13 abril 2009

Una revolución popular en el uso de la energía

 
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Profesor y dos estudiantes. (Oberlin College)
John Petersen (de pie, izq.), colabora con estudiantes que realizan un seguimiento del consumo de energía en la universidad.

Por Elisa Wood

Este artículo pertenece al periódico electrónico de abril de 2009 “El uso eficiente de la energía”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha.

Las políticas del gobierno tienen un alcance limitado a la hora de lograr un uso más eficiente de la energía. El verdadero progreso tiene que producirse entre los consumidores, uno a la vez. La creciente conciencia del consumo excesivo de energía ha estimulado a los estadounidenses a tomar medidas novedosas de ahorro energético en distintos ámbitos.

La autora estadounidense Elisa Wood se especializa en temas relacionados con la energía. Para consultar sus artículos, visite
www.RealEnergyWriters.com (en inglés).

Más que ningún otro factor, los altos precios motivan al consumidor a reducir su consumo de energía. ¿Cómo se estimula el ahorro energético cuando el consumidor no tiene que pagar la cuenta?

John Petersen, director del programa de estudios medioambientales de la Universidad Oberlin, tuvo que encarar este dilema cuando emprendió un proyecto de reducción de consumo de electricidad en las residencias de estudiantes. Petersen encontró la respuesta en una bola de cristal.

Primero, organizó un concurso para ver cuáles residencias podían reducir al máximo su consumo de energía. Al principio, se estableció una página web donde los estudiantes podían analizar el consumo en su residencia visualizando tablas y gráficos de colores. Pero pronto Petersen se dio cuenta de que su método era propio de “tecnófilos” y no se prestaba para todos los estudiantes. Con lo cual, ideó un orbe de energía: un objeto al estilo de una bola de cristal que brillaba de distinto color dependiendo del consumo energético en el edificio en cualquier momento dado. A continuación, instaló los orbes en los vestíbulos de las residencias. Cuando la bola se volvía roja, bastaba una rápida mirada para saber que la residencia consumía mucha energía, y menos cuando se volvía verde.

“Indudablemente fue tema de conversación”, dijo. “Los estudiantes se reunían alrededor de la bola para conversar”. Además, se dedicaron seriamente al ahorro energético y los ganadores redujeron el consumo en más de un cincuenta por ciento.

“Los estudiantes en las residencias ganadoras hicieron cosas como desenchufar las máquinas expendedoras”, dice Petersen. “Algunos estudiantes pasan delante de estas máquinas expendedoras todos los días, probablemente varias veces al día. Antes del concurso, apuesto a que ninguno se detenía a pensar sobre el consumo parasitario de electricidad de la máquina expendedora”.

Los estudiantes se dieron cuenta de “que viven rodeados de aparatos que consumen energía”, dice. “Eso es lo que espero hacer con este proyecto: conseguir que la gente tome conciencia  de los recursos necesarios para sostener sus vidas”.

De este modo, Petersen cultiva un reconocimiento creciente entre los estadounidenses de que la conservación es un acto de responsabilidad personal. Según la Asociación Estadounidense de Energía Solar, al reemplazar las bombillas incandescentes, calafatear las ventanas e instalar medidores electrónicos, los estadounidenses interesados en la conservación contribuyeron al auge del ahorro energético de un billón de dólares, generando con ello más de 8,6 millones de empleos.

La actitud correcta

Para Sara Spoonheim, el uso eficiente de energía va más allá del logro técnico y entraña un acto espiritual. Spoonheim es subdirectora de Faith in Place, una organización que cree que todas las religiones tienen en común dos grandes responsabilidades: amar al prójimo y cuidar la creación. La organización, cuya sede está en Chicago (Illinois), ayuda a congregaciones cristianas, judías, musulmanas, hindúes, budistas, sikh, zoroástricas, baha’i y unitarias a mejorar su consumo de energía.

El programa, financiado con donaciones de fundaciones, grupos religiosos y particulares, trata de conseguir ahorros de energía para congregaciones con escasos fondos. Con ese fin, Spoonheim ayudó a crear una tienda en Internet (ShopIPL.org) donde las iglesias pueden comprar con descuento productos de ahorro energético. La tienda cuenta con el auspicio de Interfaith Power & Light, una organización multiestatal afiliada a Faith in Place que anima a las comunidades religiosas a tomar medidas contra el calentamiento global.

El proyecto más reciente de Spoonheim es asistir a las iglesias luteranas a reducir sus emisiones de carbono. Mediante el programa Cool Congregations, Spoonheim ayuda a las iglesias a reemplazar aparatos eléctricos de alto consumo, instalar luces LED en las salidas y a tomar otras medidas para reducir el consumo de energía. “Se prestaron a ser conejillos de indias al permitirnos experimentar con ellos para ver lo que necesitarán todas las iglesias”, dijo.

Los lugares de culto presentan desafíos singulares para el ahorro energético. Para empezar, generalmente se utilizan solo una vez a la semana y pueden tener instrumentos musicales que no deben estar expuestos a temperaturas extremas ni a la humedad. Spoonheim se enfoca en lograr ahorro energético en los edificios que se utilizan frecuentemente, como por ejemplo los refugios para indigentes, los comedores de beneficencia y las escuelas, donde las medidas de ahorro tienen mayor impacto.

Faith in Place considera esta labor primordial entre las actividades más convencionales de las organizaciones religiosas, como la dotación de alimentos, ropa y refugio. “Incluso si hacemos todo eso y amamos a nuestros hermanos y hermanas con todo nuestro corazón, no importara mucho si descuidamos las condiciones ecológicas de nuestro hermoso y frágil planeta”, dice la organización.

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Una mujer compra bombillas en una tienda. (Alliance to Save Energy)
Cathy Clites, defensora comunitaria de ahorro energético en Baton Rouge (Luisiana), compra bombillas de bajo consumo.

Un automóvil provee energía a una casa

Cuando una tormenta de hielo cortó durante cuatro días el suministro de electricidad en Harvard (Massachusetts), en diciembre de 2008, el ingeniero eléctrico John Sweeney dio un nuevo significado a la expresión “independencia energética”.

Mientras sus vecinos se acurrucaban en viviendas frías, Sweeney y su familia se mantuvieron calientes porque éste había convertido su automóvil híbrido en un generador de emergencia casero.

Sweeney dice que su proeza no fue gran cosa, pero resulta que le gusta experimentar con aparatos eléctricos, recordando sus días de universitario, en los años setenta, cuando esbozó los planos de un coche híbrido para su proyecto de graduación.

Hoy, Sweeney pasa las vacaciones de verano en un velero equipado con dos molinos de viento que cargan grandes baterías que proveen energía eléctrica para el frigorífico, la luz, la computadora y los instrumentos electrónicos del velero. En casa, un contador de luz en la mesa de la cocina mantiene el registro del consumo en toda la vivienda. Varios contadores “matavatios” más pequeños mantienen el registro del consumo eléctrico de los electrodomésticos, hora por hora. Al realizar el seguimiento de los contadores, la familia se inspiró para reducir la cuenta de la luz en unos cincuenta dólares por mes.

Así que mientras el peso del hielo derribaba miles de líneas de tendido eléctrico en Nueva Inglaterra, Sweeney se puso a experimentar. Se dio cuenta de que tenía una solución “sencilla y rentable” para el apagón, justo afuera de su casa.

De los foros en Internet sabia que el Toyota Prius puede generar más vatios de los que necesita. Para utilizar el exceso de electricidad Sweeney necesitaba un inversor de corriente, y por casualidad tenía uno en el sótano de su casa. Conectó el inversor directamente a la batería del automóvil e instaló un cable de extensión desde el vehículo hasta la casa. Luego, conectó el frigorífico y el congelador, el ventilador del horno de leña, la televisión y varias lámparas.

Debido a que el automóvil era híbrido, consumió 18 litros de gasolina en el curso de los cuatro días. Un automóvil convencional, conectado en forma similar, consumiría más de 150 litros de gasolina.

“Este uso del automóvil parecerá normal dentro de cinco a diez años, cuando tengamos híbridos enchufables y coches totalmente eléctricos para la venta al público”, dice Sweeney.

Las limitaciones de tiempo no son una excusa

Cathy Clites se disculpa por estar fregando el suelo de la cocina mientras la entrevistan por teléfono. Esta madre y abuela de Luisiana tiene que aprovechar cada momento, porque es la principal cuidadora de su familia de nueve personas, que incluye a su esposo Charlie, en silla de ruedas tras sufrir un derrame cerebral hace seis años que le dejo discapacitado y sin poder mantener a su familia.

De alguna manera, mientras cocina, lava los platos, lava la ropa y hace las compras, Clites encuentra el tiempo para ser defensora del ahorro energético. “No es más que ser una buena ciudadana en estos tiempos. Es una cortesía. Pensamos en lo que habrá cuando nuestros hijos y nietos lo necesiten”, dice.

Clites oyó por primera vez acerca de la eficiencia energética cuando ganó un concurso de mejora del uso de la energía en la vivienda presentado por el canal SCI FI de la cadena de televisión NBC Universal y Alliance to Save Energy - ASE (Alianza para ahorrar energía).

Al observar a los contratistas mientras instalaban los nuevos electrodomésticos, las luces y el material aislante, y viendo después la reducción en la cuenta de la luz, Clites se entusiasmó con el ahorro energético y decidió convencer a otros de ello. ASE dice que Clites se ha convertido en “una embajadora en la comunidad de la eficiencia energética”, y está creando mucho apoyo. Trata de convencer a los vecinos, amigos, parientes y miembros de su iglesia. Cuando el alcalde de Baton Rouge declaró la celebración de un día de eficiencia energética en la ciudad, Clites participó en una conferencia de prensa para solidarizar a la ciudad en torno a la causa. Invita a periodistas a su casa para que vean la reforma y diseña marcadores de libros con consejos sobre cómo ahorrar energía que reparte a quien esté interesado. Por la noche, cuando ha terminado las faenas de la casa y la casa está tranquila, la recorre para eliminar los “vampiros”, es decir electrodomésticos y otros aparatos que no se usan, pero que consumen electricidad por estar enchufados en una toma.

“En el mundo actual todos debemos buscar maneras de ser tacaños. Esta es una manera fácil de hacerlo. Ojala otros lo hicieran; sentirían que han ganado algo”, dice.

Estos relatos –el orbe en Oberlin, la misión espiritual de Faith in Place, el experimento de Sweeney y el voluntariado de Clite– son apenas unos pocos ejemplos del trabajo arduo que realizan los estadounidenses decididos a reducir el consumo de energía. ¿Continuará esta dedicación? A algunos analistas les preocupa que si bajan los costos de la energía, la gente dejará de ahorrar. Otros dicen que las subidas de precios han sido demasiado fuertes en los últimos años como para que el país dé marcha atrás. Además, los contadores de luz modernos, los orbes de Oberlin y otras tecnologías de medición actúan como motivadores.

“La revolución electrónica, producto de la cual son las computadoras personales e Internet, probablemente cambie también la manera en que generamos, almacenamos y consumimos la energía”, escribió Sweeney en un artículo para el periódico de su localidad. “Apoyen estos cambios por medio del sistema político y animen a sus hijos a estudiar carreras de ciencias e ingeniería. Este país tiene que empezar a generar ideas creativas y necesitaremos todo el talento técnico que podamos reunir para resolver nuestros actuales problemas de energía de manera ecológica”.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.

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