29 septiembre 2008

John McCain: Servicio a su país

 
McCain se dirige a sus partidarios durante una parada de su campaña en la Academia Naval de EE.UU., en Annapolis (Maryland).
McCain se dirige a sus partidarios durante una parada de su campaña en la Academia Naval de EE.UU., en Annapolis (Maryland).

(Este artículo pertenece al periódico electrónico de octubre de 2008 “Las elecciones de 2008”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).

Por Domenick DiPasquale

El candidato del partido republicano a la presidencia ha prestado servicios a su país durante 50 años como oficial de la Armada y legislador del Congreso. Si bien McCain ha apoyado numerosas iniciativas de la administración de Bush, ha prometido un nuevo planteamiento de cuestiones de política exterior e interior.

El nombramiento de John McCain como candidato republicano de 2008 a la presidencia marca la culminación de 50 años de una extraordinaria trayectoria de servicio a su país.

Como piloto de la Armada, prisionero de guerra en Vietnam, congresista y senador de EE.UU., McCain siempre se ha caracterizado por su sistemática costumbre de hablar sin rodeos, unos valores y principios hondamente arraigados, un profundo sentido del deber y una independencia celosamente protegida. Estas características, que provocaron la ira implacable de sus captores norvietnamitas, y a veces incluso el rencor de sus colegas republicanos, también le han valido a McCain el apoyo y la admiración de millones de votantes estadounidenses.

Como hombre a quien el Almanac of American Politics define como “lo más cercano a lo que en nuestra vida política se considera un héroe nacional”–la Estrella de plata, la Cruz de aviación por servicios distinguidos, y el Corazón de púrpura son algunas de sus condecoraciones – McCain dio nuevo realce a su ya destacada figura con una campaña caracterizada por su espíritu independiente por el nombramiento a la candidatura presidencial del partido republicano de 2000, que hizo mella en la imaginación de muchos estadounidenses. De aquel frustrado intento surgió como una de las voces más respetadas del Senado de Estados Unidos, en particular en cuestiones de seguridad nacional, y una de las personalidades más sobresalientes del partido republicano.

Tal vez más que cualquier otra cualidad, el concepto de pundonor ha caracterizado de manera indeleble la personalidad privada y pública de McCain.

“En prisión, donde mi preciada independencia estaba expuesta a ataques y burlas, encontré mi propia dignidad en una fidelidad compartida a mi país”, escribió McCain en su autobiografía Faith of My Fathers. “Todo honor lleva consigo obligaciones. Yo y los hombres con los que servía habíamos aceptado las nuestras, y estábamos agradecidos por el privilegio”.

Los primeros años

Hijo y nieto de almirantes de la Armada de Estados Unidos, John Sidney McCain nació el 29 de agosto de 1936, en el territorio de la Zona del Canal de Panamá administrado por EE.UU. La tradición militar de su familia, que tiene sus raíces en las regiones montañosas de Escocia, se remonta hasta la Guerra de Independencia de Estados Unidos en el s. XVIII, cuando uno de los antepasados de McCain sirvió bajo las órdenes de George Washington.

Como es norma entre los militares, el joven McCain llevó una vida nómada, debido a los frecuentes traslados de su padre que obligaban a la familia a mudarse de una base naval a otra. Este constante desarraigo puede haber contribuido a forjar el temperamento de McCain. Como ha dicho él mismo: “A cada nueva escuela llegaba ansioso de hacer, con mi actitud insolente, nuevos amigos para compensar la pérdida de otros. […] En cada nueva escuela se agravaba mi rebeldía impenitente”.

En 1954, McCain se graduó de la escuela secundaria episcopal en Alexandria (Virginia) y acudió a su “inevitable cita ” con la Academia Naval de Estados Unidos. En la Academia se embarcó en lo que él describe como un “curso de cuatro años de insubordinación y rebeldía”. Con una reputación de chico afable, siempre con ganas de fiesta, numerosos deméritos por comportamiento, y a menudo debatiéndose por mantenerse a flote académicamente, McCain perseveró y se graduó en 1958.

Aviador de la Armada y prisionero de guerra

Tras recibir su nombramiento de oficial de Armada, McCain asistió a la escuela de vuelo en Pensacola (Florida), donde obtuvo su título de piloto. A principios de los años sesenta, fue destinado a distintos portaaviones desplegados en el Mediterráneo. No obstante, al intensificarse la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam a mediados de la década de 1960, McCain empezó a aspirar a puestos de mando y decidió que la mejor forma de lograrlos era hacerse con un historial de combate respetable.

En 1967, cuando estaba destinado en el buque USS Forrestal en el Golfo de Tonkín, frente a la costa de Vietnam, McCain escapó milagrosamente de un incendio espantoso que se propagó por la cubierta y envolvió en llamas su reactor A-4 de combate, mientras él esperaba su turno para despegar. Poco después, se trasladó voluntariamente del accidentado buque a otro escuadrón a bordo del portaaviones USS Oriskany.

La vida de McCain cambió para siempre el 26 de octubre de 1967. Cuando estaba realizando una misión de bombardeo contra una central eléctrica de Hanoi, un proyectil tierra-aire segó el ala derecha de su A-4. Tras saltar en paracaídas de su avión inutilizado, cayó en un lago del que salió con fracturas en ambos brazos y una rodilla. Capturado inmediatamente, comenzó para él un cautiverio de cinco años y medio, marcado por la tortura y un trato frecuentemente brutal, en una serie de campos vietnamitas de prisioneros de guerra.

Al igual que otros prisioneros de guerra estadounidenses, McCain fue objeto frecuente de salvajes interrogatorios y palizas a manos de sus captores, que pretendían, de ese modo, obligarle a facilitar información militar o hacer declaraciones propagandísticas antinorteamericanas. Tras rechazar una oferta de liberación temprana, McCain recibió una paliza tan brutal, que duró varios días, que acabó firmando una confesión forzada, lo que le sumió en un angustioso estado de desesperación y oprobio. No obstante, se recuperó de este descenso a su infierno personal y se ganó una bien merecida reputación de “resistente duro”, el mayor cumplido que sus compañeros de cautiverio dedicaban a los más duros entre ellos.

McCain atribuyó su fortaleza en sus años de cautiverio, dos de ellos incomunicado, a su fe, “fe en Dios, fe en el país, fe en los compañeros de prisión”. Al hablar de la fortaleza y el coraje de sus camaradas que compartieron el cautiverio con él, McCain decía: “Eran un faro para mí, un faro de coraje y de fe que iluminaba mi camino a casa con honor, y yo luché contra el pánico y la desesperación para mantenerme dentro de su luz”.

La entrada en la política

John y Cindy McCain bajo una lluvia de confeti en Nuevo Hampshire, durante la campaña de 2000.
John y Cindy McCain bajo una lluvia de confeti en Nuevo Hampshire, durante la campaña de 2000.

Con la firma del acuerdo de paz entre Estados Unidos y Vietnam en enero de 1973, que preveía la liberación de todos los prisioneros de guerra, McCain recuperó su libertad el 15 de marzo de ese año. Pese a la gravedad de sus lesiones de guerra – se puede ver a MacCain en documentales de la época cojeando al desembarcar del avión que le condujo a la libertad – realizó un intenso esfuerzo por rehabilitarse físicamente, hasta el punto en que recuperó su condición de aviador de marina.

De 1973 a 1974 cursó estudios en el Colegio Nacional de Guerra, en Washington, donde escribió una tesis en la que examinaba la fortaleza de los prisioneros de guerra en cautividad, pero fue una misión posterior la que dio un nuevo giro a la vida de McCain. En 1977, empezó a trabajar como oficial de enlace de la Armada en el Senado de Estados Unidos. En esta capacidad, señaló el New York Times, “le cobró gusto al tira y afloja de las batallas legislativas (y) … forjó amistades personales y colaboraciones profesionales entre distintas corrientes ideológicas, lo que sería el sello distintivo de su carrera posterior en el Senado”.

Retirado de la Armada en 1981 tras renunciar a la oferta de ascenso al almirantazgo, McCain se trasladó a Arizona, estado de residencia de su segunda esposa, Cindy, con la que había contraído matrimonio en 1980. En 1982, presentó por primera vez su candidatura a un cargo público y fue elegido miembro de la Cámara de Representantes de EE.UU. por el primer distrito congresional de Arizona, con 66 por ciento de los votos. Reelegido a la Cámara en 1984, McCain posteriormente obtuvo en las elecciones el escaño que había dejado vacante Barry Goldwater en el Senado (él también, candidato republicano a la Presidencia en 1964).

En los primeros años de su carrera en el Senado, McCain dirigió su atención principalmente a cuestiones en las que tenía experiencia personal, como la defensa nacional, el apoyo a los excombatientes y la normalización de las relaciones con Vietnam, tarea, esta última, en la que trabajó con el senador demócrata John Kerry, otro héroe de la guerra de Vietnam. Años más tarde, cuando Kerry fue candidato demócrata a la presidencia y objeto de ataques políticos por haber, supuestamente, falseado detalles de su servicio militar, McCain se alzó en defensa del historial de guerra de su camarada excombatiente Kerry.

Extender la mano a representantes del otro partido político no es infrecuente en el caso de McCain. Ha tratado de forjar consensos con sus colegas demócratas en el Senado en busca de solución de cuestiones polémicas complejas, a veces con éxito, como en el caso de la normalización de las relaciones con Vietnam; a veces sin él, como en su intento de resolver, junto con el senador Kennedy, el espinoso asunto de la inmigración ilegal. 

Ahora, en su cuarto mandato en el Senado, McCain cuenta con un historial de voto en el Congreso que se aviene con la mayoría de los principios republicanos básicos: firme defensa nacional, impuestos bajos, oposición a los jueces militantes y una postura pro-vida en la cuestión del aborto. No obstante, también ha adoptado una actitud independiente como defensor de la reforma financiera de la campaña electoral y como resuelto detractor de programas que despilfarran el dinero público en legislación destinada a promover la posición electoral de sus patrocinadores y la práctica de asignar fondos a proyectos favoritos de los legisladores.

La campaña por la presidencia

La primera irrupción de McCain en la política presidencial tuvo lugar en 2000, cuando presentó su candidatura al partido republicano en las elecciones presidenciales. Muchos votantes encontraron en su candor, sentido del humor que le permitía burlarse de sí mismo, y estilo directo, cualidades atractivas que le ganaron no sólo la atención nacional, sino un apoyo que trascendía las divisiones tradicionales de partido; su campaña se llegó a conocer como “el exprés de la palabra directa”. McCain obtuvo una impresionante y sorprendente victoria frente al favorito George W. Bush en las siempre importantes primeras elecciones nacionales de New Hampshire. No obstante, a partir de entonces, su campaña tuvo resultados variables y falló al no conseguir atraer a suficiente número de votantes republicanos acérrimos en otros estados. Tras sufrir pérdidas en estados de tanta importancia como California y New York, McCain puso fin a su campaña y finalmente dio su apoyo a Bush, que puso de nuevo la Casa Blanca en manos republicanas aquel noviembre, con su elección como presidente.

En el curso de los años siguientes, McCain mantuvo una posición destacada en la política nacional. En 2002, el Congreso promulgó finalmente legislación trascendental sobre la reforma de la financiación de la campaña electoral, de la que eran patrocinadores McCain y el senador demócrata Russ Feingold. Promotor de una política de fuerte defensa nacional, McCain apoyó la decisión de invadir Iraq en 2003, aunque posteriormente criticó acerbamente la manera en que se estaba llevando a cabo la guerra en sus etapas iniciales.

Reelegido al Senado para un cuarto mandato en 2004, por un margen de 77 a 21 por ciento, McCain estaba considerado inicialmente como uno de los contendientes más fuertes, si no el más fuerte, a la candidatura del partido republicano en las elecciones presidenciales de 2008. Sin embargo, con la entrada en lid de gran número de candidatos republicanos y los preparativos en 2007 del maratón de elecciones primarias y asambleas electorales del año siguiente, la campaña de McCain empezó a tambalearse con cambios de personal, graves dificultades financieras y resultados electorales desalentadores.

La tenacidad de McCain – la misma cualidad que le había permitido sobrevivir durante sus años de prisionero de guerra – una vez más demostró ser indispensable para ayudarle a superar este difícil período. “Tengo para tí una estrategia muy complicada”, le dijo uno de sus asesores. “Mantente firme en la campaña hasta que no quede nadie más que tu”.

Esto es precisamente lo que hizo McCain. En vez de participar en el primer concurso nacional de la asamblea electoral de Iowa, se arriesgó y se concentró en las primarias del 8 de enero en Nuevo Hampshire, escenario de su gran éxito de 2000. Los meses que pasó en ese estado, donde asistió a 101 asambleas municipales con los electores de New Hamshire de reconocida fama de independientes, le recompensaron con una victoria decisiva frente a sus principales rivales republicanos. Aunque las victorias en las elecciones tempranas en otros estados se repartieron entre McCain, el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, y el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, McCain reafirmó su posición de favorito en las elecciones primarias del “súper martes”, 5 de febrero, celebradas simultáneamente en más de 20 estados. McCain ganó en estados tan populosos como California, Illinois y Nueva York, y consiguió una ventaja en número de delegados que ninguno de sus rivales podía superar. El 4 de marzo de 2008, las victorias en Ohio y Texas le permitieron cruzar el umbral de 1.191 delegados necesarios para asegurarse el nombramiento de candidato republicano a la presidencia.

Una presidencia McCain

La edad de McCain ha sido objeto de debate durante la campaña; de ser elegido, McCain tomaría posesión de su cargo a la edad de 72 años, lo que le haría el presidente de más edad al asumir el cargo. Ha tratado de disipar los temores en torno a su edad y condición física para el cargo con un activo programa de campaña y su característico sentido del humor, que dirige hacia sí mismo – afirma en tono de broma que es “tan viejo como el mundo” y que tiene “más cicatrices de Frankenstein”. McCain tal vez también nos transmite un mensaje sutil de que su salud y energía están a la altura de las demandas de la presidencia cuando lleva a las concentraciones de la campaña a su madre Roberta, de 96 años de edad.

El programa electoral de McCain refleja su apoyo a numerosas políticas tradicionales republicanas, pero también su deseo de trazar un nuevo curso donde cree que es necesario. Defensor temprano y resuelto del aumento de tropas estadounidenses en Iraq en 2007, ha abogado por el mantenimiento de una presencia militar estadounidense en Iraq y Afganistán hasta que estos países consigan la estabilidad, y la continuación de una lucha activa contra el terrorismo internacional, ambos principios de la actual política de Estados Unidos. Su plan de política energética propugna un mayor uso de la energía nuclear y la intensificación de las prospecciones petrolíferas frente a la costa, mientras que su política económica se inclina hacia la permanencia de las importantes reducciones tributarias promulgadas durante la presidencia de Bush.

No obstante, en otras cuestiones, McCain ha prometido adoptar un criterio distinto del que sigue la administración actual. Por ejemplo, ha insistido en una mayor colaboración con los aliados de Estados Unidos en cuestiones de política exterior. También se ha comprometido a responder de manera más decisiva al calentamiento mundial y al cambio climático, incluso a una reducción de 60 por ciento de los gases de efecto invernadero de Estados Unidos para 2050.

Cualquiera que sea el resultado de las elecciones de 2008, John McCain continuará indudablemente al servicio del país al que ha dedicado una vida. La razón de esto se encuentra en un pasaje sencillo, pero elocuente, de su autobiografía, en el que reflexiona sobre una lección que aprendió durante su cautiverio en el norte de Vietnam.

“No fue sino cuando perdí Estados Unidos durante un tiempo”, escribió, “cuando me di cuenta de cuánto la amaba”.    

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