15 abril 2008

Este artículo pertenece al periódico electrónico “Las empresas de Estados Unidos adoptan mejores prácticas ambientales”. Para consultar los demás artículos de este periódico, haga clic a la derecha.
Por Brad Kenney
Aunque su amistad es relativamente reciente, las organizaciones no gubernamentales y la comunidad empresarial colaboran actualmente para forjar alianzas duraderas.
Brad Kenney es redactor de tecnología y medio ambiente de la revista Industry Week.
En las últimas dos décadas se ha visto un incremento en la conciencia pública de la sociedad estadounidense en lo que respecta a las amenazas que plantean cuestiones mundiales como el cambio climático y la conservación de los recursos. En ese mismo periodo se ha producido también un acercamiento entre el sector empresarial internacional y las organizaciones no gubernamentales (ONG), en particular aquellas cuya misión es involucrar al mundo empresarial en la protección del planeta.
¿Qué es una ONG?
Las organizaciones no gubernamentales son, en términos generales, organizaciones sin fines de lucro que existen fuera del control de cualquier ente del gobierno, empresas, partidos políticos o grupos armados. Las ONG varían en su estructura, desde organizaciones internacionales muy estructuradas hasta grupos activistas locales menos unidos. Muchas de las ONG más conocidas tienen como prioridad las cuestiones ambientales, mientras que otras, como Médicos sin Fronteras y Amnistía Internacional, se enfocan en otros asuntos que preocupan a la comunidad internacional, como la asistencia médica o la defensa de los derechos humanos de personas necesitadas. Su financiación proviene con frecuencia de las cuotas que pagan sus miembros o de las donaciones que otorgan las instituciones internacionales o los gobiernos. La mayoría de los observadores coinciden en que, a medida que la globalización ha transformado el mundo en una red interconectada, las ONG han sido eficaces en llenar los huecos entre donde termina el gobierno y comienza la empresa.
Las ONG y el sector empresarial
El mundo de los negocios no ha sido siempre receptivo a la presión de instituciones externas, entre éstas las ONG ecologistas. De hecho, durante la mayor parte del siglo pasado existió en ambos bandos un marco de desconfianza y sospecha mutua, que con frecuencia obstaculizaba cualquier avance de ambos grupos. Sin embargo, según han adquirido importancia los problemas ambientales, el creciente nivel de alarma por los efectos cada vez mayores del cambio climático (y por los posibles efectos aún más drásticos por venir) ha dado paso a una nueva era de comunicación y colaboración entre el sector empresarial y ONG de todo el mundo, especialmente en Estados Unidos.
El fruto de esta colaboración en ciernes abunda en ambos lados. Por ejemplo, si bien el sector empresarial internacional es responsable de un enorme impacto medioambiental, también tiene los recursos de capital y la eficiencia práctica para lograr grandes adelantos y mejorar las operaciones y reducir su huella ambiental. Lamentablemente, su potencial de beneficios medioambientales puede verse reducido por la naturaleza misma del ámbito comercial. Debido a que el objetivo de una empresa es aumentar al máximo las ganancias de los accionistas en el corto plazo, puede que simplemente no posean el conocimiento ni la experiencia necesarios para hacer que sus operaciones sean más sostenibles en el largo plazo.
Por otro lado, las ONG pueden no tener los recursos para financiar ellas mismas los proyectos de mejora de gran escala. Pero su personal consta de expertos que pueden trabajar dentro de sus organizaciones, así como junto con la comunidad empresarial en general, para concebir pautas normativas y mejores prácticas que las compañías y los gobiernos pueden seguir.
Suzanne Apple, vicepresidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y directora administrativa para comercio e industria, dice que en los últimos años su organización ha comenzado a vislumbrar un mayor potencial en la colaboración con el sector empresarial, en lugar de la oposición. “Creo que una de las cosas de las que nos dimos cuenta es el poder del mercado”, observó. “Por ejemplo, si logramos que la comunidad de consumidores acepte las pautas de la compra responsable de productos forestales, podemos tener mayor impacto que si estuviéramos en los bosques tratando de poner fin a la tala ilegal”.
Además, Apple ha notado que la normativa del gobierno ejerce mayor presión sobre las empresas para que éstas incrementen sus iniciativas de conservación y reducción del impacto, cuestiones en las que las ONG pueden ayudarlas. “Con la implantación de los reglamentos de la ley Sarbanes-Oxley sobre la transparencia empresarial, las compañías recurren a terceras partes para que les ayuden a evaluar sus operaciones”, dice Apple.
Metas compartidas
Un buen ejemplo de la naturaleza beneficiosa de la alianza entre las ONG y las empresas es el trabajo que realiza la organización sin fines de lucro Environmental Defense, con sede en Washington, y Wal-Mart Inc., la compañía minorista más grande del mundo. La iniciativa que comparten se centra en cinco ámbitos: calentamiento global, piscicultura, reducción de desperdicios de empaques, consumo de combustibles alternativos y operaciones mundiales de las fábricas.
Por ser tan necesaria para la existencia del ser humano, la conservación del agua es también otro tema que ocupa un lugar destacado entre los programas de diversas ONG. En 2007, el Fondo Mundial para la Naturaleza firmó un acuerdo con el gigante mundial de las bebidas, la Compañía Coca-Cola, para iniciar una campaña mundial de conservación de los recursos hídricos y reemplazo del agua que se utiliza en la producción de las bebidas.
A medida que continúa aumentando el comercio internacional, la comunidad de las ONG está tomando medidas para asegurar que éste sea libre y justo, y que se practique en forma sostenible entre las naciones del mundo. El Consejo Empresarial de Estados Unidos para el Desarrollo Sostenible (USBCSD), brazo regional del Consejo Empresarial Internacional de Desarrollo Sostenible, ha emprendido en los últimos años una serie de actividades de extensión concebidas para fortalecer aspectos relativos a la protección medioambiental en el comercio mundial, particularmente en el creciente comercio entre Estados Unidos y China. Ya sea invitando a representantes de la industria china del cemento a que visiten fábricas estadounidenses de vanguardia, o desarrollando un Centro de Sostenibilidad EE.UU.-China para mejorar el intercambio de información y la colaboración entre ambos socios comerciales, el USBCSD ha actualizado su ámbito de acción para reflejar las distintas prioridades de nuestros tiempos cambiantes.
Oportunidades compartidas
Al colaborar de esta manera estratégica con las grandes compañías del sector empresarial estadounidense, éstas y otras ONG promueven un programa medioambiental multifacético cuyo impacto se extiende mucho más allá de la influencia que ellas y sus miembros pudieran haber logrado.
A su vez, las compañías estadounidenses que participan en este tipo de colaboraciones y que contribuyen a su desarrollo reciben una ayuda de valor incalculable para la puesta en marcha de programas integrales de reducción del impacto medioambiental, y lo hacen de una forma que a menudo les permite medir e informar de sus mejoras a sus abastecedores, al gobierno y, por último, a los consumidores, que cada vez más exigen dicho progreso de las compañías cuyos productos compran.
Esta capacidad de adaptación a las nuevas necesidades, tanto de las empresas como del medio ambiente, demuestra realmente el tipo de flexibilidad que sólo una alianza sólida, basada en las metas compartidas y la confianza mutua, puede ofrecer.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.