distribuido 32.500 filtros en Bangladesh, cifra que incluye más de 1.000 escuelas. “Estamos comenzando a ver el efecto de tomar agua limpia en los pacientes que se curan de melanosis y queratosis (enfermedades epidérmicas) y la mayoría de la gente se siente mejor”, explica. La gente también está más consciente de la importancia del agua limpia, del agua potable.

“Tenemos planes para distribuir el filtro en India y nepal”, dice Hussam.

La labor de Hussam con respecto a la contaminación por arsénico y su colaboración con otras personas y entidades para crear un laboratorio de investigación ambiental en Bangladesh son un ejemplo de la sinergia que puede existir entre las instituciones estadounidenses y las de otros países, como resultado de la educación de un solo individuo.

Hussam llegó a Estados Unidos como estudiante ya graduado en 1978, entró a formar parte de la Facultad de Química de la Universidad George Mason luego de haber completado su doctorado en la Universidad de Pittsburg en Pensilvania y realizado investigación de postgrado en la Universidad de Minnesota. “Desde 1963 he estado en comunicación con mi hermano médico, que trataba de establecer un laboratorio de diagnóstico clínico en mi pueblo, Kushtia. Yo también estaba ayudando a mis profesores en la Universidad de Dhaka a establecer un laboratorio electroquímico y dictaba conferencias en diferentes instituciones”, comentó.

“La experiencia en Estados Unidos fue de un valor inmenso”, continuó Hussam, que tiene ciudadanía estadounidense. “Debo decir que he tenido colegas excelentes aquí y en el exterior dispuestos a escuchar y ayudar”. .

Jeffrey Thomas es redactor de la Oficina de Programas de Información Internacional. Originalmente este artículo se publicó en usinfo.state.gov

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