16 septiembre 2009
Este artículo pertenece al periódico electrónico "Perspectiva sobre el cambio climático". Para consultar los demás artículos, haga click a la derecha.
Zoë Caron es coautora de Global Warming for Dummies (Calentamiento global para tontos) y editora del portal electrónico ItsGettingHotInHere.org. Es también experta en asuntos de política climática y protección del medioambiente en el Fondo Mundial para la Naturaleza en Canadá, y participa en la coordinación de las Consultas sobre Energía Renovable en Nueva Escocia, un proyecto emprendido conjuntamente por el gobierno de la provincia y la Universidad Dalhousie en Halifax. Es una de las socias fundadoras de la Coalición Canadiense de Jóvenes sobre el Cambio Climático.
La autora opina que Canadá tiene una buena oportunidad de emprender nuevos esfuerzos en el desarrollo de energía sostenible con fuentes renovables y de asumir el compromiso político de adoptar medidas que hagan frente a los desafíos del cambio climático en el futuro.
Saqué el iPhone del bolsillo para enterarme de las últimas noticias. Los titulares contrastaban marcadamente con la serenidad del paisaje que me rodeaba, un parque público localizado a pocas cuadras de mi oficina en el centro de Halifax: “Los cabilderos de la industria petrolera financian campañas con información falsa sobre estrategias de Estados Unidos para el cambio climático” (Guardian News); “Grupo de trabajo del Protocolo de Kioto concluye labores con llamado de su presidente a ‘trabajar el doble que en Bangkok’” (Instituto Internacional para Desarrollo Sostenible); “Yvo de Boer: ‘Si seguimos a este ritmo, no vamos a lograrlo. Hay que reconocer que el grave cambio climático es el final del juego’” (Campaña Mundial para la Acción Climática).
Las noticias no eran alentadoras, lo que también caracteriza el debate público sobre el cambio climático en Canadá. En años recientes, los canadienses han dado máxima prioridad al tema del medio ambiente. Los sondeos revelan que los ciudadanos se han concientizado hasta no poder más con el tema del cambio climático, pero los mensajes públicos han optado por destacar el carácter penoso de la situación en lugar de plantear soluciones, y nuestra reacción como país ha sido la total inercia.
El desafío más serio que presenta el cambio climático para Canadá es la larga dependencia de su economía de los recursos naturales abundantes, pero finitos. A pesar de las crecientes muestras de interés de nuestros líderes en la energía solar y la energía eólica, se sigue impulsando la explotación de las arenas asfálticas de la región de Athabasca, una reserva bajo tierra de petróleo cuyo tamaño supera el del estado de Florida. La provincia de Nueva Escocia sigue siendo dependiente del carbón y Ontario sigue desarrollando la energía nuclear no renovable.
Aún así, tenemos al alcance la tremenda oportunidad de que, a partir de ahora, nuestra economía siga prosperando. Se pueden derivar combustibles de la biomasa obtenida de los desperdicios del sector agrícola canadiense, generar electricidad de los vientos que soplan por las praderas y de la costa este de Nueva Escocia, y aprovechar el potencial de la energía solar en muchas partes del país. La posibilidad de establecer una infraestructura de apoyo es factible en nuestros poblados, lo que a su vez creará puestos de trabajo “verde” en nuestro país.
Lo que deseamos como canadienses es un mandato firme de sostenibilidad a nivel federal. Muchos jóvenes que a lo largo de su vida sufrirán las consecuencias de las medidas que hoy se adopten o no se adopten sobre el cambio climático se sienten frustrados por la atención que el gobierno concede a otras prioridades. No obstante, los gobiernos de provincias han aceptado el reto: Colombia Británica y Ontario han establecido Secretariados de Cambio Climático; Colombia Británica y Quebec han impuesto un gravamen a los hidrocarburos, y Nueva Escocia ha legislado para lograr objetivos ambiciosos de la energía obtenible de fuentes renovables.
Nuestro compromiso como país con el Protocolo de Kioto se ha reducido oficialmente a cumplir los objetivos mínimos de los países industrializados. Afortunadamente, los canadienses están listos a entrar en acción, independientemente de la respuesta federal.
Hasta la fecha, el principal socio de Canadá en el cambio climático es Estados Unidos. Y, puede sorprenda que, al parecer, Estados Unidos ha estado más dispuesto a adoptar compromisos que Canadá. Por ejemplo, la inversión per cápita de Estados Unidos en la tecnología verde es seis veces mayor que la de Canadá. La transformación de la actual situación, de una relación “cómoda” a un compromiso con los nuevos socios estratégicos sobre tecnologías sostenibles, guarda un enorme potencial para lograr la prosperidad de la economía canadiense a largo plazo.
A pesar de la respuesta de los formuladores de política y de los funcionarios elegidos, o posiblemente debido a ella, el abanico de comunidades comerciales, industriales, autóctonas y no pecuniarias es cada vez más la fuente principal de movilización, concientización y de propuesta de soluciones. La voz y la legitimidad política del movimiento de jóvenes, en particular, están en proceso de afirmación, mayormente como respuesta a la inercia política. El cambio climático figura entre las cuestiones que impulsa a los jóvenes a tomar acción, sencillamente porque las medidas adoptadas por el gobierno no tienen sentido para nosotros. La reacción de la juventud a las decisiones políticas que no apoyamos, o que nos es imposible apoyar, es un reflejo de nuestros valores y convicciones sobre la justicia y la igualdad, así como del deseo de acceder a los planes y procesos del gobierno a fin de que proceda con la transparencia que exige esta generación actual de internautas.
Los jóvenes líderes del movimiento sobre cambio climático son ahora partes con poder político muy interesadas en esta cuestión. La Coalición Canadiense de Jóvenes sobre el Cambio Climático reúne a decenas de organizaciones de justicia climática. Una red mundial de jóvenes colabora en todos los continentes para movilizar a los jóvenes y ejercer su influencia en la política mundial. Son ya muchos los ejemplos.
El cambio climático define la vida de las generaciones presentes y futuras. La manera de abordar rápida y eficazmente estas cuestiones aquí en Canadá es, sencillamente, que el gobierno atienda los requerimientos de las generaciones futuras. Si bien los políticos pueden oponerse a una reforma revolucionaria de esta índole, es sólo mediante la reforma revolucionaria que pueden lograrse los cambios necesarios para actuar con determinación sobre el cambio climático.
Se debe llegar a un punto intermedio en el que se aliente una relación mutua y permanente entre el gobierno y la ciudadanía, pues es sólo con la creación de una cultura de participación activa que la política se hará eco de la voluntad del pueblo, particularmente cuando hay tanto en juego y el tiempo no se detiene. No cabe duda de que se trata de un objetivo ambicioso, pero aún no se ha formulado una respuesta nacional que guarde justa proporción con los riesgos del cambio climático. Cuando se tiene el apoyo del movimiento de una juventud que articula bien sus opiniones, una población bien informada y una abundancia de recursos de energía renovable, es momento de dejar de ser modestos, dóciles y corteses, y hacer frente al desafío de crear un mundo en el que primen la igualdad y la prosperidad.
Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las opiniones o puntos de vista del gobierno de Estados Unidos.
(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )