13 abril 2009
Entrevista con Matthew H. Brown y David Fridley
Este artículo pertenece al periódico electrónico de abril de 2009 “El uso eficiente de la energía”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.
La eficiencia energética parece un objetivo evidente. Por supuesto, todo el mundo desea utilizar la energía de manera eficiente. Pero cuando nos ponemos a analizar las múltiples formas en que la energía forma parte de nuestra estructura social y económica, y consideramos el costo frente al beneficio de obtener más productividad de cada dólar gastado en energía, nos damos cuenta de lo complicada que llega a ser la búsqueda de la eficiencia. Siempre se ha prestado más atención a la eficiencia energética cuando los precios son altos, y menos cuando los precios bajan.
El comercio y la industria así como los gobiernos nacionales, estatales y locales se enfrentan a este reto de muy diversas formas. Charlene Porter, editora gerente del eJournal USA, ha hablado con dos expertos que han seguido atentamente los resultados de una serie de políticas emprendidas por las autoridades públicas y las empresas para lograr la eficiencia energética de sus operaciones en Estados Unidos y otros países.
Radicado en Centennial, Colorado, Matthew H. Brown es socio de la firma de consultoría ConoverBrown, que asesora a gobiernos estatales, locales e internacionales en cuestiones relacionadas con la energía.
David Fridley es científico de la División de Tecnología de la Energía Ambiental del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley de San Francisco. También trabaja con el China Energy Group, que ayuda a China a lograr un desarrollo sostenible a través de la eficiencia energética.
Pregunta: La eficiencia energética ha sido un tema de debate público desde hace décadas. Aunque tal vez parezca simple, ¿existe un medio único, bien definido, de lograr la eficiencia energética?
Brown: No existe una varita mágica ni un método que por sí solo pueda lograr la eficiencia energética. La eficiencia energética se logra gracias a una combinación de políticas gubernamentales e iniciativas del sector privado, mediante programas y estándares voluntarios, mediante códigos obligatorios, mediante mecanismos financieros para apoyarlo. Es una combinación inteligente de estos elementos lo que finalmente conduce a algo que es más eficiente.
P: David Fridley ¿cómo se ve esta cuestión en el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley? ¿Han encontrado ustedes, los científicos, una vía directa para alcanzar la eficiencia energética?
Fridley: Alcanzar la eficiencia energética es difícil. Cada uno de nosotros exige algún tipo de servicio de la energía. Puede ser luz para leer, calor para hacer más cómodos nuestros hogares o locomoción y transporte. En realidad, el concepto de eficiencia energética es cómo obtener más ventajas de los servicios que nos prestan con menos energía. Ahí es donde está el problema. A veces es un arreglo de la tecnología; otras un cambio de comportamiento. Todas estas cosas tienen un doble resultado. En lo que se refiere a la sociedad, el propósito de la eficiencia energética es ahorrar energía. Si ahorramos energía, reducimos las emisiones y, con ello, algunas de las consecuencias ambientales de haber producido esa energía.
Para usted y para mí, en cuanto consumidores, la consecuencia de la eficiencia energética es ahorrar dinero. Esto entraña dos motivaciones distintas. Si la eficiencia energética le ahorra a usted dinero, ¿por qué no la adopta automáticamente todo el mundo? Es una combinación de falta de entendimiento, incentivos en pugna, o “fallos del mercado” — para usar el término general por el que los conocemos – que tenemos que abordar mediante los procedimientos, políticas y tecnologías que ha mencionado Matthew.
Q: Matthew, usted ha trabajado en esta cuestión en muchas jurisdicciones, en gobiernos estatales, locales y nacionales en dos continentes distintos. ¿Ve usted algunas predisposiciones culturales que pudieran complicar, o tal vez facilitar, la adopción de un plan para el logro de la eficiencia energética?
Brown: Todo el mundo se está debatiendo con los mismos factores básicos que ha mencionado David, pero, sí, existen absolutamente predisposiciones culturales en esta esfera de política. Cuando yo estaba trabajando en el Organismo Internacional de Energía, en París, como consultor durante un par de años, me familiaricé con algunos programas japoneses de conservación que reflejaban la importancia de “salvar las apariencias” en la cultura japonesa. Los programas, conocidos por el nombre de Top Runner, se basaban fundamentalmente en la idea de que si una empresa no cumple los objetivos y compromisos del programa de una iniciativa de eficiencia energética, se publica que ha fracasado.
P: ¿Se expone una empresa como fracaso público?
Brown: Sí, por tanto, si bien los estándares son voluntarios, existe un fuerte incentivo de cumplirlos.
Pero, ¿sería ese mismo tipo de castigo tan eficaz en América del Norte o América del Sur? ¿O en Europa? Probablemente no tendría el mismo efecto. Cuando se trata de idear cosas tales como castigos e incentivos, creo que se acaba con programas muy distintos. En los últimos diez años más o menos, Estados Unidos ha tendido a depender de incentivos financieros y mantenerse al margen de códigos o mandatos. Creo que es más característico de Estados Unidos, a diferencia de una serie de países europeos, que han podido depender más eficazmente de mandatos, estándares y códigos.
Q: David, ¿Cómo ve usted la inclusión de las normas culturales de China en la ejecución de sus políticas de eficiencia?
Fridley: Existen claras diferencias culturales en los programas de eficiencia energética. En Estados Unidos, dependemos mucho del autocontrol para el cumplimiento de normas mínimas obligatorias de eficiencia, por ejemplo en los aparatos eléctricos. Esto se debe a que tenemos una cultura en la que las empresas siempre están al tanto de lo que sus competidores están haciendo: compran los productos unas de otras, los someten a pruebas para ver cómo funcionan. Si descubren que alguien está haciendo declaraciones falsas, no tienen ningún reparo en denunciarlo a los medios de información o al gobierno. En China, las empresas no tienen la costumbre de denunciar los actos fraudulentos de otra empresa. Por eso, el autocontrol no ha sido un medio eficaz de asegurar el cumplimiento.
Estamos trabajando con el gobierno chino en la elaboración de varias directrices para promover el cumplimiento. Una de ellas depende en alto grado de esta característica cultural de oprobio que ha mencionado Matthew con respecto a los programas Top Runner. Todos los años se están haciendo algunas pruebas al azar de aparatos eléctricos para verificar si cumplen las normas de eficiencia y se publican los nombres de los que no las están cumpliendo.
P: El Programa Energy Star de Estados Unidos otorga la calificación equivalente a “buen ciudadano” a los fabricantes de aparatos eléctricos que fabrican productos eficientes. ¿Cree usted que esto se basa en tendencias culturales?
Fridley: Ese es un ejemplo muy interesante. Yo trabajé durante muchos años en la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. [EPA] en el programa comparable de China de etiquetado de productos eficientes. Uno de sus objetivos era transferir gran parte de los conocimientos y procedimientos del programa de gran éxito Energy Star al programa chino.
Pero aquí es donde entran en juego las diferencias culturales. Energy Star debe su éxito en parte a que está orientado a establecer una comunicación con el consumidor que compra el producto final. La idea es despertar en el consumidor el deseo de escoger el producto que hace uso eficiente de la energía. Ese es el propósito de un programa voluntario. Se tiene que orientar el mensaje al consumidor, promover el programa y trabajar con fabricantes, comerciantes y entidades del sector público. En Estados Unidos ha tenido mucho éxito. En China, no existe una tendencia cultural de complacer al consumidor. Es un país donde el sector fabril domina y lleva la voz cantante en cuanto a lo que se hace. Por tanto, aun cuando han elaborado esta etiqueta voluntaria de eficiencia energética, no ha llegado ni de cerca a tener la importancia de Energy Star, porque no están realmente imitando ese intento de atraerse al consumidor.
China es el taller del mundo y, en vista de la contracción económica, se enfrenta a un enorme exceso de capacidad en prácticamente todos los sectores. De aquí que la competencia sea feroz. A los fabricantes les ha complacido el aval de la etiqueta porque es un medio de distinguirse de los competidores que están produciendo exactamente lo mismo que ellos.
Hace un par de años, teníamos un programa en el que Estados Unidos, Australia y China conjuntamente elaboraron un criterio de eficiencia mínima para suministradores externos de energía, esos aparatos semejantes a pequeños encendedores que cargan el teléfono móvil, computadora portátil y otros aparatos de ese tipo. La industria china es responsable de cerca de la mitad de la producción mundial de estos aparatos. Se trata de un negocio de bajo margen de ganancia, muy competitivo, lo que hace muy deseable la marca de alto grado de eficiencia como medio de distinguirse del resto de los fabricantes y, tal vez, obtener una pequeña ventaja comercial.
P: Hemos mencionado algunos obstáculos culturales a la adaptación de programas de eficiencia energética de un país a otro, pero, Matthew, usted debe de haber encontrado algunos programas donde la adaptación haya tenido más éxito.
Brown: Energy Star es probablemente uno de los programas voluntarios que más éxito han tenido. EPA se ha esforzado por trabajar con otros gobiernos. El otro sería en el sector de etiquetado de edificios. Algunos países europeos han tomado la iniciativa de elaborar programas de etiquetado de edificios. En Estados Unidos la imitación de estos programas ha despertado gran interés. Normalmente, lo que hacen es revelar las características en cuanto a uso de energía de un edificio y también, con bastante frecuencia, el efecto de las emisiones de un edificio determinado.
P: ¿Qué extendidos están estos programas en Europa?
Brown: Se están usando bastante en algunos países de Europa, y se les está prestando mucha atención en Estados Unidos.
Otro concepto que está despertando cierto interés es el de las “etiquetas blancas”. La idea es que las compañías de servicios públicos tienen que reducir sus ventas en un tanto por ciento — por ejemplo, 1 por ciento al año. Para cumplir este requisito, tienen que poseer suficientes etiquetas blancas. Una etiqueta blanca equivale a una cantidad establecida de antemano de ventas de energía reducidas — un megavatio por hora, por ejemplo. Las compañías de servicios públicos pueden comprar esa etiqueta a una compañía que ha reducido su uso de energía en un megavatio por hora y que ha verificado dicha reducción. Este sistema es un mecanismo de cumplimiento, ya que el servicio público tiene que poseer suficientes tarjetas blancas para satisfacer sus requisitos de eficiencia, y una fuente de ingresos para las empresas que han invertido en eficiencia energética. Es un programa que está teniendo cierto éxito en Italia y otros países europeos, y ha despertado algún interés en Estados Unidos. Connecticut es probablemente el estado donde más se ha utilizado este método.
P: Hasta ahora, hemos hablado de programas en los que el principal actor es el gobierno, y en otros la industria es el principal responsable de lograr la eficiencia energética. David, ¿cómo se resuelve está cuestión de dirección en China, con su tradición de economía dirigida?
Fridley: En China se han producido cambios radicales en este aspecto. Lo que realmente caracteriza el cambio es que hace veinte años gran parte de la economía china estaba en manos del Estado. Hoy, la mayor parte de la economía no está en manos del Estado, es de propiedad privada. El gobierno utilizó algunas políticas de una forma muy eficaz en los años ochenta y noventa, como el establecimiento de cuotas de energía, la realización de auditorías de la energía, el establecimiento de centros de servicio de eficiencia energética, la retirada de equipo anticuado, etc. Funcionaron bien en una economía dirigida y controlada donde el gobierno estaba realmente impulsando estas medidas para reducir el uso intensivo de energía de la economía. Pero estas políticas prácticamente desaparecieron y la economía fue cada vez más a parar a manos privadas.
El dilema que se le presenta al gobierno chino en la década del 2000 es hallar políticas favorables al mercado con las que se puedan alcanzar estos mismos objetivos sin depender de medidas de planificación y control. Esto ha conducido a una clase distinta de colaboración entre el gobierno y la empresa. Cerca del 65 por ciento de la energía de China la consume la industria, lo que hace de éste el sector crítico. En Estados Unidos, tendemos a concentrar más la atención en los sectores comercial y residencial, porque la industria se vale por sí misma y representa una parte mucho más pequeña de la economía.
En China la cuestión es cómo introducir una política de eficiencia en el sector industrial. Uno de los procedimientos que se han adoptado ha sido salir al mundo y ver qué estaba funcionando en otras partes. Hemos ayudado a los chinos a recopilar políticas de eficiencia industrial de todas partes del mundo. Después de numerosas reuniones de trabajo con el gobierno y organizaciones industriales, todos convinieron en tratar de adaptar los acuerdos voluntarios de los Países Bajos. Estos acuerdos consistían en negociaciones entre el gobierno de los Países Bajos y una docena de sectores industriales para reducir sus emisiones en un porcentaje determinado para un año determinado. Dio buenos resultados y en algunos sectores se superaron los objetivos.
Los chinos decidieron adoptar este procedimiento como modelo en el sector del hierro y el acero en la provincia de Shandong. Básicamente, el gobierno se mantuvo al margen del proyecto, pero dijo: “Les prestaremos asistencia técnica, auditores de energía y otros expertos”. Lo que al final resultó ser más valioso para las compañías fue que el gobierno se encargó de promover y dar publicidad a su éxito. Una vez más, en China, la siderurgia es una industria de gran volumen y de escaso margen de ganancia, por lo que poder decir “Somos eficientes en cuanto al consumo de energía y el gobierno lo reconoce”, es algo muy importante para estas empresas.
Eso demuestra realmente el cambio que se ha producido en la relación del gobierno y el sector empresarial en los últimos 10 años. Se ha tendido a una situación en que el gobierno establece las políticas y marca la dirección y las empresas se encargan de ponerlas en práctica.
China ha atravesado su propia crisis energética, debido al aumento desmesurado de su consumo de energía como resultado del auge de la economía en los últimos años. Esto dio lugar a un paso de los acuerdos voluntarios a los mandatos firmes de procedimientos de eficiencia con metas cuantitativas que debe cumplir cada sector. En lugar de decir a cada sector cómo alcanzar esas metas, el gobierno estableció un requisito para ahorrar una cantidad determinada de energía que deben cumplir las industrias, dejó en libertad a cada sector para decidir cómo hacerlo. Parte de la asistencia internacional en este aspecto consiste en crear herramientas para ayudar a cada sector —hierro y acero, productos químicos, refinerías, cemento— a evaluar sus operaciones, a fin de decidir el mejor medio de alcanzar las metas de menor consumo.
P: Si existen tantas formas de diseñar un programa de eficiencia energética, ¿cuáles son los pasos que se espera que alguien dé para empezar?
Brown: Los programas más eficaces siempre van a entrañar algún tipo de combinación de métodos: las normas obligatorias, regulatorias; los incentivos, y la educación e información del consumidor.
Hay cinco categorías de factores que se deben tomar en consideración para promover la eficiencia energética. En el sector obligatorio están las normas de recursos de eficiencia energética, a veces llamadas normas sobre la combinación de medidas de eficiencia energética. Luego tenemos las normas de aparatos eléctricos y los códigos de construcción como opciones de la acción regulatoria. El otro método consiste en el establecimiento de incentivos. Estos incentivos pueden ser financieros, para propietarios individuales de viviendas, empresas particulares, comercios, etc., o para las empresas de servicios públicos, a fin de que actúen de una forma determinada. Finalmente, están los programas de información y educación como Energy Star.
La experiencia de Estados Unidos es instructiva e interesante, porque las actividades para lograr la eficiencia se desarrollan de dos formas distintas simultáneamente. Por un lado tenemos las actividades del gobierno federal, y por otro las de los estados. Estas dos jurisdicciones de gobierno han estado abordando la cuestión de la eficiencia en distintas formas. El gobierno federal se ha abstenido de reforzar los códigos y las normas en los últimos años, por lo que la innovación en este aspecto se ha producido en el ámbito estatal. Los estados, en la medida de sus posibilidades, han estado elaborando normas más eficientes para los aparatos eléctricos, códigos de construcción más estrictos y normas de recursos de eficiencia energética, además de establecer incentivos financieros. El gobierno federal se ha concentrado más en los incentivos. Ha sido interesante observar la evolución de estos dos métodos.
P: Describa una de las iniciativas de eficiencia más eficaces que ha visto.
Fridley: Mi favorito es un programa concebido para adaptar soluciones al logro de dos metas ambientales simultáneamente. Con arreglo al Protocolo de Montreal para eliminar las emisiones de clorofluorocarbonos (CFC), China se encontró en el trance de tener que eliminar sus refrigeradores y aparatos de aire acondicionado que emitían CFC. Al mismo tiempo, habían empezado a comprometerse internacionalmente a mejorar y prolongar sus normas de eficiencia. Como resultado, uno de los programas de eficiencia más eficaces que he visto en los últimos tiempos ha sido el Programa de refrigeradores súper eficientes, exentos de CFC. La idea era que si los fabricantes de refrigeradores estaban diseñando nuevos compresores y otros componentes para eliminar las emisiones de CFC, podían al mismo tiempo aumentar su eficiencia. Tuvo un éxito extraordinario.
Brown: Yo tengo un par de programas favoritos. Uno es el establecimiento de estándares para una variedad de aparatos electrodomésticos. California ha dado realmente la pauta en cuanto al establecimiento de estándares para los aparatos eléctricos, la investigación de cuáles debían ser los grados de eficiencia, la colaboración con los fabricantes, etc. También ha trabajado en los sectores de cumplimiento y medidas coercitivas, aunque estas actividades han sido limitadas. Uno de los éxitos de los estándares de California es que han sido imitados en otros muchos estados. También han sido adoptados en la legislación federal. Lo que esto significa es que se ha producido una absorción ascendente de los estándares para aparatos eléctricos establecidos inicialmente en California.
El otro de mis favoritos es un programa de financiación establecido originalmente en el estado de Connecticut. Se trata de un programa de financiación “en la factura”, directamente en la factura de las compañías de servicio público. Lo que ocurre es que las compañías de servicio público ayudan al cliente a identificar las mejoras que debe hacer para aumentar la eficiencia energética de su pequeño negocio. Ofrecen reembolsos para reducir el costo de las nuevas instalaciones. Luego, cubren el costo de las mejoras realizadas para lograr la eficiencia con un préstamo, generalmente sin interés. Como resultado de la combinación del reembolso y el préstamo sin interés, el cliente está en una situación de efectivo neto positivo desde el primer día y paga el costo de las mejoras a través de su factura de la luz. No tiene una factura separada que pagar. Este programa se ha adoptado en varios estados y es eficaz porque permite a los clientes estar en esa situación de efectivo neto positivo desde el principio, les facilita la inscripción y participación en el programa, y porque funciona a través del sector privado, ya que la instalación de los medios para mejorar la eficiencia corre a cargo de contratistas.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.