15 abril 2009
Requieren mucha creatividad, dinero y paciencia

Washington — Cuando ActaCell Incorporated, una empresa incipiente de Texas, recibió casi seis millones de dólares para trabajar en posibles innovaciones tecnológicas para la batería de iones de litio, supuso una victoria rápida para un profesor de ingeniería y empresario que 18 meses antes había abierto la nueva empresa.
Era apenas una pequeña parte de los cientos de millones de dólares que posiblemente se necesiten para que ActaCell pueda comercializar las ideas que han surgido en un laboratorio de la Universidad de Texas, en Austin. Pero entre la llamativa nómina de los primeros inversionistas figuran la iniciativa RechargeIT, de Google.org, que apuesta en ActaCell en el marco de iniciativas más amplias dirigidas a acelerar la adopción de vehículos eléctricos.
Austin, la ciudad de Texas donde se encuentra ActaCell, ha surgido como la sede de la tecnología limpia, y cuenta con 60 empresas alimentadas por alianzas entre universidades, gobierno y empresarios. Sus esperanzas se han visto reforzadas por las inversiones federales del presidente Obama en fuentes de energía limpias y renovables.
SustainLane, una empresa de Internet y medios de comunicación clasificó a la ciudad de Austin en primer lugar entre ciudades estadounidenses dedicadas a la “tecnología limpia”, seguida de San José, Berkeley y Pasadena, todas en California, y Boston. Estas incubadoras aprovechan las empresas y facultades de ingeniería en busca de experiencia y, a cambio, agrupan a empresarios e inversores.
ActaCell recurrió a los servicios de la Incubadora de Energía Limpia, que es parte de la Incubadora Tecnológica de Austin en la Universidad de Texas, que proporciona orientación e infraestructura a empresas nuevas desde 1989.
“Básicamente, se trata de un grupo de apoyo. Era parte del equipo que ayudó a evaluar el proyecto [...] y a juntar las presentaciones para el financiamiento”, dijo Bill Ott, presidente de ActaCell.
Fue por medio de la oficina de comercialización y licencias de la Universidad de Texas que Ott conoció al profesor de ingeniería Arumugan Manthiram, cuyo laboratorio estaba buscando un descubrimiento significativo sobre las baterías de iones de litio, las baterías que se utilizan en cámaras y Blackberries y posiblemente sean la fuente de energía de los vehículos del mañana. Ambos lanzaron juntos la empresa ActaCell. Por ceder los derechos de licenciamiento y servicios de la incubadora, la Universidad de Texas obtuvo una pequeña parte de la participación en el capital de la empresa.
Ott, un ingeniero eléctrico con una titulación en administración de empresas, ya había tenido éxito como vicepresidente de Active Power, otra empresa de Austin dedicada a la tecnología limpia, que fabrica un sistema de almacenamiento de energía con hélice considerado como la fuente de energía ininterrumpida más eficiente del mundo. Abandonó ese negocio para convertirse en capitalista de riesgo y explorar otras oportunidades. La encontró con Manthiram.
ActaCell ha entrado en competencia con empresas de todo el país, y de todo el mundo, para construir baterías más ligeras y duraderas. Establecer una compañía dedicada a la energía limpia “requiere más dinero, más tiempo y más paciencia” que abrir una empresa de informática, explicó Ott.

Reed Benet, director de la Incubadora de Energía Limpia, dijo que todavía está por ver si el modelo del capital de riesgo dará resultado con las empresas de energía limpia, al igual que lo hizo con las empresas de alta tecnología y biotecnología.
“La historia de la energía es de escala inmensa, de altos costos fijos [...] e inmensos protagonistas en este espacio lleno de reglamentaciones”, dijo Benet.
Lawrence M. Murphy, administrador de programas de desarrollo de empresas en el Laboratorio Nacional de Energía Renovable (NREL), en Golden (Colorado), dijo que los empresarios de la energía limpia tienen un camino más difícil que recorrer.
“Con los programas informáticos, basta tener un millón o un millón y medio de dólares para pasar de la idea al mercado en 18 a 24 meses”, explicó Murphy. Pero con las nuevas tecnologías que incorporan equipos que son generalmente parte integral de las nuevas empresas de tecnología limpia “posiblemente pasen cinco años de [investigación y desarrollo], en un sitio como NREL o en una de las universidades, y de ahí todavía quedan entre tres y cuatro años para fabricar el producto y llevarlo al mercado”.
Sin embargo, “la energía limpia tiene mayor potencial de conseguir financiamiento en estos tiempos difíciles, porque es un sector de plena actualidad”, dijo Melinda Richter, que administra la Environmental Business Cluster y el Biocentro San José, para la Agencia de desarrollo de San José y la Fundación de Investigación en la Universidad Estatal de San José (California). En el año 2008, Green Volts, una empresa de energía solar incubada ahí, figuró entre las principales empresas nuevas estadounidenses, según una clasificación de la revista BusinessWeek.
En San José, la hospitalidad del gobierno hacia la energía limpia es visible en el ayuntamiento.
“La ciudad practica lo que predica”, dijo Ritcher. “Permite que las empresas piloto hagan nuevas cosas, como la iluminación de las calles. Eso es algo muy interesante para una empresa que está comenzando”.
El Environmental Business Cluster organiza sesiones en la que los empresarios pueden practicar vender sus ideas para “asegurarse de que estén listos para realizar presentaciones ante los capitalistas de riesgo”, dijo Richter.
La incubadora se asocia con bufetes de abogados y empresas de recursos humanos que ofrecen servicios en el sitio. “Tratamos de ser como una empresa grande y les damos las mismas ventajas”, agregó.
En fechas recientes, ActaCell se unió a una docena de empresas estadounidenses para establecer la Alianza Nacional para la Fabricación de la Batería de Transporte Avanzada, para construir y compartir una planta ultramoderna. La alianza ha puesto su mira en el gobierno federal para conseguir la mayor parte de la inversión de miles de millones de dólares que se necesitan. La alianza dice que el apoyo de Washington es necesario para competir contra empresas de China, Japón, Corea del Sur y otros lugares, que reciben muchas subvenciones.
Para más información sobre las incubadoras de tecnología limpia, véase la página web SustainLane (en inglés).