13 abril 2009

Este artículo pertenece al periódico electrónico de abril de 2009 “El uso eficiente de la energía”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.
La energía, el medio ambiente y la economía. Estos tres elementos contribuyen a las condiciones de vida y la calidad de vida, y esto ha sido cierto desde que los primeros humanos aprendieron a hacer fuego y plantar cultivos. La necesidad de mantener un equilibrio cuidadoso entre los tres ha adquirido una nueva urgencia en el siglo XXI. Los combustibles fósiles que han impulsado la productividad desde la Era Industrial están desapareciendo, cambian la atmósfera y contribuyen al cambio climático.
El desarrollo de nuevas fuentes de energía limpias y renovables que puedan reemplazar a los combustibles fósiles en gran escala ha comenzado ya en muchos frentes. Es un echo ampliamente reconocido que hasta que estas iniciativas encuentren medios de producción y distribución de energía alternativa a gran escala, el uso eficiente de los suministros existentes es la manera más rápida, barata y limpia de atender las futuras necesidades de energía.
Para lograr obtener mayor productividad del actual consumo de energía no se requiere ningún aumento en la producción energética. Por lo tanto, la eficiencia cuesta menos y es más fácil de conseguir que cualquier otro medio de producción. La eficiencia es también la fuente de energía más limpia puesto que no aumenta las emisiones.
En el plano mundial, el crecimiento esperado en la demanda de energía sigue una trayectoria insostenible, y la eficiencia energética y la conservación desempeñarán un papel clave en la reducción de ese crecimiento.
Estados Unidos tiene un sólido historial en lo que se refiere a aprovechar la eficiencia como recurso. La energía que se consume para generar el equivalente de un dólar en bienes y servicios ha disminuido en más del 50 por ciento desde el año 1970, según informa la Administración de Información sobre Energía.
El aumento en la eficiencia puede generar resultados aún mayores, y en las páginas que siguen se indican algunas de las numerosas estrategias que las personas, las organizaciones y los gobiernos utilizan para conseguir ese objetivo.
El plan nacional para obtener mayor eficiencia incluye a todos los protagonistas del complejo sistema de producción y reglamentación de energía en el país y en este periódico electrónico algunos funcionarios describen los objetivos de dicho plan. EnergyStar®, una iniciativa de cooperación entre el sector privado, el gobierno y el consumidor, incrementa el ahorro energético en las viviendas y empresas, tanto en el plano nacional como internacional. Los gobiernos municipales también dirigen su atención al extranjero y aprenden de la eficiencia europea. Los consumidores adoptan la ética de la eficiencia energética en modos creativos y aumentan la sensibilización en sus comunidades. Los expertos con una perspectiva mundial explican cómo las distintas normas culturales pueden influir en la eficacia de las estrategias de eficiencia.
En el plan de estímulo económico que se aprobó a principios de año, la administración Obama incrementó en casi 17.000 millones de dólares el gasto público para los programas de eficiencia, lo cual afirma aún más el imperativo nacional de explotar el recurso de la eficiencia energética.
Los editores