10 octubre 2008
Museo oceánico promueve administración responsable de recursos oceánicos
Washington — La mayor parte del espacio vivible en el planeta Tierra corresponde al océano, pero no todos pueden disfrutar directamente de sus maravillas. Ahora, una pequeña porción de lo que cubre el 71 por ciento de la superficie terrestre llega tierra adentro y puertas adentro al público en la exposición Sant Ocean Hall (Salón Sant del Océano) del Museo Nacional de Historia Natural.
El presidente Bush estuvo pendiente el 26 de septiembre de la apertura ceremonial del salón, de más de 610 metros cuadrados. Bush anunció el progreso registrado en su Plan de Acción Oceánica 2004. (Ver “Estados Unidos comprometido con la protección de los océanos del mundo”).
El salón de exhibiciones, que copatrocina la Administracion Nacional de Asuntos Oceanograficos y Atmosfericos (NOAA) al día siguiente abrió sus puertas a un público ansioso. “¡Por fin está abierto!”, dijo Caitlin Mackenzie, quien había estado esperando un año para traer al salón a Lidia, su hijita de cuatro años,
“El océano es un sistema mundial esencial para toda la vida, incluso la suya”, dijo Elizabeth Musteen, administradora del proyecto para el salón. Más del 95 por ciento del mundo marino sigue inexplorado, y el museo espera darles a los visitantes un atisbo de las otras cosas que podrían estar allí.
El Sant Ocean Hall es parte de la Iniciativa Oceánica de la Smithsoniana, que incluye un nuevo sitio en la Web centrado en el océano y un programa de investigación de ciencias marinas.
“La Institución Smithsoniana ocupa una posición exclusiva, no sólo para llevar a nuevas audiencias el mensaje de la literatura oceánica, sino también para ejercer un efecto positivo en cómo administramos los recursos oceánicos, dijo Roger Sant, presidente de la Junta de Regentes de la Smithsoniana, en una declaración para destacar una donación de 15 millones de dólares hecha por su fundación al salón oceánico. “Mediante su investigación de categoría mundial y sus colecciones sin paralelo, la Smithsoniana podrá ayudarnos a comprender la función que podemos desempeñar en la preservación del océano para las generaciones venideras”.
Con sus 674 especímenes y modelos colocados en 12 exhibiciones, el Sant Ocean Hall, con sus azules y verdes, le da a los visitantes una sensación de estar bajo la superficie del agua. Los suaves sonidos de los peces que se deslizan en el agua se oyen en todo el salón, que fue restaurado en su carácter original de “Beaux Arts” en la mayor renovación que se le practicó al museo. La escala del salón tiene el propósito de imitar la escala del océano. En la parte superior del salón de 16 metros de altura hay 12 proyectores que exhiben la película de alta definición “Ocean Odyssey”.
La película le gusta especialmente a Sheila Shephard. “Me gusta ese recoveco encima de las cabezas del público que muestra la actividad del océano”, dijo. “Hay algo que mirar hacia arriba y hay algo que mirar hacia abajo”.
Una gran esfera “Ciencia en una esfera”, creada por la NOAA, gira a medida que las imágenes de la atmósfera terrestre y las condiciones del océano se mueven a través del globo. Dos kioscos “Ocean Today” (el Océano Hoy), que mantiene al día la NOAA, ofrecen los últimos datos sobre condiciones meteorológicas y oceánicas.
OPERACION CALAMARES
No todas las exhibiciones son hermosas: dos calamares gigantes figuran entre los especímenes más raros de la muestra. Los prestó la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas de España, una organización de preservación marina.
“Los dos calamares gigantes se preservaban en formalina, considerada una carga peligrosa, de la que se pueden transportar comercialmente sólo 60 litros”, explicó Musteen. “Estaban en recipientes de 400 galones (1.514 litros), de modo que teníamos un problema”. Alguien sugirió pedir ayuda a la armada de Estados Unidos.
Aunque al principio se mostró escéptica, la armada aceptó finalmente la misión. En lo que fue bautizado como “Operación Calamares”, los calamares fueron embarcados en un avión de carga C-17 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, una vez que se completó la construcción de los tanques. “Los pilotos de la Fuerza Aérea juraron que los calamares escaparon del tanque y trataron de apoderarse del avión, pero que ellos combatieron valientemente contra éllos”, dijo Musteen, bromeando.
Con sus 7,28 metros de largo, la hembra es la más grande de los dos. Está suspendida en 6.814 litros (1.800 galones) de un líquido transparente, no tóxico, llamado Novec. El líquido, producido por la compañía 3M, es un aislante eléctrico dos veces y media más espeso que el agua. Es la primera vez que se usa a Novec para preservar especimenes, y hasta ahora parece dar buen resultado, según dijo Musteen.
Los calamares son descubrimientos excepcionales, pero la estrella de la exhibición es Phoenix, el modelo de 14 metros de una ballena franca del Atlántico Norte que los científicos habían venido rastreando durante más de 20 años.
Bautizada por el ave mitológica que resucita de sus propias cenizas, Phoenix representa un renacer que ahora tiene lugar en la población de la especie, aun cuando para el 2006 había menos de 400 ballenas francas en el Atlántico Norte. La Phoenix de la realidad pesaba al nacer 862 robustos kilogramos, y una vez que alcance su desarrollo total pesará alrededor de 63.500 kilogramos.
Algunos especímenes ofrecen una imagen histórica de la evolución de la vida oceánica, pero el arrecife coralino muestra peces vivos, que respiran. “Nemos y Dorys”, gritó un grupo de niños mientras corrían hacia el tanque, en referencia al pez payaso y el tang azul que se hicieron famosos en la película de dibujos animados “Finding Nemo” (Encuentre a Nemo). Hasta 74 especies de vida marina se albergan en este modelo de un arrecife coralino del Indico y el Pacífico.
El museo exhibe en el salón apenas unos pocos de sus 80 millones de especímenes marinos.
Hay más información, en inglés, está disponible en el sitio en la Web del Sant Ocean Hall.