24 julio 2008
Instrumentos y experiencia pueden contribuir a pronosticar erupciones

Washington – El volcán Chaitén, situado en el sureste de Chile, comenzó repentinamente a hacer erupciones el 2 de mayo por primera vez en 9.400 años, arrojando al aire cenizas y vapor a una altura de 17 kilómetros y causando la apresurada evacuación de 5.000 personas de dos poblados cercanos.
Dos semanas después de la erupción inicial, a solicitud de la presidenta chilena Michelle Bachelet, científicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) llegaron para colaborar con sus homólogos del Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile (SERNAGEOMIN), con el fin de observar la actividad volcánica y proporcionar alertas en tiempo real de las erupciones en curso.
“Prácticamente no había ningún instrumento para observar el volcán Chaitén antes de la erupción”, dijo el geólogo del USGS, John Ewert, en un podcast publicado el 25 de junio en el sitio web de USGS. “Si no hay vigilancia, las personas que están cerca del volcán o en situación de riesgo, casi no tienen tiempo de prepararse, ni a sus familias o sus bienes, para lo que podría ser un acontecimiento que les cambiaría la vida”.
El 13 de junio, funcionarios de USGS firmaron una carta de intención con Bachelet para establecer un sistema de alerta volcánica temprana.
El trabajo en Chile se realizó con apoyo de la Oficina de Asistencia para Casos de Desastre en el Extranjero (OFDA) que pertenece a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
El trabajo futuro se coordinará a través del Programa de ayuda en caso de desastres Volcánicos (VDAP), un proyecto de colaboración entre el USGS y la OFDA que durante los últimos 22 años ha ayudado en casos de crisis volcánicas en América Central y del Sur, el Caribe, África, Asia y el Pacífico Sur.
MAGMA ASCENDENTE
Una erupción ocurre cuando la masa ígnea, denominada magma, asciende desde su punto de origen o de un depósito subterráneo y alcanza la superficie de la Tierra en forma de lava. A medida que asciende, el magma fractura las rocas de las capas superficiales terrestres, causando terremotos y partes del volcán se deforman a medida que el magma se va a abriendo camino hasta llegar a la superficie.
La vigilancia de volcanes entraña una gama de mediciones y observaciones que detectan semejantes cambios en la superficie de un volcán. Éstos pueden ser movimientos sísmicos en tiempo real (terremotos), desplazamientos de tierra causados por magma ascendente, propiedades geofísicas como los cambios en la conductividad eléctrica y la fuerza del campo magnético, geoquímica gaseosa como la tasa de emisiones de dióxido de azufre y otros gases, y la temperatura y el nivel de las aguas subterráneas.

Las mediciones y observaciones de los volcanes puede costar entre 100.000 dólares y un millón de dólares, explicó Ewert. Y junto con los sensores, la vigilancia volcánica requiere de expertos que puedan interpretar la información recopilada y un protocolo para comunicarse con el público, así como para alertarlo.
Cada volcán es distinto, indicó Ewert al Servicio Noticioso desde Washington, y la mejor manera de evaluar el comportamiento actual de un volcán es estudiar la historia de su comportamiento.
Por ejemplo, la mañana de un domingo de mayo en 1980, un terremoto con magnitud de 5,1 sacudió el monte Saint Helens en el estado de Washington, lo que ocasionó que el lado norte de la montaña se derrumbara en una avalancha masiva de fragmentos de roca. Posteriormente, siguió una erupción que duró nueve horas y en la que perecieron 57 personas.
Los autores Robert Tilling, Lyn Topinka y Donald Swanson escribieron sobre el fatal evento en su libro Erupciones del monte Saint Helens: Pasado, presente y futuro (1990): “representó una buena prueba para los científicos que enfrentaron el reto de obtener, transmitir y explicar en términos fácilmente entendibles, la información necesaria para los funcionarios federales, estatales y locales encargados de administrar las tierras y de seguridad pública. Sin embargo, se debe recalcar que una respuesta rápida al acontecimiento del monte Saint Helens fue posible solamente debido a que las décadas de investigación sistemática anteriores a 1980 contribuyeron a entender bien el comportamiento y los riesgos potenciales de las erupciones del volcán”.
PROTEGER VIDAS
En Estados Unidos hay 169 o 170 volcanes activos, “dependiendo de cómo se quieran contar”, indicó Ewert. En la mitad de ellos se lleva a cabo algún tipo de vigilancia y existen observatorios volcánicos en Alaska, Hawái, California, el estado de Washington y Wyoming. Pero “menos de un tercio de los volcanes de Estados Unidos siquiera tienen la vigilancia adecuada”, agregó.
En Chile, existen 120 volcanes potencialmente activos, un observatorio volcánico y siete volcanes con algún tipo de vigilancia.
A medida que se desarrolle el sistema de alerta volcánica de Chile, se modelará según un proyecto estadounidense denominado Sistema Nacional de Alerta Volcánica Temprana, que USGS y sus socios del Consorcio de Observatorios Volcánicos de Estados Unidos pusieron en operación en 2005. El consorcio propuso que los volcanes se vigilen a un nivel que sea igual al peligro que representan para las personas en el terreno, así como para la aviación militar y comercial.
En esta iniciativa, el científico de USGS John Pallister, dijo que el servicio geológico estadounidense colaborará con SERNAGEOMIN en cuatro aspectos: la elaboración de un sistema de alerta volcánica temprana, el análisis y la evaluación de riesgos volcánicos, la respuesta a las crisis volcánicas y el estudio científico de los volcanes.
“Tenemos previsto realizar un seguimiento de la erupción del Chaitén cuando las condiciones nos permitan adentrarnos en el volcán y entender mejor cómo ocurrió la erupción, cuál fue su causa y qué presagia para el futuro”, agregó.
Para consultar más información, en inglés, sobre el Programa de ayuda en caso de desastres volcánicos, véase el sitio web del USGS.
En el sitio web del Servicio Forestal de Estados Unidos puede ver imágenes captadas por la cámara volcánica del monte Saint Helens.