03 agosto 2009
Gobiernos e industrias en alerta pueden prepararse para efectos perjudiciales de El Niño

Este es el segundo de una serie de artículos sobre el fenómeno climático de El Niño y sus efectos en el clima mundial y condiciones oceánicas.
Washington — A medida que el reciente fenómeno de El Niño 2009-2010 calienta las aguas del centro y del este tropical del Pacífico, debilita los vientos alisios y modifica los patrones tropicales de precipitación, algunas regiones que son más vulnerables a este fenómeno climático llevan a cabo algo que sólo hasta hace poco fue posible. Nos estamos preparando para esto.
La Administración Nacional de Asuntos Oceanográficos y Atmosféricos (NOAA) anunció el 9 de julio la llegada de El Niño, al citar observaciones realizadas por científicos de su Centro Nacional de Servicio Climático y Predicciones Meteorológicas de que mediciones semanales de temperatura en la superficie del océano en la zona este del Pacífico ecuatorial, eran de por lo menos 1,0 grados centígrados por encima del promedio habitual a finales de junio.
“Esas temperaturas cálidas alcanzaron el límite de lo que definimos como El Niño”, dijo Gerry Bell, principal meteorólogo para la temporada de huracanes de la NOAA, a America.gov.
El fenómeno de El Niño ocurre de cada dos a cinco años y dura aproximadamente 12 meses. Con frecuencia se intensifica entre julio y septiembre y alcanza su punto de mayor intensidad en el Hemisferio Norte a principios del invierno. (Véase Fenómeno climático El Niño comienza a influir en el clima mundial y los océanos)
PRONÓSTICO DE EL NIÑO
La capacidad para pronosticar a El Niño, y a su contraparte de agua fría llamada La Niña, es un logro científico relativamente reciente.
“A principios de la década de 1980, ocurrió un intenso fenómeno, El Niño de 1982-1983. Muchos científicos se preguntaban si el fenómeno en realidad estaba en proceso, aún cuando este era muy intenso”, explicó Bell. “No contábamos con la capacidad de vigilancia y la herramientas que tenemos actualmente: satélites, buques y boyas. Todas estas cosas nos ayudan a medir no sólo las temperaturas oceánicas, sino también los patrones climáticos correspondientes”.
El conocimiento científico de El Niño ha crecido enormemente desde finales de la década de 1980, pero en especial desde cerca de 1995.
“En 1997, cuando ocurría un fenómeno de El Niño que era muy intenso”, agregó Bell, “observamos que se desarrollaba en junio y ya estábamos haciendo los pronósticos para el siguiente invierno. Eso fue algo muy revolucionario en esa época — el poder pronosticar algo con tanta confianza y mucha anticipación”.
La variabilidad climática que acompaña a El Niño y el cambio climático que empieza a ocasionar en todo el mundo puede causar inundaciones súbitas, sequías y tormentas tropicales. Tales condiciones climáticas pueden causar grandes pérdidas a la economía de un país si una parte importante de su actividad económica depende del clima y el tiempo.
Sin embargo los científicos ahora pueden alertar a algunas poblaciones vulnerables de un inminente fenómeno de El Niño con varios meses de anticipación, y darles el tiempo para tratar de mitigar sus peores efectos.
“La ciencia climática moderna nos permite dar alerta a industrias, gobiernos y administradores de servicios de control de emergencias sobre las condiciones climáticas que El Niño pudiera causar”, dijo Jane Lubchenco, administradora de la NOAA, en una declaración realizada el 9 de julio, “de manera que esto se pueda tener en cuenta a la hora de tomar decisiones y, en última instancia proteger la vida”.
EMBALSE DE ANGAT
Cuando se presenta un fenómeno de El Niño, gran parte de las Filipinas, un país del sureste asiático en el oeste del Océano Pacífico, experimenta periodos de sequía que son desde moderados hasta severos y que pueden durar por una temporada o más. Esto tiene repercusión en el Embalse de Angat, que proporciona casi el 100 por cien del suministro de agua para los once millones de habitantes de la zona metropolitana de Manila, irrigación para 30.000 hectáreas de arroz y 248 megavatios de energía hidráulica para la isla de Luzón.
Desde 2003, con financiación de la NOAA y de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), científicos del Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) han colaborado con agencias del gobierno filipino, el servicio meteorológico y el Consejo Nacional de Recursos Hidráulicos para utilizar información climática de vanguardia tal como los pronósticos por temporada de flujo de agua que entra al embalse para controlar los efectos de la variabilidad climática.
El IRI se estableció en 1996 con financiación de la NOAA y forma parte del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia en Nueva York.
Trabajando juntos, el IRI y meteorólogos de la Administración Filipina de Servicios Atmosféricos, Geofísicos y Astronómicos, han logrado avances en la predicción de la llegada de la temporada de monzones de verano.
El personal del servicio meteorológico ha recibido capacitación en modelos climáticos regionales y aprendió a usar una herramienta de predicción climática del IRI, para pronosticar la afluencia de agua hacia el Angat con base a modelos climáticos mundiales.
“Este proyecto requirió de una participación importante con las instituciones utilizando información para pronósticos”, dijo la directora adjunta de Personal del IRI, Esther Conrad, a America.gov a través de un correo electrónico enviado el 20 de julio, “lo que resultó en herramientas con las que se ha capacitado a los administradores del Angat y que están listos para usar”.
Con el Consejo Nacional de Recursos Hidráulicos, el IRI desarrolló un modelo del embalse que integra predicciones climáticas por temporada con el proceso de gestión de decisiones del embalse junto con una interfaz digital que permite a los usuarios visualizar curvas de probabilidad relacionadas con diferentes escenarios de disponibilidad de agua.
“Es algo que nos proporciona la capacidad técnica o conocimiento científico para decir: estamos bajo un fenómeno de El Niño y es probable que vaya a afectar el clima o la precipitación de la temporada en estas zonas del mundo”, declaró a America.gov Bradfield Lyon, científico de investigación climática del IRI e integrante del equipo Angat. “Es excelente que los científicos lo sepan, pero si las personas tienen conocimiento de eso también, pueden tomar medidas de prevención para mitigar las consecuencias”.
Lyon indicó que el IRI planea compartir con otros países la experiencia adquirida en las Filipinas.
Para más información (en inglés), véase la página web de El Niño de la NOAA así como la página de información del ENSO en el IRI.