15 octubre 2008

Las funciones de la primera dama

 
Jacqueline Kennedy en su visita al Taj Mahal en Agra (India), en 1962.
Jacqueline Kennedy en su visita al Taj Mahal en Agra (India), en 1962.

(Este artículo pertenece al periódico electrónico de octubre de 2008 “Las elecciones de 2008”. Para consultar los demás artículos de este periódico haga clic a la derecha).

Por Carl Sferrazza Anthony

Empezando con Martha Washington en el siglo XVIII, la primera dama de Estados Unidos ha ocupado un puesto muy visible, pero escasamente definido, en el gobierno del país. El autor describe cómo algunas primeras damas han desempeñado esta particular función, atendiendo a sus propios intereses y a los tiempos en los que han transcurrido sus vidas.

Carl Sferrazza Anthony es autor de First Ladies: The Saga of the Presidents’ Wives and Their Power, obra en dos tomos que estudia cada primera dama desde 1789 hasta 1990, así como de otros libros sobre las primeras familias del país.

La función de la primera dama, esposa del presidente de Estados Unidos, ha evolucionado desde marcar tendencias de moda y auspiciar banquetes en la Casa Blanca, hasta convertirse en un puesto de importancia. Si bien hay divergencia de opiniones en cuanto a la función de la mujer en la sociedad, la primera dama se ha mantenido como un modelo para la mujer estadounidense. Es uno de los puestos más destacados en el gobierno de Estados Unidos, y aunque no conlleva responsabilidades oficiales, ni sueldo, sus posibilidades son casi ilimitadas. La primera dama puede ejercer influencia sobre el presidente y hasta puede ejercer cierto poder político sobre la política y la legislación.

La figura de “primera dama” ha sido un elemento de la sociedad estadounidense desde que se fundara la presidencia en 1789. Si bien Estados Unidos había conseguido la independencia de Gran Bretaña tras la Revolución Americana, la mujer del primer presidente de Estados Unidos, Martha Washington (1789-1797) fue tratada por la élite de Nueva York y Filadelfia, primeras capitales del país, como “dama” de la corte real británica. En público era conocida como “Lady Washington”, el popular apodo que se había ganado durante los tiempos de la guerra revolucionaria.

Su sucesora inmediata, Abigail Adams (1797-1801) también se había granjeado fama durante la revolución por manifestar opiniones muy politizadas en cartas dirigidas a su esposo y a otros legisladores. Durante el mandato de su esposo, sus detractores la llamaban “señora Presidente” por manifestar de modo tan público opiniones que reflejaban su política partidaria.

Dolley Madison (1809-1817), mujer de carácter alegre, dejó firmemente establecido un nuevo arquetipo nacional al aunar diversos elementos ceremoniales y políticos. Durante la Guerra de 1812 arriesgó su propia vida al rescatar objetos representativos que simbolizaban la nueva nación estadounidense durante un incendió que asoló a la Casa Blanca. Su actuación heroica la convirtió en leyenda y dejó grabada en la imaginación del público como la “presidentesa”. Dolley Madison solía vestir ropa elegante para atraer la cobertura de los periódicos a la misma vez que se mantenía democráticamente accesible a todos los ciudadanos. Dirigió una iniciativa a favor de los huérfanos y defendió la igualdad de acceso de la mujer a lugares como las audiencias en el Tribunal Supremo y locales de comida. Fue ella la vara que midió a todas sus sucesoras hasta la llegada de la gran humanitaria, Eleanor Roosevelt (1933-1945).

Las expectativas del público para el puesto de primera dama estaban tan firmemente establecidas para mediados del siglo XIX que cuando Harriet Lane (1857-1861) actuó en calidad de anfitriona para su tío James Buchanan, el único presidente soltero, se puso en uso el título de primera dama para incluir tanto a las esposas como a otras familiares que se desempeñaran como anfitrionas para los presidentes viudos o solteros. El título apareció por primera vez en una edición del Leslie’s Illustrated Newspaper de 1860.

Una crónica de primicias

Los logros y actividades de las primeras damas que siguieron a Dolley Madison y precedieron a Eleanor Roosevelt no captaron mucho la atención del público, aunque a menudo fuesen notables. Julia Tyler (1844-1845) fue la primera en ser fotografiada y su imagen luego circuló en un grabado. Mary Lincoln (1861-1865) fue la primera a la que se vinculó con un escándalo y fue objeto de artículos de fondo en los periódicos. Lucy Hayes (1877-1881) fue la primera en explotar su imagen para fines comerciales. Frances Cleveland (1886-1889 y 1893-1897) fue la primera en emitir un comunicado de prensa en el que negaba un rumor sobre un escándalo de su vida privada. Helen “Nellie” Taft (1909-1913) fue la primera en desfilar junto a su marido en la ceremonia de inauguración, en declarar su apoyo al voto de la mujer y en ganarse la confianza del público por cabildear con éxito por legislación federal. Mientras velaba por la recuperación de su marido de una apoplejía, Edith Wilson (1915-1921) fue la primera en asumir la gestión de la presidencia, situación que provocó que muchos la consideraran algo así como la primera “primera dama presidente”. Florence Harding (1921-1923) fue la primera en ejercer el derecho al voto, pronunciar discursos y declarar públicamente sentirse obligada a intervenir en los asuntos públicos que afectaban a grupos específicos de votantes como los excombatientes, las mujeres trabajadoras y las sociedades humanitarias.

El presidente Franklin Roosevelt, esposo de Eleanor Roosevelt, padecía la enfermedad de polio que le impedía caminar y limitaba su libertad de movimiento para inspeccionar las diversas condiciones que imperaban en el país. La señora Roosevelt asumió esta importante función que para ella era equivalente a ser los “ojos y oídos” de su esposo. Además de sus responsabilidades como primera dama, Eleanor Roosevelt redactaba una columna mensual para una revista y otra diaria para un periódico, dictaba conferencias, era anfitriona de un programa semanal en la radio y escribió varios libros. Fue una figura internacional con influencia en el escenario del mundo.

La primera dama Barbara Bush lee un cuento a preescolares en Nueva York, en 1990.
La primera dama Barbara Bush lee un cuento a preescolares en Nueva York, en 1990.

Sus sucesoras inmediatas, Bess Truman (1945-1953) y Mamie Eisenhower (1953-1961), desempeñaron funciones más tradicionales como anfitrionas y patrocinadoras de obras benéficas. Jacqueline Kennedy (1961-1963) añadió al puesto de primera dama las funciones de historiadora y decoradora al dirigir la histórica tarea de la restauración y preservación de la Casa Blanca, así como de otros lugares públicos, y fue propulsora del arte y la cultura estadounidenses. La fascinación mundial con la señora Kennedy se hizo muy intensa por su dominio de varios idiomas extranjeros y sus visitas a naciones suramericanas, asiáticas y europeas. Todo ello, sumado a la creciente difusión televisiva y el auge del movimiento de igualdad femenina en todas las esferas de la vida, fue motivo para crear en el público de ese momento la expectativa de que sus primeras damas abordarían las cuestiones de actualidad, a tono con sus talentos, ambiciones, conocimientos e intereses.

Una función de mayor trascendencia

Lady Bird Johnson (1963-1969) fue pionera del movimiento de protección ambiental y renovación urbana, a favor del cual promovió la legislación federal que retornaría a las carreteras públicas su apariencia natural y eliminaría sitios visualmente deteriorados.

Betty Ford (1974-1977) levantó polémica al hablar abiertamente sobre cuestiones políticas que afectaban a la mujer; al declarar su apoyo por la decisión del Tribunal Supremo que ratificaba el derecho de la mujer al aborto, y al cabildear en legislaturas estatales por la aprobación de la Enmienda para la Igualdad de Derechos. Cuando la señora Ford reveló que padecía de cáncer del seno, ayudó a erradicar el tabú que impedía el debate público sobre un problema que afectaba la salud de millones de mujeres.

Rosalynn Carter (1977-1981) declaró ante el Congreso a favor de las personas con enfermedades mentales crónicas, dirigió una iniciativa mundial para socorrer a refugiados camboyanos y, como representante del presidente, sostuvo reuniones con líderes políticos y militares de América Central y del Sur.

Nancy Reagan (1981-1989) dirigió una campaña para disuadir el consumo de drogas ilícitas entre niños en edad escolar, ayudó en la supervisión del personal nombrado por su marido para asegurar su continua lealtad, y alentó la amistad del presidente Reagan y el presidente soviético Mikhail Gorbachev, que a la larga produjo un tratado de reducción de armamentos.

Barbara Bush (1989-1993) encabezó una iniciativa para reducir el analfabetismo entre adultos, que consideraba que era la causa subyacente de muchos problemas sociales.

En 2001, Hillary Clinton (1993-2001) se convirtió en la primera ex dama en ser elegida a un escaño en el Senado de Estados Unidos. Como primera dama, había dirigido las gestiones para reformar el sistema de salud pública y proporcionar seguro médico a todos los estadounidenses. Entre las funciones más tradicionales de una primera dama, estableció un jardín de esculturas al aire libre y desplegó obras de arte contemporáneo en las habitaciones históricas de la Casa Blanca. En 2008, Hillary Clinton se postuló para el cargo de presidente de Estados Unidos y casi ganó la candidatura de su partido.

Laura Bush (2001-presente) se inició en sus labores como primera dama alentando a los niños a leer, pero ha ejercido su influencia en una amplia gama de cuestiones, entre ellas, las enfermedades coronarias en la mujer, objetivos positivos para jóvenes varones en situación de riesgo, mayor apoyo federal a las bibliotecas y la formación pedagógica de maestros. También viajó por su cuenta a Asia, Oriente Medio y África, promoviendo la igualdad de acceso de la mujer a los servicios de atención de la salud y educación. También ha sido notable su defensa de los monjes budistas objeto de acoso en Birmania.

Los viajes, causas y actividades de las primeras damas son eventos que figuran en los medios de información de Estados Unidos. Debido a su relación con el presidente, la primera dama es una celebridad política y, desde el principio, ha podido utilizar su posición para influir en estilos y promover causas sociales y políticas.

Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente el punto de vista ni la política del gobierno de Estados Unidos.

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