15 abril 2008

Este artículo pertenece al periódico electrónico “Las empresas de Estados Unidos adoptan mejores prácticas ambientales”. Para consultar los demás artículos de este periódico, haga clic a la derecha.
Por Vasanthakumar N. Bhat
En los últimos años, las compañías estadounidenses han reducido sus emisiones, y como respuesta a la presión que ejercen gobiernos, inversionistas, grupos ecologistas, clientes y empleados, han creado estrategias integrales de prevención de la contaminación. Los dirigentes de empresas se percatan cada vez más de que la buena gestión ambiental puede ser, de hecho, una fuente importante de ventajas competitivas y de crecimiento sostenible.
Vasanthakumar N. Bhat es catedrático adjunto en la Escuela de Negocios Lubin de la Universidad Pace, en Nueva York. Es autor de la obra The Green Corporation: The Next Competitive Advantage and Total Quality Environmental Management: An ISO 14000 Approach, así como de diversos artículos sobre gestión medioambiental.
¿Por qué motivo las compañías estadounidenses han optado por lo “ecológico”, es decir, por instituir una serie de normas empresariales que favorecen la gestión medioambiental responsable? Se trata de una historia compleja que precisa ciertos conocimientos sobre cómo surgió el movimiento ecologista en Estados Unidos, el prolongado debate entre aquellos que favorecen un planteamiento normativo y los que favorecen un sistema voluntario y la influencia que ejercen actualmente las partes interesadas, es decir, los clientes, inversionistas, empleados, grupos ecologistas y funcionarios del gobierno. La cuestión fundamental es que la mayoría de las compañías estadounidenses creen ahora que es posible crear una fuente significativa de ventajas competitivas y crecimiento sostenible si se lleva a cabo una buena gestión ambiental. En pocas palabras, se considera que preocuparse por lo “ecológico” es bueno para los negocios.
El debate sobre la política medioambiental
Tradicionalmente, desde el punto de vista de quienes formulan las políticas, el medio ambiente representa lo que los economistas denominan “un bien público”, es decir, un beneficio compartido, como la defensa nacional, del cual no puede quedar excluido ningún miembro de la sociedad. Debido a que los sistemas de mercado no producen fácilmente bienes públicos, hubo muchos en el movimiento ecologista estadounidense que creyeron que se necesitaba la intervención del gobierno para motivar a las empresas a minimizar el impacto ambiental de sus actividades. En los últimos años, muchos han llegado a creer que los planteamientos basados en el mercado tendrían más probabilidad de redundar en mayores beneficios ambientales, puesto que alientan la inversión y la innovación tecnológica. El debate sobre los méritos de estos dos planteamientos ha continuado desde que se creó la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en 1970, hasta el momento actual.
Cuando se inició el movimiento ecologista en Estados Unidos en las décadas de 1960 y 1970, la atención estaba enfocada en el cumplimiento de las leyes y los reglamentos. Por consiguiente, la política medioambiental estadounidense se ha basado tradicionalmente en los reglamentos de “mando y control”. El objetivo de éstos es prevenir los problemas medioambientales, enunciando las medidas que han de tomar las empresas para hacer frente a la contaminación que producen. Se implantan mediante el cumplimiento, la aplicación de la ley y los incentivos financieros. Puesto que los reglamentos son obligatorios, los regímenes de mando y control han sido muy eficaces. También han aumentado la conciencia de las empresas en lo que atañe al impacto ambiental de sus actividades.
No obstante, los reglamentos no han estado exentos de costos. Uno de los resultados negativos ha sido que se ha alentado la adopción de soluciones en la etapa final del proceso: se reducen los contaminantes después de su producción, en lugar de eliminarlos al principio. Además, el planteamiento normativo ha llevado a extensos litigios.
En años recientes, los responsables de la elaboración de políticas en Estados Unidos han hecho cada vez más hincapié en el análisis económico para decidir el tipo de instrumento normativo que habrá de elegirse. Los instrumentos flexibles permiten a las compañías elegir las alternativas más eficaces para alcanzar los objetivos. Estos instrumentos se han utilizado para reducir los costos de cumplimiento y para lograr un desempeño superior, a un ritmo más rápido. En Estados Unidos se han introducido medidas orientadas al mercado, como por ejemplo el comercio de derechos de emisión (según el cual el gobierno fija el límite total de un contaminante y luego permite que las fuerzas del mercado determinen la forma en que cada compañía habrá de cumplir con la parte que le corresponde dentro del límite) de emisiones de dióxido de azufre y de óxidos nitrosos, los contaminantes que causan la lluvia ácida. Sin embargo, estas medidas se basan todavía en un solo medio: aire, agua, agua subterránea o tierra.
Más que ningún otro país, Estados Unidos utiliza los análisis económicos para afinar las normas medioambientales y ha recurrido a estos para imponer una reducción de las emisiones en varias fuentes de contaminación, entre ellas las centrales eléctricas y los motores diesel. Estados Unidos subvenciona algunos aspectos de la reducción de los desechos, aunque, por lo general, la norma es que el que contamina, paga, es decir la industria corre con el gasto de proteger el medioambiente.
Nuevas estrategias
Desde los primeros días del movimiento ecologista, las compañías estadounidenses procuraron acatar las normas utilizando el principio de reducción de la contaminación en la etapa final, limpiando los desechos producidos. A medida que aumentó el costo de la limpieza, las empresas empezaron a enfocarse en la prevención de la contaminación, utilizando materiales, procesos y equipos que eliminaran la producción de desechos.
Sin embargo, la prevención de la contaminación por sí sola no mejoró el desempeño económico. Se necesitó el planteamiento de la gestión de la calidad total medioambiental (total quality environmental management, TQEM) para obtener los beneficios financieros de un desempeño medioambiental mejorado. Como parte del planteamiento TQEM, las compañías pusieron en práctica sistemas de gestión medioambiental, que ofrecen un marco de gestión del impacto ambiental e incorporan las preocupaciones que se tienen sobre el medio ambiente en el proceso decisorio de una organización.
Según una encuesta reciente, más de una de cada cinco instalaciones han puesto en práctica un sistema de gestión medioambiental. Además, 5.585 centros han recibido certificaciones ISO 14000 que atestiguan el cumplimiento de las buenas prácticas de gestión que indica la Organización Internacional de Normalización (ISO). Algunas compañías emplean una gama de instrumentos ambientales, entre estos la auditoría medioambiental y el análisis del ciclo de vida. Al transferir su experiencia medioambiental a sus filiales en el extranjero y al exportar tecnologías que respetan el medio ambiente, las empresas reducen también el impacto global de la contaminación.
En 2004, el consumo de energía en Estados Unidos equivalía a unos 17.000 millones de barriles de petróleo, o 60 barriles per cápita. Cerca del 86 por ciento de los recursos energéticos del país provenían del petróleo, el carbón y el gas natural. Solo el 14 por ciento provenía de la energía nuclear y las energías renovables. El aumento de los precios del petróleo y la dependencia de fuentes extranjeras para casi el 65 por ciento del petróleo crudo han intensificado la necesidad de conservar energía y de nuevas fuentes de energía. Además, el consumo de combustibles fósiles genera dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Por lo tanto, es imprescindible que las compañías estadounidenses se preparen para un mundo que presenta limitaciones carbono.
En la actualidad, Estados Unidos genera más del 50 por ciento de su electricidad en centrales eléctricas operadas por carbón y dispone de abundantes reservas de carbón. La empresa American Electric Power está utilizando métodos innovadores que queman el carbón en forma limpia y retienen el dióxido de carbono. Esto ayudará al sector a aumentar la producción de energía causando menor daño al medioambiente. La empresa Florida Power and Light redujo la necesidad de diez centrales eléctricas nuevas al aumentar su eficiencia energética e invertir en cuarenta y dos instalaciones eólicas. General Motors está desarrollando automóviles propulsados por hidrógeno que no producen dióxido de carbono. Y la empresa IBM está desarrollando planes para conservar energía, reducir las emisiones de compuestos que contienen perfluoro, utilizar energía renovable, alentar a que los empleados utilicen métodos alternativos de viajar a sus oficinas y mejorar la eficiencia en la cadena de abastecimientos de la compañía.
El poder de las partes interesadas

La clave de la motivación empresarial moderna es la importancia que una compañía atribuye a las buenas relaciones con aquellos que tienen un interés en ella. Las autoridades normativas gubernamentales, los clientes, los grupos ecologistas, los inversionistas y los empleados son las principales partes interesadas y ejercen presión sobre el desarrollo de la estrategia medioambiental de una empresa. Para llegar a estos grupos, las compañías diseminan información y consultan al público sobre sus actividades y su impacto sobre el medio ambiente.
Los gobiernos: La regulación gubernamental es uno de los principales impulsores de la política medioambiental. El crecimiento exponencial de las leyes medioambientales obliga a las compañías a anticipar y a hacer inversiones para satisfacer los nuevos requisitos incluso antes de que las leyes sean promulgadas. La mayoría de las principales compañías tienen cabilderos y otro personal en Washington con acceso a los altos niveles de la formulación de políticas, con el fin de reducir la posibilidad de que el Congreso de Estados Unidos promulgue reglamentos estrictos o que las agencias medioambientales los apliquen rigurosamente. Los estudios revelan que las empresas que consideran que los reglamentos medioambientales son estrictos tienden a tener un desempeño medioambiental más elevado. Además, esas empresas son propensas a preferir la prevención de la contaminación en lugar de soluciones en la etapa final del proceso y a invertir en la investigación y el desarrollo medioambiental.
Pero debido a que los programas flexibles tienden a producir resultados medioambientales superiores, la EPA ha introducido también un número de programas como el p2 (en inglés) y programas de colaboración (en inglés). Estos programas animan a las empresas a ir más allá del cumplimiento mínimo de los reglamentos a cambio de una reducción en los costos y el reconocimiento público por parte de la EPA como líderes medioambientales.
Los clientes: Los clientes, tanto en su calidad de votantes como de consumidores de productos y servicios, tienen un impacto significativo en la política medioambiental. Según una encuesta realizada por USA Today/Gallup en marzo de 2007, más de ocho de cada diez estadounidenses consideran que el historial medioambiental de una empresa es un factor importante en su decisión de comprar sus productos. Clientes empresariales como IBM y Baxter International, así como agencias del gobierno, utilizan el desempeño medioambiental de los productos en sus decisiones de adquisición.
Los grupos ecologistas: Más de uno de cada cinco estadounidenses se considera participante activo en el movimiento ecologista. Las organizaciones ecologistas utilizan su influencia en la elaboración de reglamentos estrictos y también para ampliar el ámbito de reglamentación. Además de ejercer presión, estas organizaciones pueden tomar otras medidas que alienten a las compañías a optar por lo ecológico.
Muchos de los estatutos estadounidenses sobre el medio ambiente contienen una disposición sobre el “juicio ciudadano”, que permite a un ciudadano privado entablar un juicio contra una empresa por violar un estatuto, o contra la Agencia de Protección Ambiental por no cumplir con sus obligaciones conforme a las leyes medioambientales. Cualquier ciudadano puede presentarse ante un tribunal federal para impedir que una compañía viole las leyes federales pertinentes o las condiciones que impone un permiso, y obligar a la compañía a acatar estas leyes. El juicio ciudadano ha aumentado considerablemente la influencia de las organizaciones ecologistas y ha atraído a muchos miembros nuevos en vista de los resultados que han obtenido.
Los inversionistas: La mala gestión medioambiental puede aumentar los costos, debido a que las compañías que producen grandes cantidades de desechos tienden a tener mayor número de derrames y vertederos de desechos nocivos, así como graves problemas de cumplimiento de los reglamentos. Los inversionistas pueden pedirle cuentas a la empresa por su desempeño ambiental, dirigiéndose directamente a la administración de la compañía, presentando resoluciones de los accionistas y votando en contra de la administración. Si siguen estando insatisfechos, pueden retirar su inversión y vender sus acciones.
Una serie de organizaciones ha desarrollado criterios medioambientales que las compañías pueden seguir. Como ejemplos de estas pautas cabe mencionar los principios Ceres, los principios Equator para la financiación de proyectos y el medio ambiente, y las directrices de la OCDE para empresas multinacionales.
Además, los grandes inversionistas institucionales, como los fondos de pensiones, están aunando fuerzas para considerar el desempeño medioambiental de una compañía antes de invertir en ella. Por ejemplo, según un estudio realizado por los Principios de Inversión Responsable, el 88 por ciento de sus signatarios y el 82 por ciento de los propietarios de activos tienen en cuenta las cuestiones ambientales antes de tomar una decisión de inversión.
En los últimos años, los accionistas han logrado convencer a los bancos importantes que deben considerar los riesgos ambientales de un proyecto que tienen previsto financiar; persuadir a los fabricantes de computadoras a que aumenten la cantidad de computadoras que reciclan; y alentar a las empresas de servicios públicos a invertir en los recursos energéticos renovables.
Los empleados: Los empleados son los que sufren más los efectos de la mala gestión medioambiental. Es costoso atraer a empleados a entornos poco seguros, y los trabajadores y sus sindicatos a menudo presionan a las compañías a reducir la contaminación que producen. Cuando se hace caso omiso de los empleados, con frecuencia éstos responden cambiando de empleo o movilizando el apoyo del público para denunciar las acciones ilícitas de la compañía. Los costos también pueden subir a causa de frecuentes rotaciones de personal. Las compañías responden proporcionando capacitación a los empleados en materia de seguridad y salud medioambiental y sistemas de gestión medioambiental.
Hacia la sostenibilidad
Si bien ha habido fuerte crecimiento económico en Estados Unidos en las últimas décadas, el desempeño medioambiental fue mixto, según informó la Agencia de Protección Ambiental en su informe de 2007 sobre el medio ambiente: Report on the Environment: Highlights of National Trends.
Un aspecto en el que hubo mejoras es en las emisiones de sustancias químicas tóxicas. Según el informe de la EPA de 2005: Toxics Release Inventory (TRI): Public Data Release, las industrias estadounidenses descargaron 4.340 millones de libras de aproximadamente 650 sustancias químicas tóxicas en 2005. Más de la mitad de estas descargas son atribuibles a dos industrias: la minería de metales y las centrales eléctricas. El total de las emisiones químicas generadas en 2005 por las fábricas se redujo en 58 por ciento comparado con las emisiones que se generaron en 1988, aún cuando el número de instalaciones se redujo solamente un 16 por ciento y el valor real de los envíos aumentó aproximadamente 13 por ciento. Además, en 2005, cerca de la mitad de los residuos relacionados con la producción fue reciclada o convertida en energía.
Otro indicio de mejoras: los fabricantes estadounidenses invirtieron 14.600 millones de dólares en 1999 en gastos de capital de operación y reducción de la contaminación, lo cual representa el 0,4 por ciento del valor de los envíos y cerca del 10 por ciento de nuevos gastos de capital. Las compañías estadounidenses están empezando a ver a las tecnologías verdes como una fuente de ganancias y, en el 2006 exportaron más de 30.400 millones de dólares en tecnologías medioambientales.
Durante siglos, la degradación ambiental ha estado estrechamente relacionada con la industrialización. Como consecuencia, los directivos de empresas se han dado cuenta con el tiempo de que los asuntos medioambientales son una parte integral del bienestar económico de una compañía. Muchos ejecutivos creen ahora que la protección ambiental es esencial para el desarrollo sostenible y para crear un mundo mejor. La mayoría de las juntas directivas de compañías estadounidenses perciben la sostenibilidad –que según la definición de Procter & Gamble se refiere a asegurar una mejor calidad de vida para todos, ahora y en el futuro– como una responsabilidad de la empresa y también como una oportunidad para la empresa.
Si bien en las últimas décadas las compañías han centrado su atención en el tratamiento y la prevención de la contaminación, la atención ha pasado ahora a las emisiones de dióxido de carbono y la energía alternativa, y esta tendencia continuará probablemente en el futuro. El precio cada vez más alto del petróleo crudo y la dependencia de un altísimo porcentaje del petróleo crudo importado están acelerando la necesidad de encontrar soluciones rápidas a estos problemas.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.